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18 diciembre, 2019 | Por

Maternidad y trabajo: “Veo mucho dolor, frustración y culpa”

Convertirnos en madres nos plantea un sinfín de emociones y nos lleva a repensar viejos modelos, estereotipos y prácticas laborales. En esta charla con la licenciada en Recursos Humanos Teresita de Velazco Ledesma, las claves para aprender a conciliar maternidad y trabajo.

 

Teresita de Velazco Ledesma es licenciada en RRHH y dirige de Hire Partners.

Por María Eugenia Sidoti

Muchas mujeres hemos decidido dar una vuelta de timón en nuestras carreras frente a la llegada de los hijos porque nos ha tocado, con mayor o menor suerte, repensar nuestras prácticas laborales a partir de la maternidad. Un camino en el que no siempre nos hemos sentido a gusto: el tironeo constante de los horarios, los estereotipos vigentes, la trampa de querer ser “las mejores” en casa y en la oficina, el cansancio, la falta de confianza, la imposibilidad de encontrar un espacio propio…

¿Quién no atravesó a lo largo de su carrera la culpa, el vértigo, el miedo o las dudas derivadas de ese complejo escenario?

Traer una vida al mundo siempre es un punto de inflexión. Por eso es tan importante transitar esa trascendental experiencia de la mejor manera posible y con la mayor conexión. “Siempre trabajé acompañando a los empleados desde su primer día de trabajo y fui testigo de su desarrollo profesional. Así me di cuenta que había un momento fundacional y de quiebre para las mujeres: la maternidad. Muchas, incluso, tenían que debatirse entre su vida familiar y la laboral“, comparte la Licenciada en Recursos Humanos Teresita de Velazco Ledesma quien, luego de tener a sus tres hijos en la misma empresa y habiendo trabajado siempre en relación de dependencia y principalmente en compañías multinacionales, sintió la necesidad de iniciar un proyecto propio.

“Los estereotipos entre mujeres y hombres frente a la maternidad/paternidad se hacen visibles inmediatamente: al varón nadie le cuestiona qué va a hacer con su carrera profesional frente a la llegada de un hijo, mientras que para la mujer es todo un mundo”.

TERESITA DE VELAZCO LEDESMA

Era la mejor empresa donde podía estar, tenía guardería, colonia, tres semanas de vacaciones. Así y todo, trabajaba de 9 a 18 y sufría porque sentía que no tenía tiempo suficiente para mis hijos. Nos juntábamos entre compañeras, hablábamos todo el tiempo de eso. Me habían propuesto un puesto global, tenía que viajar mucho… y no quise. ¿Qué quería? Tuve que hacerme la pregunta y enfrentar las miradas del entorno, que la gente me dijera que estaba loca por renunciar a diez años de vida corporativa. Pero quería gestar algo desde cero donde pudiera volcarme a acompañar a las personas en su relación con el trabajo a lo largo de su vida, poniendo como centro sus emociones. Así nació Hire Partners, la consultora que fundamos junto a Cecilia de Nevares“, destaca.

El objetivo estaba claro: había que animarse a explorar, desafiar las zonas de comodidad, nutrirse de sus propias vivencias como mamás. Fue entonces que nació el programa de Maternity Coaching, una práctica ya instalada en países como Inglaterra y Australia, que de su mano llegó a la Argentina.

Nuestra propuesta consiste en acompañar a las mujeres durante la etapa de embarazo, licencia por maternidad y vuelta al trabajo, impulsando su desarrollo personal y profesional y promoviendo su protagonismo en este proceso de cambio y generando un espacio de expresión donde puedan legitimar sus sentimientos, que van más allá de lo racional”, destaca Teresita.

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Foto: Pexels.

–¿Cuáles son los problemas que más aparecen a la hora de conciliar maternidad y trabajo?

–Muchas mujeres están angustiadas porque quieren ser buenas mamás, buenas profesionales, buenas esposas, buenas amigas… Y además quieren estar lindas, bajar rápido los kilos del embarazo, estar a la moda, hacer las compras, ayudar en las tareas escolares, etcétera, etcétera. Las mujeres creen que pueden con todo y lo peor es que también se lo hacen creer a los demás. Entonces aparece la frustración, porque nada resulta como esperaban y también la culpa, por no ser lo suficientemente buenas o por querer alcanzar estándares estereotipados, sin preguntarse “¿Qué es ser buena mamá y buena profesional para mí?“. Las mujeres llegan cansadas, agobiadas y aunque ya saben que no pueden todo, no saben pedir ayuda ni decir “No”. Quizás para paliar la culpa de sentir que no le dedican suficiente tiempo a sus familias ni al trabajo es que terminan diciendo “sí” a todo.

