Sophia - Despliega el Alma

10 marzo, 2021 | Por

“Abrir conversaciones sobre el cuerpo nos ayuda a repensarnos”

Cande Yatche tiene 25 años y es la creadora de Bellamente, una cuenta de Instagram con más de 200 mil seguidores que se convirtió en un espacio para cuestionar los estereotipos de belleza y lograr que las generaciones que vienen puedan vivir libres de mandatos.

Por Lola López

Quizás no exista mujer (al menos en Argentina) que alguna vez no haya llorado frente al espejo de su casa o del probador de un negocio de ropa. Y esto no es azaroso, ni casual, ni banal sino que responde a un sistema que todo el tiempo nos hace tener la sensación de que “no somos suficiente”.

Tampoco es un tema exclusivo de la adolescencia: el dolor por no encajar en el estereotipo de belleza empieza en la niñez y acompaña a la mayoría de las mujeres toda la vida. A los 15 porque a los 15, a los 70 porque a los 70. Y es agotador. Lo bueno es que este gran tema se ha empezado a poner en palabras, a desnaturalizarse y, por lo tanto, a cuestionarse.

En este contexto surge Bellamente pero la génesis, la semilla, fue puesta tiempo atrás cuando Cande Yatche estaba en el último año de la secundaria. Probablemente la ansiedad, esa suerte de dedo en el estómago, que presiona más o menos según el momento (pero siempre está), comenzó el mismo día que comenzaron las clases, a pesar de que todavía faltaban unos diez meses para “ese momento”.

“Creo que abrir conversaciones ayuda a repensar, a escuchar otros puntos de vista y a cuestionar lo establecido. A mí me faltó esto en mi adolescencia, una herramienta para cuestionarme todo lo que tenía naturalizado, como tener que bajar de peso para la fiesta de egresados”.

¿Cuál era ese momento? La “tradición” de la escuela a donde Cande asistía, que consistía en que para la fiesta de egresados las chicas tenían que asistir en bombacha y corpiño con lentejuelas. Ese era el “traje” y, ya en marzo, la sola idea de que en diciembre iba a tener que estar “así” frente a una multitud que tendría el ojo afilado para la burla o la crítica, bastaba para que el dedo se le hundiera bien profundo en el estómago.

–Un momento difícil ese baile de egresados, ¿no?

–Tremendo. Ese año empecé a querer bajar de peso a toda costa porque sentía mucha presión por la mirada de los demás. Iba a un colegio donde se sobrevaloraba la apariencia y la ropa que uno usaba; eso era lo más importante.

–¿Entonces ese fue el disparador de Bellamente?

–Sí, para prevenir, para hablar de estas cosas, porque me di cuenta de que maltrataba mi cuerpo con tal de encajar y de estar “espléndida”… Y que estar espléndida era, en definitiva, estar flaca. Luego de esta situación, tres compañeras empezaron un tratamiento por desórdenes alimenticios. Al terminar empecé a estudiar Psicología en la UBA y a especializarme en trastornos de alimentación.

Uno de los tantos posteos de Bellamente destinados a crear consciencia. 

Liberarnos de los mandatos

¿Cómo encara estos temas a través de su proyecto? De la mano de una comunicación certera sobre la importancia de la diversidad corporal. “Creo que abrir conversaciones ayuda a repensar, a escuchar otros puntos de vista y a cuestionar lo establecido. A mí me faltó esto en mi adolescencia, una herramienta para cuestionarme todo lo que tenía naturalizado, como tener que bajar de peso para la fiesta de egresados. Pero lo cierto es que esto se da en miles de situaciones que nos hacen mal, donde en vez de realizar elecciones sufrimos imposiciones y hacemos cosas para encajar, para agradar a los demás. Por eso, la idea es abrir conversaciones para deconstruir los estereotipos de belleza que nos rodean“, explica en diálogo con Sophia.

En su charla TedXRosario de octubre de 2019, “Deconstruyendo el concepto de Belleza”, Cande compartió los casos de tantas mujeres que, alrededor del mundo, tuvieron que sufrir para encajar: vendarse los pies en China, pegarse u operarse los párpados en Japón, o someterse a cirugías y dietas para cambiar radicalmente como sus cuerpos como si solo fueran envoltorios sin alma. “Inhalamos el veneno de los alisados, levantamos kilos de pesas para ganar masa muscular e incluso dejamos de comer. Forzamos nuestra naturaleza en pos de una ficción que nos oprime. Nos acostumbramos a una incomodidad que no elegimos de manera consciente“, describió sobre el escenario apilando los ladrillos de ese muro imaginario −aunque tan real− que nos separa de nuestra verdadera esencia.

En su charla Ted de 2019 Cande habló de la necesidad de romper los muros que nos limitan. 

–¿De dónde salen estos parámetros de belleza que nos dejan a tantas afuera?

–Es importante entender que hay distintos estereotipos de belleza hegemónica, según donde estemos parados. No es lo mismo el parámetro de 1820, ni el de hoy en otros países, ya sea Italia o India, comparado con Argentina. Los estereotipos son construcciones socioculturales que cambian según donde estemos temporal y físicamente.

–¿En qué momento ser más gorda que una modelo se transformó en un problema y ser flaca y tener novio lo más importante en la vida de las mujeres?

