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3 noviembre, 2021 | Por

“El arte es el agente de cambio que puede unirnos a todos”

Una entrevista a Josefina Pierucci y Julia Terzano para conocer más de cerca Curate for Change, el emprendimiento que crearon con la misión de utilizar el poder transformador del arte para promover la conciencia, fomentar el diálogo e inspirar a la acción.


Josefina Pierucci (izquierda) y Julia Terzano (derecha) son las fundadoras de Curate for Change. 

Por Bea Vilá Bertrán

La pandemia nos golpeó fuerte. Nos encerró y perdimos contacto con lo cotidiano, con el mundo exterior y con las personas. Pero también creó espacios y tiempo para explorar nuevas alternativas y cuestionar las formas en que se venían haciendo las cosas. El arte no se mantuvo ajeno a esta dinámica. La cultura en general fue más valorada y se comprendió la importancia que tiene la expresión artística, cualquiera que esta sea, para el ser humano. 

Meses antes de que estallara el covid, Josefina Pierucci y Julia Terzano buscaron plasmar esta certeza de manera conjunta, co-creando Curate for Change. Ambas argentinas, se conocieron en Londres en 2012 cuando las dos compartían el anhelo por adentrarse en el mundo artístico y, aunque inicialmente, avanzaron por caminos separados que las llevaron a radicarse posteriormente en distintas ciudades, fue en el año 2019, en un proyecto de Side Gallery, una de las galerías de diseño más reconocidas de Barcelona, donde pudieron trabajar por primera vez juntas y así surgió el puntapié para lanzarse a hacer algo propio. 

Seguir el perfil de Instagram de Curate for Change en plena pandemia, fue como recibir de manera esporádica una bocanada de aire fresco, una ventana desde la cual poder interiorizarnos con todos los sentidos en el arte emergente que busca generar un impacto en el público.

A través de su iniciativa buscan darle una vuelta a la forma en que se comunica y se implica el arte. Su estrategia incluye la concepción y entrega de instalaciones artísticas innovadoras en lugares no tradicionales, con el objetivo de sensibilizar sobre distintas problemáticas actuales —como la crisis climática, la sostenibilidad y la justicia social— involucrando al público a través del intelecto, la emoción y distintas sensaciones. Asimismo, para cada proyecto buscan asociarse con una organización sin fines de lucro que esté vinculada con la causa de la instalación, para generar una acción positiva inmediata y destinarle un porcentaje de los fondos. De esta forma, la instalación sirve como un faro alrededor del cual artistas, clientes y organizaciones pueden unirse como una fuerza colectiva de cambio.

¿Cómo se conocieron? ¿Cuál es la trayectoria de ambas y cómo surge la idea de asociarse?

Josefina: Con Julia nos conocimos en Inglaterra y nos hicimos amigas enseguida. Las dos veníamos de mundos diferentes, más corporativos, y al mudarnos a Londres hicimos un cambio hacia el mundo del arte. Julia es abogada, trabajó en distintos estudios de abogados, pero desde chica le atrajo la fotografía y, estando allá, decidió anotarse en cursos de curaduría. Por mi parte, en ese momento trabajaba en marketing de Disney y, como sentía que me faltaba algo, decidí empezar a trabajar en una galería que me introdujo de lleno en el arte emergente de Londres. Después estuve unos años en Madrid con el foco también puesto en el arte contemporáneo y, cuando me mudé a Barcelona, al incorporarme a Side Gallery como directora de la galería, me empecé a orientar más hacia el diseño histórico y contemporáneo. Ahí amplié mis conocimientos y experiencia en ferias de arte y eventos culturales. 

Julia: Como dice Jose, inicialmente trabajamos las dos en otros rubros, pero compartimos ese anhelo de inclinarnos hacia el mundo creativo, y una vez que avanzamos en ese camino, surgieron las ganas de hacer algo juntas. Completé mi formación en el campo del arte entre Londres, Barcelona y Venecia y trabajé en ferias de arte de renombre como Art Basel, PAD London, Frieze London y la Bienal de Arte de Venecia y también como freelance para diferentes marcas, tanto como curadora de contenidos como fotógrafa. El destino quiso que nos crucemos nuevamente en Barcelona y allí nació la idea de Curate for Change. Jose ahora vive en Barcelona y yo en Venecia, ya son varios años de amistad los que nos unen y sumamos además algunos como socias. Con la experiencia que cada una trae a la mesa fuimos capaces de armar una buena dupla de trabajo. 

