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14 mayo, 2021 | Por

“Un mundo sin plásticos descartables es posible”

Con la misión de desplastificar el mundo, Agustina "Tati" Besada hizo un viaje en barco desde New York hasta Buenos Aires que duró 6 meses, recogiendo plásticos del mar. Asegura que dar el primer paso es fácil y que tomar conciencia es "un camino de ida”.

Profesional de la sustentabilidad, Tati Besada hizo el clic cuando vio el trabajo que costaba reciclar el plástico.

Por Lola López

¿Y por qué querés empezar por lo más difícil? ¡Empezá por lo más fácil!”. Esto responde AgustinaTati” Besada cuando las personas le dicen que dejar de usar plásticos les complica la existencia. O le preguntan, por ejemplo, cómo hacen para no usar bolsas de basura o vajilla descartable que se han convertido en objetos vitales de la vida cotidiana.

Es que Tati, junto a su amiga y también emprendedora social Rocío González, crearon Unplastify, una empresa que apunta a que los humanos nos vayamos “desplastificando”. Es decir, que reduzcamos lo más posible el uso de elementos descartables donde el plástico suele ser protagonista.

Unplastify es una empresa que tiene como misión cambiar la relación humana con el plástico. Para eso aceleran procesos sistémicos de desplastificación con individuos, organizaciones, empresas y gobiernos minimizando el uso de plásticos descartables a través del re-diseño de operaciones, hábitos y normas. Tati Besada (izquierda) y Rocío González (derecha) son sus fundadoras. Más info: www.unplastify.com

Ahora estamos aquí, en Buenos Aires de 2021, haciendo esta entrevista por videollamada. Pero esta historia comienza hace un par de años, en el cinematográfico barrio de Brooklyn, New York. Allí, un día Tati (que estaba viviendo y estudiando en esa ciudad), empezó a colaborar en un centro de reciclaje que era una ONG con características de cooperativa de recuperadores urbanos. Y así, esta “argentina en Nueva York” se fue entusiasmando tanto con el tema de los residuos, el desperdicio y el impacto ambiental y se comprometió de tal forma con todo lo que implica, que al tiempito le ofrecieron tomar la conducción de este centro. Allí estaba la semilla de todo lo que vino después.

−¿Cuál fue el clic que te hizo zambullirte en el tema de los plásticos?

−Creo que lo puedo resumir así: observar todo el esfuerzo que se necesitaba para que una simple botellita se convirtiera en otra cosa. A eso se le sumó ver que no todos los plásticos se pueden reciclar y me fueron surgiendo más preguntas que respuestas. Reflexionando y siguiendo estas preguntas junto a mi amiga Rocío, le dimos forma a Unplastify…

−¿Por esa época surgió la idea de ese viaje épico de Nueva York a Buenos Aires en barco?

−Sí. La idea surgió en 2017 y al año siguiente se concretó. El plan era volver a Argentina navegando desde Nueva York y ver con qué nos encontrábamos en el camino. Es un viaje largo dado que, debido a un tema de corrientes y vientos predominantes, la ruta nos llevaba a cruzar el Atlántico dos veces para hacer el recorrido completo. Y en ese derrotero nos encontramos de todo.

−¿Qué es “de todo”?

−Para ese viaje, un centro de investigaciones científicas nos prestó un dispositivo con un protocolo para tomar muestras de los plásticos que íbamos encontrando. Teníamos que contar los microplásticos que obteníamos en las muestras, pero también nos topamos con piezas de gran tamaño, redes y cosas que ni sabíamos qué eran. Una vez vimos cientos de miles de copos blancos flotando sobre el mar y, nos dimos cuenta que eran esos protectores que se usan para embalar los los electrodomésticos y protegerlos de los golpes…

−Uf, qué impactante…

−¡Muy! Pero además vimos plástico en todos lados, aun cuando el agua parecía cristalina. El plástico estaba en todas partes, nosotros estábamos en “el medio de la nada” y siempre había algo flotando o encontrábamos microplásticos en las muestras.

A bordo del velero “Fanky”, en un viaje épico para recolectar muestras de plástico en el mar. 

El gran desafío de desplastificar 

Además de vivir la experiencia en primera persona, también entrevistaron a varios expertos para hablar sobre esta problemática y sobre todo de la necesidad de buscar soluciones. A partir de esa investigación surgió la esencia de Unplastify, ya que llegaron a la conclusión de que el problema no era el plástico per se, que es muy útil y sin duda facilitó muchas actividades, sino que el problema es la manera y el exceso en su utilización. “Existe un uso y abuso a nivel sistémico y no solo individual”, enfatiza Tati del otro lado de la pantalla y señala: “por eso nosotros no abordamos temas de reciclaje ni de limpieza, sino que nos abocamos a la prevención”.

−¿Brindan capacitaciones?

−Sí, pero no solo eso, porque creemos que no alcanza. En Unplastify trabajamos tanto en la conciencia y en la cultura de una organización o empresas como en los procesos, las normas internas de cada entidad y hasta en temas legislativos. Por ejemplo, hemos apoyado una ley que prohíbe usar microperlas en cosmética: son productos que se usan en algunas pastas de dientes y cremas exfoliantes y es una locura por muchas cosas: casi siempre terminan en el río a través de las cañerías, no son buenas para la salud y, además, hay muchos productos que las reemplazan.

−Si tienen tantos aspectos negativos, ¿por qué se usaban tanto? ¿Son baratas?

