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Bisila Bokoko: “De chica me dijeron que si me reía tanto, no iban a tomarme en serio”

En un encuentro con Sophia, Bisila Bokoko, una de las emprendedoras más influyentes de la actualidad, nos habla sobre qué ve de la Argentina, el nuevo rol de la mujer en sociedad y cómo cambiar nuestra historia para alcanzar nuestros sueños.

Por Sophia

Por María Eugenia Sidoti y Clementina Escalona Ronderos. 

Ponerse en contacto con ella resulta alegre y sencillo. Tras un mensaje de WhatsApp, Bisila responde por audio (un audio que ya permite vislumbrar el tipo de persona que es) que le encanta nuestra revista y está feliz de concretar un encuentro durante su paso por Buenos Aires, donde asistió como oradora al 13º Foro sobre Liderazgo Empresarial, organizado por la consultora latinoamericana en economía, ABECEB.

¿Y qué tipo de mujer es Bisila Bokoko? Una mujer poderosa y sencilla, inteligente y amable. Una mujer que es madre, emprendedora, líder, filántropa, escritora (publicó su primer libro este año, Todos tenemos una historia que contar, con la editorial española Plataforma Editorial). Una mujer que fue tapa de la revista Vogue. Una mujer nacida en Valencia, con nacionalidad norteamericana y fuerte conexión con sus raíces bubis, una etnia procedente de la Guinea Ecuatorial africana. 

Pero lo que la hace más interesante, bella y carismática, es que Bisila no se casa con ninguna de estas etiquetas. Se define, sobre todo, como persona, una persona que cree que todos tenemos la posibilidad de crear nuestras vidas, de volverlas extraordinarias, de trascender nuestras limitaciones y conquistar nuestros sueños. 

Nos reunimos un viernes en el Hotel Faena de Buenos Aires pocas horas antes de su partida a Alemania, para hablar con ella sobre todos estos temas y, adoptando los términos de Joseph Campbell, los altibajos que transitó en su viaje de heroína hasta llegar hasta donde está hoy: el lugar donde quiere estar. 

—Bisila, ¿qué te llevó a ocupar este lugar tan visible y destacado como mujer en el mundo empresarial y social? 

—Creo que no es algo que se elige, sino que a veces pasa: si la vida te pone frente a una audiencia, o te lleva a tener cierta influencia, es una responsabilidad y un regalo. Tienes la capacidad de influir para generar cambios y, en este mundo tan incierto, es cuando más necesitamos esos mensajes potentes. Necesitamos conectar con nuestra espiritualidad, con nosotros mismos, y saber que todos somos responsables. Cuantas más personas estemos conectadas con ese propósito de ser buenas personas, ¡mejor! Yo digo que no hay mejor negocio que hacer el bien, aunque se piensa que ser un emprendedor social, como me considero, no está asociado con la prosperidad y la abundancia, lo cual es una creencia limitante más. Nos estamos olvidando para qué estamos aquí.

«En este mundo tan incierto, es cuando más necesitamos esos mensajes potentes. Necesitamos conectar con nuestra espiritualidad, con nosotros mismos, y saber que todos somos responsables».

—¿Cómo ves el rol que ocupamos hoy las mujeres en la sociedad, en especial en posiciones de liderazgo?

—Es un momento súper excitante en la historia para ser mujer, no podríamos haber nacido en mejor época. Llevo 25 años en el mundo empresarial y antes éramos poquitas y llevábamos estilos de liderazgo muy masculinos, yo la primera, porque era lo aprendido. Hace poco he conectado más con feminidad y he cambiado mi estilo de liderar.

—¿Y cómo definirías ese estilo? 

—El estilo femenino está basado en la confianza y en la intuición, no tanto en el hacer masculino, aunque necesitamos los dos. No estamos hablando de género, sino de dos energías que se necesitan para crear algo. Como hemos vivido en un mundo tan patriarcal, nos hemos ido al extremo de la energía masculina y no estamos en equilibrio. La energía femenina es de dentro hacia afuera, una luz que va por sí misma; una energía generosa, de colaboración y no de competencia. Hay muchas mujeres que hacen un sobreesfuerzo para que se les oiga y se les vea, y creo que no hace falta. Cuando tú conectas con tu propia energía ya eres súper poderosa por el hecho de tener presencia y no tienes que decir demasiado: eres intuitiva, futurista, visionaria. 

—Notamos que, frente a este nuevo paradigma, los hombres están un poco perdidos… 

—Tengo tres hermanos, no tengo hermanas. Me he criado con hombres y me parece que es un momento muy difícil para ellos, porque venimos de una definición de roles tan marcado, que hoy se sienten confundidos con qué lugar tomar. ¿Qué significa ser hombre hoy? Necesitan entender cuál es su rol y creo que nosotras, las mujeres, debemos ayudarlos a encontrarlo. Es una cooperación, porque somos complementarios. En lugar de ir contra ellos, tenemos que unirnos para encontrar juntos esa nueva definición de las relaciones entre masculino y femenino. 

—¿Estás viendo un cambio en este sentido? 

—Cuando los hombres se conectan con su parte femenina, es muy poderoso. He visto líderes a mi alrededor que han sido capaces de conectar con esa energía, y son líderes excelentes. No necesitan utilizar la fuerza jerárquica, sino que actúan desde la aceptación de su propia vulnerabilidad, en la cual hay un poder tremendo. Esos hombres que son capaces de romperse y de entender que no tienen todas las respuestas, ni que se les exige tenerlas, viven de otra manera completamente diferente. 

