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8 mayo, 2020 | Por

Paula Schapovaloff: “Todo pequeño gesto produce un gran cambio”

Mamá de un niño nacido prematuro, creó en Misiones una fundación que brinda información y contención a las familias que deben atravesar por esa situación. Además, promueve el seguimiento clínico de los chicos hasta el inicio de la edad escolar.“Muchos padres ni siquiera saben que existen derechos que se deben cumplir”, dice esta mujer convencida de que el esfuerzo vale la pena.

 

Su hijo nació prematuro y a partir de esa experiencia creo una fundación en Misiones.

Por Agustina Rabaini

Hacía 40 grados a la sombra aquella tarde de enero en la aldea guaraní Tavá Mirí de San Ignacio, en Misiones, y había que ver a Paula Schapovaloff  (35), jugar con los chicos arremolinados y sonrientes en medio del paisaje verdísimo, los pies cubiertos de tierra colorada.

En esa pequeña aldea conducida por el joven cacique Germán Acosta, funciona uno de los diez merenderos que lleva adelante la Fundación Pequeños gigantes, fundada y dirigida por esta misionera de corazón inmenso, hoy su presidenta.

Con base en Posadas, la organización lleva años recorriendo la provincia y brinda leche, útiles, ropa, calzado y ayuda para levantar, por ejemplo, el toldo de plástico de la huerta que barrió el último temporal en la comunidad Tavá Mirí.

Pequeños gigantes, en rigor, nació hace seis años para acompañar a padres de niños prematuros y surgió como una necesidad en la vida de Paula por haber vivido ella misma el desafío de gestar y criar a un niño, su hijo Juan Ignacio, de siete años, que nació a las 27 semanas de gestación y estuvo en neonatología durante tres meses.

Sin embargo, hoy el alcance del trabajo de la fundación excede el acompañamiento en el ámbito de la primera infancia y de ahí la anécdota, y la alegría genuina, mate en mano y algún chipá a la vista, otro fiel compañero de las tardes en el campo misionero.

Hasta establecer la fundación con mayor formalidad, en 2019, hicimos un caminito de hormigas”, cuenta Paula, que trabaja a diario como empleada administrativa en el Consejo Deliberante de la ciudad de Posadas y realiza su tarea como directora de la Fundación  Pequeños Gigantes ad honorem.

Paula junto a los niños de una comunidad guaraní donde brinda su apoyo.

Pequeños Gigantes cuenta con su propio centro en Aguirre 1548, Posadas, Misiones. Brindan atención gratuita a las familias, con previa derivación de los médicos especialistas. Reciben donaciones de pañales, mamaderas, leche y solicitan la colaboración de médicos pediatras que puedan realizar un seguimiento y atender a los niños en la Fundación.  

A punto de recibirse de abogada, está en pareja y su compañero también colabora con la fundación. Dice que su inquietud solidaria viene desde la adolescencia, muy cerca  de sus padres, que ya hacían trabajo social.

A poco de comenzar la charla, dice fuerte y claro frases que no pasan desapercibidas. Como esta: “Nuestros niños no deben esperar”.

Viví toda la vida en Posadas, me recibí en un bachiller humanista y cursé la carrera de abogacía, que estoy terminando, en la Universidad del Nordeste. Tengo dos hermanas y un hermano, yo soy la más chica”, dice y agrega que su mamá, una profesora de Derecho y Ética en las escuelas secundarias ya retirada, y su abuela Elisa, mujer faro en la vida de Paula y sus hermanas, también fueron apasionadas militantes del trabajo social.

Mientras crecía me dolían  las injusticias y, cuando tuve edad suficiente, quise hacer algo: me gusta lo justo y claro en la vida, defender los derechos de los demás y los propios, hacer valer lo que dice nuestra legislación. Quiero seguir trabajando desde la fundación y seguiré capacitándome en relación a los derechos del niño, lo que más me mueve. Lo mío es la parte territorial, la primera infancia y la solidaridad, la empatía con el otro y la defensa de nuestros niños prematuros”.

–¿Qué podés contarnos de tu propia vivencia como mamá, desde el embarazo y el nacimiento de tu hijo?   

–Quedé embarazada a los 28 años y tuve un embarazo de alto riesgo, el bebé venía complicado y lo supimos desde el primer momento. Estuve internada durante mucho tiempo y mi hijo nació a las 27 semanas de gestación, con un peso de un kilo. Enseguida lo llevaron a neonatología y pude verlo recién a la semana. Durante los primeros días el papá sí pudo verlo. En total, Juani estuvo tres meses en el sanatorio y salimos cuando pesaba dos kilos quinientos.

El primer pequeño gigante

“Juani”  le dice ahora Paula a su niño que debió atravesar varias operaciones: a los dos años le detectaron tres tumores en la garganta. “Entró varias veces a cirugía y también pudo salir de eso como un toro que es –dice su mamá, una leona–. Ahora tiene siete y está siempre feliz”.

