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«No somos madres ni padres perfectos, aprendemos junto a nuestros hijos»

Sabrina Critzmann es médica pediatra, puericultora, consultora de porteo y mamá. El nacimiento de su primer hijo, que murió a los pocos meses de nacer, la llevó a replantear su profesión y así descubrió la crianza respetuosa, una nueva forma de maternar donde respetar a los niños es la prioridad.

Por Sophia

La pediatra y puericultora acompaña a madres y padres en la crianza respetuosa. 

Por Carmen Ochoa

La primera vez que Sabrina Critzmann pensó en ser pediatra, su mente inmediatamente le dijo: “No, no hagas eso…”. Porque, según sus propias palabras, “la pediatría es maravillosa, sin embargo a las niñas y niños también les pasan cosas tristes y eso es muy duro”. Pero su deseo pudo más y siguió adelante con su primera elección. Se formó en la Universidad de Buenos Aires e hizo su residencia de Pediatría en el Hospital Pedro de Elizalde (ex Casa Cuna). Al tercer año, quedó embarazada de Juan Martín, su primer hijo y transitó un embarazo saludable hasta que su nacimiento se adelantó de forma abrupta.

Junto a Patricio, su pareja, acompañaron a su bebé durante 34 interminables días en Neonatología entre vías, tubos y ruidos de respiradores, pero también con caricias a través de la cuna, en un mundo nuevo, el de los “mapadres” (como a ella le gusta llamar a las madres y padres), hasta que les dieron el alta. Los siguientes meses fueron los más felices de su vida, experimentando la aventura de ser madre y descubriendo un amor que no sabía que existía. Sin embargo, a los seis meses, una meningitis que derivó en una infección generalizada afectó a Juani, quien debió ser internado y finalmente murió. Así de rápido, así de doloroso. 

Respeto y amor

“Los días siguen, los soles salen. Y el mundo sigue girando, increíblemente”, afirma Sabrina en Hoy no es siempre (Planeta), su libro sobre crianza respetuosa, que ya lleva cuatro ediciones y sirve como una guía de consulta para madres y padres. Porque, si bien el dolor por la pérdida de su bebé la acompañará siempre, esa vivencia también la empujó a reinventarse.

Hoy, con 34 años, Sabrina encabeza una nueva generación de pediatras actualizadas en cuestiones de crianza y alimentación y, por sobre todo, con una mirada más empática sobre las necesidades reales de los niños y sus familias. Es Puericultora y consultora de Porteo Ergonómico, docente de la escuela de porteo Crianza en Brazos, de las escuelas de puericultura Panza y Crianza y de la Asociación Civil Argentina de Puericultura (ACADP), y del Centro de Formación Ramé de embarazo y lactancia. Brinda talleres, acompaña familias e informa sobre crianza respetuosa a través de sus redes, donde cuenta con más de 240 mil seguidores. Es codirectora de la Escuela Argentina de Baby Led Weaning (BLW) y, como si esto fuera poco, también es mamá de Lisandro, su segundo hijo. “La vida de mi hijo Juani, el tiempo que compartimos juntos y lo felices que fuimos, me llevó a estudiar más sobre la crianza, hasta encontrar nuevas formas de disfrute y acompañamiento de las infancias, en un mundo muy adultocéntrico. Hoy, poder mirar el mundo con ojos de niños es algo que agradezco, aunque todavía me falta mucho por aprender”, afirma Sabrina.

–¿Está nuestra sociedad preparada para dar lugar a la crianza respetuosa?

La crianza respetuosa no es una opción, se trata de considerar a las infancias personas completas, únicas e irrepetibles, y de tratarlas con respeto. No puede ser una opción tratar con violencia a un bebé, niño o adolescente. Entonces la sociedad sí debe estar preparada para llevar adelante una crianza respetuosa, con personas que comprendan que no pueden violentar a otras, porque sin respeto las cosas no se resuelven. Muchas veces les exigimos lo que jamás exigiríamos a un adulto. Por ejemplo, “¡comete todo el plato!” o “¡no llores!”. A ninguna amiga le diríamos eso, al contrario, la abrazaríamos y querríamos saber qué le está pasando o acompañaríamos ese momento. Pensar a los niños como personas de nuestra sociedad es lo que nos lleva a la construcción de un entorno de respeto.  

–Como madres llevamos muchos discursos sociales y mandatos incorporados, sin darnos cuenta de que están ahí, listos para salir en cualquier momento de nuestra maternidad… ¿Cómo hacemos para deconstruirnos y criar hijos respetuosamente y felices?

