Sophia - Despliega el Alma

2 diciembre, 2020 | Por

Fernanda Ferreiro: “Las emociones son la materia fundamental del siglo XXI”

Socia fundadora y hoy coordinadora general de un colegio del Uruguay con una propuesta pedagógica novedosa, compartió su mirada sobre los aspectos importantes de la educación actual. Dice que el aburrimiento de los niños es la base de la creatividad y que el gran desafío de la escuela en tiempos de pandemia es educar en la conciencia social y la empatía.

 

Por: Carolina Cattaneo. Fotos: Gentileza colegio Blue La Barra.

Aquí no hay un boletín de calificaciones con “buenos”, “muy buenos” o “regulares”. Tampoco con sietes, ochos o dieces. Sí hay huerta, invernadero, juegos de madera. Las puertas se abren a las 9 para que todos hayan tenido tiempo de dormir la cantidad de horas necesarias, desayunar tranquilos e ir a la escuela bien despiertos. La práctica del yoga tiene la misma jerarquía curricular que las tablas de multiplicar y, bajo ningún punto de vista, se dan deberes para hacer en casa. El colegio Blue La Barra, actualmente ubicado en una localidad balnearia del departamento de Maldonado, Uruguay, nació hace casi diez años en la ciudad de Minas, en el interior de nuestro país vecino, con una propuesta educativa distinta a la tradicional y hoy se mantiene firme en la misión de brindar una trienseñanza diferente.

Fundado por una filántropa alemana, bebió desde el comienzo de distintas fuentes de la enseñanza y el aprendizaje, entre ellas, la metodología de María Montessori, la pedagogía Waldorf y la teoría constructivista. Tan novedosa fue su propuesta, que la filósofa, escritora y educadora barcelonesa Eulàlia Bosch escribió un libro sobre este lugar, y cuando la entrevistaron de la agencia de noticias EFE, dijo sobre el espacio, inspirado en la obra de los artistas Antoni Gaudí, Joan Miró y Salvador Dalí: “Una de las cosas más lindas del lugar es cómo se encuentran la naturaleza y la cultura, cómo estos niños se integran en un lugar donde la naturaleza se muestra, y esa relación da a los niños desde muy pequeños una posición en el universo“.

Cerca de la ciudad pero en medio del bosque de Punta del Este y a pocos kilómetros del mar, al colegio Blue La Barra –calificado por el diario El Observador como “una experiencia sin precedentes en el Uruguay y en el mundo”– asisten niños y niñas desde los 12 meses y en edad de primaria de distintos sectores socioeconómicos e, incluso, de distintas nacionalidades. Bilingüe y enfocado tanto el arte y el deporte como en la ecología, recibe alumnos de 20 nacionalidades.

En diálogo con Sophia, Fernanda Ferreiro, una de las socias fundadoras y actual coordinadora general, explicó que “el Blue”, como le llaman, es un colegio privado con vocación social, con salones hechos a base de contenedores del puerto en desuso, energía solar y paredes de vidrio para que los chicos puedan ver el entorno natural. “Es un colegio que tiene familias de muy alto poder adquisitivo, de alto poder adquisitivo, de medio y bajo, vienen niños de familias que pueden pagar los colegios más caros del mundo y niños con becas absolutas. Apostamos a la heterogeneidad, que es la verdadera riqueza”, dice.

–Un anuncio en su página de Facebook dice “Colegio Blue La Barra, Una propuesta diferente”. ¿Por qué “una propuesta diferente”?

–Los fundadores veníamos de una escuela tradicional, típica, donde los niños tienen todo dividido en materias, donde tienen su carnet de notas o números, con “sobresaliente”, “bueno”, “muy bueno”, donde se le da mucha importancia a la matemática, a la historia, donde queda relegado todo lo que tiene que ver con el arte, el deporte, y con una educación integral. Y empezamos a enfocarnos en aquellos proyectos de los países que comenzaban a tener éxito en una educación que rendía frutos a la hora de hacer una evaluación formativa. Países como Finlandia obtenían resultados maravillosos en la medición de habilidades de todo tipo y la propuesta educativa no tenía absolutamente nada que ver con nuestra escuela, la de Argentina, la de Brasil, la de Estados Unidos, la de Inglaterra; la escuela tradicional. Así empezamos a pensar en cuáles eran las necesidades de un niño del siglo XXI.

 

–¿Cuál fue el punto de partida para crear esta nueva escuela?

