Sophia - Despliega el Alma

16 julio, 2020 | Por

Rüediger Dahlke: “Tenemos que firmar la paz con el coronavirus”

Una charla con el reconocido médico alemán quien asegura que las cuarentenas extendidas terminan siendo nocivas y que, antes que una vacuna, necesitamos reforzar nuestro organismo a través de conductas más saludables tan sencillas como caminar bajo el sol y detenernos a mirar los árboles.

El doctor Rüediger Dahlke recibe a Sophia en un videoencuentro desde Austria.

Por María Eugenia Sidoti. Fotos: Facebook.

Es muy importante que esta charla lleve un poco de calma a las personas, especialmente a los adultos mayores y a quienes ya están enfermos“, arranca el doctor Rüediger Dahlke, con una sonrisa, al otro lado de la pantalla. Nacido en Alemania, decidió mudarse a una pequeña comunidad austríaca para vivir en medio del bosque y continuar haciendo eso que siempre quiso hacer: acompañar a los que enferman en su camino hacia una sanación física, pero también espiritual. ¿Cómo? Enfrentándolos a las verdaderas causas de sus malestares, no solo a sus síntomas. Autor de decenas de libros y coautor de La enfermedad como camino (1983), un best seller que fue traducido a más de 120 idiomas, considera que nuestras enfermedades tienen mucho para decirnos acerca de cómo estamos viviendo.

Acostumbrado a dar conferencias alrededor de todo el mundo, este médico formado en la Universidad de Munich hoy utiliza el poder de las redes sociales para hacer llegar su mensaje más lejos. Y en los últimos días, todos sus posteos tienen un denominador común: el coronavirus. En ellos advierte sobre el peligro de que los gobiernos asusten a la gente, porque dice que eso es contraproducente: “Están generando ansiedad y pánico, dos grandes depresores para las defensas. Nos dicen que no salgamos, pero no nos hablan de cómo reforzar nuestros cuerpos para enfrentar al virus“.

A sus 69 años, Dahlke tiene miedo, pero no de contagiarse el COVID-19, sino de los intereses que adivina detrás de los líderes de los países más poderosos y de las compañías farmacéuticas. “Desde hace 41 años acompaño a las personas a salir de la obesidad, a dejar de fumar, a regularizar la presión arterial. Y te puedo asegurar que es posible. Lo que no es posible es lo que la medicina académica y la industria farmacéutica intentan hacer: generalizar las enfermedades, tratar a un paciente universal. Hay que mirar a través de todo esto, buscar otras respuestas“, explica.

Para él, esta pandemia no es peor que la de la gripe de 2009. Por eso le sorprende que haya tanto ruido alrededor del tema. “En Alemania el coronavirus mató a 9 mil personas, algo muy triste por cierto, pero la influenza de 2017 acabó con 25 mil. Y por aquel entonces no había ninguna conversación acerca de una pandemia. A mi entender, los testeos resultan ridículos. Para quienes sabemos un poquito de estadísticas, es evidente que si testean a 1000 personas y aparecen 100 infectados, entonces cuando testeen 10000 los infectados serán 1000. Y no es que estén explotando los casos, sino del porcentaje de las personas que se chequean. Claro que los números absolutos impresionan, ¿pero no impresionan también los de la gripe? Los médicos lo sabemos, están manipulando las cifras…”

“Debemos ayudar a la gente a recuperar la calma. Los gobiernos están generando ansiedad y pánico, dos grandes depresores para las defensas. Nos dicen que no salgamos, pero no nos hablan de cómo reforzar nuestros cuerpos para enfrentar al virus”.

—¿De verdad cree que están manipulando las cifras?

—¡Claro que sí, es algo muy fácil de hacer! Una cosa es morir por corona, otra diferente es morir y tener corona. Es tramposo y manipulador jugar con los números como lo están haciendo. Es una ofensa contra los médicos. Mi interpretación al respecto tiene un sabor amargo: ¿no saben lo que están diciendo porque son tontos, o lo saben y tienen otros planes? Siendo una persona de ciencia que entiende de estadísticas, me resulta todo muy extraño.

