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1 junio, 2020 | Por

Juan Miceli: “Las plantas me dan sentido de trascendencia”

Después de 30 años dedicado al periodismo, Juan Miceli atendió el llamado de la naturaleza y hoy, sin abandonar del todo su vocación de comunicador, se dedica al paisajismo y la jardinería. Cerca del mundo vegetal, dice, encuentra asombro, respeto y humildad.

 

Juan Miceli en sus dos versiones: periodista de noticiero y jardinero.

Por: Carolina Cattaneo. Fotos: Gentileza Juan Miceli.

Quienes hayamos visto noticieros argentinos en los últimos 30 años, el nombre de Juan Miceli tal vez nos traiga reminiscencias como estas: sus móviles en vivo desde la Amia y la Embajada de Israel luego de los atentados, o desde Sudáfrica y Estados Unidos, anunciando la victoria presidencial de Nelson Mandela o Bill Clinton. O quizás lo tengamos grabado en la memoria, al lado de su colega María Laura Santillán, presentando con su tono serio y aplomado los informes de Telenoche Investiga, el ciclo que develó casos de corrupción, abusos y escándalos políticos. Varias veces también lo vimos subir al escenario para recibir el premio Martín Fierro por su labor periodística y, no hace tanto, conducir el noticiero del canal del diario La Nación, LN+. Y sin embargo, hay una faceta que aún no conocemos del todo, una versión menos pública, la de un hombre dedicado a la naturaleza, un poco más cerca del ritmo que marcan las estaciones que la de la agenda periodística, del brote que sorprende de una noche a la mañana y de la flor que amanece abierta sin haber hecho ruido: hace poco más de siete años, Juan Miceli decidió atender un llamado que llegaba desde hacía tiempo y hoy pasa sus días dedicado al paisajismo, diseñando y bocetando jardines y estudiando el ciclo de tales o cuales especies.

Desde su casa en Tigre, donde convive con Juana, una Boyero de Berna, entre cosmos, asclepias, salvias y jazmines de leche, este hombre de 55 años y padre de Lucía, de 26 años, habló con Sophia de su nueva actividad, ese universo siempre inabarcable que es el mundo de las plantas, lleno de nombres en latín, descubrimientos y asombros cotidianos.

¿Cuándo comenzó todo? Hace mucho: Juan nació y creció en Necochea, en una familia dedicada al agro, y siempre disfrutó de ver, en las recorridas por el campo, qué plantas crecían en el borde de la ruta, o del otro lado de las cercas. Pero su inmensa curiosidad lo llevó también por otros mundo. Y estudió Relaciones Internacionales, y empezó a trabajar en una empresa y fue entonces cuando comenzó su carrera periodística y todo eso que vimos que supo hacer en TV, y que le valió, entre otras cosas, el Premio Perfil a la Libertad de Expresión y el de TEA a la Ética Periodística.

El diseño paisajístico, la nueva pasión de Juan Miceli.

Pero entonces, después de más de tres décadas dedicarse a informar a la opinión pública, se reconectó con ese órgano suyo que latía dentro y pedía más clorofila y menos actualidad y comenzó a estudiar jardinería. Más tarde se anotó en la tecnicatura agropecuaria que dicta la UBA y luego, paisajismo.

—¿Te divorciaste por completo del periodismo?
—No, para nada. No reniego del periodismo. Simplemente sentí la necesidad de abrirme y dejar el noticiero, porque el noticiero es como ir a la escuela todos los días. Todos los días los mismos temas, muchas veces cansadores, el noticiero te tiene atado, no te permite viajar al interior a diseñar un jardín y volver al día siguiente. Por otro lado, tiene que ver con la edad: yo tengo 55 años, y empecé a pensar: “¿Voy a hacer esto 20 años más o me animo a otra cosa?”. Bueno, ya lo hice un montón de tiempo, en vez de ir por esta autopista, voy a ir por esta otra a ver adónde me lleva.