–Fue lo que tenía que ver con el constructivismo, donde el niño en vez de ser un actor pasivo que va a escuchar a la maestra, que se va a sentar de manera estática y a memorizar, participa como un actor bien activo. Hay disparadores, temáticas, que están en el currículum, pero que van a abordarse de manera diferente, de manera entretenida y acorde al niño. Por ejemplo: si con los más grandes, de 12 años, estamos abordando el tema del nazismo, en vez de hacerlos leer el libro de historia y buscar, por ejemplo, causas y consecuencias, ven la película “El gran dictador”, de Chaplin, luego leen “El diario de Ana Frank” y a partir de allí, ellos mismos comienzan a generar interés para luego investigar ese abordaje.

–¿Por qué aplican esa metodología?

–El niño, una vez que algo le interesa, le genera curiosidad, comienza a tener ganas de investigar y de involucrarse con la temática. Hablamos de que no sea nada más que ese aprendizaje en el aula, donde escucha a la maestra, dice parte de una lección y luego la olvida. Aquí hay una dialéctica entre pensar-hacer y hacer-pensar. Si se habla de sólidos y líquidos en química, los niños harán una receta de comida. Están construyendo el aprendizaje constantemente, en cada área. Y es fundamental el apoyo que nos da el método Montessori desde un material concreto y desde una trayectoria de más de cien años sin que le encuentren un mínimo error.

“Cualquier colegio de Uruguay hoy tiene las materias segmentadas, no hay conexión entre el proyecto educativo y las distintas materias, hay notas, calificaciones numéricas, y se deja en un lugar secundario lo que tiene que ver con medioambiente, arte, música, deporte. Nosotros tenemos un carnet, como su boletín de calificaciones, donde evaluamos formativamente y en grandes áreas. Y en vez de calificar, hablamos de ‘evaluar'”.

–¿Por qué el material Montessori es atractivo para tu escuela?

–Porque es un material concreto, autodidacta y autocorrectivo. La guía que va a trabajar con ese material, lo presenta, lo muestra, y luego es el niño quien, usándolo, logra el resultado sin ayuda. Eso le fomenta la autoestima, la autoconfianza, la perseverancia, el sentido de autonomía. Cualquier colegio de Uruguay hoy tiene las materias segmentadas, no hay conexión entre el proyecto educativo y las distintas materias, hay notas, calificaciones numéricas, y se deja en un lugar secundario lo que tiene que ver con medioambiente, arte, música, deporte. Nosotros tenemos un carnet, como su boletín de calificaciones, donde evaluamos formativamente y en grandes áreas. Y en vez de calificar, hablamos de “evaluar”.

 

–¿Cuál es la diferencia entre calificar y evaluar?

–Tener un seguimiento del aprendizaje del niño, de la evaluación, de si va adquiriendo habilidades, si hay algunas que están en proceso. Cuando el niño y la familia reciben ese boletín, en vez de recibir un 9, 8 o 7 en geografía, va a recibir una descripción bajo el ítem “Conocimiento lógico matemático”, con un detalle de todo lo que involucra ese proceso de conocimiento de la lógica, la matemática, la numeración, la geometría, en un concepto que desarrolla el docente que es especifico de ese niño y que va a hablar de las habilidades que viene depurando, de cuáles aún no adquirió y que vamos a trabajar, de qué sugerencias se dan para que reciba apoyo en la casa.

–Es una forma disruptiva de evaluar.

–Nosotros le llamamos “formativa”, porque el niño cuando la recibe se reconoce en eso que tiene que trabajar, en aquello en que destaca; ocupa el mismo lugar en ese boletín la expresión artística, lo que llamamos life skills (ecología, medio ambiente ), que matemáticas y ciencias humanas o ciencias de la vida y de la tierra. Nos costó muchísimo trabajo lograr ser habilitados por el Estado, porque venimos de un formato bastante estructurado, donde hay un montón de materias y del concepto de que las artes no tienen la misma importancia que las matemáticas.

 

–Los alumnos de tu colegio entran a las 9 y en el resto del Uruguay a las 7:45. ¿Por qué?

–Tuvimos en cuenta que un niño que va a estar muchas horas en un colegio, se debe levantar tranquilo, debe disfrutar de un desayuno y venir a la escuela con calma. Asimismo, en vez de cortar media hora para almorzar, aquí tienen una hora entera para almorzar con calma, para aprender hábitos, como esperar que el compañero termine de comer, tener una charla de sobremesa, terminar y lavarse los dientes. Bajar un cambio, como decimos.

