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Salud

27 junio, 2012

El toque del amor

La eutonía es una disciplina que propone el contacto con el bebé desde que está en el útero y, luego, una serie de ejercicios físicos que favorecen la contención y el desarrollo.  


Un bebé necesita ser contenido, acompañado amorosamente en su crecimiento y adaptación a la vida fuera del útero. En el mundo occidental no existe la cultura de la contención al bebé a través del toque contenedor. Por eso, lo que en otras latitudes se transmite de madres a hijos mediante la vivencia, nosotros debemos aprenderlo para facilitar esos gestos amorosos”, explica la eutonista Frida Kaplan.

Lo que Frida Kaplan propone desde la eutonía es aumentar el contacto y la conexión con los bebés a partir de una serie de toques no invasivos ni mecánicos que priorizan, por sobre todo, el sentir, la transmisión de amor y calor, y la conexión. “El toque eutónico invita a tocar sintiendo”, explica. 

Sentada sobre una colchoneta en su estudio del barrio de Abasto, Kaplan tiene sus manos apoyadas en el pecho de un bebé de tres meses. Luego de “pedirle permiso” para tocarlo, inicia el “toque eutónico”, una secuencia de contactos físicos, que son como caricias prolongadas, las cuales permiten a las mamás y los papás entrar en contacto con las diferentes partes del cuerpo de sus bebés “dirigiendo la atención, la intención, la dirección y la precisión”, según las palabras de la especialista. 

Basta entrar a su espacio y entregarnos a su sabiduría de madre y abuela para sumergirnos en un mundo en el cual otras parejas embarazadas o madres y padres primerizos llegan para relacionarse mejor con sus hijos durante la vida intrauterina, el nacimiento y los primeros meses de vida. 

La eutonía fue desarrollada por primera vez en el mundo a fines de los años cincuenta por Gerda Alexander, una mujer de origen alemán formada como profesora de rítmica, que vivió en Dinamarca, donde nació esta disciplina. Gerda sufrió una fiebre reumática que la mantuvo postrada en cama durante dos años. Durante la enfermedad, sintió que si movilizaba sus articulaciones con movimientos sutiles, los dolores se mitigaban y descubrió así la posibilidad de hacer ‘microestiramientos’. Más tarde fundó la Escuela de Eutonía de Copenhague, a partir de la cual muchos alumnos difundieron su técnica en Europa. Allí la conoció su discípula argentina, Berta Vishnivetz, quien fundó en Buenos Aires la Escuela Latinoamericana de Eutonía, a la cual Frida Kaplan se acercó para formarse como eutonista.

Kaplan, de 73 años, pertenece a la primera camada de eutonistas de nuestro país y lleva treinta años dictando clases para embarazadas y personas de todas las edades. Como ella, hay muchos otros eutonistas en la Argentina, pero ella se destaca por haber creado un método para el embarazo y el parto que lleva su nombre y es cada vez más difundido en escuelas, institutos y hospitales. 

“‘Eutonía’ quiere decir ‘tono equilibrado’ y transitarla posibilita acceder a un aprendizaje para equilibrar el tono psicofísico”, explica Kaplan. “Lo que propongo es dirigir la atención para liberar la tensión y observar en profundidad el uso y el mal uso que les damos a nuestros cuerpos. Si bien se trabaja desde el cuerpo, los beneficios llegan a todas las áreas del ser porque la eutonía posibilita una ampliación de la conciencia y un aumento de la percepción. En mi vida personal, la eutonía trajo un mayor respeto hacia mí y hacia los demás. Me dio recursos para atravesar los vaivenes de la vida, para seguir activa”. 

Mientras cursaba la Escuela de Eutonía, a fines de los años ochenta, Kaplan leyó un libro del antropólogo Ashley Montagu que hacía referencia a las consecuencias que la falta de contacto puede tener en los bebés, y su visión la impresionó mucho. Al tiempo vio nacer a su nieto mayor, Jonathan –que hoy es padre– y pudo acompañar a su hija durante el trabajo de parto aplicando mucho de lo que había aprendido como eutonista. 