—Madre, empresaria, filántropa… ¿cómo lográs que convivan de forma amena todas esas mujeres en vos?

—Para poder llegar a todo el mundo, primero me tengo que suministrar a mí misma de energía. No soy multitasking, de hecho no creo para nada en el multitasking, que nos ha hecho mucho daño, ya que siempre tenemos la sensación de no llegar a nada. Empiezo mi día a las cinco de la mañana. Tengo mi tiempo para meditar, luego hago yoga kundalini, que me encanta porque es una yoga muy femenina, y después ya empiezo a conectar con mi vida familiar, el celular y los mensajes.

—En tu libro, Todos tenemos una historia que contar, hacés referencia al viaje del héroe y hablás de tu propio viaje como protagonista de tu vida… 

—Mi viaje empieza de pequeñita, porque desde muy temprana edad me pusieron muchas responsabilidades. Al ser la única niña negra en el colegio, en Valencia, mis padres exigían que teníamos que ser mejores que el resto. Yo estaba exhausta de llevar esa máscara, de intentar siempre demostrar algo, solo por lo que la sociedad pensaba del éxito. Cuando se cae la máscara, te quedas sin nada; es una sensación que yo llamo la noche oscura del alma, porque ingresas en un túnel donde la única salida es entrar en el dolor, en tus sombras, en mirarte a la cara y aceptar que te has equivocado.

—¿Cómo transitar esos momentos donde todo se derrumba?

—Tienes que tener empatía y compasión contigo misma, perdonarte. Creo que a lo largo de la vida tenemos diferentes identidades y vamos llegando a nuestra identidad verdadera, real. Ningún personaje es malo, es un instinto de supervivencia. Pero cuando ese personaje queda incómodo, es porque está en falta de coherencia con tu verdadera esencia y empieza a haber una disrupción absoluta del ser, que quiere salir adelante y te dice que no has venido a este mundo para tener un personaje. 

—¿Qué le dirías a esas personas que no están a gusto con sus vidas y sienten que no tienen una historia para contar? 

—Mi infancia no fue nada interesante, y mi vida podía ser muy gris al nacer en una ciudad donde casi todos los referentes que yo tenía limpiaban pisos o hacían trenzas. La mujer negra que yo había visto siempre hacía eso y tenía que casarse con alguien para poder tener un pisito y comer. Entonces me inspiré en biografías de mujeres increíbles que estaban muy lejos de mi círculo; encontré mentores en los libros, porque no tenía alrededor mujeres poderosas. Cuando entrenas a tu ser para llegar a los sitios que quiere llegar, tu mente va a hacer todo lo posible para que lo logres. Si tu historia no te gusta, cámbiala, porque quizás no puedes cambiar dónde has nacido, ni de qué familia. Pero sí puedes cambiar cómo quieres vivir. Eso es tu decisión. 

«Cuando se cae la máscara, te quedas sin nada; es una sensación que yo llamo la noche oscura del alma, porque entras en un túnel donde la única salida es entrar en el dolor, en tus sombras, en mírarte a la cara y aceptar que te has equivocado».

—Al escucharte, se nota muy viva tu niña interior. También te manejás mucho con el humor…

—Creo que todos tenemos al niño dentro, porque a todos nos ha encantado jugar y nos han ido apagando la luz. Mi abuelo me decía que no es bueno que las mujeres se rían tanto, porque no es femenino y así no me tomarían en serio. Hoy empiezo mis conferencias de liderazgo bailando música africana, con grupos de hombres blancos, ejecutivos, con corbata. ¿Por qué? Porque la gente necesita conectarse con el disfrute.

—Viniste a Argentina en el marco de una charla sobre liderazgo empresarial. ¿Qué podés decir sobre lo que ves de nuestro país?

—Lo primero que me llamó la atención es lo culta que es la gente. Los taxistas me hablaban de Proust y yo pensé: ¿en qué país del mundo un taxista te habla de libros? Vi tantas librerías por San Telmo, títulos que no encontraba en ningún otro sitio. La cultura artística que hay es impresionante. La imagen que se tiene de Latinoamérica en el mundo occidental está muy atrasada. Solamente se habla de lo político, de lo mal que va. Pero hay cosas maravillosas. Estuve con mujeres jóvenes que tienen proyectos y emprendimientos increíbles. Hay historias donde, a pesar de toda la adversidad y la inflación que hay, se siguen haciendo cosas grandes; gente que quiere poner su granito de arena para cambiar el mundo. 

—¿Alguna última idea que quisieras compartir?

—Creo que como argentinos hay que hacer una reflexión, cambiar la narrativa, empezar a contar la historia de que Argentina es un país con tanto potencial, con tanta riqueza, con unas personas muy bien educadas, porque es así. Y aunque no nos la creamos al principio, cuando la nueva narrativa se repite una y otra vez, se hace real para la gente, así es como funciona. Yo no me he creído todas las narrativas, no me he creído siempre la heroína de mi película. Pero cuando tú quieres hacer algo, la ayuda viene. Esa es la energía femenina. Confiar.

Fotos: Cortesía Bisila Bokoko.

 

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"La mente que se abre a una nueva idea jamás volverá al tamaño original". 

Albert Einstein