Sophia - Despliega el Alma

Sociedad

8 septiembre, 2008

El respeto es deseable y viable


87_5_1

Marcos Aguinis

El escritor cree que la indiferencia ha sustituido al respeto. Esto es aún peor en los lugares donde las instituciones no gozan de credibilidad y los ciudadanos actúan para defender sus derechos sin tener en cuenta los ajenos. Pero Aguinis cree que la humanidad siempre ha revelado un genio de equilibrio y encontrado una solución. Por Susana Reinoso. Fotos: Alejandro Lipszyc.

Nos movemos en una sociedad que vive agitada. En la calle, en el banco, en el colectivo, en el supermercado, todos parecen estar siempre al borde del estallido. La falta de respeto parece más la regla que la excepción que la confirma. Frente a la violencia soterrada que se percibe en buena parte de los otros, quedan pocos argumentos por esgrimir. Y como resultado sobrevienen la desconfianza, la indiferencia y la incomunicación. Éstas son, además, formas de pertrecharse contra la agresividad que se recibe. Si el respeto es el núcleo de la dignidad humana, ¿la falta de respeto nos deshumaniza? ¿Dónde quedó el amor al prójimo? ¿Cómo se relacionan padres e hijos, maestros y alumnos o compañeros de trabajo? Para dar respuesta a estas preguntas y entender las razones de la falta de respeto que caracteriza a la sociedad de hoy, Sophia entrevistó al escritor Marcos Aguinis, cuya última novela, La pasión según Carmela, lleva quince semanas en el lista de los más vendidos.

“Este tema del respeto es hermoso y muy oportuno”, fue lo primero que observó Aguinis.

–¿Cuáles son los valores que urge rescatar para construir una sociedad donde todos seamos capaces de convivir?

–Primero, el respeto. Luego, hace falta modestia para reconocer que el otro puede saber cosas que ignoramos, o puede darnos un punto de vista superior al nuestro. Hay que saber que el otro tiene prácticamente nuestro mismo ADN, lo que lo convierte en hermano. Y que en el prójimo se encuentra la misma carga de felicidad o infortunio que nosotros tenemos. Estos pensamientos deberían ser más explicitados.

–¿Se ha convertido la falta de respeto en la regla y el respeto, en la excepción?

–La civilización occidental está marcada por un mandamiento que fue formulado por primera vez en el Levítico, uno de los primeros libros de la Biblia. En el capítulo 19, versículo 18, Dios desalienta la venganza y el odio. Y expresa esa reflexión que quedó grabada en letras de oro: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Jesús la retoma y así está expuesto en el Evangelio. Muchos siglos después, el amor al prójimo fue estudiado por Freud. El dijo que eso era imposible, porque uno no puede amar al prójimo que lastima a los seres que uno ama. Pero ese mandamiento nos está mostrando la necesidad de amarnos a nosotros mismos, para luego poder dar amor a los demás. Sólo se puede dar lo que se tiene. Hay cierta lógica narcisista en ese amor a uno mismo. A mí el mandamiento de amar al prójimo como a uno mismo me parece importante como ideal. A eso tenemos que aspirar. Pero es también una bandera que uno nunca termina por alcanzar del todo.

–¿Cómo llegamos, desde el amor al prójimo, al respeto?

–Si cumplir el ideal de amar al otro es casi imposible, lo que debería ser una obligación humana es el respeto al prójimo. Es deseable, posible y viable. Y genera mucho bien. Pero, además, creo que el respeto al prójimo tiene que venir asociado a la defensa de los derechos individuales. Éste siempre ha sido un tema conflictivo para Occidente. El respeto a los derechos individuales es considerado en muchos lugares una exaltación del individualismo. Así surgieron ideologías que fomentaron la orientación colectivista. La conclusión patética es que se termina violando los derechos humanos. Siempre que se desarrolle el respeto al prójimo tiene que darse una defensa de los derechos individuales, incluso contra frecuentes desbordes del poder político.

–Da la impresión de que ni siquiera esta intención de respetar los derechos individuales nos mueve. Se observa un intento por salvarse a uno mismo…

–Esta patología se incrementa en los sitios donde las leyes no gozan de suficiente credibilidad. Cuando una persona siente que no está defendida por una justicia que la ampara, no tiene más que defenderse con sus propias armas. Y allí olvida los derechos de los otros, porque siente que sus propios derechos no son respetados por los demás. En la Argentina, en los últimos años, ha crecido la tendencia a una suerte de representación directa, a través de piquetes, escraches o agresiones diversas, como consecuencia de que la ciudadanía tenía la percepción de no estar representada. Es así como se llega a ejercer la democracia directa. Si las instituciones fuesen más vigorosas y dignas, más eficientes, el ciudadano delegaría esa demanda en sus representantes. Lo contrario conduce a la anarquía.

