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Camila Fabbri: «La escritura para mí es un lugar donde estar a salvo»

Una charla con la escritora, dramaturga y directora —elegida como una de las narradoras en español más importantes de su generación— para conocer cuáles son las cosas que la nutren y le dan sentido.

Por Sophia

La escritora Camila Fabbri, retratada por la fotógrafa Victoria Pereda. 

Por Agustina Rabaini

Camila Fabbri (Buenos Aires, 1989) comenzó su itinerario expresivo y singular temprano, en la actuación. Luego quiso indagar con mayor profundidad en el universo del pensamiento y la creatividad a través de la escritura, y así fue conectando el mundo de las letras y con el del teatro, como dramaturga y directora (algunas de sus obras fueron Brick, En lo alto para siempre y Recital Olímpico).

Ahora espera el estreno de su primer largometraje como realizadora y guionista con la película Clara se pierde en el bosque y antes de eso, más de uno recordará su papel en Dos disparos, de Martín Rejtman  (Cóndor de Plata como actriz revelación) o por su protagónico en Las Vegas, de Juan Villegas.

Como escritora, su recorrido sorprende: primero publicó el libro de relatos Los accidentes (2017); luego la novela El día que apagaron la luz (2021), sobre la tragedia de Cromañón. Y ese año la revista inglesa Granta la incluyó entre los mejores 25 narradores en español menores de 35 años. Finalmente, en 2022, publicó su libro de cuentos más reciente, Estamos a salvo, relatos donde explora la fragilidad humana, entre personajes que están siempre alerta y en vilo: mujeres, niños, o animales exóticos como el de este fragmento, solo una muestra de sus modos de escribir: “Los ojos del yacaré eran acuosos y tibios, como los de quien acaba de llorar y no quiere que se note. Ella percibió cierta agitación en el animal, quiso demostrar comprensión y pasó la mano a través del umbral dorado”.

Conversamos con Camila una de estas tardecitas de cielo gris y suelo amarillo, la oímos pensar en voz alta, y al revisar su recorrido, una palabra más vuelve: “montaje” (¿no es eso lo que ha estado haciendo, entre una exploración y otra?). En sus escritos, algo de lo extraordinario o inestable en medio de lo cotidiano atrapa su atención, y allí está para señalarlo, para explorar esas tensiones, y  volverlo obra, fragmento, plano de película, interpretación.

–Podríamos decir, también, lo siniestro metido en lo cotidiano, a partir de algunos de los textos, pero mejor preguntar, para empezar, dónde encontrás belleza, aire o sentido en tu vida de todos los días…

–Probablemente no encuentre eso todos los días —a veces sí, a veces no—, pero supongo que encuentro belleza en lugares en los que puedo compartir con mis amigos y amigas, en una conversación que pueda iluminar algo, traer algo diferente. También al conocer alguna figura nueva… Me interesan las vidas ajenas y las historias de artistas, deportistas y periodistas, tanto como las pequeñas anécdotas, esas que traen alguna moraleja, eso siempre es lindo. También me gustan las caminatas, a solas o compartidas; disfruto de estar sola, paso tiempo así. También escribo cuando puedo, o tengo ganas. Escribo cuando tengo qué escribir, y eso no pasa siempre.

La escritura, el teatro, la actuación, la dirección… ¿cómo se relaciona todo esto entre sí? ¿Encontrás puntos en común?  

–Sí, todas esas disciplinas tienen algo en común y, en todo caso, yo soy el elemento en común de esas disciplinas en mi vida, fui pasando por todas y voy quedándome con algo de cada una para poder producir con cierto conocimiento. Primero fue la actuación —la primera disciplina a la que intenté acercarme— y me gustaba mucho, creía que era lo que iba a hacer, pero después me di cuenta de que lo que más quería era poder contar una historia. Entonces me puse detrás de escena y empecé a escribir. Lo más constante en mí fue la escritura. Alrededor de eso, todo se fue retroalimentando.

Camila en su rol de directora junto a la actriz Camila Peralta. Foto: Victoria Pereda. 

–¿De dónde surgen las ideas para los cuentos?

–Bueno, no es que sean eventos o que surja de un hecho aislado; una idea se va concatenando con otra y arma un sistema de ideas que llega a transformarse en algo más concreto. ¿Y de dónde salen? A veces tiene que ver con imágenes vistas en la calle, en la televisión o en las redes sociales. Casi siempre son imágenes que, por un motivo u otro, desencajan o desentonan con la norma.