—Entonces ¿cuál cree que es la razón de que se esté hablando de la pandemia en estos términos?

—Todo depende de cada país. En Italia el coronavirus arrasó, pero hay que ver que allí el sistema de salud está arruinado y ha sufrido una debacle de muchos años por falta de inversión. Algo parecido ocurrió en España. En Estados Unidos, que atraviesa una situación espantosa, el tema es que hay mucha población afroamericana, que es la más vulnerable porque su pigmentación le impide absorber suficiente vitamina D y necesita una mayor exposición solar que la población de piel blanca.

—¿Qué opina de las cuarentenas prolongadas?

—Que es lo peor que se puede hacer. Desde el punto de vista médico fue la idea más estúpida que escuché en todos mis años de trabajo, porque lo que se necesita ante un virus de resfrío o gripe, del tipo que sea, es aire fresco y sol para producir suficiente vitamina D. Eso lo sabemos bien, hay estudios que muestran cómo la deficiencia empeora los cuadros de este tipo. Por eso el coronavirus afecta a la gente mayor también, que son quienes tienen más problemas para recibirla del sol.

—A su entender, ¿qué deberíamos hacer para atravesar esta pandemia?

—Tomar medidas para mejorar el sistema inmune. Todos hablan del virus, pues bien: cada año tenemos un nuevo virus. ¿Vamos a tomar las mismas medidas de encerrar a la gente, año a año, a partir de ahora? Entonces no va a quedar ni una sola industria de pie, solo habrá laboratorios.

—¿Y cómo podemos reforzar nuestras defensas?

—No es tan difícil, de hecho es muy sencillo. Y no es algo nuevo: alcanza con ir a caminar al bosque regularmente. Si vas una hora al bosque cada día, mejorarás en un 50 por ciento la respuesta de las células. No hace falta hacer mucho más: es solo cuestión de sentarte ahí y mirar a tu alrededor, conectar con lo que ves. De ese modo se adquieren los antioxidantes necesarios provenientes de la Madre Tierra. La alimentación también es muy importante, alcanza con cambiar de hábitos: consumir menos carbohidratos, al menos los refinados, y sumar a la dieta vegetales, frutas y aceite de coco. La meditación y el ayuno intermitente también ayudan a incrementar notablemente las defensas naturales del cuerpo.

—¿Qué pasa con quienes vivimos en las grandes ciudades y no tenemos bosques naturales cerca?

—Bueno, en ese caso pueden ir al parque o a una plaza. Cualquier lugar donde haya sol, árboles, pasto, aire fresco. Pero si te prohiben hacerlo o solo te permiten salir con una app especial, pidiendo permiso a las autoridades y encendiendo todas las alarmas cada vez estás suelto, entonces mucha gente no querrá salir de su casa, ya sea por miedo, incomodidad, angustia o paranoia. Es más, habrá quienes denuncien a otros por estornudar o porque no usan una máscara, se romperán todos los lazos.

“Si vas una hora al bosque cada día, mejorarás en un 50 por ciento la respuesta de las células. No hace falta hacer mucho más: es solo cuestión de sentarte ahí y mirar a tu alrededor, conectar con lo que ves. De ese modo se adquieren los antioxidantes necesarios provenientes de la Madre Tierra”.

—Al principio de la charla dijo que este virus no es peor que la gripe. ¿Podría explicar qué significa eso?

—Sí, quiere decir que la gripe es muy peligrosa especialmente con la gente mayor y con aquellos que tienen otras patologías de base. Y que también afecta de manera más severa a quienes tienen deficiencia de vitamina D. Por eso es tan importante tomar sol y lo mismo con las vitaminas C y A, hay que reforzar su consumo al máximo para reforzar el sistema inmune. La combinación de esas vitaminas genera un modulador inmunológico asombroso.

—¿Y qué pasa con las emociones? Al verlo con esa amplia sonrisa, me pregunto cuánto impacta la alegría en nuestro cuerpo…

—Es fundamental tratar de estar alegre y de buen humor, en la medida de lo posible. Por eso, una de las peores cosas que podemos hacer es generar miedo.