—¿Recordás el momento en que, recurriendo a una metáfora botánica, brotó el gusto por las plantas y el paisajismo?

—Creo que es de toda la vida, estaba en dormición, por usar otra metáfora botánica. Estaba como una planta en invierno: durmiendo un poco. Tengo familia que tiene campo y siempre estuve vinculado a la agricultura, entonces me acuerdo de ir a la siembra, a la cosecha, de ir a un campo a caballo y tener ese aprecio por el cuidado de una planta y la naturaleza, o sea que siempre estuvo. Después empecé a estudiar y a descubrir una parte, no de la agricultura a gran escala, sino de ver a la planta en detalle.

—Los tiempos vertiginosos del periodismo televisivo diario son muy distintos al de los tiempos de la naturaleza. ¿Cómo vivís esa diferencia?

—Aunque otros colegas no lo digan, hay un hartazgo a nivel noticias del país. No hace falta ser periodista para darse cuenta que el argentino vive una agenda de temas agobiantes. El otro día estaba viendo en Youtube un capitulo de Polémica en el bar del año 73, y el debate del programa era la suba del dólar. Hace 60 años que estamos hablando de los mismos temas. Hay un hartazgo de temas periodísticos, que el dólar, que la inflación, que los políticos… Entonces llegó un momento en que me pregunté: “¿Yo me voy a pasar la vida hablando de esto o voy a intentar hablar de otros temas y tener una agenda de interés para mi vida personal, al menos con mis amigos, con mi gente?”.

La respuesta a esa pregunta que se hizo Juan fue simple y clara: “Los pocos años que tengo por delante no quiero que sean para hablar del dólar”. Y hoy, uno de sus proyectos inmediatos es lanzar, dentro de un mes, una página web de contenidos que se llamará “Viva la Tierra”, www.vivalatierra.com.ar, donde incluirá notas sobre paisajismo, jardinería y medio ambiente, con información de cursos y entrevistas relacionadas a este nuevo mundo que supo aprender a habitar. Además, en Necochea, su ciudad natal, trabaja hoy en un proyecto de diseño en plazas, que incluye generar otro tipo de circulaciones para quienes las visitan, usar especies de plantas nativas, con espacios para que la gente haga uno uso distinto de los espacios.

El paisajismo llevó a Juan de viaje por distintos lugares para conocer jardines.

—¿Los años que te dedicaste al periodismo te restaron calidad de vida?

—Sí, porque porque uno se hace mala sangre, se angustia. Particularmente con Telenoche Investiga, que fue un programa espectacular y que creo que fue el hito de mi carrera, siento que colaboramos mucho. Hubo leyes en el Congreso que se aprobaron a partir del programa. Creo que fue un aporte a la sociedad, humildemente. Y fueron duros porque fueron años de tensión, de estrés, de amenazas . Lo hicimos hasta con la ingenua vocación de decir “estamos ayudando a la sociedad desde algún lugar”. Ahora, llega un punto que te das contra la pared, porque los grandes problemas de la Argentina siguen sin tocarse. La corrupción, lo que estamos viendo en este momento de casos terribles de impunidad y que la pandemia está tapando. Entonces llegó un momento en que dije: “Hice todo lo que pude desde mi lugar”.

La cara más conocida de Juan Miceli, como conductor televisivo.

—¿Hoy sos más jardinero que paisajista o no hay distinción?

—La jardinería lleva muchos años, siempre se sigue aprendiendo, es dinámico. La jardinería es inabarcable: hay jardines de lugares fríos, tropicales, de climas templados, para suculentas, para gramíneas, para herbáceas. Con el diseño me siento más seguro, ya he diseñado jardines y seguiré aprendiendo, ya tuve clientes y cobré y siento que es algo que manejo más.

—¿Cuál es tu vinculación con las plantas?

