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18 marzo, 2019 | Por

Dariela Sosa: “Ser venezolana es vivir en una montaña rusa emocional”

La crisis de Venezuela golpea cada día con más fuerza y genera situaciones de zozobra para quienes quedaron, pero también para los que tuvieron que irse del país. Esta joven periodista radicada en Argentina nos cuenta cómo es vivir e informar lo que pasa a diario allá, tratando de no perder nunca la sonrisa.

Por María Eugenia Sidoti

Venezuela arde. Final anunciado para años de tomas de decisiones inflamables. El incendio quema, destruye, duele. El crepitar de la sociedad entera anuncia un desenlace incierto, donde todos son, a la vez, víctimas y protagonistas. Como el ave Fénix, cada venezolano deberá renacer de sus propias cenizas. Mientras tanto, la vida y las calles permanecen a oscuras.

¿Qué será de esas tierras dominadas por los caprichosos vaivenes de sus gobernantes? ¿Adónde irá a parar su economía, edificada sobre bases siempre sinuosas del petróleo?

Solo Dios lo sabe con certeza.

Mi padres conversaban alguna vez sobre las cosas que más los habían sorprendido en la vida. Ambos coincidieron en que jamás pensaron que vivirían en un país comunista. Venezuela era uno de los países más ricos de la región, con una democracia ‘adolescente’, pero que junto a unos buenos precios de petróleo permitió que muchas personas salieran de la pobreza“, reflexiona Dariela Sosa acerca de la compleja realidad de su país.

Periodista de raza, la curiosidad la llevó a andar el mundo en busca de nuevas historias y formas de contar. Vivió en Estados Unidos, Colombia y Tegucigalpa. Hoy reside en la Argentina, lejos de sus afectos, pero no de lo que les toca atravesar: con el afán de armar una comunidad de venezolanos en el exilio creó Arepita, un boletín de noticias que brinda información sobre lo que ocurre en Venezuela.

–¿De qué manera transitás esa lejanía de tu tierra y qué aprendizajes te han traído hasta acá?

–A principios del siglo XX se descubrió el petróleo en mi país y en eso se basó nuestra economía. No nos diversificamos cuando podíamos, el dinero escondió los problemas estructurales. Dicen mis compatriotas Moisés Naím y Ramón Piñango que había una “ilusión de armonía”. Hugo Chávez dio un golpe de Estado en 1992 y fracasó, pero en 1998 obtuvo el poder mediante los votos. Con los años, fue moldeando los instituciones a su imagen y semejanza. Tenía carisma y mucho dinero, que manejaba a su antojo: eso le granjeó apoyos dentro y fuera del país. Ahora vivimos las trágicas consecuencias:  Maduro lo sucedió en el poder y terminó de desbaratar la Constitución. Hoy tenemos a un Estado fallido, pobre, que ha producido más de 4 millones de migrantes, de los cuales hay aproximadamente 300 mil en Argentina. Los argentinos nos han recibido espléndidamente, y eso se agradece. Pero dejar a tu familia y tus afectos atrás es muy duro.

Tan lejos de casa

Dariela Sosa es mamá, emprendedora, periodista y escritora venezolana. Tiene una maestría en Comunicación para el Desarrollo de la Universidad de Columbia en Nueva York. Ha trabajado en radio y televisión en Caracas, Washington, Bogotá, Medellín, Tegucigalpa y Buenos Aires. Hoy dirige Arepita, un boletín dirigido a migrantes venezolanos que sintetiza, jerarquiza y da contexto a lo que ocurre en Venezuela. Podés suscribirte en www.soyarepita.com

¿Qué les diría a mis hermanos argentinos? Nunca den a su país por sentado, porque un día se pueden dar cuenta de que lo perdieron. Los países y las democracias hay que cultivarlos como a una planta, cuidarlos como a un niño“, dice Dariela. Curiosamente, aun cuando se refiere a la dura realidad que tanto la desvela, trata de mantener la sonrisa. Un acto de resistencia: ella asegura que eso es algo que no pueden quitarle ni a ella ni a sus compatriotas.

Los venezolanos andan de a montones por Buenos Aires. Solos, entre amigos, en familia. Manejan taxis, remises, Uber; atienden guardias médicas, bares, tiendas… Son atentos, educados, agradecidos. Y cuando se les pregunta por su país, aprietan los dientes para no llorar.

–¿Qué sentís cada vez que leés los medios de Venezuela y cómo ha sido para vos atravesar los acontecimientos desde acá?

–Es difícil atravesar la crisis a distancia, porque a pesar de que no sufres en carne propia los problemas, no puedes dejar de preocuparte por tus seres queridos.  Mis padres, mi hermano, mis cuñados y mis suegros siguen allá. La mitad del equipo de Arepita está en Venezuela (en Caracas y Puerto Ordaz) y la otra mitad ha ido migrando poco a poco, yo incluida. Los venezolanos estamos muy dispersos. Tengo una hermana en Estados Unidos, mis sobrinos nacieron en México, mis primos viven en Canadá y Panamá. Mis mejores amigas de la escuela viven en Chile y España. Armar una reunión con todos tus seres queridos es un proyecto casi imposible. Alguna vez me dio pereza ir al asado familiar de los domingos. ¡Y ahora lo extraño un montón!

