18 de octubre de 2024
Hay un personaje central, hay una misión que cumplir, hay un lugar de origen, hay bifurcaciones en el camino, hay pruebas que sortear, hay huidas, amenazas, adversarios y aliados, peleas y reconciliaciones, hay una habilidad o un don, un mentor, hay una boda, un regreso a casa y un logro. Con más o menos exactitud, aquellas historias que escuchamos a lo largo de nuestra vida, que nos leyeron en la infancia o que, incluso de adultos, nos fascina leer o ver en piezas audiovisuales, están compuestas por una serie de elementos siempre presentes que el mitólogo Joseph Campbell describió como las partes que componen al mito del héroe. Según la teoría de este célebre investigador, cambian los tiempos, cambian los escenarios, pero este relato mantiene su estructura y sus elementos principales desde tiempos inmemoriales hasta hoy.
¿Por qué nos atrae tanto? ¿Por qué volvemos una y otra vez sobre historias de tiempos remotos, que ocurren en lugares ignotos o que, incluso, están protagonizadas por personajes fantásticos? “Las historias mitológicas y las leyendas folklóricas son el reservorio natural de la sabiduría ancestral y precisamente en eso radica su poder sanador”, escribe Graciela Caprarulo en El oráculo del viaje del héroe (El hilo de Ariadna, 2022), el libro en que esta Profesora en Letras especializada en literatura iniciática explica, en un lenguaje sin visos académicos, con elemento lúdicos como un juego de 33 cartas, la estructura, los ingredientes y, sobre todo, el significado de uno de los mitos más presentes en la historia humana.
Su obra, ilustrada por Delfina Braun, incluye ejercicios que invitan a la reflexión acerca de la búsqueda de sentido. Para entender de qué se trata este viaje, respondió a las preguntas de Sophia.

―¿Qué es el viaje del héroe?
―La historia del viaje del héroe es una metáfora de una vida humana desde que nacemos hasta que morimos y de las distintas etapas que vamos atravesando. Es una historia arquetípica, significa que se ha contado en todos los tiempos, en todas las culturas. Los grandes estudiosos de este tema han llegado a la conclusión de que es algo que traemos impreso en la psique. Se puede ver de dos maneras: lineal, del comienzo al final, o en espiral, porque cada vez que comenzamos una etapa nueva de la vida, tomamos una decisión, cambiamos de trabajo o de pareja, comenzamos un nuevo viaje del héroe y empezamos a pasar otra vez por los mismos estadíos: la partida, el encuentro con ayudantes mágicos, etcétera.
―Como metáfora, ¿qué nos dice acerca de la condición humana?
―El esqueleto dice que el héroe o la heroína ―por voluntad de explorar el mundo o porque hay un problema en su reino o en su aldea―, sale a un viaje hacia lo desconocido a buscar una solución o una experiencia nueva. En ese viaje se encuentra con ayudantes mágicos o mentores, que son reflejos de sus recursos internos. También se encuentra con oponentes, personas o adversarios que van a tratar de impedir su viaje, que son el reflejo de nuestras propias resistencias. En algún momento enfrenta una prueba máxima, que se conoce como la muerte iniciática, porque la persona atraviesa literalmente una muerte a la vieja identidad, a la vieja forma para nacer a una forma nueva. Y finalmente hay una resurrección y un regreso al hogar como portadora de ese conocimiento, de ese don que había salido a buscar. De esa forma es como el héroe o la heroína también ayuda a sanar a su comunidad, si es que estamos hablando de una enfermedad o algún mal que padece, o le muestra a su sociedad que hay un nuevo estándar que pueden alcanzar. Por eso los héroes y heroínas siempre son pioneros.
―En el libro decís que el viaje del héroe es un mensaje de sabiduría. ¿De qué maneras recibimos ese legado aun cuando no nos percibamos como héroes o heroínas?