−La pregunta es: ¿baratas para quién? Porque aquí hay un costo oculto que es el de la contaminación y lo pagan la sociedad y el ambiente. Por eso nos interesa trabajar no solo en empresas, sino también en políticas públicas y en instaurar procesos para que el cambio ocurra.

Izq.: La bitácora de viaje de Unplastify. Der.: Carteles para crear conciencia. 

“Nosotras no vamos y decimos “lo que hay que hacer” a una escuela, club o empresa, sino que acompañamos a la comunidad para que cada uno elabore sus estrategias. El camino es más largo, pero más efectivo y permanente, porque cuando alguien se apropia de una idea o proyecto, funciona”.

−¿Cómo es el proceso de desplastificación?

−Nosotras no vamos y decimos “lo que hay que hacer” en una escuela, club o empresa, sino que acompañamos a la comunidad para que cada uno elabore sus estrategias. El camino es más largo, pero más efectivo y permanente, porque cuando alguien se apropia de una idea o proyecto, funciona.

−¿Nos podés dar ejemplos de acciones realizadas?

−Trabajamos con una empresa que vende almuerzos para llevar y comida saludable, todo en envases y con elementos de plástico. Empezamos diagnosticando su huella plástica y luego junto con ellos diseñamos una estrategia para la gente que come en el lugar, para no dar tanto descartable. Hicimos una comparativa de los costos, por ejemplo los cubiertos, y resulta que económicamente conviene que no sean descartables. ¡Con una estrategia así de simple podían evitar 5 mil kilos de plástico por año en cada sucursal!

La emprendedora social durante el National Geographic Festival de México 2019. 

Otras experiencia de Unplastify fue en las oficinas de un banco, donde luego de medir su huella plástica realizaron un taller con las distintas áreas de la empresa. De ahí surgió la idea de tener nuevas normas para la cafetería, cambiar cláusulas de las licitaciones de compras internas y reemplazar las botellitas de agua por jarras, botellas reutilizables y dispensers. O sea, pequeñas cosas que dan resultados rápidos y concretos.

Cuando se trata de empresas grandes la clave es involucrar a los empleados en una causa para generar engagement (compromiso) y embajadores del proyecto, para que se entusiasmen”, enfatiza Tati, al tiempo que destaca; “También las empresas están cada vez más interesadas en la responsabilidad, en seguir cuidando el ambiente y a las personas para seguir dando pasos en ese sentido”. Mientras tanto, desde Unplastify trabajan actualmente en proyecto de ley nacional para la regulación progresiva de plásticos descartables como cubiertos, sorbetes y otros.

−¿Cómo hacemos para cambiar nuestra percepción sobre los plásticos y modificar hábitos cotidianos?

−Nuestro mensaje es que no estamos en contra del plástico sino de los plásticos descartables, porque sabemos que el reciclaje no es la solución, dado que hay muchos que no se reciclan. Hay una tendencia a decir que esto es muy difícil, esa es la primera reacción, sobre todo cuando uno piensa en las cosas cotidianas, como pueden ser las bolsas de basura o en qué me llevo la comida al trabajo o a la escuela. Por eso nosotras proponemos empezar con cosas fáciles, que no te compliquen. Lo importante es dar el primer paso al preguntarse: ¿qué plásticos podemos evitar para no descartar?

−Dejar los plásticos, ¿es una forma de “volver a las fuentes”, a la naturaleza?

−No lo trabajamos así, pero surge como una consecuencia natural. Es lo que escuchamos cuando la gente nos devuelve sus comentarios de cómo vive el proceso de desplastificación: que la alimentación es más saludable y los hace sentir bien contribuir al ambiente. Lo que sí hacemos es intentar “llevar la naturaleza a la ciudad”, que es donde se toman decisiones que afectan a esa naturaleza, como cuando mostramos de qué manera los plásticos afectan a los delfines, entre otras cosas. De este modo podemos hacer un aporte al entorno del que somos parte.

−¿Cuál es el próximo paso?

−Estamos cerrando nuestro plan a 5 años, donde nuestro objetivo es llegar a desplastificar a un millón de personas, lo cual implicaría reducir 10 millones de toneladas de plástico. Esto sería un poco más de los 8 millones de toneladas de plástico que entran a los océanos todos los años. A modo de referencia, en Argentina se generan 42 kilos de plástico por persona por año, mientras que la cifra global es 45 y en EE.UU. esa cifra se duplica. Hay mucho para hacer.

“Nuestro objetivo es llegar a desplastificar a un millón de personas, lo cual implicaría reducir 10 millones de toneladas de plástico. Esto sería un poco más de los 8 millones de toneladas que entran a los océanos todos los años. A modo de referencia, en Argentina se generan 42 kilos por persona por año, mientras que la cifra global es 45 y en EE.UU. esa cifra se duplica. Hay mucho para hacer”.

−¿Cuándo nos podemos considerar “desplastificados”?

−Se estima que la mitad de los plásticos que usamos son descartables y muchos de ellos los podemos evitar. Consideramos desplastificados a quienes reducen su consumo anual en un 20% y, como se trata de un proceso progresivo, es un camino de ida, tiene que ver con hacer el clic. A mí me encanta cuando alguien viene y me dice: “Desde que escuché tu charla voy a super y veo plástico por todos lados” porque entonces yo le respondo: “Bienvenido a mi mundo”.

Desde Unplastify nos invitan a preguntarnos cuál es nuestro vínculo con el plástico y a cambiar de hábitos.

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