Es importante escucharnos a nosotras mismas, permitirnos vivir esta aventura y ser creativas. No siempre sabemos manejar las situaciones, no hay un manual, y ni siquiera las personas que estudiamos la crianza respetuosa tenemos un libro que nos diga qué hay que hacer cuándo pasan ciertas cosas. Si la forma de intentar resolver los problemas es violenta (con golpes, gritos o chirlos), no es la correcta. En cambio, si esa manera es amorosa y respetuosa, estará bien. Puede ser que hoy no resuelva el conflicto, pero quizás construya algo para el futuro. Mientras no incluya violencia, no hay una mala forma de criar. 

“La vida de mi hijo Juani, el tiempo que compartimos juntos y lo felices que fuimos, me llevó a estudiar más sobre la crianza, hasta encontrar nuevas formas de disfrute y acompañamiento de las infancias, en un mundo muy adultocéntrico. Hoy, poder mirar el mundo con ojos de niños es algo que agradezco”

Sabrina afirma que construir límites es un tema clave, pero complicado, incluso en la crianza respetuosa, ya que siempre se los relaciona con los castigos, la privación o la humillación, a pesar de que también pueden incluir amor. “Los límites nos ordenan, nos acompañan, son un lugar seguro. No siempre implican gritar y enojarse, pero sí la firmeza y seguridad de que ese límite es importante y por eso lo estamos trabajando. Crianza respetuosa no significa que los chicos hagan lo que quieran, porque también querrán hacer cosas que podrían ser perjudiciales para su salud”. 

–La crianza respetuosa también nos lleva a aceptar que, como madres y padres, podemos cometer errores durante la crianza. ¿Cómo hacemos para aceptarlos?

Nosotros acompañaremos el desarrollo y el crecimiento de nuestros niños, pero no somos todopoderosos, aunque hayamos estudiado, leído libros o tengamos otros hijos, así que siempre estaremos aprendiendo. Ponerse en ese lugar de alumno, como una persona que desea nutrirse de nuevas experiencias, nos saca del lugar de sabelotodo. Durante la crianza, muchas veces, tendremos que aprender a vivir diferentes desafíos para resolverlos, pero la diferencia consiste en creer que nuestra decisión es la mejor para nuestros hijos, y no que lo hacemos porque lo sabemos todo.

Con más de 240 mil seguidores en sus redes sociales, la médica comparte consejos y experiencias. 

Cambio de paradigmas

Acercarse a la crianza respetuosa movilizó tanto a Sabrina que comenzó a reformular su trabajo con los niños, de quienes afirma sabía muy poco porque más conocía sus enfermedades. La experiencia la llevó a replantearse el funcionamiento de nuestro sistema médico, del cuál ella también es parte. “Estuve del otro lado, siendo la madre de un pequeño paciente, y viví experiencias muy buenas pero también muy malas. Incluso muy contrarias a la dignidad humana, por parte de un sistema del que yo había sido parte –y al que aún pertenezco– donde el respeto a las infancias debería ser de otra manera. Hasta hoy me sigo replanteando la forma en que funciona nuestro sistema médico, pero aprendo todo el tiempo a repensarlo”, confiesa

–Tu paso por Neonatología junto a Juani desató muchas emociones. ¿Está preparado nuestro sistema médico para asistir a una madre que jamás imaginó volver a su casa sin panza y sin bebé?

Esto depende de los profesionales, porque hay muchísimos que, con buena formación y voluntad, acompañan a esas familias, pero lo hacen desde un lugar muy personal. Sin embargo, también les falta capacitación para realizar este acompañamiento. Por eso, lo ideal son los equipos transdisciplinarios, donde trabajan diferentes profesionales, incluidos los de salud mental, cuya presencia y apoyo es fundamental. Durante nuestro paso por Neo, el hospital contaba con un servicio de salud mental y una psicóloga venía dos o tres veces por semana a charlar con las familias. Eso me sorprendió, porque yo no conocía esta forma de trabajo y lo agradecí mucho. Fue un espacio muy hermoso, de conexión con la mapaternidad, de escucha y de charla, muy importante durante esos días de internación. Ojalá en todos los servicios fuera así y todas las familias tuvieran esa posibilidad. 

–Escuchar nuestra intuición como madres es importante… ¿Cómo elegir un buen pediatra que acompañe nuestra forma de criar respetuosamente? ¿Qué debemos tener en cuenta?

