Sophia - Despliega el Alma

Sabiduría

13 octubre, 2020

El útero de la tierra

Una reflexión de Beatriz Pichi Malen, recopiladora de la cultura mapuche, mujer de la tierra y amiga de Sophia, en esta fecha tan especial: un mes en el que celebramos la diversidad de nuestro pueblo y la energía creadora de la maternidad.


Por Beatriz Pichi Malen*

Octubre es un mes cargado de emociones y de dolores. A algunas personas nos predispone de manera particular, porque habita en nuestra memoria originaria la llegada de los antiguos españoles. Cuentan los antiguos que hasta entonces todo había sido apacible y amable en la vida. Transcurrían los tiempos en perfecta armonía con lo natural. Las épocas se recordaban por las expresiones de la Madre Tierra: momentos de muchas lluvias, otros de sequía. También de tremendas heladas o de abundantes frutos.

Pero había una espera. Se sabía que llegarían seres “superiores” que vendrían desde el este, donde el sol asoma y trae la claridad, la luz, la vida misma. Así, durante aquel octubre de 1492 se creyó que, por fin, había llegado lo bueno.

Pero hubo una confusión de parte de los pueblos originarios. Y, por ende, una equivocación. Aquel error, aún lo estamos sufriendo.

A pesar de todo aquello, hoy me pregunto si debemos seguir insistiendo en la queja de haber padecido la ruptura de lo armónico, como en una constante máquina de repetición. O si debemos sostener aquella angustia que heredamos de nuestros antepasados como algo inherente solo a la especie humana.

¿Acaso no debiéramos mirar en nuestra propia sombra para ver que solo somos una de las tantas especies que habitamos la tierra?

Y de ser así, entonces bastaría con observar el tratamiento que le hemos dado a la Madre Naturaleza, como si todos los humanos, ya sin importar de donde vengan, nos creyéramos superiores y con derecho a modificar, cambiar, quitar, ensuciar y destruir nuestra generosa casa, que nos abriga sin exigirnos ni solicitar algo a cambio.

Si aprendemos a mirar nuestro entorno podremos ver que también habitan las aguas con sus diferentes sonidos de lluvias, de cascadas, de mares, de lagunas… Y un mundo animal con un sinfín de especies que deleitan nuestra vida con solo verlos u oírlos. ¿Qué decir de lo vegetal? Generoso en frutos, olores, sabores, sombras y abrigo. O el reino mineral, con ese magnifico esplendor dispuesto a entregarnos sus vitaminas. Los vientos, que cuando se presentan nos muestran sus variadas danzas con los árboles. Y el espacio, tan azul, de donde vino la vida se hace cómplice de ellos y nos entrega el ixofill mogen que, para el gen de la tierra, es el buen vivir.

Madre generosa, Naturaleza, ofrecida como golosinas a sus hijos inmaduros. Honremos la posibilidad de ser, ya que pudimos no haber sido. Ella está entrada en años y aunque ya es anciana, no se cansa de darnos. Es que ella es Madre y en este tiempo de primavera su útero se vuelve a abrir para entregarnos, una vez más, el alimento necesario para seguir estando y completar el gran círculo de la vida.

Hoy que nos hemos puesto el chal de la neblina en los ojos, en la boca y en el aire, esperemos pacientemente aprender el correctivo que nuestra Gran Madre nos ofrece por amor.

Y cuando regrese el momento en que vuelva a espolvorearnos con un tiempo nuevo, podremos, con respeto, celebrar entonces el Día de la Madre junto a ella.

Yo me pregunto… ¿Dónde está la sabiduría que perdimos con el conocimiento? ¿Dónde está el conocimiento que perdimos con la información?

“¿Acaso en vano venimos a vivir?

¿A brotar nomás sobre la tierra?

¡Dejemos al menos flores!

¡Dejemos al menos cantos!

Proverbio Nezaualcoyotl

*Betriz Pichi Malen es cantante y recopiladora de la cultura mapuche.

Leé también: “Tenemos que agradecer cada instante de vida”

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