–¿Cómo nació la idea de crear un newsletter para venezolanos migrantes?

–Siempre había querido emprender, pero no me atrevía a dejar un buen trabajo. Tuve a mi primera hija y el trabajo como periodista en un canal de televisión internacional era muy demandante. Quería tener más control de mi tiempo, lo que no implicaba, por cierto, trabajar menos. Eso me dio el empujoncito que me faltaba para emprender. Mi esposo me apoyó y di el paso definitivo en marzo de 2017.

–¿Por qué creés que se dio de ese modo?

–Era un buen momento personal y profesional para hacerlo, pues el periodismo está pasando por una disrupción tremenda: Google y Facebook monopolizan la publicidad digital y los medios tradicionales perdieron esa forma de financiamiento. El periodismo necesita reinventarse para sobrevivir en el siglo 21. Pensé en experimentar con un formato más cercano, más creativo, y concluimos que el mejor canal era un boletín enviado por correo electrónico que los venezolanos pudieran abrir cuando quisieran. Así nació www.soyarepita.com, un newsletter que sintetiza, jerarquiza y da contexto a lo que ocurre en Venezuela. Ha sido una experiencia maravillosa porque pude descubrir mi propia voz y formar un equipo con el que estoy realmente conectada.

“Armar una reunión con todos tus seres queridos es un proyecto casi imposible. Alguna vez me dio pereza ir al asado familiar de los domingos. ¡Y ahora lo extraño un montón!”.

–¿Cuáles son tus claves para reciclar el ejercicio periodístico, en esta crisis de medios que ocurre a nivel global?

–Para nosotros ha sido clave utilizar la creatividad y el humor para poder seguir informando en situaciones de conflicto tan sostenido. Ser venezolano en 2019 es vivir en una montaña rusa emocional.  Muchos compatriotas sienten que es tan fuerte lo que sucede, que prefieren “esconderse” de las noticias. Pero la información es necesaria para tomar mejores decisiones. No podemos cambiar la realidad,  lo que sí podemos hacer es mejorar la experiencia informativa de los venezolanos. Eso nos compromete y nos inspira.

Dariela junto a parte del equipo de Arepita en plena reunión de sumario.

Esa comidita venezolana 

Por cierto: ‘arepita’ es el diminutivo de arepa, una torta de harina de maíz que es típica del desayuno venezolano“, precisa Dariela y explica que su Arepita digital se mantiene gracias al los miles de suscriptores que confían en su trabajo, al aporte de empresas con las que comparten valores y a las madrinas y los padrinos que colaboran a través de patreon.com/soyarepita.

–¿Por qué creés que Arepita ha logrado llegar a tantos venezolanos?

–Porque aprecian nuestro trabajo. Los “patrons”hacen aportes económicos de manera recurrente y tienen una relación más cercana con el equipo. Les enviamos una sorpresa digital mensual (¡a veces hasta componemos canciones especialmente para ellos!) y les pedimos feedback sobre nuestros nuevos proyectos. En el siglo XXI hay que pagar por buen contenido, y por eso nos estamos moviendo de un modelo donde el producto era gratis pero teníamos publicidad, a un modelo de periodismo de membresía, donde la comunidad se compromete con la causa y hace aportes recurrentes en tiempo y dinero.

“Una nacionalidad es más que un territorio. Ser venezolana es parte trascendental de mi identidad, y de muchos de mis compatriotas. Por eso nos pareció importante conectar con lo venezolano de una manera saludable”.

–¿Por qué elegís hacerle llegar una sonrisa a tu gente?

–Una nacionalidad es más que un territorio. Ser venezolana es parte trascendental de mi identidad, y de muchos de mis compatriotas. Por eso nos pareció importante conectar con lo venezolano de una manera saludable. Si tienen colegas o vecinos venezolanos, échenme una mano y díganles que se suscriban gratis a este boletín digital que preparamos cada mañana con tanto cariño: www.soyarepita.com

–¿Qué cosas de Argentina te hacen sentir como en casa?

–Por razones de trabajo he estado en Colombia, México, Estados Unidos, Honduras y Brasil y en ningún lugar he visto que la gente lea tanto en los cafés como aquí. Mi experiencia en Argentina me ha nutrido y me siento más latinoamericana que nunca. Me fascina el mate y disfruto mucho de la oferta cultural de la ciudad.  Pero les tengo una consulta: mi tía abuela siempre me pregunta si me invitan a fiestas con tango… ¿Mantengo el mito? ¿O le digo que aquí lo que más baila la gente es cumbia?

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