Es una decisión muy personal dentro de las familias, por eso es importante que todos los integrantes estén de acuerdo con su elección. No todos los pediatras somos para todas las familias, porque somos personas y no siempre tenemos el mismo feeling. Tiene que haber un ida y vuelta que genere bienestar dentro de esa relación. Sí es importante que sea respetuoso, que les hable a las nenas y los nenes, que acompañe los procesos de una forma actualizada y que no desestime las preguntas de las familias dentro del marco de la consulta. También habrá profesionales que nos acompañarán un tiempo, porque tal vez decidamos hacer un cambio. Es importante ver cómo nos sentimos en el día a día, transitando esa relación de profesional-paciente, junto a un pediatra que nos de seguridad. 

–Si tuvieras que replantear nuestro sistema médico, ¿cómo sería para vos?

Un sistema médico que humanice a los pacientes y a sus profesionales, sería fundamental. Donde se observe de una forma mucho más integral a la persona, sin dividirla en órganos, extremidades o sectores, con una medicina que contemple todas las áreas. Esto no implica que todos sepamos de todo, pero sí que podamos trabajar junto a otras especialidades. La transdisciplina –trabajar con muchos colegas a la par– es primordial. Yo codirijo un centro de salud con 40 profesionales de muchas especialidades y todos trabajamos como un equipo. Conversamos sobre las consultas que no podemos resolver solos y es muy hermoso trabajar así, con otras visiones de lo que está sucediendo y con muchas herramientas para acompañar a las familias. Me encantaría que esto sucediera en los hospitales públicos y privados, porque el trabajo en red siempre ayuda a mejorar. 

Maternidad real

Que la crianza es romantizada, desde el mismo nacimiento, ya no es un secreto. Sin embargo, a veces somos las mismas mujeres quienes, ni entre amigas, nos contamos las vivencias estresantes o agotadoras de la maternidad por temor a asustar a las futuras madres. Sobre esto, Sabrina revela que “los que romantizan son los medios de comunicación, las películas, las series o las novelas. Todos los vínculos de la vida tienen sus complejidades, es imposible que todo sea lindo y feliz. El problema en la maternidad es decir cómo se tiene que sentir esa madre, cuando todos somos y sentimos distinto. Hay que habilitar que cada persona sienta lo que le pasa en ese momento, aunque culturalmente se diga que debe sentir otra cosa. Lamentablemente, en los nacimientos todavía hay muchas violencias y aceptarlo lleva un proceso, por eso es importante reconocer nuestros sentimientos”. 

–A pesar de que las madres son las que mayormente llevan adelante la maternidad ¿sentís que los padres están más involucrados en la crianza?

Sí, hay una aproximación de la maternidad a la crianza respetuosa y de la mapaternidad compartida, aunque todavía no veo muchos casos donde la carga mental sea acompañada. La mayor tarea de cuidado aún recae en las madres, por una cuestión cultural y patriarcal, que llevará mucho tiempo desarmar, pero que es urgente. Es un camino que tenemos que transitar, y lograr, porque es muy duro criar para una sola persona, como lo vemos habitualmente. 

Hoy no es siempre. Guía pediátrica para una crianza respetuosa de Sabrina Critzmann (Planeta), es una profunda investigación, con información documentada, recursos visuales y un lenguaje sumamente claro. Aborda temas que van desde los beneficios de la lactancia materna, hasta cuáles son las pautas de alarma para concurrir a una guardia pediátrica. Fue declarado de Interés Legislativo por la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, porque “contribuye al cambio de paradigma en la atención médica hegemónica entregando a las familias el poder de la información, calificada y certera, para que sean partícipes esenciales de las decisiones que atañen a la salud integral de sus hijas e hijos».

Antiguamente, cuando la crianza era compartida, o en tribu, la experiencia no solo se transmitía oralmente sino que también era vivida por todos. Sabrina opina que “ahora estamos muy solas, en departamentos, con una imagen sobre la maternidad proyectada por los medios que no es real. Si viéramos que nuestros amigos con bebés recién nacidos necesitan que vayamos a pagarles las cuentas, a comprarles la comida, o estuviéramos junto a ellos en las internaciones de Neo, realmente sabríamos que no todo es de una determinada manera. Y recién allí, podríamos elegir criar a una persona en este mundo, o no. Porque hay diferentes colores y vaivenes en el mundo de la crianza”.

Adentrarnos en el mundo de la crianza respetuosa es un nuevo desafío para recorrer como madres y padres, a pesar de que su método nos lleva a replantear nuestros propios preceptos. Sin embargo, como afirma Sabrina en su libro: “Es momento de reconocer nuestros miedos, de ponerlos en palabras, e incluso charlarlos con nuestros hijos para mostrarles que no somos perfectos, que estamos aprendiendo a su lado, que en este camino no hay nadie que sepa todo, sino muchas personas creciendo y amándose”.

En su libro aborda distintos temas con lenguaje ameno y recursos visuales.

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