–No sé si hay un momento puntual, son construcciones que nos hacen creer que sólo somos deseadas si tenemos determinado cuerpo; esto nos ocurre sobre todo a las mujeres, a quienes siempre se nos exige más. Así, empezamos a creer que ser deseadas depende de una determinada contextura física y asociamos un cierto cuerpo y aspecto con ser felices y exitosas, por eso se convierte en un tremendo ideal a alcanzar. Para colmo, en el imaginario (a través de la publicidad, las redes y las conversaciones sociales), siempre se construyen asociaciones de personas gordas con el aburrimiento, la frustración y la soledad.

–Eso de llevarnos a estar solo pendientes de “ser bellas” y a la vez sufrientes (tacos, ropa apretada, depilación, corpiño con aro). ¿Es una forma de mantenernos sumisas?

–Así es. La escritora Naomi Wolf dice que las dietas son la opresión política más poderosa, porque no es que nos quieren flacas, nos quieren obedientes, ocupadas en alcanzar ese lugar y no en otros ámbitos como el académico o el político. En este sentido, lo interesante es pensar justamente eso: por qué se nos exige tanto a las mujeres y no a los hombres. Ahí hay una desigualdad enorme y si bien hoy se está deconstruyendo, aún hay que trabajar.

–Entonces, ¿podemos decir que la diversidad corporal nos atraviesa en todo sentido?

–La diversidad corporal abarca la contextura física, la piel, los ojos, la forma del cuerpo… Y hay estereotipos de género que se reflejan en estas exigencias corporales. De todos modos, tengamos en cuenta que los estereotipos no son solo sobre el cuerpo sino también, por ejemplo, acerca de dar por sentado qué tipo de persona puede estar con qué tipo de persona, qué es una “pareja despareja” o qué formas de actuar se espera de cada uno. Incluso hay estereotipos de cómo es una mujer científica o en cualquier rubro que tomemos. Por eso, hay mucho para pensar.

–Volviendo a Bellamente: ¿por qué crees que tu IG crece tanto? ¿Es porque somos muchos quienes nos sentimos afuera de este sistema?

–Creo que porque mucha gente no tenía dónde hablar de estos temas y aquí encontró un espacio. Muy seguido recibo mensajes donde me dicen que en Bellamente pueden contar cosas que nunca se animaron a contar ni a la familia ni a amigos, y que además leen lo que les pasa a otros y se sienten identificados. El punto es ayudarnos entre todos.

“La escritora Naomi Wolf dice que las dietas son la opresión política más poderosa, porque no es que nos quieren flacas, nos quieren obedientes, ocupadas en alcanzar ese lugar y no en otros ámbitos como el académico o el político. En este sentido, lo interesante es pensar justamente eso: por qué se nos exige tanto a las mujeres y no a los hombres”.

–¿Qué temas aparecen mayormente?

–Los “llegar a”: al verano, a un quince, a una fiesta o a cualquier situación donde haya que llegar espléndida, o sea flaca. Es una carrera que todos hemos atravesado en algún momento, no solo las mujeres. Mucha gente cuenta sus historias y es muy fuerte ver cómo a muchos nos pasa lo mismo, pero que siempre lo callamos, no se hablaba de eso. A todas nos pasaba, pero nadie lo decía. Muy fuerte, ¿no? Otro tema que despierta mucho interés es la poca diversidad de talles: cada vez más personas se dan cuenta de que su cuerpo no es el problema, sino la falta de opciones para vestirlo.

–Ahora hay mucha más apertura a la diversidad corporal que hace diez años, pero a la hora de ponernos la malla el sufrimiento sigue. ¿Por qué?

–Porque aceptarse no es automático, es un proceso y por eso lleva tiempo. Hay que entender que, a pesar de que estamos hablando y haciendo, la lucha sigue siendo de una pequeña parte de la población que está en esto y que, mientras tanto, sigue habiendo publicidades que alimentan estereotipos y notas periodísticas que hablan de cómo tienen que ser los cuerpos femeninos.

–¿Y aquello de “amate tal como sos”?

–Esa frase puede ser una gran trampa y generar más sufrimiento, porque a veces uno no puede “amarse tal cual es” y entonces se convierte en otra imposición que no podemos cumplir y nos frustra. Eso de “aceptate y amate  tal como sos” no funciona para todo el mundo. La aceptación implica un camino largo y muchas veces arduo; lo bueno es que cuando uno arranca a preguntarse cosas, logra ir liberándose.

–¿Y por qué creés que sigue la resistencia a aceptar otros cuerpos, incluso entre las propias mujeres?

–Porque el molde instalado está tan arraigado que no se va a ir de un día para el otro, está tan naturalizado y hay tanto anhelo alrededor de ese cuerpo “perfecto” que va a llevar un tiempo para poder desarmarse. Pero cada vez hay más personas cuestionando y ya no se callarán más. Por ejemplo, antes se discriminaba a mucha gente en los boliches y nadie decía nada, mientras que hoy hay denuncias y se hacen escuchar porque los cambios se logran haciendo ruido.

–¿Cómo podemos, cada uno de nosotros, hacer algo para empujar ese cambio?

–Empezar, justamente, por uno mismo: no discriminando a otros cuerpos ni valorando a las personas por su aspecto físico. Tenemos la oportunidad de trabajar en nosotros para hacer cosas por elección y no por mandato, darnos cuenta de aquello que hacemos para complacer a otros y seguir marcas que promueven la diversidad. Todos podemos hacer algo para que las cosas cambien.

Las cifras impactan: en este estudio realizado desde Bellamente la mayoría de los consultados reconoció sentir presión sobre su imagen corporal. 

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