–En el mundo, los especialistas en educación señalan una falencia en el aprendizaje de matemáticas, lengua y las materias de ciencia. ¿Cómo creés que se debería abordar el proceso de enseñanza aprendizaje actualmente?

–Cuando hablamos de un cambio en el ADN de la educación, Uruguay y Argentina están muy parejos en lo que teóricamente pretenden, pero si no se cambia la formación docente, si no se habilita a los que van a estar con nuestros hijos a un cambio en la cabeza y en la propuesta, estamos trancados de entrada. La formación docente, en la mayoría de los países y sobre todo en Sudamérica, está estructurada de la misma manera que lo estuvo con las maestras que hoy son jubiladas y tienen 70 años. Y no se puede comparar la generación de una persona de 60, con una de 40, con una de 20 y con una de 6. Yo veo la diferencia entre mis propios hijos. Si seguimos apostando a teorías y no se cambia la práctica, la dialéctica entre el pienso y el hago, el hago y pienso, todo seguirá igual. La educación tradicional primero presenta todo lo que tiene que ver con lo abstracto y luego va a lo concreto, y a veces, nunca presenta lo concreto. El niño debe descubrir lo concreto.

“Si no se cambia la formación docente, si no se habilita a los que van a estar con nuestros hijos a un cambio en la cabeza y en la propuesta, estamos trancados de entrada. La formación docente, en la mayoría de los países y sobre todo en Sudamérica, está estructurada de la misma manera que lo estuvo con las maestras que hoy son jubiladas y tienen 70 años”.

-¿Cómo ves la relación de los niños, la educación y la tecnología?

-En Uruguay, en Argentina, el niño vive enganchado a una computadora, y los colegios son reconocidos como fantásticos y modernos porque tienen pizarrones electrónicos y porque todos los niños van con la computadora. Sin embargo, lo único que ha bajado el nivel de Finlandia, líder en educación, es la falta de la escritura real, con lápiz y papel. Se sigue apostando a esa virtualidad, a que el niño con cuatro años, en vez de agarrar una bicicleta y contar cuántas vueltas dio al cantero, esté con una computadora. Creo que el mundo virtual bien usado es necesario, pero no podemos seguir educando niños que no son niños porque, como vimos en la pandemia, sin una tablet o una computadora o un teléfono, no tenían capacidad de juego y creatividad.

–¿Qué lugar creés que debe ocupar el disfrute, la tristeza y la experiencia de las emociones en el proceso de aprendizaje? 

–El primer lugar. Las emociones son la base del aprendizaje, la materia fundamental en el siglo XXI. Si le preguntás a cualquier padre, de cualquier colegio, de cualquier lugar del mundo qué quiere para su hijo, te va a responder: “Yo quiero que sea feliz”. La pregunta es: el proceso para lograr esa felicidad, ¿no debería ser un día a día de disfrute, de reconocer emociones y sentimientos, de que se enseñe y se aprenda a vivir y disfrutar del hoy? Por supuesto que aprenda frustrarse, pero que aprenda a salir de ese lugar, a entender que las cosas no son como el juego de computadora, que inmediatamente resuelvo lo que hice mal; que aprenda que la vida se trata de tropiezos. Deberíamos enseñar a trabajar en equipo. Se educa al niño para “mañana” y, si mirás lo logos de la mayoría de los colegios, no dicen “un lugar para hoy”. Y lo más triste es que están educando a los niños sin reconocer sus emociones y sus procesos físicos y de maduración. Se educa a todos por igual, al que tiene un ritmo más lento, al que le gustan más las matemáticas, al que tiene un rasgo artístico marcado.

–¿Y qué rol juega el aburrimiento en la vida de los niños?

–Es fundamental, el niño se tiene que aburrir. La vida pasa por tener la capacidad de aprender a construir desde el aburrimiento, desde lo que no me gusta, desde lo que no es de mi interés. En nuestro patio no hay gran cantidad de juegos porque el aburrimiento es la base de la creatividad. El video juego es la diversión inmediata y nosotros tratamos de fomentar que no tengan todo pronto, diez muñecos, diez castillitos…. No. Con lo que les brinda la naturaleza, con lo que les brinda la conexión con sus compañeros, empiezan a jugar. Juegan con piedras, con ramas, y crean casas, crean carpas, crean ciudades, se cuelgan de las ramas, se trepan de los árboles. Y no se aburren. Y si nos dicen “me aburro”, nuestro deber como adultos es tratar de brindar el placer que significa aprender. La escuela debería ser un lugar de placer, los chicos deberían ir con ganas. Nosotros recibimos esa satisfacción a diario, cuando los vienen a buscar y no se quieren ir.  O cuando después de un fin de semana o de las vacaciones, los papás nos dicen: “Estaban desesperados por volver al colegio”.

