Escribir junto a otros: una práctica que nos enriquece - Sophia Online

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Escribir junto a otros: una práctica que nos enriquece

En Argentina existen cada vez más propuestas de escritura en grupo, rescatando el enorme valor de abrirnos a crear en comunidad.

POR Loli Sansot

Cuando hablamos de escritura, puede que muchos tengamos la imagen de una persona escribiendo en soledad, sentada frente a un escritorio lleno de cuadernos, papeles, libros y tazas de café. 

Marguerite Duras, escritora francesa del siglo XX, dijo en su libro Escribir (1993):  “Comprendí que yo era una persona sola con mi escritura, sola muy lejos de todo”.

Ante la pregunta de si la escritura siempre sucede en soledad, la respuesta puede ser tanto sí y no. Durante el proceso creativo, cuando aún el texto está creándose, en muchos casos hay instancias de intercambio, de compartir con otros, de idas y vueltas en busca de opiniones.

Nuestro país es un gran ejemplo de escritura grupal por su gran trayectoria en talleres literarios. Desde la creación del Grafein —un laboratorio creativo de escritura impulsado por la Facultad de Filosofía y Letras (UBA) en 1974—, hasta este último tiempo, brotan las propuestas: estamos ante un boom de iniciativas para escribir junto a otros.

Podríamos decir que ya no se escribe únicamente, como decía Duras, en soledad y lejos de todo. Se escribe también como una forma de creación colectiva. 

El valor de lo compartido

Ana Navajas, autora de Estás muy callada hoy (2019) y Adriana Riva, autora de Ruth (2024), dictan talleres de escritura juntas —algo que les divierte mucho— desde hace siete años. En los encuentros los participantes leen lo que escriben en voz alta, y luego comentan entre todos cómo acercarse a decir aquello que se quiere decir. Entrenan la escritura y la lectura a la misma vez, prácticas indisolubles que se necesitan una a la otra. 

Eligieron el nombre “Personas que escriben” para el taller —originalmente una frase de Hebe Uhart—  porque se identifican con esa idea que le quita peso y solemnidad a la tarea, aunque no calidad y esfuerzo. 

“Soy escritora cuando estoy escribiendo y también una persona que hace otras cosas, por ejemplo maternar, ir a hacer las compras, tareas administrativas, etc.”, dice Riva, que además sostiene que hace apología de los talleres: los considera espacios de calidez en los que se trabaja desde la crítica constructiva.

Para ella, la escritura no es un oficio tan solitario como suele decirse. Ni siquiera en el momento en el que se escribe. Cuenta que lo hace rodeada de un montón de textos y autores que la acompañan. 

“Cuando estoy trabada o con el síndrome de la página en blanco, abro alguno de esos libros que tengo sobre el escritorio. Son pilas alrededor mío como una muralla protectora, pero también como si hubiera una ronda y yo estuviese en diálogo con todos esos escritores. Leo alguna página, lo que subrayé. Eso también tiene algo de lo colectivo, de estar escribiendo con otros, si bien no están ahí presentes físicamente”. 

Para Navajas, escribir con otros es fundamental, porque los compañeros y el coordinador son nuestros primeros lectores e interlocutores. No cree en hacerlo para publicar necesariamente, pero sí para que otros nos lean.  

Aunque cuenta que escribe desde siempre, no llegó al espacio de taller hasta pasados los cuarenta. Luego participó de los encuentros guiados por Santiago Llach, Pedro Mairal, Margarita García Robayo, Fabián Casas y el periodista Juan Forn. Cuando Forn murió, dice que quedó huérfana de talleres y no hizo más. Los extraña, y a él también. 

En mayo de este año, las autoras organizaron un retiro de escritura y valoran el haber podido dedicar un día entero a leer, escribir y escuchar a los demás. 

Según Navajas, “solemos estar todo el tiempo sometidas a las más diversas interrupciones. Nadie piensa que estás haciendo algo muy importante cuando estás escribiendo, mucho más trascendental es que se te pase el arroz”.