La estrategia de CFC incluye la concepción y entrega de instalaciones artísticas innovadoras en lugares no tradicionales

¿Cuál fue el disparador por el cual surge Curate for Change? 

—Josefina: Las dos veníamos con la sensación de que el mundo del arte tenía una base un tanto banal y le faltaba un poco de consistencia. Nos parecía que faltaba algo más, más allá del ímpetu comercial que tienen todas las galerías. También nos pesaba la idea de que todo lo que fuera expresión artística estuviera siempre en los mismos lugares y nos gustaba la idea de poder hacer instalaciones artísticas en lugares no tradicionales. Salirnos un poco del espacio blanco de la galería y poder empezar a mostrar arte afuera. Ya veíamos que era una tendencia en auge en Barcelona y en Londres, pero le faltaba un empuje. Juntas empezamos a pensar cómo expandir ese proyecto con una base social mucho más fuerte. 

—Julia: La idea nace de la necesidad que teníamos de hacer con el arte algo más que simplemente exponer, mostrar una pieza, armar una exhibición. Queríamos que el arte fuera una herramienta directa para ayudar a otras causas. Un puente construido, no por construir, queríamos con el arte dar, además de mostrar. 

—¿Cuál es la misión  y cómo trabajan para llevarla a cabo? 

—Julia: La misión es acercar el arte a las personas, como así también sus aspectos sociales. A través del arte, queremos instar a la acción y al cambio, involucrando a las personas ya sea en conductas como en maneras de pensar y mirar el mundo, con una óptica más solidaria y sostenible. 

“La idea nace de la necesidad que teníamos de hacer con el arte algo más que simplemente exponer, mostrar una pieza, armar una exhibición. Queríamos que el arte fuera una herramienta directa para ayudar a otras causas. Un puente construido, no por construir, queríamos con el arte dar, además de mostrar”. 

—Josefina: Estamos siempre abiertas a recibir propuestas que pueden nacer de un cliente que nos busca, o bien idearlas nosotras buscando posibles colaboradores. Los proyectos giran alrededor de un concepto y un mensaje del cual queremos hablar y, en consecuencia, contactamos con artistas que trabajen en este sentido y buscamos el espacio idóneo para realizarlo. A la vez, como parte de nuestra misión, buscamos una asociación sin ánimos de lucro que trabaje sobre el tema de la pieza en cuestión y donamos fondos para su causa.

La idea de esta iniciativa de curaduría para el cambio nació de la necesidad de ampliar el horizonte del arte y crear conciencia social.

—¿Cuándo lanzaron el proyecto? ¿Con qué desafíos se encontraron en el camino? 

—Josefina: Empezamos a darle forma a mediados de 2019. Nosotras veíamos que faltaba esta iniciativa para el cambio: el arte estaba estancado, la exposición se mantenía igual y sentíamos que no estaba expresando la denuncia social con todo su potencial ni se implicaba. Por eso se nos ocurrió darle una vuelta. Hacer algo que tenga un poco más de sentido. Hablamos con aeropuertos, free shops, tiendas de ropa, que estaban empezando a usar sus vidrieras para exponer obras, pero todos estos espacios se vieron totalmente afectados por la pandemia. 

—Julia: Los desafíos fueron y son muchísimos. Muchas personas se enamoran del proyecto pero luego, a la hora de llevarlo a cabo, las cosas se complican. Otras veces cuesta mucho encontrar proyectos que sean sostenibles y entonces una idea que conceptualmente puede ser perfecta, cae. Obviamente este último año, con la pandemia mundial, se produjo una parálisis casi absoluta en cuanto a la realización de proyectos. Pero por suerte las redes sociales fueron, en este caso, una buena conexión con el mundo exterior y una plataforma desde la cual poder seguir comunicando aquello que compartimos.

—¿Qué es el arte para ustedes y qué lugar ocupan las redes sociales hoy en día?

—Julia: Como decía Duchamp “Contra toda opinión, no son los pintores sino los espectadores quienes hacen los cuadros.” ¿Qué es arte? Es una de las discusiones más ricas que existen y creo, infinita. Particularmente, desde Curate for Change, buscamos que el arte comunique, denuncie y aporte, directamente, a una causa particular. Buscamos a través del arte generar una sinergia entre diferentes agentes, para aportar a un universo de solidaridad y fomentar una economía circular.

