«Es el regreso de la luz a la Tierra». La gran noticia que nos trae el solsticio de invierno - Sophia Online

Sabiduría

«Es el regreso de la luz a la Tierra». La gran noticia que nos trae el solsticio de invierno

De la mano de la cantante mapuche Beatriz Pichi Malen, te invitamos a vivir este solsticio de invierno como un tiempo de espera, gratitud y belleza.

POR María Eugenia Sidoti

Es época de días breves y de noches largas. El sol, tímido, de tanto en tanto asoma apenas. Las tonalidades marrones y el ocre ganan el paisaje. Es momento de replegarse, de buscar abrigo. Cuesta creer que justo ahora la Tierra ya haya comenzado el camino de regreso, para traernos la gran noticia que aguarda al borde del invierno: “Estamos preparándonos para volver a recibir la luz”, dice con una sonrisa Beatriz Pichi Malen, una mujer de la tierra que, a través del canto y la poesía, recibe y entrega los saberes del pueblo mapuche. Habla sobre este tiempo que es más antiguo que la historia humana y tiene un sentido especial para su comunidad: el Wiñol Tripantu, que significa “el regreso del Sol”. Y que por estas latitudes anuncia el comienzo de una nueva temporada invernal. 

Para los amantes de la calidez de la primavera y el verano, puede parecer una de las estaciones menos amables del año. Pero mientras la exuberancia del verde duerme, atravesamos un momento de cambios profundos que nos piden descanso para volver con mayor fuerza. Una transformación que ocurre de manera casi imperceptible, bajo la tierra. “Este tiempo tiene la duración del paso de un gallo: en el instante diminuto que demora en levantar una pata, suspenderla en el aire y volver a apoyarla, sumado día tras día, la luz vuelve a ganar una hora”, describe. 

A los apurados que buscan certezas en tiempos medibles, la imagen puede resultarles lejana. Corridas, resultados, respuestas, certezas ¿cómo volver a habitar esa observación que solo requiere paciencia y conexión silenciosa con el mundo que nos rodea? Pichi Malen explica que, aunque no los veamos, hay procesos que se encuentran en marcha sin emitir ningún sonido. “La naturaleza trabaja de otra manera. La semilla germina bajo tierra mucho antes de asomar y el amanecer comienza cuando todavía es de noche”. Es que la luz, al iniciar su regreso, lo hace justo en el momento de mayor oscuridad, y esa es una de las más bellas metáforas que nos ofrece la vida: que todo empieza, termina y vuelve a empezar. Igual, pero distinto.   

«Nosotros, la especie humana, nos hemos organizado en horas, días, minutos, semanas, noches, días, meses y años para poder ordenar la vida. Pero eso no nos dice cuándo empezó el tiempo. ¿Cuándo comenzó todo? No lo sabemos». La pregunta queda suspendida unos segundos, como si la artista mapuche abriera una ventana donde buscar ese rayo tibio que en la temporada invernal tanto se extraña. Será que, acostumbrados a los relojes y los calendarios, olvidamos que existen otras formas de conectar con el tiempo. 

“Hay una época del estío, donde los frutos están maduros, como dice nuestro poeta, Elicura Chihuailaf. Y entonces se nos regala un tiempo de larga luz, de largo calor, mientras que para la época que en español llamamos invierno, tenemos días fríos, cortos, nublados y noches más largas, y nos vamos acercando al Wiñol Tripantu, que sucede entre el 20 y el 24 de junio, porque no hay un día exacto ni una hora específica”, comparte y escucharla es recordar algo que la naturaleza no olvida: nada avanza en línea recta.

Una imagen de la Patagonia Argentina, el lugar donde la belleza se entreteje con saberes ancestrales.

