Sophia - Despliega el Alma

13 septiembre, 2017 | Por

Lidia Grammatico: «Los males del mundo son consecuencia de los males del alma»

La directora de la Asociación Argentina Programa SAT, la escuela fundada por el reconocido psiquiatra chileno Claudio Naranjo, asegura que llega un momento de la vida en que la condición del "ego" se vuelve intolerable y debemos emprender el sagrado viaje hacia el autoconocimiento y la transformación individual. Con ella hablamos para comprender cuáles son las herramientas.


 

Lidia Grammatico, discípula de Claudio Naranjo y directora de Asociación Programa SAT.

“A veces, no queda otra que reírse”, dice la licenciada Lidia Grammatico con una sonrisa tan genuina como generosa, mientras hablamos de la vida y de las pruebas que ésta, de tanto en tanto, nos pone por delante. De sobra lo sabe esta mujer que nació en Coronda, Santa Fe, y desde muy pequeña supo que lo suyo era dedicar la vida a ver en profundidad a los otros y ayudarlos, a su vez, a verse más claramente. «Siempre, cuando aparecían los problemas, sentía que tenía que meterme. A mis 7 años, por ejemplo, me di cuenta de que el bebé de una vecina no escuchaba. Se lo dije y se enojó mucho conmigo. Pero al poco tiempo, cuando la sordera se confirmó, vino a agradecerme», recuerda. Entre árboles y atardeceres, la pequeña Lidia soñó con levantar vuelo, allá hasta adonde pudiera hacer de la Psicología y la danza, sus dos grandes pasiones, una misma herramienta para abrazar a los demás.

Psicología del Eneagrama, una gran herramienta de autoconocimiento

Las tradiciones espirituales, sobre todo las judeo-cristianas, presentan los males humanos como pecados del individuo: orgullo, ira, envidia, avaricia, gula, lujuria y pereza son el origen de los grandes males de la humanidad (autoritarismo, represión, corrupción, violencia, indiferencia, etc.). Claudio Naranjo, psiquiatra, referente de la psicología integrativa, candidato al Premio Nobel de la Paz​ y ​Profesor en la Universidad de Berkeley, acercó esta tendencia a Occidente, aunando el concepto de estas milenarias tradiciones con la visión de la medicina y de la psicología, que describe los problemas existenciales del ser humano ya no sólo como pecados, sino también como desviaciones del carácter, cristalizadas en lo que comúnmente llamamos “ego” y que , en definitiva, es la «pérdida del ser» que debe ser recuperado durante el trabajo terapéutico. 

Psicoterapeuta y educadora, se unió a la escuela de Claudio Naranjo, el reconocido psiquiatra y escritor chileno, a quien conoció en España en 1996. Hoy, es la Directora de la Asociación Argentina Programa SAT, donde trabaja desde la Psicología del Eneagrama, un poderoso proceso terapéutico –que el propio Naranjo describió como una “máquina de moler egos”–, que combina la enseñanza teórica del Eneagrama, las distintas corrientes de meditación del budismo tibetano, el teatro transformador, el movimiento auténtico, la música y el silencio (ver recuadro). Según explica, los eneagramas son «nueve estructuras de ego representadas en un mandala de nueve puntos» y cada uno de ellos simboliza las distorsiones de la personalidad en la que están comprendidos todos los seres humanos: ira, orgullo, vanidad, envidia, avaricia, miedo, gula, lujuria y pereza.

–¿Y cómo funcionan estos eneagramas?

–La Psicología de los Eneatipos presenta una nueva teoría de la neurosis y de la formación de la neurosis, a través de nueve tipos psicológicos. Cuando Sigmund Freud estudió estos fenómenos, desarrolló la teoría de que las neurosis se van generando desde que somos pequeños, por la represión del deseo libidinal del niño hacia la madre y de la niña hacia el padre. Luego, otros psiquiatras y psicoanalistas empezaron a darse cuenta de que eso no era todo y aparecieron otros saberes, provenientes de otras disciplinas y de otras culturas. Así llegaron el budismo y el conocimiento del eneagrama, que es un sistema de clasificación de la personalidad muy valioso.