—Josefina: Las redes sociales ocupan un lugar muy importante en la vida de todos hoy en día, nos guste o no. En el mundo del arte, también. Sirven de vitrina y ponen diferentes universos al alcance de todos. Hoy más que nunca el arte está a mano. Las redes pueden invitarnos no sólo a ver las piezas del artista, sino también a descubrir su mundo, su universo y cómo son sus procesos creativos. Generan una accesibilidad nunca antes vista y una visibilidad nunca antes alcanzada.

Curate for Change es una iniciativa de Josefina Pierucci y Julia Terzano para acercar el arte a las personas e impulsarlas a la acción. 

—¿Cuáles son las denuncias que, actualmente, cobran protagonismo entre los artistas y generan mayor interés en el público?

—Julia: La pandemia no ha hecho más que mostrarnos qué consecuencias puede tener la intromisión del ser humano en la naturaleza. Hay que atender de manera urgente una recuperación verde, acelerando la transición hacia una economía baja en carbón. Existe también una urgencia de frenar el calentamiento global. Los gobiernos deberían declarar el estado de emergencia climática hasta que el mundo haya alcanzado un nivel de cero emisiones netas de C02, como proclamó el Secretario General de la ONU, António Guterres. Una gestión del agua eficiente y sostenible, proteger la biodiversidad, una movilidad más sustentable, entre tantos otros desafíos.

“La misión es acercar el arte a las personas, como así también sus aspectos sociales. A través del arte, queremos instar a la acción y al cambio, involucrando a las personas ya sea en conductas como en maneras de pensar y mirar el mundo, con una óptica más solidaria y sostenible”.

—Josefina: También nos centramos en todo lo que involucre temas sociales, todo lo que está pasando con la migración y los refugiados, sobre todo con los conflictos que hay en Medio Oriente y lo que implica eso para el resto del mundo… El arte y el diseño son manifestaciones de la cultura de la que emanan y buscamos utilizarlos como un vehículo de intercambio cultural. Creemos que promover la conciencia social es una responsabilidad.

—¿Quiénes son los artistas más influyentes? ¿Por qué los consideran referentes?

—Julia: Olafur Eliasson es siempre un gran referente y está haciendo grandes trabajos relacionados con el medio ambiente. Es conocido por sus esculturas e instalaciones a gran escala. Trabaja con materiales como la luz, el agua, y juega con elementos como la temperatura del aire. Es un artista que siempre sorprende al espectador en instalaciones inmersivas y dinámicas. Spencer Tunick es un fotógrafo estadounidense que ha recorrido Europa y América en pro de su arte escénico y es muy conocido por sus fotografías de grandes masas de personas desnudas dispuestas en forma artística, a menudo situadas en localizaciones urbanas conocidas. Surgen de estas imágenes una serie de tensiones al observador entre los conceptos de lo público y lo privado, lo tolerado y lo prohibido, lo moral y lo inmoral, lo individual y lo colectivo. Cai Gio Qiang es otro artista que me gusta mucho. Basándose en la filosofía oriental y los problemas sociales contemporáneos, sus obras e instalaciones se comprometen con temas sociales y con la naturaleza. Otro artista que ya no está entre nosotros, pero hubiese sido mágico conocer, es Christo, mundialmente reconocido por envolver grandes instalaciones y monumentos con tela. Christo bautizó sus envoltorios gigantes como “arte medioambiental” muy en la línea de la corriente Land Art que cruza paisaje, escultura y arquitectura de forma orgánica. Y Alfredo Jaar, otro gran artista que ha hecho obras impresionantes. Se define a sí mismo en las antípodas del poder económico y político, y en una posición de resistencia. Chileno y radicado en Nueva York, es famoso principalmente por sus instalaciones en las que combina elementos de fotografía, arquitectura y teatro.

—Josefina: En la misma corriente sumaría a Ana Mendieta que tiene unas obras increíbles, super feminista y defensora de la naturaleza, de las cuales quedaron fotos. Gracias al enfoque de nuestro proyecto conocí a artistas que no tenía idea que existían. Me metí de lleno en el movimiento del Land Art, Body Art y Performance de la década del 70. Posiblemente ella haya sido la primera persona en combinar dichos géneros, creando uno nuevo, al que bautizó como esculturas «earth-body». Y también quiero mencionar a Tomás Saraceno, que es un artista, arquitecto y performer argentino, eminencia total. Su obra gira en torno a la búsqueda de soluciones técnicas y de diseño para la creación de estructuras flotantes que pueden hacer posibles formas de vida de bajo impacto ambiental, y alto potencial para la movilidad y la interacción social.

