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Sabiduría

19 abril, 2021

¿Es amigable el universo?

A través de esta pregunta formulada por el físico alemán Albert Einstein, de cuya partida se conmemoró ayer el 66° aniversario, una invitación a contemplar nuestro entorno con una consciencia más amplia y dejar atrás la percepción limitada de nuestra existencia.


 

“La decisión más importante que debemos tomar es si creemos que vivimos en un universo amigable u hostil”. Con esa frase, Albert Einstein, el físico y químico alemán ganador del Premio Nobel que cambió la historia de la humanidad de la mano de su descubrimiento de la Teoría de la Relatividad, nos desafió a preguntarnos por nuestro punto de partida, en busca de un GPS que guíe el recorrido del alma.

Pero, claro, no solo se refería a la búsqueda de una respuesta enfocándonos exclusivamente en nuestro entorno, sino invitándonos además a ser partícipes de una elección tan central y personal como la de decidir qué postura tomar ante los acontecimientos inefables de la existencia. Así, una vez más nos abrió el horizonte hacia uno de sus lugares favoritos: ese donde cielo y tierra se encuentran en el noble ejercicio de abrir los ojos (y el corazón) y formularnos siempre nuevas preguntas. 

Esta cuestión, en esencia profunda y espiritual, está tan vigente como sus enormes contribuciones científicas. ¿Cómo cambiar las propias ideas sobre aquello que, creemos, es el universo? ¿Podemos dejar de lado el pensamiento negativo, esa queja permanente por lo que nos toca vivir, para optar por una forma positiva de ver el mundo y a los seres que lo habitan a través del asombro, la compasión y el entusiasmo? ¿Seremos capaces de reconocer que la vida es cambio y que siempre tenemos la oportunidad de crecer, aun cuando sentimos que ese universo que nos circunda, nos contiene y nos alimenta, no está siendo del todo amable con nosotros?

¿Por qué, como primera medida, no intentar ser amigables con él?

Hay otra conocida frase de Einstein (cuyo pensamiento racional y científico nunca le cerró las puertas al misterio), que describe a la perfección su postura ante la necesidad de cambiar nuestra percepción: “Solo hay dos formas de vivir la vida. Una es como si nada fuera un milagro. La otra es como si todo fuera”. Sin duda, de eso se trata esta ecuación, tan sencilla como compleja, que nos dejó escrita en el gran pizarrón imaginario de las enseñanzas que trascienden tiempo y espacio: aprender a transitar los dolores de nuestro tiempo sin jamás perder de vista la belleza

A continuación, el texto completo en el que Einstein nos invita a reflexionar sobre uno de los temas más hondos de la experiencia humana: la decisión de dejar de ver nuestro entorno como un lugar hostil para amigarnos de una vez por todas con él.

“Creo que la pregunta más importante que enfrenta la humanidad hoy es: ‘¿Es amigable el universo?’. Esta es la pregunta primera y más básica que las personas deben responderse. 

Si decidimos que el universo no es un lugar amigable, usaremos toda nuestra tecnología, nuestros descubrimientos científicos y nuestros recursos naturales para lograr la seguridad y el poder, creando muros más altos para mantener afuera lo no amigable y armas más importantes para destruir todo lo no amigable, y creo que estamos llegando a un lugar en el que la tecnología es suficientemente poderosa para aislarnos por completo o destruirnos en el proceso.

Si decidimos que el universo no es ni amigable ni no amigable y que Dios está, esencialmente, ‘jugando a los dados con el universo’, entonces somos las víctimas de dónde caen los dados y nuestras vidas no tienen verdadero propósito ni significado.

Pero si decidimos que el universo es un lugar amigable, entonces utilizaremos toda nuestra tecnología, nuestros descubrimientos científicos y nuestros recursos naturales para crear herramientas y modelos que nos ayuden a comprender ese universo. Porque el poder y la seguridad solo vendrán si podemos entender cómo funciona y cuáles son sus motivos. 

Dios no juega a los dados con el universo”.

Albert Einstein

Ayer se cumplieron 66 años de su muerte, pero sus consideraciones científicas y humanas están más vivas que nunca. Albert Einstein es quizá uno de los científicos más importante de todos los tiempos: reconocido por el desarrollo de la Teoría de la Relatividad, que revolucionó la ciencia conocida hasta el siglo XX, en 1921 obtuvo el Premio Nobel de Física por sus investigaciones sobre el efecto fotoeléctrico. Nacido en 1879 en Alemania en el seno de una familia judía, sus padres temían que tuviera un problema madurativo: no habló ni caminó hasta los 3 años. Y aunque no fue el mejor de los estudiantes (solo le interesaban las matemáticas y la física), logró perseguir con rebeldía y pasión el gran propósito de su vida, convirtiéndolo en un legado para todos: hacer de la ciencia una herramienta capaz de ayudar al hombre a construir un mundo mejor.

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