Sophia - Despliega el Alma

26 febrero, 2016 | Por

CECILIA TODD: “He vivido como he querido”

Inspirada por un fuerte sentimiento de identidad nacional, la cantante y cuatrista Cecilia Todd se convirtió en el referente de la música popular venezolana. Con su instrumento a cuestas, lleva cuarenta años interpretando temas que pintan a su país. Durante febrero y marzo podés vivir uno de sus shows en el Café Vinilo.

cecilia-todd

Un haz de luz suave cae sobre el escenario oscuro y, entre las partículas de polvo que se prenden y se apagan como luciérnagas, ella aparece caminando. Lleva una camisa verde de cuello mao, pantalones negros y chatas del mismo color; en su mano derecha, un instrumento de cuerdas. Hay apenas un piano, parlantes, un atril y un micrófono. Ella se para ante él y ahora el haz ilumina su pelo entrecano. Sin anuncios ni preludios rasga las cuerdas de eso que parece una guitarra pequeña y, con una voz dulce como la miel,  comienza a cantar: “Mañana que vas llegando. Rayito de sol que siento. Mañana que vas llegando. Rayito de sol que siento. Llévame por la sabana. Llévame sabana adentro. Mañana que vas llegando. Rayito de sol que siento”.

Cecilia Todd se presenta el próximo 26, 27 y 28 de Febrero y el 3, 4, 5 y 6 de Marzo a las 21.00 hs.  en el Café Vinilo (Gorriti 3780, esquina Salguero), en el barrio de Palermo.

En Buenos Aires, una noche de verano, en una sala con apenas cien personas, así de simple y así de bella, suena la voz de Cecilia Todd, la cantante que desde hace más de cuarenta años lleva por el mundo la música popular de su Venezuela natal, un canto de tierra adentro que habla con sutil y preciosa sencillez de su gente, sus paisajes, sus montañas, sus llanos, sus costas, sus flores, sus pájaros, sus amores y sus desamores. Un canto profundo que circula por sus venas desde antes de que pudiera recordarlo.

“Siempre estuve en la música, desde pequeñita, nunca me interesó nada más que no fuera esto. Nunca. Yo no he tomado una decisión de decir: ‘Quiero ser cantante’, la vida me decidió”, dice, breve, en un bar a pocas cuadras del departamento del centro de Buenos Aires donde la aloja una pareja amiga.

En los recuerdos más remotos de Cecilia Todd hay pocos en los que ella no vaya caminando sin un cuatro en la mano, ese instrumento que se parece a una guitarra pequeña, tan popular en Venezuela que en 2013 fue declarado Patrimonio Cultural; un signo de la venezolanidad que cuando ella lo carga o lo toca para tomarse fotos, algo que no se ve los convierte –a ella y al cuatro– en un solo cuerpo armónico, vital y orgánico.

Cecilia Todd creció en una casa de Caracas donde no había tocadiscos y casi no se escuchaba la radio. Pero ya desde entonces, en un momento impreciso, la inspiró una cantante local, Magdalena Sánchez, con toda su gracia, su espontaneidad y su manera de cantar. La música le llegó como les llega a los más chicos la ropa de los hermanos mayores. Sus seis hermanos varones, varios años más grandes, tenían –como dice que sucede en casi todas las casas de Venezuela– un cuatro. Y lo tocaban. Y ella siempre andaba queriendo copiarlos, hasta que tuvo el propio, y la historia y el tiempo y su talento la convirtieron en referente del canto popular venezolano. Cecilia Todd creció así, con un cuatro entre los brazos, que cada tanto alternaba con muñecas. “Siempre estaba ahí conmigo, el divertimento era ese. El otro día apareció una señora en un concierto y me dijo: ‘Te tengo un regalo’. Era un sobre con una foto mía en un programa de la televisión. En esa imagen yo tenía 5 años y estaba tocando el cuatro. Yo no sé si canté, pero estaba tocando el cuatro. Es parte de mí. Cuando viajo a algún lado sin él me siento rarísima, como si me faltara algo, es como una extensión mía”. Es su compañero cuando recorre su país y se interna en pueblecitos perdidos para buscar las sonoridades originales de su tierra, una búsqueda que llevó a algunos críticos musicales a compararla con Leda Valladares o Violeta Parra.

Impulsada por un fuerte sentimiento de identidad nacional, que más tarde se traduciría en compromiso político, hace cuarenta y dos años que Cecilia Todd interpreta la música y la letra de canciones de hitos venezolanos como Henry Martínez o Simón Díaz. Nuestra música también tuvo mucho que ver en su carrera. Corrían los primeros años de la década del 70 cuando Caracas vio arribar a músicos argentinos como Mercedes Sosa, Atahualpa Yupanqui, Les Luthiers, Buenos Aires 8, Astor Piazzolla. Ella los conoció, quedó prendada con ese folclore vivo que llegaba del sur del continente y comenzó a compartir encuentros. Tocaron juntos. Cuando pensaba viajar a Brasil para estudiar técnica vocal, estos argentinos la convencieron de venir a Buenos Aires. Así lo hizo. Por tierra y en pleno invierno, Cecilia Todd llegó sola desde el Caribe caliente. Tenía 21 años. Se hospedó en un departamento de la mamá de Mercedes Sosa; se quedó tres años y grabó su primer disco, Pajarillo verde (1973), en nuestro país. La acompañaron Domingo Cura, Cacho Tirao y Horacio Corral. Conoció a otros músicos: Ariel Ramírez, León Gieco, Víctor Heredia, César Isella. El lazo con la Argentina no se cortaría jamás. Hoy, cuando visita Buenos Aires, le gusta pasear por las librerías de la avenida Corrientes y llenarse de libros, pero sobre todo, pasar tiempo con sus amigos.