–¿De qué manera? 

–Comprendiendo que el origen de la neurosis radica en que, cuando venimos al mundo, todos los seres humanos estamos desvalidos y tenemos una sensibilidad absoluta a ser recibidos, contenidos, aceptados y amados de forma pareja por los adultos, y necesitamos que esos sentimientos no se corten nunca. Eso es imposible, porque a los papás, además de sus hijos, les suceden muchas otras cosas en la vida. El origen de la neurosis, entonces, es que en un momento dado, cuando esa necesidad no se satisface del modo que lo esperamos, empezamos a formar respuestas para que nos amen, que se siguen repitiendo en el tiempo; defensas que permanecen alertas y cuanto más grave es lo que pasa, se harán peores para protegernos. Y el engaño radica en creer que aquello que hacemos es lo que en verdad somos.

–Los eneagramas son nueve. ¿Por qué solo uno nos define?

–Porque hay un rasgo central que rige y el resto es como un arbolito de Navidad: hay un poco de todo, pero en torno a ese rasgo principal. Por eso es tan importante el autoconocimiento: es la llave que va abriendo puertas. El gran Sigmund Freud dejó un legado inmenso al decir que la neurosis es una peste que se trasmite de generación en generación. Pero lo más grande que dijo fue que los seres humanos no conocemos todo sobre nosotros mismos, sino que solo vemos la punta de un iceberg. Luego Carl Jung, su más grande discípulo, aportó además la comprensión de un plano superior, a través de la idea de que tenemos una estructura acá, pero también un ser espiritual que está en una búsqueda constante en otro plano.

–¿Cuál es la enseñanza principal que buscan transmitir desde la escuela?

–Comprender que las pasiones, patologías, fijaciones y motivaciones son, en definitiva, perturbaciones de nuestra capacidad amorosa, que nos impiden mantener relaciones sanas. Se trata de la superación que hicimos de pequeños a ese sentimiento temporario de carencia, creando respuestas para sobrevivir y no morirnos de pena. Es bonito ver lo que nos sucedió, aunque el resultado hoy nos limite. ¡Queríamos vivir! Los niños de verdad lo tienen todo: amor, alegría, vitalidad, capacidad de conocimiento, instinto. Pero como dependen totalmente de los seres adultos, son sensibles a que les brinden amor todo el tiempo. Cada uno de ellos irá construyendo conductas para que los quieran, los acepten, los visualicen y habrá que trabajar para descubrir el verdadero ser que quedó debajo de esa estructura.

Junto a Naranjo, en una de sus tantas conferencias internacionales.

–¿Cómo se lleva adelante ese trabajo?

–Cuando empezamos en Argentina, formalmente en 2001, era difícil poner en palabras lo que hacíamos. Fue un período de sembrar y de establecer redes. Al principio, por ejemplo, hablábamos de la importancia del amor y los propios alumnos, que en su mayoría eran psicólogos y educadores, nos decían que esa palabra estaba mal vista y que si la usábamos para definir nuestro trabajo todos iban a pensar cualquier cosa de nosotros. ¡Amor! Y ni qué decir la palabra alma: ¡ahí ya te ponían el rótulo de secta! En ese sentido, fue un trabajo de expresar poco a poco y desde lo que se iba pudiendo comprender. Al ir creciendo, dejamos de estar limitados y fuimos creado la necesidad de entrar en otros saberes y experiencias, para armonizar nuestros tres cerebros: la porción donde están los pensamientos, la de los sentimientos (como el amor, la empatía y la compasión) y aquella otra donde rige el instinto.

–¿Qué pasa en quienes llegan a la escuela?

–Cuando descubren que su ser está en otra parte y que no son aquello que creen que son, el impacto es enorme porque se reencuentran con su ser verdadero. Al principio es muy fuerte darse cuenta de que uno no vio lo que estaba pasando, aunque eso se haya repetido infinidad de veces. Y también es impactante comprobar que los demás sí lo veían. También aparece una sensación liberación: hay algo a descubrir y a trabajar.

–¿Por qué decidiste llevar adelante esta escuela acá?

