Sophia - Despliega el Alma

19 octubre, 2022 | Por

Olivia Morgan: «El dibujo me ayudó a sacar lo que me pasó, de una manera linda»

“Oli, no dejes de crear”. Eso le dijeron los médicos en el hospital después de haberle diagnosticado cáncer en uno de los huesos de la pierna izquierda. Llevó su cuadernito, sus lápices y biromes adonde sea que fuera y transformó al dibujo en su refugio. Testimonio de una joven artista que entendió que por las grietas es por donde puede entrar la luz…


Repuesta de un osteosarcoma en la tibia distal, Oli Morgan comparte cómo el dibujo la ayudó a sanar. Foto: Cristian Clerici

Por Victoria Llorente

Nos separa una pantalla, pero a ella igual se la ve radiante. Sonríe de oreja a oreja y, cuando se lo hago notar, me cuenta que “mañana es su último día de tratamiento” y que no puede más de la felicidad. Se le sale el entusiasmo por los ojos. Por los mismos que se van a emocionar cuando me diga que no sabía que la nostalgia se sentía tan intensamente como la sintió ella en estos últimos meses de su vida.

Olivia, Oli, tiene 16 años y hace casi 12 meses le diagnosticaron un osteosarcoma en la tibia distal. En criollo, un cáncer en la pierna que significó un trasplante de la tibia izquierda, parte del peroné y muchas sesiones de quimioterapia (mientras escribo esta nota, ella publica en su Instagram que hoy le dieron el alta y que está “oficialmente” curada del cáncer).

Sonríe, siempre, mientras hablamos y le cuento que la idea es tener una charla linda, sin golpes bajos. De vez en cuando habla de un nosotros, y voy a entender que se trata de ella y de todos los chicos que conoció durante su tratamiento en el Hospital Italiano, en la Ciudad de Buenos Aires, a más de 400 kilómetros de Roberts, su pueblo natal, que está ubicado en el partido de Lincoln. 

Un problema y una solución

Cada tanto mira para arriba y me cuenta que su mamá está del otro lado, en ese departamento de Parque Patricios y nos saludamos, porque nos conocemos desde hace unos años. En la remera que tiene puesta se ve un laberinto rosa que ella misma dibujó en su cuadernito de tapa negra. “Estoy que exploto con esto también”, me dice señalando la remera.

Olivia visitiendo una de las remeras de algodón que crearon con sus dibujos para una cápsula de la marca de indumentaria Choice. Foto: Cristian Clerici

Dibujar lo que duele
“Hay momentos en los que estoy muy abrumada. Entonces me pongo auriculares, alguna canción y dibujo. Lo hago para liberar, siempre me siento mejor. No me daba cuenta de que hacía tenía que ver exactamente con lo que me estaba pasando, y hablando con mamá y con mi psiquiatra, las dos me decían: ‘ ¿Viste que este dibujo tiene que ver con lo que te estaba pasando esa semana?’”

Es que en el medio de la vorágine del tratamiento, Choice, una marca de ropa de dos emprendedoras de Lincoln, la llamó para invitarla a participar con sus dibujos en una colección cápsula de remeras de algodón. Es tan fresca y tan optimista que todo lo que cuenta hace que suene fácil y liviano. Como si hubiera entendido, casi a la perfección, que la vida es proceso y que esto que le pasa es solo un trayecto por el que tiene que atravesar

—¿Cuándo te diste cuenta de que había algo que no andaba bien con tu pierna?

—Fue a fines de julio de 2021, durante las vacaciones de invierno. Vinimos de visita a la ciudad y salimos a pasear por el Barrio Chino, con mi mamá, mi papá y mis hermanos, de 10 y 14 años. Y en eso miro mi pie y noto que lo tenía muy hinchado y se lo muestro a mi mamá. No me había golpeado, no me había caído y no me había picado nada. Cuando llegamos al departamento puse el pie en alto y me puse mucho hielo. Desde ese día hasta que me internaron, mi pie nunca se deshinchó.