―El concepto del heroísmo se aplica a cualquier persona común y corriente que, en algún momento de su vida, especialmente en situaciones difíciles, que podríamos describir como limitantes o límites, hace algo extraordinario y entonces cruza esa barrera y se convierte en el héroe o la heroína. Ser un héroe o una heroína es expandir la consciencia, animarse a algo más, alcanzar un nivel nuevo y descubrir dentro potencialidades, habilidades que antes de atravesar esos desafíos, no sabías que tenías. Lo primero que enseña el viaje es que afuera, en el mundo, están los desafíos, pero es adentro donde están los recursos. Por lo cual, las pruebas que pasamos todos los días, los desafíos cotidianos, son oportunidades, peldaños o escalones que nos permiten elevarnos. Esto del viaje hacia la sabiduría es la conclusión a la que llegó Joseph Campbell. Vivir el viaje a consciencia nos lleva a un grado de maduración y a conectar con ese sabio que todos tenemos adentro. Pero al principio del viaje no podemos contactar con él.
―¿Por qué no?
―Generalmente esa autoridad, ese sentido de sabiduría, está puesto afuera, primero en los padres, después en los educadores, puede ser en las autoridades de una religión, de una empresa, etcétera, hasta que llega un momento ―que tiene mucho que ver con el proceso de la mitad de la vida―, donde cada uno realmente tiene que asumir su propia autoridad y transitar su camino más personal. Es un viaje hacia la sabiduría, porque de algún modo el camino tiene que ver con buscar lo que Campbell llamó la dicha o la felicidad. El decía “Sigue tu dicha, sigue tu bienaventuranza”. Y hablaba de dos caminos: el de la derecha y el de la izquierda. El camino de la derecha es un camino seguro, la huella transitada por los otros, lo que está probado, lo que no implica correr riesgos pero muchas veces lleva a la frustración, porque justamente el viaje del héroe nos conduce a vivir la vida personal, la vida individual, aquella que realmente nos representa y no la que otros pensaron para nosotros. El camino de la izquierda es un camino riesgoso, de intuición, de ir hacia lo desconocido. Es el camino que él recomendaba, porque ese sí, dice él, es el camino que conduce a la bienaventuranza y a la sabiduría.
―En el libro hablás de que en la segunda etapa del viaje empezamos a revisar lo transitado y a cuestionarnos por el sentido de la vida.
―El viaje en sí mismo tiene como sentido servir a un propósito, que es el propósito del alma. De esto hablaba Joseph Campbell. El trabajo del viaje es que el ego y el alma se vayan casando, se vayan maridando en un matrimonio alquímico, porque ambos se necesitan. Es el alma la parte de nosotros que vino al mundo con el conocimiento de su para qué, de su sentido. Por eso se habla de que un buen viaje del héroe debe conducirnos a hacernos dos preguntas fundamentales: una tiene que ver con la identidad, ¿quién soy yo? La segunda tiene que ver con el sentido, ¿para qué estoy acá? ¿Cuál es el propósito de mi vida? Entendiendo que la vida o la felicidad es el resultado de tener una vida con sentido.
―¿Por qué Campbell recurre al concepto de viaje para hablar de una vida humana?
―Por un lado, porque resalta la condición dinámica de la vida y la idea de que en realidad el destino no es algo preestablecido. La palabra destino se usa también para referir una destinación. Entonces la vida es el viaje a través de distintas estaciones, distintas experiencias que conducen a un destino final: la autorrealización. Lo del viaje tiene que ver con que antiguamente no existía la escuela masivamente, no había Internet, no había ninguno de los que hoy podríamos considerar equivalentes simbólicos del viaje, como por ejemplo, estudiar determinadas disciplinas simbólicas, la filosofía, las religiones, meditar, dedicarse al arte, pintar, hacer música, etcétera, entonces los héroes o heroínas sólo podían conocer más allá solo a través de los viajes. Antiguamente el héroe se tenía que ir de su aldea o de su lugar seguro para poder tener lo que llamaban la iniciación. De hecho, las culturas arcaicas tenían ese rito y cuando los niños llegaban a la pubertad, eran separados de la aldea. A las mujeres, a partir de su primera menstruación, y a los varones, entre los 12 y 14 años. En las culturas americanas, como contaba Campbell, los chicos eran llevados al bosque para vivir una temporada solos y sobrevivir. Cuando regresaban a la aldea, convertidos en guerreros, se habían transformado en adultos. Esa separación del mundo materno y paterno protegido representa la idea de un viaje. El que se va es uno, pero el que vuelve es otro.