Ahora lo recuerda así: “Frente a la ausencia de dilatación y a la inminente cesárea, le propuse a mi hija hacer prácticas –como decir la O para atravesar mejor la etapa de dolor– que la ayudaron mucho. Semanas después, tuve la dicha de que la obstetra Marta Martínez me llamara para decirme que se había enterado del nacimiento de mi nieto y me invitara a trabajar con ella. Fueron más de quince años de trabajo conjunto y, gracias a esa actividad, pude investigar mientras trabajaba. Hoy mi interés por el tema del embarazo y de los bebés es tan profundo que sigo descubriendo actividades para que la mamá o las parejas que se acercan a tomar clases puedan atravesar mejor esa etapa de la vida que se denomina mentirosamente “la dulce espera”.

¿La dulce espera no es tan dulce?

Bueno, hay mucho amor y mucho deseo involucrados en esos meses, pero también afloran otros sentimientos y emociones. Son tantos los conflictos que pueden surgir que es mejor tener conciencia de que la dulce espera puede no ser tan dulce. Es muy común ver a embarazadas que se preguntan por qué, si deberían sentirse bien, se sienten mal. Me dicen: “Pero yo me siento mal y estoy angustiada”, o “Tengo miedo y me duele y me veo gorda”, o “¿Después cómo estaré?”. ¡Y ni qué hablar de todo lo que viene después del parto! Por eso, cuando una mujer se siente acompañada, puede atravesar mejor todo el proceso. Si bien el bebé está en el cuerpo de la mamá, es importante que el papá también pueda incrementar el contacto con el bebé y se relacione más profundamente con ella; que juntos puedan vivenciar, sentir el espacio por el que va a pasar el hijo. En las clases, las mamás realizan trabajos para liberar zonas de tensión y elevar el umbral del dolor, entre otras cosas.  

¿Qué otros beneficios brinda el método para el embarazo y el parto a la vida de las mamás?

El método posibilita incrementar el contacto con la esencia de la mujer, creada para engendrar y permitir el nacimiento del hijo. Lamentablemente, en las grandes ciudades suele privilegiarse un exagerado conocimiento teórico que con frecuencia se produce en detrimento de la desconexión con el propio cuerpo. Al realizar un aprendizaje corporal de autoconocimiento, se puede aprender a sentir el espacio por donde pasará el hijo al nacer, constatar las dimensiones óseas de ese lugar, realizar trabajos para aflojar la tensión de las partes blandas y observar que cuando eso sucede, se instala el sentimiento de seguridad. Al habitarse los diferentes espacios internos, sentirlos e incrementar la conciencia de ellos, los miedos de la mamá se aquietan y surge el “sí, puedo”. Lo que las mamás transitan en las clases no es un curso, sino un aprendizaje vivencial para poder aprender a no estar con el embarazo en la cabeza, sino a sentirlo en el cuerpo. 

Entre los trabajos que proponés está la emisión de la O.

La emisión de la letra O facilita la modificación del tono psicofísico y ayuda a atravesar el dolor, en especial durante las contracciones. Decir la O con la mirada interna, con la intención y con la atención de habitar el espacio donde el bebé está trabajando para nacer, y donde se están produciendo las contracciones, resulta un masaje que ayuda, que acerca. En una etapa anterior, durante el embarazo, la O facilita la conexión de la cavidad bucal con la pélvica, facilita la toma de conciencia de la pelvis, permite vivenciar el piso de la pelvis y el espacio por donde sale el bebé. Y ayuda a los papás a conectarse con el bebé. 

¿Cómo es la experiencia en los hospitales? 

Muy linda. Hace varios años que transmito las bondades del método a las parteras y los parteros del Hospital Posadas. Actualmente, hacemos un encuentro mensual en el hospital y siempre hay gente nueva porque los residentes se renuevan todos los años. Muchas veces he tenido la experiencia de acompañar mediante el toque eutónico a las mamás que están viviendo en el hospital porque sus bebés están internados, algunos de ellos en estado muy grave. En este caso, poder ayudarlas a incrementar el contacto es fundamental porque, según cuentan las obstétricas, en muchas ocasiones, el temor a que el hijo se muera les impide conectarse con él. La experiencia me indica que es mucho lo que puede revertirse desde la eutonía… Siempre se trata de lograr un acercamiento no desde la palabra, sino desde la afectividad que despertó el toque. Estos “actos de contacto” con los bebés nos humanizan y la solidaridad se despierta. Desde la eutonía lo que se prioriza siempre es el sentir.

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