Sophia - Despliega el Alma

Sociedad

10 febrero, 2017

¿Equipo de trabajo o trabajo en equipo?

Pasar de la obligación al compromiso, de las tareas a los resultados, de la asignación al desafío creativo, de lo individual al equipo... La oportunidad de encontrarnos con otros en nuestro trabajo, nos nutre de nuevas ideas y capacidades y, fundamentalmente, de experiencias más humanas.


Por Marisol Cuadrado *

Equipo de trabajo. Quizás sea uno de los términos más usados en nuestro mundo organizacional. Y el camino recorrido en estos escasos veinte años de trabajo en diversas modalidades, relación de dependencia, voluntariado, independiente, etc. me motivaron a compartir algunas reflexiones, fruto de mi propia búsqueda de felicidad durante las horas laborales.

Muchos añoramos y cada día intentamos aportar a la construcción y/o generación de equipos de trabajo con la centralidad puesta en la persona. Nosotros utilizamos como instrumento la comunión; para eso nos disponemos y orientamos todos los medios que tenemos a nuestro alcance, para que cada uno encuentre “su lugar”, desde el cual pueda poner en el equipo lo mejor de sí mismo, sus dones, talentos, sueños, capacidades y aptitudes, desplegando todas sus posibilidades de crecimiento personal y profesional.

Nuestra cotidianidad operativa nos plantea una multiplicidad de relaciones entre quienes participamos en un espacio de trabajo. Pero vale preguntarse: ¿cómo se construye el trabajo en equipo? Si dos personas tienen que interrelacionar laboralmente, ¿alcanza para construir un equipo de trabajo?

Persona e interrelación son conceptos vitales en la construcción de equipos de trabajo. El pensamiento económico dominante considera a las personas desde una perspectiva individualista y atomística. Pensamiento que no ha sido capaz de dar cuenta de los fenómenos económicos complejos (típicos de una economía globalizada y dinámica). Sus relaciones se instrumentan en busca del interés personal. Autores contemporáneos como Luigino Bruni y Stefano Zamagni (2003), sostienen que esa perspectiva no logra explicar los fenómenos complejos que acontecen en las organizaciones. Ellos reconocen en la persona su ser relacional y que, como tal, se desarrolla en post de su relación con los demás. La definen con valores como comunión, gratuidad, relación, solidaridad.

Partiendo de esta realidad, la interrelación se sustenta en el principio de la gratuidad, entendiéndose como don de si. Por lo tanto, una persona se relaciona con otra distinta a sí misma ya no en función de lo que el “otro” le puede servir o dar para la organización (relación instrumental) sino desde lo que el otro puede y está llamado a dar, desde el sentido intrínseco.

→Valorar a cada persona, cada idea.
→Construir relaciones cada día.
→Compartir experiencia, tiempo y darse uno mismo.
→Ser el primero en ayudar a los demás.
→Apoyar con acciones, no sólo palabras.
→Relaciones con los competidores desde la lógica de la cooperación.

Esos son algunos de los pilares de la comunión en el trabajo que concreta el trabajo en equipo, una propuesta concreta de la Edc, que se funda en la teoría que sostienen Zamagni y Bruni.

→Valorar a cada persona, cada idea

Compartir, con libertad y generosidad, talentos, ideas y capacidades a favor del crecimiento personal y profesional de cada uno en particular y del equipo en general. Cada persona desde su disposición interna y con los medios que tiene a su alcance para encontrar “su lugar”, desde el cual puede dar lo mejor de sí (dones, talentos, sueños, capacidades y aptitudes); puede desplegar todas las posibilidades de crecimiento humano. Se crea de ese modo un clima que favorece la comunicación fluida, abierta y sincera, para expresar cómo se sienten los miembros del equipo (lo que pasa realmente en su corazón) y se reconoce a las personas haciendo de la diversidad una riqueza. Esto nos desafía a realizar un proceso personal de aceptación primero a nosotros mismos y luego a los demás, para no caer en la pretensión de que “el otro sea como nosotros queremos”. El desafío es que cada uno logre ser auténtico, con todas sus virtudes y debilidades. Por eso, es clave generar y mantener un clima de respeto, confianza y apoyo recíproco, generando la posibilidad de que las personas se descubran, focalicen y utilicen al máximo su propio potencial para aportar soluciones nuevas, creativas y vitales frente a las dificultades. Se trata de darse, dar lo mejor de cada uno. También se realiza a partir del intercambio de ideas (lo que pensamos) con todos, incluso con los que no comparten la misma mirada. Los aciertos se van incorporando con el fin de que sean parte de la esencia e identidad de la comunidad de trabajo y los desaciertos se consideran como aprendizajes que permiten crecer, integrándolos para evitar repetirlos. En organizaciones con cultura profesional, se promueve que la dimensión técnica sea secundaria, para que se nutra de las capacidades y relaciones humanas.