Autor de La enfermedad como camino, el emblemático texto de autocuidado que revolucionó la conversación médica. 

Del milagro alemán, al milagro argentino

En 1918 la gripe española mató a millones de personas en Europa, la mayoría jóvenes. Pero Alemania, donde la gente consumía una dieta basada en plantas debido a la pobreza en la que había quedado sumida luego de la Primera Guerra, atravesó la epidemia con los números de una gripe normal, convirtiéndose en ‘el milagro alemán’. Bueno, también puede haber un ‘milagro argentino‘, puede haber un milagro de todo aquel país que comience a trabajar seriamente en mejorar la calidad de vida de la gente“, comparte el médico.

—¿Por qué cree que, en general, la medicina no habla sobre estas cosas?

—No lo sé, muchas veces los médicos son un sistema de propaganda de los gobiernos. Pero pienso que este drama del coronavirus ha sido montado por intereses económicos una vez más, fundamentalmente para garantizar una campaña de vacunación masiva. Los gobiernos dicen que no podemos hacer nada hasta que llegue una vacuna, pero no confiemos en todo lo que nos dicen y sepamos que nosotros siempre podemos hacer algo por nuestra salud.

—¿Usted está en contra de la vacunación?

—En este tipo de virus, tan cambiante, sí, porque no creo que vaya a funcionar. Además, están acelerando los procesos de prueba. ¿Y los efectos colaterales? La gente siempre termina pagando el pato. Ni siquiera pensemos en un rebrote, sino en el COVID-20, 21, 22… Será infinito, habrá miles de coronavirus. Si los políticos quieren, cada año habrá un nuevo enemigo que les permitirá arruinar la economía y aterrorizar a las personas. Eso es antidemocrático.

—En medio de esta pandemia y siendo un estudioso del tema, ¿cuáles son los símbolos que ve más a menudo? 

—El símbolo de una infección es la lucha, la agresión, la guerra. Una lucha contra el mundo personificado en estos gérmenes que queremos combatir. Debemos llevar esa guerra al inconsciente, enfrentar nuestros problemas, tomar decisiones y encontrar un propósito. Los síntomas siempre tienen algo para decirnos y la parte positiva de esta agresión externa es que estamos siendo llamados: si no queremos enfermar de cononavirus debemos recuperar el coraje. Necesitamos despertar, escucharnos, tratarnos con cariño. Y ponernos de pie, exigir que respeten nuestra libertad y nuestros derechos.

—¿Qué pasa con las otras enfermedades?

—Bueno, si miramos al cáncer, por ejemplo, el principio es que algo crece en nuestro interior, todo el tiempo. Y es la idea de la vida: crecemos de niños y luego lo seguimos haciendo en nuestra vida familiar, social, laboral. Nos expandimos, vamos nutriéndonos y aprendemos, física y psicológicamente. En todos mis años de experiencia acompañando a pacientes con cáncer encontré personas que no pudieron expandirse y su crecimiento se anuló. Pero cuando logran llevar ese crecimiento hacia un nivel consciente, experimentan una remisión. Creo en darle a la gente la esperanza de que puede hacerlo. Otro ejemplo: todos están ansiosos por el paso del tiempo, buscan confrontar con su edad, que es su viaje de vida. En ese marco, no me sorprende el avance del Alzheimer, una enfermedad que nos hace olvidar lo vivido.

—¿Cuál cree que es la clave para el buen vivir?

—En la Biblia dice: “Si no cambian y se vuelven como pequeños niños, no entraréis en el reino de los cielos“. No tenemos elección. Ser niños nuevamente significa volver a mirar el mundo con los ojos llenos asombro y agradecimiento, ser como El Principito de Saint-Exupéry. Debemos recuperar nuestro niño interior, volver al mundo infantil y dormir más, la melatonina es muy importante.

—¿Qué significa para usted “estar sano”?