—¿Fueron a ver a alguien enseguida?

—Volvimos a casa, y a la semana empecé a sentir mucho dolor. Ahí comenzó el desfile de estudios: de Roberts me derivaron a Lincoln, de Lincoln a Junín y de Junín a Buenos Aires. Cuando llegué al Hospital Italiano me volvieron a hacer todos los estudios de nuevo y me dieron muletas desde ese día, sin fecha límite, y empezaron a hablarme de un tumor. Solo me faltaba el nombre y el apellido y si era bueno o malo. Estaban todas las posibilidades abiertas…

—¿Cómo fue el día que te dieron el diagnóstico?

—“Tenés un osteosarcoma en la tibia distal, el tratamiento es súper bueno, hay un montón de chicos como vos que se curaron, y tenemos muchos que lo están pasando…”, eso me dijeron. Lo primero que pensé fue que ¡yo no iba a ser la excepción! Me dieron el problema y la solución. Ya está, me quedé con eso. Me explicaron lo que íbamos a tener que hacer y arrancamos… Lo más complicado fue la logística.

Oli de pequeña, bailando —otra de sus grandes pasiones— en su Roberts natal. 

De Roberts a Parque Patricios

Roberts, ubicado a 425 km de la Ciudad de Buenos Aires, es el pueblo más joven de la localidad de Lincoln. Allí, en una casa antigua y remodelada, vive Olivia con sus papás y sus dos hermanos, Segundo y Justo. “Lo más difícil del tratamiento fue organizarnos como familia, más que nada porque mis hermanos muchas veces se tenían que quedar con algún tío o con algún abuelo, pero que nunca es lo mismo que estar con tus papás”, cuenta Oli, y dice que se re adaptaron a la situación, que hasta se cocinaban solos y que aprendieron —a la fuerza— a ser muy independientes.

“Cuando me dieron el diagnóstico lo primero que pensé era que iba a tener que venir a Buenos Aires, que me iban a hacer una aplicación de quimio, y que iba a poder volver a casa. Pero cuando hablé con la oncóloga, me dijo que las internaciones iban a ser de 5 a 6 días, que no iba a poder volver a Roberts porque me iban a bajar las defensas y que me querían tener cerquita. ‘¿Y ahora qué hacemos?’, pensé. ¿Nos íbamos a tener que mudar? Esto fue en octubre del año pasado. El 21 de ese mes tuve mi primera quimio. Después del trasplante óseo de tibia y una parte del peroné tuve un período sin tratamiento, que estuvo bueno, porque pude descansar un poco, aunque la vuelta fue difícil». 

—En tu Instagram vi que subiste muchas historias y posts con chicos del hospital. ¿Cómo fue ese vínculo con personas que estaban viviendo lo mismo —o casi lo mismo— que vos?

—Esa fue la parte más linda de todas. Con mi mamá siempre decimos que es como que se forma una familia, porque todos tenemos algo en común, estamos todos viviendo lo mismo: todos extrañamos a nuestras familias y la mayoría tenía el mismo diagnóstico que yo, en otra parte de la pierna. Estar en las mismas lo hacía mucho más sencillo.

—Nadie te entiende más que el que la está pasando…

—Claro… Aunque yo hablara con mis amigas o con mis familiares, nunca me podían entender del todo, porque estábamos viviendo situaciones completamente distintas.  Me costó mucho entender esto porque esperaba contarles algo y que compartieran mi alegría, pero no terminaban de entender por qué algún avance chiquito me ponía tan contenta. 

—¿Los ves fuera del hospital?

—Seguimos en contacto todo el tiempo. Mi camada, como le decimos, los que empezamos más o menos a la misma vez, estamos terminando ahora. Cada uno sabe quién es el siguiente, a quién le toca la última quimio cada vez. La  que sigue después de mí se llama Sara y sé que piensa: “Ojalá termine Oli, porque yo soy la siguiente…”.