→Construir relaciones cada día

Generar encuentros con el otro es fundamental. Claro que la cultura del encuentro requiere de nuestro esfuerzo: siempre hay dificultades, y miradas encontradas, pero es un proceso que vale la pena porque genera efectos positivos. Quienes lo vivencian se sienten plenos, vitales, se estimula su crecimiento, madurez y fluidez. Y se identifican como integrantes de una comunidad laboral que genera innovación, creatividad y productividad, a sabiendas de que son los que optimizan el desempeño y logran mejorar e incrementar los resultados. Reconocen la necesidad de revitalizar el ser y el hacer. Eso muchas veces implica pasar de la obligación al compromiso, de las tareas a los resultados, de la asignación al desafío creativo, de lo individual al equipo y del salario a la pasión por el trabajo. Pero la experiencia crea un estilo de trabajo dinámico, divertido, ágil y profesional, que promueve en las personas y en la cultura organizacional nuevas formas de pensar, de sentir, de analizar, de solucionar y sobre todo de actuar. Un estilo de trabajo interdependiente y participativo; que crea un desarrollo humano integral, con dinamismo y entusiasmo, a partir de un cambio en la cultura. Así, se experimenta el trabajo desde el compartir y el sentir; con un proceso de reflexión y análisis que convierte a los trabajadores en sujetos de su cambio personal y comunitario; promoviendo un liderazgo participativo.

→Compartir experiencia, tiempo y donación de uno mismo

Partiendo del concepto de persona y su consideración como un todo, incluyendo sus circunstancias, el trabajo se vive desde la realidad personal cotidiana, incluso con el presente personal. Se generan de ese modo espacios nuevos, con la finalidad de compartir gratuitamente y con libertad, a través de la la posibilidad de expresar cómo se está y que se está viviendo, para mejorar la comprensión entre los miembros del equipo, siendo la confianza el valor que lo permite. Además, se pueden instrumentar reuniones con la finalidad de reflexionar acerca de la calidad de las relaciones interpersonales, incluyendo las situaciones cotidianas más difíciles. Aunque se disponga de medios avanzados tecnológicamente, la regularidad debe procurar encuentros cara a cara.
Es un hecho que la manera concreta de valorar a cada persona por motivos intrínsecos, genera un compromiso del empleado mayor que el que se logra por medio de incentivos, o como el que se busca con distintas técnicas de gestión de recursos humanos. Además se generan bienes relacionales, porque las relaciones y vínculos son bienes económicos “tangibles” que se pueden medir y considerar, al igual que la producción de bienes y servicios. Según Benedetto Gui (1986), las relaciones interpersonales producen bienes que no tienen precio, pero sí un gran valor, porque los conceptualiza como bienes relacionales; refiriéndose al producto de la relación entre las personas.

Desde esta perspectiva, cuando en las organizaciones elaboran los cargos y funciones, alcanzan una escucha profunda y sincera de los empleados y de toda la comunidad laboral. En las organizaciones que gestionan desde el paradigma tradicional, muchas veces son aspectos que en la cotidianeidad quedan afuera por falta de tiempo. Pero, para esta perspectiva, es vital encontrar la manera de lograrlo, porque además de generar motivación intrínseca, genera liderazgo participativo y colabora en la creación de una nueva cultura organizacional. Para que logremos disfrutar del trabajo, ese tiempo que pasamos fuera de casa y lejos de nuestros seres queridos, reconociéndonos con el otro y comenzando a generar lazos de fraternidad. A la larga, los trabajos pasan, pero los valores humanos dejan huella.

* Es especialista en gestión de organizaciones, coordinadora de Proyección Social en la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad Católica de Córdoba. Participa de Economía de Comunión

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

Whoops, you're not connected to Mailchimp. You need to enter a valid Mailchimp API key.

Comentarios ()