Sophia - Despliega el Alma

Sociedad

14 abril, 2020

En primera persona: “Agradezco haber podido volver a casa”

Una lectora de Sophia comparte su experiencia en tiempos de coronavirus. Un viaje a Europa que terminó antes de tiempo, la incertidumbre por la vuelta, la importancia del factor humano y los aprendizajes que quedarán en ella para siempre después de atravesar esta cuarentena en familia.


Por Andrea López

Cuando hablamos de agilidad y de metodologías ágiles, pensamos en una nueva forma de trabajar en las organizaciones… Pero a mí el coronavirus me enseñó que hoy vamos a tener que cambiar el chip en todas las áreas de nuestra vida, no solo en la profesional. Me enseñó que ya no hay planes perfectos, que hoy los cambios son permanentes e impredecibles y que vamos a tener que aprender a vivir tomando decisiones en la más absoluta incertidumbre.

Mi nombre es Andrea López. Soy abogada y coach. Estoy casada hace 30 años con Alejandro, con quien tenemos dos hijas maravillosas, Natalia y Juliana, una hermosa Boston terrier, Kyra, y un hermoso y cariñoso pura calle, Barrantes. Me encanta pasar tiempo con ellos, conversar con amigos y seres queridos. Disfruto mucho leer, mirar películas, viajar…

Con un año de anticipación, en marzo del año pasado, comenzamos con mis dos hijas y mi marido a planificar un soñado viaje familiar a Europa. Le dimos millones de vuelta a la fecha para contemporizar compromisos laborales y de estudio de los cuatro. Después de muchos debates familiares, decidimos salir todos juntos el 6 de marzo; mis hijas volverían el 24 de marzo y nosotros el 31 (nos quedaríamos una semana más para celebrar nuestro aniversario de 30 años de casados).

Organizamos detalladamente los puntos de destino, lo que queríamos visitar en cada lugar, cómo nos trasladaríamos de ciudad a ciudad…

En julio del año pasado compramos los pasajes.  

En agosto, después de las PASO, se vino la devaluación. En diciembre el impuesto del 30%. Estas situaciones obviamente impactaron en nuestra planificación del viaje, pero somos argentinos y no nos sorprendió.

Después de un año de planificación, llegó el viernes 6 de marzo del 2020. El coronavirus no era un tema central para nosotros. En la Argentina recién había aparecido el primer infectado, tres días antes de viajar. Los países más afectados de Europa, España e Italia, no estaban entre nuestros destinos. En Ezeiza había muy pocas personas con barbijos.

El 7 y 8 de marzo disfrutamos de Praga. Viaje absolutamente normal, todo abierto.  

El 9 viajamos en tren a Budapest. Todo normal, todo abierto.

El 10 nos enteramos de la disposición argentina que fijaba la cuarentena obligatoria para todos los que habían estado en el exterior. Debate familiar: ¿adelantábamos la vuelta de Ale y mía para volver juntos? Que sí, que no. Decidimos adelantar la vuelta… lo peor que nos podía pasar era pagar la penalidad y perder siete días del viaje que habíamos planificado.

Privilegiamos la tranquilidad de volver todos y transitar juntos la cuarentena.

El 12 llegamos a Viena en tren. El primer día todo parecía normal. Una nueva disposición argentina: a partir del 16 se cerrarían las fronteras del país. El 13 fuimos al Consulado Argentino, nos aconsejaron volver lo antes posible. Nuevo debate familiar: ¿cómo volveríamos?

Nuestros pasajes eran de British y ya no viajaba a la Argentina.

Decidimos comprar los pasajes de vuelta por Iberia. Queríamos estar en casa lo antes posible. La vuelta era vía Madrid, que estaba por cerrar sus fronteras. Teníamos que llegar hasta ahí. Sacamos los pasajes para el día siguiente.

El sábado 14 emprendimos la vuelta. Los aeropuertos de Viena y de Madrid ahora estaban llenos de barbijos.

Llegamos a casa a la noche. Ahora, en Ezeiza también había barbijos y controles de salubridad. Fueron solo ocho días. Habíamos programado veintiséis. Fueron solo tres destinos. Habíamos programado nueve. Durante el viaje cambiamos dos veces la fecha de vuelta. 

Este fue el viaje mas corto y proporcionalmente el más caro de mi vida (veremos si logramos alguna devolución de las reservas de hoteles). Pero también fue el viaje mas intenso y de mayor aprendizaje personal.

Aprendí que: 

Puedo planificar todo en detalle (los que me conocen saben que forma parte de mi naturaleza), pero la vida decide. Todo puede cambiar en cualquier momento y no podemos predecir qué pasará. Que hasta Disney puede cerrar, que tenemos que aprender a surfear en la incertidumbre y que, en los momentos más críticos, la ayuda humana es más potente que la tecnología: con la ayuda de Graciela, mi querida agente de viajes, pudimos volver inmediatamente, mientras que otros argentinos todavía están esperando que los call center de las compañías de aviación les respondan. … 

Lo que valoro: 

Haber sabido disfrutar cada momento a pesar de la tensión y la incertidumbre. Haber sabido apreciar lo positivo por sobre lo perdido. Haber podido tomar decisiones juntos, potenciando las cuatro miradas. Agradezco haber podido volver a casa a pesar de haber perdido las dos terceras partes del viaje… nos prometimos volver a los destinos que no pudimos ir.

Me pregunto: 

Si el mundo que conocí hasta el 6 de marzo será el mismo cuando todo esto termine y qué aprendizaje nos llevaremos los humanos de todo estoque nos toca vivir. Me pregunto si a partir de ahora las personas seremos más humanas…

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