–¿La pérdida de respeto está generalizada?

–Esa pérdida de respeto se da en diferentes ámbitos. En los sistemas de trabajo también. Es como si el valor respeto hubiera sido sustituido por la indiferencia. Y entonces la persona dice: “Tengo que salvarme como sea”. En el trabajo, donde uno pasa la mayor parte de su vida, hay una absoluta falta de respeto frente a un defecto. La tecnología se puede comprar, pero lo que no se puede comprar es la calidad del comportamiento de la gente en una empresa. La indiferencia o la humillación provocan resultados opuestos a los que se espera. Lo mismo ocurre en los ámbitos educativos.

–Esto se ve mucho en el ámbito educativo y en las casas.

–Allí hemos llegado como consecuencia de un gran error ideológico: el igualitarismo. Eso significa que no hay diferencias entre un ser humano y otro, que no debe aceptarse ningún desnivel, que no deber retribuirse el mérito y que la llegada tiene que ser pareja para todos. Y este igualitarismo ha sido descalificado últimamente por alguien que lo defendió toda su vida, Raúl Castro, que sostuvo que el igualitarismo es injusto. En la Argentina se quiso imponer el igualitarismo en la educación, diluyendo las jerarquías entre el docente y el alumno, eliminando las calificaciones, las amonestaciones, el cuadro de honor. Se reemplazó por una suerte de permisividad en el sentido de que el alumno era igual al rector. Y esto es un grave error que desestructuró la escuela. En relación con los padres, ocurre algo similar. El chico tiene que aprender y entender que el padre no es igual que él. Y que, desde ese lugar, le debe respeto. Creo que hay una confusión de roles y eso es gravísimo.

–¿Se han invertido los valores de la cultura actual?

–Sí, especialmente en las sociedades con rápido desarrollo económico, que son de hiperconsumo. Se ha llegado a una sociedad acelerada que no tiene tiempo de profundizar en nada; es acelerada y superficial. Zigmunt Bauman habla de la sociedad líquida que todo el tiempo está fluctuando. La sociedad del hiperconsumo comenzó a imponerse a fines de siglo xx. Estamos en el comienzo de un proceso de reestructuración de las relaciones humanas. No sabemos en qué va a terminar, pero estamos en una suerte de transición en la que prevalece la incógnita por sobre el puerto de llegada. Esto se va a transformar. La humanidad siempre ha revelado un genio de equilibrio y ha encontrado soluciones.

–¿Qué pasa en las ciudades más chicas?

–Lo que pasa en las pequeñas ciudades es que hay redes de respeto y solidaridad. Esto sucede por una razón muy sencilla: la gente se conoce de manera directa y profunda. Y cuando los hombres se conocen, se dan cuenta de que predominan largamente las coincidencias sobre las diferencias. En las grandes ciudades flota el aire venenoso de la paranoia; ese ser desconocido con el que nos cruzamos es un enemigo y es peligroso. Pero en las pequeñas ciudades, eso se diluye. En las grandes ciudades, pareciera que nos rodean extraños que nos generan paranoias.

ETIQUETAS derechos respeto sociedad valores

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

No está conectado a MailChimp. Deberá introducir una clave válida de la API de MailChimp.

Comentarios ()

Más de Sociedad

Nuevas economías, el camino para construir juntos...

La actual forma de distribución del sistema económico mundial deja afuera a gran parte de la humanidad. Recuperar el valor de lo humano, de la vida y del planeta, introduciendo nociones como la espiritualidad y el valor ético, es el gran desafío de las nuevas economías.

Vacaciones de invierno: una guía para disfrutar...

Sin obligaciones escolares, llega el momento del descanso y la diversión. Por eso, aquí te compartimos algunas propuestas para conectarlos con la música, el teatro, el juego y la naturaleza.

Animarse a emprender después de los 60

Gran cantidad de “plateados” llenos de entusiasmo y energía decidieron dejar de lado los datos de sus DNI y se lanzaron a desafiantes proyectos laborales que les dan sentido a sus días. Te compartimos sus inspiradoras historias.