Sophia - Despliega el Alma

Hablemos de...

30 enero, 2010 | Por

El resentimiento


Es ese sentir que nos intoxica, que nos mantiene presos y nos impide ver que la verdadera liberación sólo depende de nosotros.

Convengamos que el resentimiento no es uno de los estados del alma más recomendables. El sentimiento tormentoso que una y otra vez aparece en la conciencia hasta el punto de quedarse allí, sin tomar otros rumbos, haciendo que una persona se transforme en algo así como rumiante del espíritu, no es, insisto, algo que permita que esto que llamamos vida sea vivido con mínimo gusto.

Dolores, ofensas, rabias añejas, la vivencia de haber sido colocado en un lugar del mundo que no es el adecuado o pretendido, el sentir que por algún designio otros gozan de bendiciones de las que nosotros no; todo eso y mucho más son cuestiones de las que nadie está ajeno. De por sí, ese sentir es condición necesaria pero no suficiente para resentirnos. El cómo procesemos ese tipo de “pálidas”, y no las “pálidas” mismas, marca lo que, en buen criollo, se llama “resentimiento”.

La palabra lo dice: “re-sentir”, un sentir redundante, que se retroalimenta, que va marcando huella y, a la larga, tallando la personalidad, dado que, si algo es característico del resentimiento, es que se ideologiza. El sentir ya no es más sentir; es idea de un sentir y una interpretación de las causas del sentir.

Es así, entonces, como el resentimiento se transforma en una suerte de mapa de ideas que se va alejando de su territorio original; en él hay buenos y malos, víctimas y victimarios, todo bien estructurado. El mapa termina siendo más importante que el territorio, algo que no es aconsejable si uno no desea andar por ahí en la vida… resentido. El resentimiento, cuando nos toca, se reitera a modo de “mantra” dentro de nosotros y no nos suelta ni… lo soltamos. A la larga, se transforma en algo así como un compañero de ruta, “mala junta”, como dicen, pero “junta” al fin.

Aquel que ha ordenado su mundo a partir del resentimiento, al final se aquerencia en ese mundo por él construido. El eco de aquella ofensa o dolor primigenio (de los que al pasar el tiempo sólo quedan vestigios) imprime carácter e intoxica, como intoxica el que no dejemos ir del cuerpo lo que no sirve más al cuerpo, para permitir, de esa manera, que entre alimento fresco en la mente y el alma.

El resentimiento abunda en razones. Siempre hay un porqué congruente e implacable en el resentimiento. El problema no es ése; el problema es que esas razones cierran el paso a las experiencias liberadoras, reproducen hasta el infinito la “pálida” y acumulan malestar, algo que, a su vez, retroalimenta ese resentir.

Cuando nos resentimos, quedamos presos de una situación que vemos como ajena a nosotros. De allí que es de imposible solución, ya que tan sólo fuimos víctimas pasivas ante una crueldad o una injusticia determinada. Si nuestros padres querían más a un hermano que a nosotros, si cuando éramos chicos los compañeros nos dejaban de lado, si hemos acumulado malas experiencia con el otro sexo… todo es culpa de “ellos” y el resentimiento aprisiona la mente.

Podríamos decir que hay hechos irreparables porque ocurrieron y ya está: “lo que pasó, pasó”. Pero eso no significa que uno “sea” esos hechos. Hay historias que no se pueden cambiar, pero sí se puede generar una evolución del significado que les damos.

Ésa, sin dudas, es la salida del resentimiento, la vía liberadora: encontrar un sentido diferente al sentir respecto de los hechos acaecidos, sin pretender modificar lo inmodificable de esos hechos, soltando lo viejo, para poder respirar nuevos aires.

El que libera de la ofensa no es el ofensor, sino que es el ofendido quien puede salir de esa trampa. No vendrá nadie a pedir perdón, ni la venganza aliviará viejas heridas; la liberación está en asumir la responsabilidad de la propia vida, soltar lo que haya que soltar, y dedicarse a vivir… que siempre habrá mejores “amigos” que ese sentir que amarga e intoxica, mientras la fiesta siempre ocurre en otro lado.

ETIQUETAS ofensa resentimiento

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

Whoops, you're not connected to Mailchimp. You need to enter a valid Mailchimp API key.

Comentarios ()