La Fundación Pequeños Gigantes nació, entonces, para acompañar a otros papás de bebés prematuros y hoy abraza también a los niños que tienen secuelas y a niños con Síndrome de Down y TEA.

La fundación Pequeños Gigantes trabaja acompañando a los niños y sus familias.

“La fundación es un centro de contención, público y gratuito único en el NEA. Si bien el Estado y las obras sociales cubren las necesidades (no todas) hasta el primer año de vida, es necesario brindar apoyo a la familia prematura (un niño que nace antes de término implica una familia entera en la condición de prematura) durante los primeros siete años de vida del niño”, explica Paula.

Mi marido y yo fuimos papás de sanatorio y tuvimos la suerte de contar con una buena obra social. Juani tenía pañales y no le faltó la leche especial que necesitaba, pero a lo largo de los años vimos las diferencias con las obras sociales, tomamos contacto con familias vulnerables y vimos mucha necesidad”.

Así fue que Paula empezó a ahondar en los Derechos del Niño Prematuro y se propuso armar una red de acompañamiento y contención para las familias.  “Nos fuimos apoyando entre las madres y cuando mi hijo creció y tenía dos o tres años, comencé a hacer mi trabajo de territorio. Fui a recorrer los hogares, las neos de toda la región, públicas y privadas, y los merenderos. De a poco comenzamos a abrir nuevos merenderos y en las neos hablaba con las familias, daba charlas compartiendo mi historia. Eran charlas de mamá a mamá”.

–¿Cómo eran esos encuentros?

–Les iba contando cómo me sentía yo y también su papá, y veía cómo los otros papás nos contaban sus alegrías, preocupaciones y necesidades. Con el tiempo empezamos a asistir a los chicos con ropita y leche. Pedíamos donaciones a los vecinos y a la comunidad. Más tarde pudimos contar con ayuda del gobierno, que hasta hoy nos brinda pañales y leche. Desde hace un año, como fundación, seguimos con las charlas en los hospitales y recorremos la provincia. Somos un equipo interdisciplinario de mujeres y hacemos asistencia social. Vamos casa por casa y trabajo con las mismas profesionales que atendieron a mi hijo en su momento. De ahí la confianza, la técnica en estimulación fue lo que ayudó a que mi hijo caminara, de la mano de la jefa de equipo, una técnica en estimulación temprana, una psicopedagoga, una nutricionista y dos psicólogas.

Hoy su hijo, Juan Ignacio cursa la escuela primaria, juega al rugby y al fútbol, y forma parte de la escuela de Robótica de la ciudad como otros chicos de su edad.  “Tiene una vida plena, como si nunca hubiese pasado por una neo. Yo estoy agradecida de por vida por haber podido contar con el seguimiento y los controles que todo niño nacido prematuro debiera tener. Que eso se cumpla es una responsabilidad tanto de los papás como de los pediatras”.

–¿Por qué elegís seguir haciendo este trabajo?

–Para devolver y agradecer la vida que hoy tiene mi hijo. Le doy gracias a Dios porque crece bien y por poder ayudar a otros papás y a otros niños para que tengan la misma vida, o al menos un poco mejor de la que tienen. En estos años conocimos muchas historia de papás y de bebés, y ahí ves cómo las urgencias de los niños  no coinciden con la burocracia de las obras sociales y los tiempos médicos. Hubo un caso, el de Ramiro, un niño que  nació prematuro, muy complicado. Los papás se comunicaron conmigo porque el bebé necesitaba un traslado al Hospital Gutiérrez y no llegaba: como soy muy insistente, lo conseguimos, pero el traslado llegó tarde, un día después de que Ramiro falleciera… Frente a esa pérdida irreparable,  tratamos de acompañar y contener a esos papás. Y hasta hoy asisten a la reunión que hacemos cada 17 de noviembre, el Día Mundial del Niño Nacido Prematuro.

–¿Qué más les dirías a las mamás que pasaron por lo que tuviste que atravesar vos?

–Les digo que se enojen si necesitan hacerlo, que lloren todo lo que tengan que llorar, fuera de la neo.  Que se apoyen en sus parejas o en las personas de confianza. Les digo que se sale y que se puede, que tengan fe y sean fuertes para acompañar a sus hijos, los niños más hermosos del mundo.

–¿En qué te apoyás vos cuando te cansás o se te hace difícil seguir?

–En mi hijo Juani, en mi marido, y le pido protección y agradezco a Dios y a la Virgencita de Itatí. Ahora, lo que me gustaría sería que el centro de contención y seguimiento de Pequeños gigante se replique en otras provincias y estamos trabajando para que salga la Ley Nacional de los Diez Derechos del Niño Nacido Prematuro. Uno de los lemas de la fundación es: “Todo pequeño gesto produce un gran cambio”.

Paula con Juani, su hijo de 7 años, que lleva una vida plena rodeado de abrazos.

Para colaborar con Pequeños Gigantes: paulaschapovaloff1@gmail.com | 3764 941777 Facebook: Fundación Pequeños Gigantes

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