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Inspiración

19 septiembre, 2022

Equinoccio 2022: la invitación de la primavera

Un nuevo ciclo comienza. Nos recuerda la constante renovación de la vida, nos propone sintonizar la propia percepción con los ciclos del cielo y la naturaleza y nos convoca a transitar el comienzo del signo de Libra con un mensaje de equilibrio y armonía.


Por Ana María Llamazares y Miguel Aguilar

El segundo equinoccio de este año, que se produce en nuestro hemisferio Sur a las 10 de la noche del jueves 22 de septiembre, es un acontecimiento que, como en otras fechas precisas del calendario, nos invita a acompañar las cualidades del tiempo, sintonizando así nuestra propia percepción con los ciclos del cielo y de la naturaleza. Como sabemos, este equinoccio marca el comienzo de la primavera, el renacer de la naturaleza. Los árboles despuntan sus nuevas hojas, las flores explotan de colores, y nuestros corazones se vuelven a expandir con esta gloriosa estación, porque palpitan que la vida no solo sigue su curso, sino que se renueva con más bríos, después de un largo invierno.

Desde la antigüedad hasta hoy, este sigue siendo un momento dichoso y digno de múltiples celebraciones. Una fecha connotada con la renovación de la vida, a través de la conexión entre lo divino y lo humano. Un portal en el tiempo cotidiano para agradecer, para honrar, para peticionar por la abundancia del próximo período. También, una oportunidad para contemplar en el cielo el reflejo de lo que nuestra consciencia humana aún necesita reconocer y equilibrar.

Debido a que, como su nombre lo indica, el equinoccio es uno de los dos únicos momentos en el año en que la noche tiene la misma duración que el día (aequinoctium en latín significa “noche igual”), las mitologías de diversas culturas lo han relacionado con una épica cósmica: la lucha entre el bien y el mal, metafóricamente representados por la luz y la oscuridad. Lo interesante es que, en el transcurso del ciclo anual, esta contienda adquiere como un instantáneo equilibrio que los equipara, y nos muestra en toda su magnitud la trascendencia de esta tensión.

Una oportunidad de percibir al otro como complemento

Recordemos lo que pasa en el cielo durante estos momentos: el sol se ubica justo en el Ecuador celeste, a idéntica distancia de ambos polos terrestres, por tanto, una mitad del planeta está iluminada y la otra mitad está en sombra. Pareciera que el cosmos nos ofrece una ventana para observar y tomar consciencia de la equidistancia de los opuestos, algo que últimamente a los humanos nos está costando bastante…

Los equinoccios son dos momentos clave en el recorrido recíproco entre el Sol y la Tierra, que definen los dos grandes portales del Zodíaco: el comienzo del ciclo con el signo de Aries, entre el 21 y el 23 de marzo; y la mitad del ciclo que se abre con el signo de Libra, entre el 21 y el 23 de septiembre.

Detengámonos en la cualidad energética de este segundo signo que comenzaremos a transitar después del equinoccio, para apreciar aún más la precisión sincrónica del reloj cósmico y su significación. Después de recorrer la primera mitad del Zodíaco (las seis estaciones entre Aries y Virgo), la tensión dinámica entre los opuestos y la percepción del otro como un complemento y no como una amenaza a la propia identidad, se alcanza en Libra –la séptima estación–, el signo del equilibrio y la armonía, representado a través de la balanza, ícono por excelencia de la justicia.

Ya los babilónicos, desde cuya tradición proviene la astrología que aún hoy utilizamos, asociaron la constelación de Libra con las creencias sobre el juicio final, durante el cual Zibanitu –la balanza estelar– pesaba las almas de los muertos. También en Egipto se acostumbraba pesar la cosecha cuando la luna llena estaba en Libra, porque se consideraba que ese día favorecía la justicia de la medición. Sin duda, desde los más remotos tiempos, Libra es un período propicio para la visión ecuánime.

La primavera y la configuración del cielo

Durante los próximos tres meses, además del advenimiento de la primavera, tendremos otras influencias celestes cuyos rasgos generales podemos ver en la carta astral del momento en que el Sol ingrese en la constelación de Libra. Allí se produce un encuentro íntimo –una conjunción partil, es decir, sobre el mismísimo 0 grado de Libra– entre el Sol y Mercurio, el planeta de la comunicación, del pensamiento, del intercambio. Este encuentro se produce en la casa V, el lugar de la creatividad, a la que le corresponde el
signo de Leo.

Una tercera convidada a este encuentro cercano es Venus, la diosa del amor y la belleza, quien transitará por los últimos tramos de Virgo, agregando a lo que allí se geste, un sentido de orden y precisión. Podemos preguntarnos qué clase de intercambios, diálogos y comunicación serán propicios durante este tiempo para alcanzar un justo equilibrio. La apertura venusiana, influencia que también llegará a través del signo de Tauro en el Ascendente -regido a su vez por Venus-, puede verse obnubilada. Sin embargo, por la tensión de Neptuno en oposición, siempre produciendo algo de nieblas y confusiones, actuando desde su propio signo –Piscis– en la casa XI, el ámbito de los grupos y lo social.

¡Qué compleja configuración que nos proporciona el cielo para esta primavera! Tal vez una sutil propuesta para trascender las ilusiones egoicas y la sordera de un Leo ensimismado en su propio discurso y su deseo personal. Una invitación a revisar cómo nos vinculamos, cómo estamos usando nuestro lenguaje, cuán abiertos y receptivos estamos a reconocer legitimidad –como sugiere Libra– a la presencia y la palabra del otro.

¿QUÉ ES UN EQUINOCCIO?
Es el momento del año en que el Sol cruza el Ecuador celeste y está situado de forma tal que sus rayos llegan a la Tierra en línea recta, determinando una duración igual del día y de la noche. De allí deriva su nombre, ya que la palabra «equinoccio» proviene del latín y significa «igual noche». Este fenómeno se repite dos veces en el año, en marzo y en septiembre, y marca el comienzo de las estaciones de transición: primavera y otoño, que están invertidas en ambos hemisferios. Implican cambios en el horario terrestre y variaciones en las horas de luz solar que recibe cada parte del planeta.

ETIQUETAS astrología autoconocimiento espiritualidad psicología sentido de la vida

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