–Porque creo que los males del mundo son consecuencia de los males del alma y debemos trabajar en ello. Guerra, hambre, ecología en peligro… se trata de una reproducción de todo lo que a nivel de individuos o de grupos no hemos sanado. Estoy convencida de que ha llegado el momento de hacerlo, hoy hay una apertura a esa evidencia. Las guerras en el mundo son producto de egos locos que no se han visto nunca a sí mismos, y están enardecidos por algo. Ayudar a entender que la esperanza del planeta está en que se multipliquen los trabajos de autoconocimiento de las personas, es nuestra tarea. Humildemente, percibo que hay cada vez más personas buscando una salida, porque no están conformes con el mundo que ven. Eso es esperanzador.

–Podríamos decir que sos una humanista…

–Bueno, quizás yo no lo hubiera dicho de mí, pero es la verdad: soy una humanista. Es que estoy convencida de que aun el peor de los casos, la peor persona que se te pueda ocurrir, es salvable. No debemos bajar nunca los brazos, porque el trabajo es posible. Esta escuela tiene mucha fuerza puesta en eso, por eso ha caminado. Tenemos pasión por establecer encuentros, porque quien llega se convierte en un multiplicador.

–¿Cuál es la búsqueda de cada multiplicador?

–Lo que buscamos, concretamente, es comprender que las soluciones no son de política económica ni de tipo individual ni de un grupo que sea mejor que otro. Sino de que la salvación es invitar a la humanidad a mirar que nuestra civilización, el patriarcado, ha provocado horrores y por eso ha fracasado. Ahora, hay que crear colectivamente una conciencia más clara, un nuevo paradigma.

–¿Qué lugar tienen las mujeres en ese proceso?

–Cada mujer es un ánfora donde cocinar cosas bonitas. Primero, debemos revisar cuánto del patriarcado llevamos puesto y lo hemos transmitido consciente o inconscientemente a nuestros hijos. Luego será una tarea fundamental mirar a las otras mujeres con el máximo de amor, dejando atrás las críticas y la competitividad. La realidad es que para una mujer no hay nada mejor que otra mujer. Los movimientos para luchar por nuestros derechos están muy bien, pero la unión femenina debe darse desde el amor, no desde la confrontación. Abrir el corazón es la clave y también recuperar lo matríztico: antes las comunidades estaban en manos de las mujeres, pero ellas no dominaban desde el poder sino que creaban desde el círculo. No había guerra, reinaban la armonía y el bienestar. Eso fue aplastado por la cultura patriarcal. En nuestra escuela tratamos de crear esa misma conciencia armónica y de integración entre mujeres y varones, a través de esa sabiduría ancestral.

–A veces parece tan difícil… ¿Cómo recuperamos todo eso, Lidia?

–No es tan difícil, ni hay que tener una enorme estructura. Lo importante es cambiar la educación, para cambiar el mundo. En cada uno de los roles que cumplimos, sobre todo cerca de los niños, cada abrazo vale una enormidad. Nunca hay que desistir, porque a muchas personas, niños y adultos, un solo acto amoroso les deja una enorme impronta. Pero hay un trabajo necesario por delante: el encuentro con el ser, la certeza de que hay algo en uno que es necesario ver. El objetivo, a la larga, es llevar una vida más feliz y hacer el bien a nuestro alrededor.

¿Qué es el Programa SAT?

Este programa, cuyas siglas en inglés significan «Buscadores de la Verdad», comenzó en los años 70 en California con el trabajo de Claudio Naranjo. Se trata de un programa holístico en el que se integran contribuciones de la psicoterapia moderna con concepciones espirituales antiguas, la práctica de la meditación y el apoyo de terapias Gestalt y Corporales, como el teatro y el movimiento espontáneo. A través del autoconocimiento, del trabajo en las relaciones interpersonales y del cultivo de la atención, los participantes atraviesan por un proceso de distanciamiento y cierto grado de liberación de la propia personalidad o ego.

El próximo SAT 1 tendrá lugar desde el 22 de septiembre al 1 de octubre de 2017. Más información: www.asociacionsat.com.ar

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