—Estar saludable no significa vivir libre de bacterias y virus, como dicen algunos especialistas que he leído por ahí. ¡El mundo está lleno de gérmenes y de microorganismos! Y lo que tenemos que hacer es firmar la paz con ellos, llegar a un acuerdo. No podemos exterminarlos a todos. Lo que podemos hacer es mejorar nuestra convivencia haciéndonos más fuertes. Conozco gente que, como yo, hace muchos años que no tiene una gripe. Cambiar de estilo de vida no es tan difícil y es nuestra responsabilidad. Debemos darles permiso a nuestros cuerpos para responder, tenernos más confianza.

—¿Qué ha aprendido en todos estos años?

—Como médico aprendí que debemos ampliar la mirada, tratar al cuerpo y también al espíritu. “Psicosomático” quiere decir que el alma se expresa a través de síntomas físicos. Tenemos que buscar las respuestas a eso que nos pasa. Cuando conocemos nuestro por qué y para qué, nuestras defensas serán lo suficientemente fuertes para enfrentar una infección. Si tu vida, tu trabajo y tus vínculos te apasionan, te abrazan el corazón, entonces es más difícil enfermar. En cambio si estás pensando en terminar cada día para pasar al siguiente, si querés escapar de tu realidad, estarás más frágil. Debemos disfrutar de vivir en nuestro cuerpo trabajando nuestras ideas y emociones. El cuerpo es un cristalizador de las cosas que no aceptamos en nuestra cabeza.

—Usted escribió un libro sobre la necesidad de recuperar lo femenino para sanar. ¿Qué le gustaría decirnos sobre eso?

—Históricamente, hemos vivido en sociedades dominadas por hombres. Hoy el mundo está en manos de ese señor chino (N. de la R.: Se refiere a Xi Jinping), Mr. Trump y Mr. Bolsonaro. Ellos personifican la forma patriarcal de ver la vida. Entonces, en algún sentido, las mujeres sufren más, porque su tarea es llevar el mundo hacia lo femenino, la naturaleza y el cuidado. Acá está empezando el verano y el paisaje es increíble, pero nadie habla de eso. Estamos hablando del hombre que corta los árboles con su motosierra o del que va a guerrear. Mientras tanto, en silencio, millones de mujeres dan a luz y cuidan de otros. De hecho, nunca escuché en las noticias que una mujer raptara y violara un hombre, es hasta raro de imaginar, ¿no? Claro que también hay mujeres como Margaret Thatcher, y no es raro su Alzheimer: ella necesita olvidar muchas cosas, como la guerra contra Argentina, en la que murieron tantas personas. Eso es lo ridículo del modo patriarcal de gobernar: para organizar el mundo a su gusto tienen que generar siempre nuevos problemas. En el lado contrario, sanar lo femenino sería volver a la Gran Madre, a la Pachamama; dejar atrás a “Papá Estado”, como decimos en Alemania. Mirar el cielo, ser más “lunáticos”, porque la luna es la parte femenina de la vida.

“Como médico aprendí que debemos ampliar la mirada, tratar al cuerpo y también al espíritu. “Psicosomático” quiere decir que el alma se expresa a través de síntomas físicos. Tenemos que buscar las respuestas a eso que nos pasa. Cuando conocemos nuestro por qué y para qué, nuestras defensas serán lo suficientemente fuertes para enfrentar una infección. Si tu vida, tu trabajo y tus vínculos te apasionan, te abrazan el corazón, entonces es más difícil enfermar”.

—¿Cuál es su mayor miedo y su mayor anhelo?

—Mi miedo es que se siga haciendo un show de todo esto con algún fin político o económico. Y también que acotemos lo que nos está pasando como humanidad a aquello que opinan los infectólogos. Yo no estoy en contra de la medicina tradicional, me alegra mucho que esté ahí para nosotros. Pero quisiera que haya una mirada más integral del ser humano. En cuanto a anhelos, tengo dos: el primero, que podamos mejorar nuestros sistemas inmunes apoyándonos en la Madre Naturaleza y, el segundo, que tengamos responsabilidad sobre nuestros actos porque los virus siempre estarán ahí, entonces, ¿qué haremos nosotros para no enfermar?

El médico alemán en una de sus tantas conferencias alrededor del mundo. 

Leé también: “En algún sentido la enfermedad es algo bueno”.

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