—Es una vinculación desde la humildad, porque me sorprendo mucho de la capacidad de existencia de las plantas. En botánica aprendí que cuando a una planta le cortás el tallo, y como tiene una yema, la planta es tan inteligente que esa yema, si está bajo tierra, se transforma en raíz. Si está arriba de la tierra, se transforman en rama. O sea: la planta tiene la capacidad asombrosa de desarrollar células para un medio o para otro. Una misma yema puede ser de crecimiento de raíz, de rama, de hoja o de flor.

—¿Habla de la capacidad de adaptarse a distintas condiciones?

—Absolutamente. Ayer hice gajos, podando el tallo, si lo mandás abajo de la tierra, se transforma en raiz. Si lo dejás al aire, hacia afuera, crece en rama, hoja o flor. Es increíble. Como si a una persona le cortaras un dedo, vuelve a crecer dedo. La célula de una planta es una maravilla increíble. Desde la humildad admiro a la planta y me parece maravilloso que eso que entierro, a los días lo saco y es una raíz. O si lo hubiera dejado por fuera, hubiera sido una flor.

Juan estudiante: una postal de sus años de formación como paisajista.

—¿Qué emociones te despierta el contacto con las plantas?

—Esperanza y admiración. Y hasta el respeto que no les tenemos. Todo lo que existe en el planeta, existe por las plantas, porque son las fábricas de oxígeno que respiramos animales y personas. Cada planta está permanentemente dándonos oxígeno, eso debería generarnos admiración, agradecimiento y respeto. Además de la alimentación, porque todo vive en torno a la planta: el que come pollo, sabe que el pollo se alimentó de un grano, que ese grano vino de una flor, y esa flor, de una planta. Es decir: empezás a mirar alrededor y están en todos lados: en la ensalada que comemos, en la flor con la que homenajeamos a un ser querido, en la esencia de un perfume o en el parque al que vamos a caminar.

—Y a su vez, estamos tan separados de todo eso. Con poca conciencia de esa omnipresencia.

—Sí, y ahí es donde yo a lo mejor puedo como periodista comunicar algo de esto, que la gente se acerque a otro vínculo. Ahora se habla de lo importante que son las abejas. Las abejas son fundamentales porque sin abejas no hay cultivo de comida, no entendemos lo que significa la polinización. Comunicar todo esto de este mundo fascinante va a ayudar a que se tenga más respeto por las plantas.

—De alguna manera sería recuperar ese vínculo y ese ese respeto, que en el algún momento la Humanidad supo tener.

—Nosotros nos hemos alejado, a lo mejor logramos volver a conectarnos. Los pueblos originarios en todo el mundo pasaron del nomadismo al sedentarismo cuando conocieron las plantas. Así empezaron a asentarse las civilizaciones, cuando se domesticaron algunos pastos, maíces, trigos. Pero mirá adónde nos fuimos con la conversación…

Escocia e Inglaterra fueron dos de los países a los que se acercó para conocer de cerca su tradición jardinera.

—¿Dirías que el paisajismo y la botánica te enseñaron algo más allá de lo técnico?

—Lo que me está pasando con las plantas en general, es que de alguna manera me dan un sentido de trascendencia. Todos tenemos nuestra espiritualidad en algún lugar, si no sería muy triste no tener vida interior, ya sin hablar de ninguna religión. Creo en esa transcendencia, en volver a ser parte de la tierra, en cenizas o en lo que uno sea a futuro. Uno trasciende cuando se entrega un poco y dice: “A lo mejor, el día de mañana soy parte de una planta”, y eso, creo que genera cierto alivio. Por ahí, viste, soy nutriente de alguna planta… Hay algo interesante en pensar que seguiremos “siendo” en forma de humus, en que terminaremos siendo parte de alguna plantita.

—¿A vos qué plantita te gustaría ser?

—Un ceibo. Pensándolo mejor y siendo más ambicioso, una sequoia, que viven mil años. Lo que pasa que en el país hay pocas —ríe, y se anima a asomar una versión suya menos seria, pero igual de honesta: —. Las araucarias viven muchos años, son resistente, son nativas. Vamos mejor por una araucaria.

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