cecilia-todd-discos

Allá, en Venezuela, no tiene pareja por estos días y no tuvo hijos. Vive con su gata, Pastpartou, en una casa con fondo en las afueras de Caracas. “Estoy muy tranquila. Llevo una vida tranquila. Vivo muy pegada a la naturaleza, a los árboles, siembro cosas todos los días”. Aunque siempre que puede trata de evitar el ruido de la capital y prefiere quedarse en su casa lejos de los embotellamientos, y recibir allí la visita de amigos y de pájaros, también disfruta cuando visita una gran ciudad como Buenos Aires.

Para subirse a un escenario, en esta oportunidad, e interpretar, por ejemplo, “Las coplas de luna llena”, del santafesino Jorge Fandermole: “Cuando la luna baja bajo con ella; yo me caigo en el sueño y la copla queda. Queda como un aroma que lleva el viento o en el agua cantora que se va yendo”.

Ante el público, ante la prensa, ante la vida, a esta mujer que tiene editados más de una docena de discos, se la ve austera, sin artificios. A la entrevista asiste con una blusa colorada, aros pequeños y zapatos que hacen juego con el color de la camisa, unos jeans gastados y apenas un poco de rouge en los labios. Ni siquiera quiso esconder con maquillaje la mancha que tiene en la cara producto de un golpe. Tampoco esconde las canas.

–Tu estética se ve muy despojada.

–Bueno, es que yo soy así. Como verás, me visto porque no me queda más remedio. Me gustan las cosas simples. La belleza está en lo simple. La belleza de todo, de la naturaleza. La vida en sí misma es muy complicada, pero los seres humanos nos la complicamos más de lo que debiéramos cuando, justamente, está la simpleza de una flor, de un niño o de un animalito que se te atraviesa, o simplemente un gesto de alguien querido.

–Tenés 64 años. ¿Cómo te encuentra la vida a esta edad?

–Yo estoy realmente a gusto. Muy a gusto. Siempre he dicho lo que siento y pienso. Diseñé mi vida como quería. Siempre lo he hecho, desde muy joven. Mi familia, por ejemplo, nunca quiso que yo cantara. “Y yo voy a cantar porque yo quiero” (ríe). Siempre diseñé mi vida así, sin dañar a nadie; creo que no nos debemos dejar influir por el entorno, por la sociedad, por los que siempre te están dictando leyes. “Te tienes que vestir así”, “Tienes que entrar al civil”, “Tienes que…”. Uno tiene que ser como siente y como es. Me siento bien, siento que he hecho lo que he querido. He vivido como he querido.

–¿Cómo es que imaginaste el diseño de tu vida? Vivir de esa manera a veces requiere un costo alto.

–No siempre es fácil. No fue que yo dije: “¿Qué quiero yo de mi vida?”. Fue saliendo naturalmente. Pero sí siempre quise hacer lo que quería, nunca me gustaron las imposiciones, quizá porque en mi casa eran bastante estrictos; entonces, yo me fui para el otro lado. “No hables”, “No digas”, “No camines”, “Siéntate”, “Párate”. Había muchas reglas que seguir y yo me fui al otro lado completamente. La moda a mí me parece una cosa atroz y perversa. Uno tiene que vestirse como quiere y como se sienta cómodo. Tenemos demasiadas limitaciones, siempre nos están imponiendo cosas; te imponen la música, lo que ves, lo que comes. Hay que vivir como uno se sienta cómodo.

–¿Cómo te imaginás los próximos años?

–Quiero vivir a la orilla del mar. Eso es lo que más quiero. Me encanta el mar. Siempre me ha gustado. Es el paisaje que más me emociona.

–¿Y seguir cantando?

–Sí, claro.

En Buenos Aires, una noche de verano, en una sala con apenas cien personas, así de simple, acompañada por el suave rasguido del cuatro e iluminada por el único haz de luz que baja sobre el escenario, Cecilia Todd canta: “Yo quiero un amor bien bonito, muy cerca del mar, que sepan y crezcan las flores cuando ha de pasar, yo quiero un amor de verdad, color de sol, que sepa invocar primaveras solo al andar, yo quiero un amor suavecito muy lejos de la ciudad, de ardores de luna llena que encienda al besar, yo quiero un amor de alma y sensación, que me haga en la piel un trazo sincero, yo quiero la miel del beso certero, yo quiero un amor”.

Por Carolina Cattaneo. Fotos: Martín Pisotti.

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

Whoops, you're not connected to Mailchimp. You need to enter a valid Mailchimp API key.

Comentarios ()