―Recién hablaste de dos preguntas cruciales. “¿Quién soy?” y “¿Cuál es el sentido de mi vida?”. ¿Alcanza una vida para responder esas preguntas?
―Creo que una de las cosas más lindas del viaje del héroe es que plantea la idea de que el viaje también es circular, es decir, que la vida se puede recrear permanentemente. Hay una idea de reciclar la vida y que a medida que la consciencia va llegando, puedo empezar desde donde estoy. Obviamente, hay un ciclo evolutivo, que va desde la infancia hasta la vejez, marcado por tres grandes momentos o tres grandes llamadas del alma.
―¿Cuáles son esas tres grandes llamadas?
―Una que se produce más o menos hacia los 20 años, cuando aparecen las primeras convocatorias: ¿cuál es mi vocación?, ¿qué carrera voy a elegir?, quizás empezamos a tener relaciones sentimentales. Todavía estamos muy condicionados por lo que hemos recibido. La segunda gran llamada se produce alrededor de los 40, que es esa famosa crisis de la mitad de la vida. Ahí viene con mucha fuerza y con una gran determinación de traer cambios en todos aquellos aspectos de la vida en los que estamos experimentando insatisfacción; el gran desafío de esa fase de la vida es incubar la respuesta desde adentro, permitir el tiempo de la incertidumbre y trazar un equilibrio entre las responsabilidades que hemos generado y esos nuevos impulsos, que muchas veces tienen que ver con hacer actividades que quizá desde el punto de vista material no son redituables, pero que de alguna manera nutren al alma. Y la tercera gran llamada es más o menos hacia los 60. Es un tiempo de la vida en que ya los hijos son grandes, mucha de la energía regresa a nosotros, y si trabajamos, trabajamos menos. La llamada viene bajo la impronta de crear un legado. Las preguntas son “¿Qué huella dejo en el mundo? ¿Cuál es mi legado? ¿Qué tengo para transmitir?”. Y nos volvemos, como dice Campbell, los abuelos tribales, porque hay toda una experiencia para transmitir. La cultura presente no ayuda a revalorizar la sabiduría, mientras que las culturas antiguas sí la valoraban y ser anciano era equivalente a ser un sabio.

―¿En qué momento se perdió esa asociación?
―En el momento en que el materialismo se impuso más y el valor pasó a ser el de la productividad, la vejez es una etapa temida por todos nosotros desde ese punto de vista. Cada uno de nosotros tiene algo para entregar. Cada uno de nosotros ha nacido con dones. El viaje del héroe tiene como propósito conducirnos a conectar con esos dones y tener la valentía de expresarlos en el mundo de una manera única. Nuestros dones pueden ser los mismos, pero la forma en la que yo lo voy a expresar es diferente de la forma en la que vos lo vas a expresar. Ese es el sentido de la unicidad o de la individualidad.
―El mensaje en sí mismo del mito del héroe es universal, porque todos los seres humanos experimentamos en algún momento en nuestra vida, algunos con más insistencia, otros con menos, la pregunta por el sentido.
―Campbell dice algo que a mí me gusta mucho, que es que cuando uno piensa en la misión de la vida, tiende a irse por las ramas o imaginarse que hay que ser la Madre Teresa de Calcuta. Y que todas las tareas del ser humano, todas las misiones, tienen algo que ver con estas cuatro líneas de acción: servir, sanar, crear y enseñar o transmitir. Entonces uno tiene que ir buscando qué le hace feliz, qué es lo que, cuando lo hace, siente que se borra el tiempo. Una pregunta que podemos hacernos es: si no tuvieras que ganar el dinero, ¿qué harías? ¿Qué te encantaría hacer? Las respuestas aparecen con más facilidad de lo que uno cree. Y estaban también presentes en los sueños de la infancia, esas cosas con las que fantaseamos en la infancia que después, en el proceso de crecer, se van rechazando como fantasías infantiles, pero ahí había algo ya del alma que sabía su para qué.
―En tu libro hay una meditación del niño interior, algo a lo que le dedicamos poco tiempo.