–¿Cuándo se hace más evidente?

–Algunas mujeres sienten temor al volver de sus licencias, porque piensan que la maternidad va a terminar con su carrera profesional e incluso creen que tienen que comportarse como si nada en sus vidas hubiera cambiado, para así tener las mismas oportunidades que los hombres.

–¿Por qué ocurre todo eso?

–Porque la vuelta al trabajo después de tener un hijo es un desafío en sí mismo: hay que separarse del bebé, elegir quién lo cuidará, seguir amamantando, tener el sacaleche siempre a mano y ver qué hacer cuando el niño se enferma o la persona que lo cuida falta… Hay un sinnúmero de cuestiones logísticas que generan ansiedad y angustia, sumadas a la ensalada emocional que de por sí regala la maternidad. Además está la parte profesional: brindar resultados, cumplir metas, participar de proyectos interesantes y crecer profesionalmente. Por eso, la mayoría de las mujeres que son madres están con la lengua afuera, corren en una carrera sin fin cuidando a otros y olvidándose de ellas mismas. En nuestros encuentros uno de los ejes fundamentales es que cada mujer se centre en ella, que confíe en sus capacidades, para luego trabajar en su autoestima.

Junto a Cecilia de Nevares dirige el programa Maternity Coaching. Foto: @tinyfootprints

Hacia un nuevo paradigma

Es cierto que hubo muchos logros en materia laboral para las mujeres, pero aún queda largo tramo por recorrer. Así lo ve Teresita: “Hemos avanzado en cuestiones relacionadas con la inclusión de la mujer y la igualdad de oportunidades. Como sociedad estamos transitando un nuevo camino, aprendiendo sobre la marcha y desafiando el lugar de donde venimos; modelos no tan lejanos de un hombre proveedor y una mujer cuidadora. Hoy esos modelos de familia están bajo la lupa. Si bien en muchas organizaciones brindan beneficios, faltan más políticas de diversidad e inclusión, como ofertas laborales para mujeres que quieren reinsertarse luego de haberse dedicado exclusivamente a su familia; trabajos de jornada reducida, flexibilidad horaria, mayor cantidad de días de vacaciones“.

–¿Y los varones cómo lo transitan?

–Al ocupar las mujeres nuevos espacios, ellos también tienen más presencia en la vida de sus hijos, llevándolos al colegio, asistiendo a las reuniones de padres y a los actos escolares y participando de las actividades domésticas y cotidianas. Los hombres también valoran la flexibilidad de horarios laborales y la licencia de paternidad extendida. De hecho, algunas empresas ya lo están implementando, pero todavía es materia pendiente en la Ley de contrato de trabajo.

–A pesar de los beneficios, que se agradecen, a las mujeres todavía nos cuesta no vivir escindidas…

–Es que hay mucha necesidad de escucha, de generar espacios de conversación, de encuentro y de conexión personal, en los que se legitimen los sentimientos y se acompañe desde lo emocional. El objetivo de nuestro programa es justamente ese: acompañar. ¿A qué? A que cada mujer se conecte con lo que está bien para ella, con su propósito, integrando familia y trabajo. Más allá de las facilidades que dé el ámbito laboral en relación a beneficios y a tener los temas logísticos resueltos, hay dolor, frustración, culpa. Muchas mujeres sienten que la realidad es muy distinta a lo que creían o esperaban.

La maternidad real

“Las mujeres creen que pueden con todo y lo peor es que también se lo hacen creer a los demás. Entonces aparece la frustración, porque nada resulta como esperaban y también la culpa, por no ser lo suficientemente buenas o por querer alcanzar estándares estereotipados, sin preguntarse “¿Qué es ser buena mamá y buena profesional para mí?”.

TERESITA DE VELAZCO LEDESMA

Teresita dice que para que las mujeres logren un mayor bienestar deben sentir una disminución de la tensión que existe entre la vida familiar y la dimensión laboral. Por eso comparte una exitosa experiencia: una compañía multinacional de cosmética le pidió a su consultora que acompañe a 10 mujeres que retornaban de su licencia por maternidad. El gran desafío, asegura, fue quebrar miedos, prejuicios y resistencias.

