Sophia - Despliega el Alma

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31 octubre, 2009 | Por

Es lo que hay


Si está bien usada, esta frase tan de moda es la base sobre la cual edificar “lo que habrá” de una manera mucho más eficaz.

Una de mis frases favoritas es “es lo que hay”. Siento alivio y paz al pronunciarla y conozco a muchos a los que les pasa lo mismo. Sé muy bien que es una frase que está bastante de moda, y sé también que su uso es diverso, ya que quienes la pronuncian le ofrecen diferentes sentidos, algunos de ellos bastante quejosos o, mejor dicho, claudicantes.

Nada más distinto de la claudicación o de la complacencia que un “es lo que hay” bien dicho. Todo lo contario; creo que sin “lo que hay”, no habrá base sobre la cual edificar “lo que habrá”. Los años pasan, uno crece, y llega un momento en el que nos damos cuenta de que uno es ese que es y no es otro. Esa toma de conciencia suele aliviar, más allá de que a veces produce dolor. Dejamos de pelearnos con nosotros mismos, dejamos de pensar que debiera haber otra cosa (en nosotros, en el mundo) y, con un mínimo de sabiduría, nos dedicamos a vivir lo mejor posible con lo que hay, sin tanta queja. Sobre “lo que hay” edificaremos lo que “habrá” de una manera mucho más eficaz que si pretendemos generar un porvenir desde una pelea contra lo que somos. Hay una época de la vida en la que uno busca su identidad. Y hay otros momentos en los que uno ejerce esa identidad. Es entonces cuando somos grandes y nos hacemos cargo no sólo de nuestras preguntas, sino de nuestras respuestas, esas que van marcando nuestro camino con huella propia. Muchas veces veo a personas que, de tanto preguntarse quiénes son, dejan de percibir que ya hay respuestas acerca de eso, y esas respuestas son las acciones que llevaron a cabo. “Lo que hiciste es lo que hay”, les digo (así como me lo digo a mí mismo tantas veces). “De nada vale quejarse demasiado; fijate ahora, sobre esa base, qué querés hacer con eso que hay”.

Repito que “es lo que hay” es una frase que sabe a música celestial. Alivia la neurastenia, calma los nervios, aplaca espíritus atormentados y pone en aprietos a una cultura diseñada para la perpetua insatisfacción. De hecho, al decir “es lo que hay”, estamos dando cuenta de una realidad inicial sobre la cual podremos insuflar nuestro deseo para que, desde allí, surja “lo que deseamos que sea”.

A veces, planteamos en terrenos de competencia y beligerancia la existencia de “lo que hay” en relación con “lo que queremos que haya”. Cuando eso pasa, sufrimos de manera inútil. Podemos pensar en cuántas parejas tienen problemas por una disputa entre “lo que hay” (“ese” marido, “esa” mujer) y lo que “podría haber habido si…”. La fea sensación de haber elegido mal, cuando quizás había otra opción… La idea de una vida que “podría haber habido” atenta contra la que hay. Si lo que hay no gusta, pues se hará lo que se desee para agregarle valor, pero sin renegar de esa realidad.

Cuando crecemos, sumamos años y experiencias y, a veces, también algo de sabiduría. Y mucha de esa sabiduría viene del hecho de cansarnos de pelear contra lo que existe y encontrar en todo lo que nos ocurrió, en todo lo que hicimos y en lo que existe como realidad inapelable, un motivo para encauzar entusiasmos que aún nos habitan, despojándolos de exigencias que nos presionan sin aportar demasiado. En el camino, hemos dejado expectativas que, se sabe, son mucho más pesadas e incómodas que las realidades.

En los hechos, el espíritu se amarga cuando creemos que merecíamos otro destino y no lo hemos recibido.

Cuando sembramos nuestros afanes sobre las expectativas, y no sobre lo que “es”, se nos termina amargando el espíritu y nos volvemos quejosos.

Si lo que “es” no nos gusta, sembremos sueños y no pesadillas en esa tierra que existe y, mal o bien, nos constituye.

Agradezcamos “lo que hay”, que sin ello no seríamos, y convengamos en que, entre el ser y la nada, el ser es mucho más interesante. ¿No les parece?

ETIQUETAS destino experiencia sabiduría

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