Riva coincide en el sentido de que la escritura requiere de mucha concentración y suele ser difícil que el resto se lo tome tan en serio como uno. Lo importante, al fin y al cabo, es no dejar de crear.

Lo artesanal del taller

Sol Dellepiane es Licenciada en Letras y dicta talleres de escritura y de lectura desde 2021. Al igual que las autoras anteriores, rescata el valor de encontrarse con gente que comparte intereses, un factor de unión que logra generar un espacio de intimidad y de verdad entre participantes.

“Hay algo del orden de lo humano que sucede en esos ámbitos”, dice Dellepiane, que se formó con Pedro Mairal y Santiago Llach, dos profesores que la marcaron. 

En torno a las resonancias de la palabra “taller”, para Dellepiane se trata de “esa cosa artesanal, de mesa de trabajo, de tarea casi manual con una materia prima que son las palabras, la idea de tiempo, paciencia y una luz particular. Es el lugar de experimentación y permiso para el error, donde algo se construye muy de a poco, en tiempo humano, lo opuesto a la velocidad de la IA”.

En un artículo titulado Como las nubes antes de ser nubes, Dellepiane escribió: “La ronda del taller recrea el fogón originario. Lo que hoy es escribir y leer, durante siglos fue narrar y escuchar. Algunas comodidades se sofisticaron. El cielo inmenso y estrellado perdió mística y ahora es un techo plano, suelo de los vecinos de arriba. Pero lo esencial persiste: el resplandor del fuego, lámpara, pantalla; la voz que cuenta la historia; la atención absoluta; las emociones traducidas a muecas ínfimas. El resto está en penumbras.”

Tendemos a buscarnos y juntarnos con quienes compartimos afinidades. Una suerte de  configuración gregaria; una ronda donde se reúnen varios y se macera la elaboración y la escucha.

Podríamos pensar que, así como la escritura y la lectura se necesitan mutuamente, de la misma manera nos necesitamos unos a otros. Podemos, entonces, imaginar una ronda de personas que escriben y a una de ellas leyendo en voz alta, para el resto, las palabras que está escribiendo.

Invitaciones a poner en palabras juntos

A continuación, algunas propuestas vigentes para escribir en grupo:

El ciclo intensivo de poesía de Agustina Rabaini, El alma de las cosas, es un espacio cálido, donde las diferentes participantes pueden compartir sus textos en un ambiente seguro. Consiste en encuentros virtuales donde la inspiración nace de lecturas de todo tipo de autores y también de las compañeras. Un poema es un respiro, pero también puede ser un refugio, un espacio donde pensamiento, emoción y lenguaje bailan, bullen, se expresan. Ideal para personas que quieren acercarse o seguir profundizando en este lenguaje.

El Mundial de Escritura es un juego libre y gratuito para incentivar la escritura creativa y colaborativa. Nació como una iniciativa interna en el espacio de trabajo de Santiago Llach, en el año 2013, y más tarde, en 2020, se abrió como una competencia al público general y fue ganando popularidad con los años. Ya van XII ediciones y cada vez son más los participantes que se suman desde distintos lugares del mundo. El objetivo principal es escribir, no se necesita experiencia previa ni saberes específicos, solo cumplir con los días de entrega y comprometerse con el grupo.

La Maratón epistolar de Letras sin filo, es otra propuesta organizada por las escritoras y gestoras culturales Agustina Caride y Soledad Vignolo. Consiste en completar todos los días una carta a partir de consignas. Estas son recibidas por mail por las organizadoras, que luego se ocupan de imprimirlas, guardarlas en sobres y llevarlas al correo postal para que viajen hasta las casas de todos los participantes. 

Algunos retiros de escritura coordinados por reconocidos escritores:

El encuentro inmersivo de escritura organizado por Samanta Schweblin en Lago Puelo. 

La residencia de escritura con Leila Guerriero en San Pedro.

El retiro en el Delta con Adriana Riva y Ana Navajas.

El retiro de escritura organizado por Estación Palabras.

El Camp Litoral es una experiencia intensiva de escritura guiada por Selva Almada, Mercedes Bisordi y Natalia Rodríguez Simón. 

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