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Emprender a cualquier edad, una oportunidad sin fecha de vencimiento

Nunca es demasiado tarde para animarnos a cumplir ese sueño tantas veces postergado o iniciar un proyecto que anhelamos desde hace tiempo. Pero ¿cómo empezar?

Por Fabiana Jafif

Después de compartir un fragmento de mi historia en mi nota anterior, titulada «Resignificar los momentos difíciles, una guía hacia nuevos caminos», hoy quiero referirme a una experiencia que viví en la sala de espera del consultorio mientras aguardaba mi turno con la neuróloga que me estaba tratando por mi diagnóstico de esclerosis múltiple. En esos momentos en que los pacientes debemos practicar la paciencia, me encontré escuchando una conversación entre una señora y su hijo, en la que ella le decía que ya era demasiado mayor para emprender un viaje sola con sus amigas.

La señora, que rondaría los 65 años (como máximo), me hizo recordar una anécdota: cuando, a los 30, compartí con un conocido que había sacado mi licencia de conducir. Su primera reacción fue: «¡Ah, ya de grande!». Aunque inicialmente su comentario me sorprendió, al mismo tiempo me dije a mí misma que era genial, porque sacar el registro a esa edad no es algo que todos se animen a hacer. Ya sea emprender un viaje, dar un examen, o iniciar un negocio; todo es emprender. Y permítanme decirles que, para hacerlo, no hay fecha de vencimiento.

Es cierto que, a medida que envejecemos, las cosas pueden volverse más desafiantes, pero mientras podamos (y respiremos), creo firmemente en seguir emprendiendo y motivar a los demás a hacer lo mismo. Solo hay una fecha de caducidad y ocurre cuando dejamos de vivir.

De nada sirve condicionar nuestras acciones según lo que se espera que hagamos a cierta edad. ¿Querés viajar? ¡Hacelo! ¿Querés obtener la licencia de conducir? ¡Adelante! ¿Querés iniciar ese emprendimiento profesional que siempre deseaste pero nunca te atreviste? ¡Organizá, planificá y lanzate! El miedo a lo desconocido y a si merecemos o no algo puede paralizarnos, pero si física y mentalmente tenés la oportunidad de realizarlo, no permitas que la creencia de que la edad te excluye te detenga.

¿Querés comenzar un proyecto ahora que tus hijos crecieron y tenés más tiempo? Dale. Seguramente no lo hacías antes porque simplemente no tenías el tiempo para dedicarte. Mientras desees y puedas, ¿por qué detenerte? Emprender no tiene límite de tiempo; las que sí caducan son las oportunidades. Si las dejás pasar porque te sentís «vieja» o «grande» para aprovecharlas, es probable que te hayas vencido.

Recordá que el secreto siempre está en las ganas. Te invito a reflexionar si alguna vez dejaste de hacer algo por sentirte así y te dejo algunas preguntas que te van a ayudar a pasar del “me gustaría” a emprender lo que te propongas.

Comparto a continuación algunas preguntas guía:

¿Cuál es mi motivación principal para emprender este proyecto?

Entender cuál es la razón que impulsa tu interés en emprender, es fundamental. Puede ser la pasión por una idea, el deseo de generar un impacto positivo en la sociedad, la búsqueda de independencia financiera o cualquier otro motivo personal. Identificar tu motivación principal te va ayudar a mantenerte enfocada y comprometida a lo largo del proceso emprendedor.

¿Estoy dispuesta a enfrentar los desafíos y obstáculos que puedan surgir en el camino?

Emprender conlleva inevitablemente desafíos y obstáculos. Esta pregunta te invita a reflexionar sobre tu disposición y capacidad para superar adversidades. Es importante estar preparada para enfrentar dificultades y aprender de ellas, en lugar de desanimarse. La resiliencia y la determinación son cualidades esenciales en el mundo del emprendimiento.

¿Para qué quiero emprender esto en mi vida?

Con esta pregunta te animo a explorar el propósito detrás de tu decisión de emprender. Reflexionar sobre cómo el proyecto encaja en tu visión general de la vida, tus metas y valores personales. Comprender el propósito te ayuda a mantenerte enfocada en momentos difíciles y a alinear tu esfuerzo con tus aspiraciones a largo plazo.

Si tuviera la posibilidad de influir positivamente en la vida de alguien, ¿cómo lo haría a través de un emprendimiento?

Al hacernos esta pregunta destacamos la dimensión social y de impacto positivo del emprendimiento. La idea es pensar en cómo tu proyecto podría contribuir al bienestar de otras personas. Esto puede incluir la creación de productos o servicios que mejoren la calidad de vida, la generación de empleo, la promoción de prácticas sostenibles, entre otras posibilidades. Al considerar el impacto social, tu emprendimiento puede adquirir un propósito más significativo y contribuir al bien común.

Recordá: el emprendimiento no tiene límite de edad. Cada etapa de la vida ofrece oportunidades únicas y, a medida que envejecemos, ganamos valiosas herramientas que nos fortalecen como personas. Tu experiencia y sabiduría son activos poderosos. ¡Atrevete a emprender, independientemente de tu edad, y convertí cada paso en una oportunidad para crecer y dejar una huella única en el mundo, pero principalmente en vos misma!

Te invito a indagar en tus pasiones, tus metas y lo que realmente te impulsa. ¿Cuál es ese proyecto que llevás en tu corazón? No importa tu edad, cada momento es una oportunidad para emprender. Compartí tus pensamientos y experiencias, ¡hagamos de esta conversación un espacio de inspiración mutua! Las leo.

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"Hay mucha belleza, verdad y amor a nuestro alrededor, pero pocas veces nos tomamos las cosas con la suficiente calma para apreciarlos".

Brian Weiss