―Todo viaje del héroe es un viaje hacia adentro, hacia la interioridad. Y eso requiere de dos cosas. Por un lado, de espacios de quietud y silencio. Tenemos una sociedad con muchos entretenimientos, pero muchos de ellos justamente ofician de lo contrario, nos distraemos, nos llenamos de ruido, de actividad, y hacemos lo contrario de lo que sería la conexión interior. A veces es contemplar un paisaje, es hacer un poco de silencio, es escuchar nuestros propios pensamientos, es aquietarnos y salir de esa neurosis que tiene el ego, que es un poco el de la fama y la fortuna. Esta sociedad premia mucho la productividad. La productividad está bárbara, tenemos que aprender a funcionar en el mundo con las reglas del mundo. Pero no es el único nivel de realización en la vida. Y a medida que el tiempo pasa y la fuerza y las posibilidades físicas decrecen, es muy importante el desarrollo de esa vida interior. Tiene que haber un equilibrio, como cuenta el mito del Grial, entre la vida interna y la vida externa, entre el desarrollo en el mundo material y el mundo espiritual. El ego, que es la parte de nosotros que cuida el cuerpo, cuida nuestras necesidades, defiende las fronteras del reino, le hace contención al alma. El alma le da sentido al hacer del ego, si no, el hacer del ego es un hacer vacío de sentido. Campbell decía la frase refiriéndose al mito del Grial: “Trabajar por dinero es la tierra baldía”. O sea, si lo único que te retiene en un trabajo es el dinero y en eso no hay sentido para vos y no hay felicidad y no están puestas tus pasiones, es algo infértil. Nada está floreciendo.
―¿Por qué es importante conocer este mito tan antiguo hoy?
―Esto es un mapa del estilo “Usted está aquí”. Conocer ese hilo conductor del viaje, las estaciones, las etapas, las dudas, las incertidumbres, los aciertos, tiene que ver con saber que esto mismo que vos transitás, otros lo transitaron, que no estás solo en este camino.
―¿Es importante saber que no estamos solos?
―Exacto. De alguna manera es un viaje de toda la humanidad y hay una parte que se transita colectivamente. Las preguntas que vos te hiciste se las hicieron otros, los miedos, los recelos, las valentías, el coraje, otros los transitaron. Los mitos, los cuentos, a su vez se van recreando. Los arquetipos van cambiando con el tiempo y cada época da respuestas diferentes a los mismos problemas. Esas historias son inspiradoras. Te recuerdan que no importa cuán mal se vean las cosas o cuánto dudes de vos mismo, hay una salida al final, después de la noche viene el amanecer, que de alguna manera, cosas buenas le suceden a los que perseveran, a los que mantienen la fe en esos sueños de la infancia. En la posibilidad de florecer, de que la tierra baldía vuelve a florecer en ideas sustanciales, como por ejemplo, que la luz siempre va a triunfar, que el bien al final va a triunfar y que todo este camino es un camino que vale la pena y que en realidad lo más importante no es el destino final, sino las experiencias que se recogen en el viaje. Los compañeros que se conocen en el viaje, los fuegos que se encienden, los amaneceres y los anocheceres que se ven, hacen en realidad a la sabiduría.
―¿Cuál es la disposición vital de las personas que decidan y se animen conscientemente a iniciar el viaje?
―Por un lado, la confianza en nosotros y en los otros, confianza en el proceso de la vida. La segunda, el coraje de entrarle a lo desconocido con sentido de aventura y saber que pase lo que pase, lo vamos a poder manejar. También la humildad: entender que estamos acá porque no lo sabemos todo y estamos en el proceso de aprender. Equivocarse es parte del camino. El único error en el viaje del héroe o la única tragedia sería que una persona nunca emprenda su camino individual, que no conecte de alguna forma con sus talentos únicos y no los comparta con el mundo. Estamos en red, estamos juntos en esto y todos somos héroes, todos somos líderes y todos tenemos que liderar una parte del proceso.
(La ilustración es autoría de Delfina Braun y pertenece al libro El oráculo del viaje del héroe).
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Demasiado valioso todo lo compartido en este artículo. Gracias por animarme a continuar mi viaje interior, definitivamente con este artículo me terminé de decidir a hacer este taller. Curiosa de seguir aprendiendo sobre el viaje del héroe que ha sido mi camino y mi búsqueda.