 

–¿Qué ocurrió durante la pandemia con las clases en tu colegio?

–Estuvimos siete semanas sin ir a clase. Hicimos clases vía Zoom y contratamos una plataforma argentina que permite subir actividades, tener seguimientos con los padres y los niños. No somos un colegio que da prioridad a la tecnología, si bien la tenemos incorporada. Sin embargo, las maestras de niños de dos años se disfrazaban e interpretaban un cuento entero y hasta había clases de historia con propuestas de trabajo en familia. Como dijo Francesco Tonucci, apostamos a eso que se debe hacer en la casa y que construye el aprendizaje: aprender a ordenar un placard, a mostrar esa receta familiar que hacen con mamá, a ver qué plantaron. Lo manejamos así, sobre todo desde un apoyo emocional muy fuerte y conexión diaria. Teníamos momentos que eran simplemente intercambios de “¿Cómo te sentís?”, “¿Cómo estás?, “¿Qué te parece que podemos hacer cuando volvamos al colegio?”.

–En la Argentina llevamos ocho meses sin clases. Muchos padres están angustiados o preocupados porque sus chicos no están recibiendo los aprendizajes que hubieran recibido en el colegio. ¿Qué les dirías a esos padres?

–Les diría lo que sostuve durante la breve cuarentena que tuvimos acá. Que la casa y la familia son el primer lugar de aprendizaje. Que se queden tranquilos porque los contenidos que la escuela brinda se retoman. Si hoy no aprendí las tablas, las aprenderé el año que viene. Apuesten e intenten enfocarse en que esos niños realmente participen del día a día de la casa. A leer en voz alta en familia, a cocinar juntos y ahí trabajar lo que tiene que ver con cantidades, números. Enséñenles a lavar, a encender el lavarropas. El aprendizaje pasa por lados mucho más escondidos que la escuela en sí misma. Fomenten la independencia, ayúdenlos a clasificar sus propios juguetes y que lo hagan solos, apuesten a que ellos sean los encargados de un montón de cosas. No hay nada, sobre todo a nivel primario, que les vaya a cambiar la vida en cuanto a los contenidos de los currículums de aprendizaje, más allá de aprender a leer. Te marcó una maestra, un compañero, esperar tu turno, pero nada más. Entonces, no se desesperen. Hay algo más importante: cuídense emocionalmente. Lo demás lo van a ir adquiriendo. Hay un montón de páginas de Internet con ejercicios Montessori para hacer en el hogar.

“Apuesten e intenten enfocarse en que esos niños realmente participen del día a día de la casa. A leer en voz alta en familia, a cocinar juntos y ahí trabajar lo que tiene que ver con cantidades, números. Enséñenles a lavar, a encender el lavarropas. El aprendizaje pasa por lados mucho más escondidos que la escuela en sí misma”.

–¿Cuál es el mayor desafío de la educación en tiempos de pandemia?

–El gran desafío es el de la conciencia social, el de la empatía, la solidaridad, el trabajo en equipo. El mundo, la vida, nos está dando un cachetazo, tanto que ahora lo único que permitiría que esto parara sería pensar en el otro. Y no educamos para eso. ¿Qué colegio educa en estos valores? ¿Qué colegio se preocupa más por el trabajo en equipo, por la empatía, por la conciencia social, que por los resultados de los exámenes de Cambridge, por las tablas o por matemáticas? No quiero generalizar, pero a veces ocurre que si llamo a un papá para decirle que su hijo está siendo egoísta, que no le gusta trabajar en equipo, no le llama la atención. Pero si le digo que tiene dificultades en matemática, le da una crisis. Hoy el mensaje que hay que dar es “Ponete un tapabocas, evitá las reuniones sociales, aguantá un tiempo”. Así sacás al mundo, a tus padres, a tus abuelos, a tus vecinos, a la señora del almacén, al mundo, de esto. El mensaje que tengo que dar es que la conciencia social es la vacuna que cura esto.

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

No está conectado a MailChimp. Deberá introducir una clave válida de la API de MailChimp.

Comentarios ()