Izquierda: Una de las obras de Olafur Eliasson. Derecha: Una instalación de Spencer Tunick. 

—¿Cuáles son sus artistas emergentes favoritos y con quiénes les gustaría trabajar?

—Julia: Recomendamos seguir y mirar a Kwesi Botchway, un ghanés que está haciendo un gran trabajo. Él se define como un artista impresionista contemporáneo de retrato y figurativo. Su arte busca celebrar y capturar el espíritu, la esencia y la herencia de los sujetos que retrata y utilizar esto como una oportunidad para dar al mundo una mirada a las vidas y luchas de las personas cuyas historias aún no se han contado. Otro que me gusta mucho es el español Juan Garaizabal, un artista conceptual, escultor y grabador polifacético, que experimenta también con el dibujo, videoarte, instalaciones luminosas y acústicas y es conocido internacionalmente por sus esculturas públicas monumentales. Y Álvaro Urbano, otro joven español al que prestar atención.

—Josefina: No podemos dejar de nombrar también, y especialmente, a nuestra compatriota Elisa Insua, que acaba de terminar una residencia en Nueva York. Ella transforma en arte todo lo que la sociedad desecha, trabaja mucho con joyas. Con una estética pop, reutiliza plásticos, textiles o chatarra para hacernos reflexionar sobre el mundo opulento y de usar-tirar del siglo XXI. Y el portugués Filippo Fiumani o Mani, que utiliza una combinación entre lo digital y el reciclar y reutilizar materiales para crear arte. Tiene una amplia gama de influencias que van desde el post punk, el street art, los tatuajes, las motos, el skate y el surf, lo que le ayudó a crear su propia estética imaginaria. Lo que más me gusta de él es su naturaleza experimental, siempre está buscando nuevas técnicas. Vamos a trabajar con ambos en el programa de formación que lanzamos para marzo del año que viene.

El diseñador Li Hao y la instalación “estrella del pop” ubicada en un campo abierto de Shanghai, China.

“Curating Sustainable Projects es un programa de comisariado de tres semanas basado en talleres, debates, conferencias y visitas, cuya primera edición tendrá lugar del 7 al 27 de marzo de 2022 en la ciudad de Barcelona. Colaborarán invitados especiales de diferentes campos: curadores, marchantes de arte, galeristas, artistas, directores de prensa, entre otros”.

—¿De qué se trata Curating Sustainable Projects, el programa de formación que acaban de lanzar? ¿A quiénes está dirigido?

—Julia: Es un programa de comisariado de tres semanas basado en talleres, debates, conferencias y visitas, cuya primera edición tendrá lugar del 7 al 27 de marzo de 2022 en la ciudad de Barcelona. Colaborarán con nosotros varios invitados especiales de diferentes campos: curadores, marchantes de arte, galeristas, artistas, directores de prensa, entre otros. Trabajaremos juntos para concebir una exposición final relacionada con conceptos ambientales y de sustentabilidad, creando diferentes instalaciones de arte. También, vinculando al programa con la misión de Curate for Change, nos asociaremos con una organización sin fines de lucro relacionada con el tema de la exhibición, donando fondos para su causa.

—Josefina: La propuesta se nos ocurrió casualmente, porque todos nuestros proyectos se vieron afectados por la pandemia y le empezamos a dar vueltas al tema de la sostenibilidad. Hay muchas personas especializándose en esto en el rubro del arte, pero faltan puentes que nos conecten unos con otros, estamos muy dispersos. Así que hablamos con algunas  universidades para ver si estaban interesadas en dictar formaciones sobre la temática y así nació el proyecto. La idea es que los asistentes puedan aprender a integrar la sostenibilidad en toda la cadena del proceso de armado de una exhibición de arte. Desde la elección de los artistas y la temática, la búsqueda de obras de arte, la logística —que no es menor—, la comunicación, la elección del lugar de la exhibición, el opening, todo el proceso durante la exhibición y el desmontaje, que por lo general es el momento más delicado. Queremos que se cuestionen la forma en la que se están haciendo las cosas para poder fomentar una transformación integral. La invitación está abierta a cualquier persona vinculada al arte, no sólo a curadores o artistas, para que todos conecten con este lado. Para más información o aplicar al programa pueden enviarnos un mail a info@curateforchange.com. Nuestro objetivo a futuro es poder replicar este programa en otras ciudades.

La ciudad de Barcelona servirá de base para Curating Sustainable Projects, ofreciendo sus rincones verdes e iniciativas culturales con conciencia ambiental.

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