Uno de los tantos dibujos que la artista realizó durante el tratamiento, cuando inició el caminó que la llevó a sanar. Foto: Cristian Clerici

Crear para entender

Le pregunté si se enojaba cada tanto, si lloraba también. Me dijo que le había costado mucho, que todavía le resultaba difícil porque no estaba acostumbrada a que le pasaran tantas cosas en tan poco tiempo. Pero dice que de a poco empezó a hacerlo. “Es que nos sacan tanto… No poder estar en tu casa, no poder ir a la escuela, no poder estar con nuestras familias”, cuenta y se emociona.

Siempre sostenidos por un grupo interdisciplinarios de profesionales, Oli comparte que su psiquiatra le repitió hasta el cansancio que no dejara de crear, que no se estancara. “En un momento estuve muy bajoneada, sentía que mis amigas no me entendían, que no me incluían ni en lo poco que yo sentía que podía estar incluida. En los descansos ni siquiera podía comer lo que quería, no podía salir, tenía que estar con barbijo, juntarme solo con gente que estuviera bien, que nadie estuviera resfriado…”.

“No sabemos cuán fuerte somos, hasta que es la única opción que nos queda”
Hace unos meses, las socias de la marca CHOICE, que nació en 2018 a pocos kilómetros de Roberts con el objetivo de crear prendas nobles y atemporales, se pusieron en contacto con la mamá de Oli porque sabían que estaba dibujando mucho durante su tratamiento. Sus bocetos pasaron a formar parte de una colección cápsula de remeras de algodón. “Lo que más me costó fue darles mi libretita tantos días”, cuenta Oli y se mata de risa. No te la pierdas contando su historia en este video: t.ly/GXNW

—¿Cómo hiciste para salir adelante en los momentos que sentías más cuesta arriba?

—A mí siempre me encantó bailar, pero ahora no podía hacerlo. Esa semana que estuve muy enojada fue cuando dibujé el laberinto que está en una de las remeras. En mi mochila siempre tengo una libretita de hojas totalmente blancas, gruesitas, un lápiz, una goma y sharpies negros. Me gusta más dibujar que pintar. En estos meses el dibujo se transformó en una necesidad y me di cuenta que me ayudó mucho a aliviar mis emociones. La realidad es que la forma más ‘facil’ de llevar adelante este proceso es sacar todo lo malo que trae, de una manera linda. Y como a mi gustaba todo lo artístico, el dibujo fue la otra alternativa que me ayudó a hacerlo.

—¿Qué cosas descubriste en este tiempo?

—Yo siempre digo que hay un montón de emociones que no conocía hasta este tratamiento. La nostalgia, por ejemplo. Era una palabra que la había escuchado mucho, que la había leído, pero yo no sabía lo que era realmente la nostalgia hasta hoy. O lo que era extrañar tanto a mi familia, a mi lugar, mi casa, o lo que era mi vida antes. Me encantaba mi vida… Y de repente me encontré viviendo una vida que no era la mía. Que no era por elección la mía… Extraño todo lo lindo que tenía antes.

Se emociona cada tanto. Seguimos charlando. Me cuenta que ahora, además de dibujar, escribe. Que descubrió que las palabras también son un refugio para transformar lo malo…Se corrige a sí misma después de haber usado la palabra “malo”. “No lo malo, sino lo que me va pasando”. «Hay muchas cosas que hasta que no las ponés en un papel, no tienen sentido”, dice sin dudarlo. Optimista, fresca, alegre y con los pies firmes en la tierra. Piloto de tormentas, si las hay, Oli dijo sí a un montón de noes en su vida. “Todos estamos rotos y así es como entra la luz”, escribió Hemingway. Con solo 16 años, Oli miró su herida, la tomó, se enojó, lloró, la dibujó y la escribió. Así, y solo así, es como entró la luz.

Las remeras de Oli se pueden conseguir en www.chcbychoice.com.ar en la sección By Oli Morgan.

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