Eran gerentes, directoras, lideraban equipos, manejaban marcas de renombre, habían dado grandes pasos en sus carreras profesionales y estaban recién iniciando el camino de la maternidad. Los encuentros, en primer lugar, les dieron un espacio de intimidad para conocerse desde una mirada distinta en el que cada una compartía cómo se sentía. Muchas nunca habían hablado entre sí y, de pronto, se encontraban en una sala hablando sobre sus emociones, sus familias, llorando, agradeciendo, riendo y vibrando en sintonía, al compartir ese nuevo rol y ser parte de la misma organización“.

–¿Cuándo creés que se logró esa fusión?

–Cuando brotó la empatía y las más experimentadas compartieron sus conejos, esa magia que aparece con solo ponerse a conversar. De pronto se sintieron más acompañadas, se generó un sentimiento de pertenencia, de comunidad, de tribu. Eso desafió la creencia de muchas de que no podían conciliar las emociones con lo corporativo. Entonces hablaban de las cosas lindas y de las no tan lindas de la maternidad, de su cansancio, de su frustración, de la relación son sus parejas, de sus alegrías, de sus miedos, de sus sueños…

–¿Qué fue lo más conmovedor para todas?

–Que se generó una red a través del sentimiento “estamos juntas en esto y vamos a allanar el camino de las futuras madres de la organización”. Fue la construcción de un nuevo modelo de liderazgo femenino, en el que la maternidad se percibe como un momento fundacional y desde el que se desarrollan un montón de competencias súper aplicables al entorno laboral. Ellas, al compartir su camino, sus aprendizajes, sus emociones y desafiar sus juicios, forjaron vínculos profundos que sin duda serán funcionales para el negocio. Además, sin darse cuenta, se convirtieron en referentes para generaciones más jóvenes.

–¿Creés que es hora de repensar el lugar que ocupamos los seres humanos en un mercado laboral tenemos que mirar a los millennials y centennials?

–Creo que estamos uniendo la vida laboral con la vida personal, aceptando que ambas dimensiones están entrelazadas y que se mezclan continuamente. El hecho de integrar lo laboral con lo personal nos lleva ala coherencia, a una mayor armonía. Estamos centrándonos en nuestro Ser, poniendo en el centro a las personas, y eso es muy positivo. Para eso debemos trazar un nuevo camino, despertar a un nuevo paradigma y, para eso, es clave nutrirnos de todas las generaciones, X, Y, millennials y centennials. Aprendemos en conjunto y las nuevas generaciones nos volverán a conectar con lo espontáneo, con el querer y no solo con el tener. La clave es lograr una mayor integración entre lo racional y lo emocional.

–¿Qué le dirías a una mujer que está en pleno revuelo emocional?

–En primer lugar le diría que respire, que pare, que se abrace como si abrazara a uno de sus hijos… Que se tome un ratito para ella. Y, en esa pausa, que piense qué es lo que la hace no sentirse buena madre, esposa, profesional… ¿Hay hechos concretos que evidencien que no lo es?¿Hay algún reclamo concreto o son sus creencias? ¿Cuál es el feedback en su trabajo? La mayoría de las veces nos castigamos y podemos ser durísimas con nosotras mismas. También la invitaría a visualizar cuáles son sus modelos, cuál es su standard y si existe una brecha entre lo que espera y la realidad. Tener referentes es muy importante, pero el problema surge cuando queremos espejarlos: es ahí donde empezamos a desdibujarnos y perdemos nuestra autenticidad. Cada uno es diferente del otro y tiene una historia distinta. Lo importante es interrogarnos y decidir con qué vara nos vamos a medir.

Foto: Pexels.

7 preguntas para ayudarnos a pensar

A la hora de darnos impulso para que logremos conciliar maternidad y trabajo, Teresita propone los siguientes interrogantes como guía de pensamiento y acción. “Más importante que querer encontrar las respuestas, es que nos formulemos siempre preguntas”, asegura. Aquí van algunas de ellas:

  • ¿Cuál es mi propósito? ¿Cómo me siento hoy? ¿Cómo me siento como madre? ¿Cómo me siento como profesional?
  • ¿Qué es para mí ser una buena madre y buena profesional?
  • ¿Qué necesito para combinar mi vida familiar y mi desarrollo laboral? ¿Tengo alguna conversación pendiente con alguien que sienta que contribuye a la armonía?
  • ¿Qué descubrí de mí al ser madre? ¿Qué aprendizaje me trajo la maternidad que puedo aplicar en el ámbito laboral?
  • ¿Cuánto comparto de lo que me pasa? ¿Sé poner límites, decir que no, pedir ayuda?
  • ¿Cuánto legitimo las opiniones de los demás?
  • ¿Será que hay algo que debe replantearme, renegociar, soltar?

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