Según señala, el hecho de que estemos hoy acá es de por sí una expresión de lo sagrado. “Cada acto de la vida es un tiempo, no un momento. El tiempo del amanecer; el tiempo de agradecer el día e irnos a descansar; el tiempo de recibir un alimento; el tiempo de tener buena salud; el tiempo de cosechar una amistad; el tiempo de tener hijos; el tiempo de que crezcan los hijos; el tiempo de cuidar a los animales; el tiempo de la cosecha”, describe. ¿Qué entiende la cosmovisión mapuche por sagrado? “Estar en medio de la tierra, en la nag Mapu: nag significa mitad y mapu Tierra. Andamos por ahora en este eslabón de la gran cadena de la energía, pero la realidad es que pudimos no haber sido”. 

Del mismo modo, destaca que algún día volveremos a no estar físicamente, y que eso es una parte necesaria del proceso. “Pero ya anduvimos por aquí, pudimos llegar a nacer y eso merece mucho agradecimiento. Por poder disfrutar de todo esto, aún con los dolores que nos proporciona el estar en esta tierra del medio, y también por poder volver a recibir esta luz, que está de vuelta en la Tierra”. Eso que tantas veces damos por sentado, esa consciencia despierta, nos devuelve a la dimensión del asombro que sentimos alguna vez cuando éramos niños: estamos, respiramos, caminamos y somos parte de un mundo en el que las estaciones se suceden unas tras otras, en un proceso que es a la vez misterioso y bello. 

Reconforta la manera en que Pichi Malen invita a volver a mirar aquello que, por distraernos con tantas cosas, no siempre vemos. Tal vez porque sus palabras nos devuelven a una experiencia más orgánica y poética, al recordarnos que no somos máquinas de producir ni de correr detrás de objetivos, sino seres vivos que forman parte de una trama mucho más amplia. «La Luna sale, gira y vuelve. El Sol sale, gira y vuelve. La Tierra gira y vuelve. Y nosotros nacemos, andamos y terminamos». Todo, dice, participa de ese gran movimiento circular en el que, aunque sea por un instante, podemos reconocernos inmersos en la trama de la vida. 

Beatriz Pichi Malen se define como «una mujer de la tierra» que le canta a los ríos y a los vientos.

«Ya se van las golondrinas», recuerda la cantora que le dijo una vecina, y ella se quedó pensando en el viaje de esas aves, en cómo atraviesan distancias inmensas, pero al final siempre encuentran el camino a seguir. Así fue como averiguó que las golondrinas poseen sensores capaces de reconocer rutas invisibles para nosotros. Entonces se hizo esta pregunta: ¿por qué ellas sí y nosotros no? «Hay que empezar a observar, porque para respetar la naturaleza hay que conocerla”, sostiene. 

Al preguntarle qué podemos hacer quienes vivimos en las grandes ciudades para acercarnos al espíritu del Wiñol Tripantu, su respuesta no ofrece prácticas o ceremonias difíciles de cumplir. Por el contrario, solo invita a volver a la contemplación como un ejercicio cotidiano. «El espacio ya está dado. Nosotros tenemos que buscar el tiempo para ocupar ese espacio con la sabiduría de mirar para ver y hablar para decir”. Ella, que conversa con las aguas, lo sabe bien: “Le canto al río, que no es lo mismo que a la lluvia, que no es lo mismo que el mar, que no es lo mismo que la laguna. Todo es agua, pero son hijos distintos”. 

Para terminar, comparte su gran deseo para este nuevo ciclo. «El anhelo mayor que tengo es el entendimiento entre la especie humana” expresa con ternura y emoción. Y agrega que esa comprensión tiene que ir, sí o sí, cargada de amor. “Porque si el amor no está, todo va a ser falso”. 

Mientras la Tierra inicia silenciosamente su regreso hacia el Sol, las golondrinas siguen encontrando su camino, la Luna continúa girando sobre nosotros y una nueva estación avanza, casi imperceptible, con la lentitud del paso de un gallo, podemos recordar que formamos parte de algo mucho más grande que nosotros mismos. «Esa es la buena noticia», asegura Pichi Malen, y no se refiere a que el invierno vaya a terminar en algún momento para abrirle paso a la primavera. Lo que quiere decir es que la luz ya está de regreso y que el gran regalo de este tiempo es la posibilidad de prepararnos en cuerpo y alma para recibirla.

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