–¿Por qué dirías que escribís, más que ninguna otra cosa? ¿Por qué eso entre todo lo demás?

–Escribir fue una de las primeras cosas que empecé a hacer cuando era muy chica, era algo que podía hacer yo sola y dependía solo de mí, y de mi cabeza; poder volver ocio algo del mundo de los pensamientos, me conquistaba por completo.

–¿Hay algo, ahora, aunque sea fugaz, que te haga sentir «a salvo»? 

–La escritura para mí es un lugar donde estar a salvo. No es tan fugaz como otras cosas.

Dos de sus libros: Los accidentes y Estamos a salvo, el más reciente, publicado en 2022. 

–¿Un propósito o deseo cumplido, y otro pendiente, por cumplir?

–Un deseo cumplido tiene que ver con poder estar, de alguna manera, desempeñándome en lo que me gusta, más allá de que cuando se convierte en oficio, hay días en que pueda ser también un tedio, pero estar cerca de la literatura fue algo que siempre deseé; poder trabajar mis propios textos y conocer escritores y escritoras nuevos todo el tiempo. Creo que eso se parece bastante a un sueño cumplido. Y tengo, sí, otros sueños por cumplir pero no los comparto.

–¿Podrías elegir y separar un objeto, entre todos los demás?

–Ahora mismo elegiría mi guitarra criolla. La fui a comprar a la antigua Casa Nuñez, en el centro, y la quiero mucho. Practico acordes, arpegios, y canto un poquito, también, cosas para mí, para mis adentros.

–¿Un rezo, un mantra, un hábito o un ritual?

–No tengo rezos ni hábitos que repita, pero hace poquito me armé un santuario en mi casa en el que tengo una estatuita del Gauchito Gil, una estatua de Eva Perón, una estampita de la Difunta Correa y velitas. Cada tanto las enciendo, agradezco y pido alguna cosa. Es una conversación diferente la que tengo con esos objetos, les di un rinconcito en mi living.

–¿Un libro, una canción, una peli o serie para recomendar? 

–Siempre tengo música para recomendar, y películas y series. En primer lugar, recomendaría el disco Miguita de pan de Pequeña Orquesta de Reincidentes, después, la película uruguaya Tres, de Pablo Stohl, y la serie Six Feet Under, porque sigue siendo mi serie de cabecera.

–¿Con quién te gustaría mantener una conversación larga? (Puede ser una persona real o de ficción, viva o que ya no esté en este plano).

–Me gustaría mantener una conversación larga con infinitas personas, incluso con personas que están y veo a diario, pero no es algo que se dé muy habitualmente por falta de tiempo. Pensándolo bien, si tuviera que elegir una persona de la historia, me gustaría que sea Eva Perón. Tendría muchísimas cosas para conversar y preguntarle, y sería un honor que tuviera algo para preguntarme a mí.

–¿Cuál es tu fotografía más querida y por qué es especial? 

–No sé si tengo fotos favoritas, pero hay una que quiero mucho, de unas vacaciones en Villa Gesell, en el 94, con mi papá. Para esa época ya era un hombre canoso y yo estoy sentada a upa de él, en la arena, los dos miramos para abajo y estamos armando un castillo.

–¿El arte puede cambiar o modificar algo?

–Y… yo pienso que sí, aunque el arte es una palabra tan inmensa… Los eventos e ideas que produce un hecho artístico pueden, tal vez, modificar inclinaciones, señalar ciertos peligros o traer una línea de pensamiento nueva y abrir un terreno fértil para que se puedan armar otras cosas. Es importante que tengamos  la posibilidad de gestar hechos artísticos, poder hacerlo en la disciplina que cada uno crea entender o dominar.

–¿Cuándo fue la última vez que te reíste?

–Esta mañana… me río bastante, la verdad, hay cosas que a mucha gente no le parecen graciosas, y a mí sí. Puedo ser muy seria, pero cuando me río, es algo muy carnavalesco.

–Y entonces, ¿qué querés ser cuando seas grande?

Cuando sea grande me gustaría ser una persona con una autoestima menos endeble, y poder viajar mucho, que es algo que ahora no me gusta tanto. Me gustaría que me guste mucho viajar.

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Truman Capote