Sophia - Despliega el Alma

Salud

24 noviembre, 2021

El mundo a través de la nariz

El olfato es uno de los sentidos más instintivos de la naturaleza, el que nos permite evocar aquello que vivimos a través de sus aromas. Pero, ¿qué pasa cuando dejamos de experimentarlo?


Fotos: Usplash.

Por Victoria Llorente

El olor a pasto recién cortado. El de una torta recién hecha. El de los jazmines en el verano. El de las primeras gotas de la lluvia sobre el asfalto caliente. El olor del romero y el de las rosas de recién regadas. El de los libros viejos y el de un bebé recién nacido; el de los granos del café y el de un eucaliptus inmenso. El aroma de un rico asado que chispea en la parrilla y el de un chocolate caliente que va a acompañar un helado. ¿Qué pasaría si de un día para el otro dejaras de percibir todo estos olores? ¿O si mencionarlos no te llevara a ningún lado?  ¿Sabías que el “sentido oculto”, como lo describe Facundo Manes en su libro Ser Humanos, es inexistente para un 5% de personas en el mundo?

El COVID 19 se encargó de echar luz  sobre la anosmia, un síndrome que está dando vueltas desde mucho antes de que la pérdida del olfato significara “positivo” en un hisopado. “De los cinco sentidos principales, el olfato es el puente más directo a la emoción… Los seres humanos reconocemos más de diez mil aromas y tenemos mil receptores olfativos que se regeneran constantemente a lo largo de nuestras vidas. El olfato es, además uno de los pocos sentidos que están activos siempre, lo queramos o no: cada vez que respiramos —más de 23.000 veces al día— olemos. En los segundos que nos toma inhalar, un pequeño ejército de  moléculas ingresa flotando a nuestro sistema. Los aromas nos penetran y también emanan de nosotros: vivimos inmersos en un mar de aromas”, escribe Fabiana Fondevila en su libro Donde vive el asombro.

El sentido oculto

Sol Álvarez Fourcade tiene 35 años y es anósmica desde los 20. “En realidad fue muy difícil detectar cuándo fue el momento exacto que perdí el olfato, pero todo indicaría que fue después de haberme caído del caballo”, cuenta. No fue ahí cuando se alertó sino un tiempo después, mientras viajaba por Marruecos con sus amigas, y se dio cuenta de que muchos de los aromas que ellas sentían no aparecían en su radar olfativo. “Ni los fuertes, ni los más suaves. No sentía absolutamente nada. Ahí hice mi primera consulta al médico y me dijeron que sufría de anosmia”, recuerda y asegura que es de los que no padecen “desesperadamente” la falta de olfato.

En su libro Ser Humanos, Facundo Manes destaca que los sentidos pueden estar involucrados en varias funciones cognitivas como, por ejemplo, la memoria; y que el olfato, a diferencia de los demás, es considerado como un ‘sentido oculto’ porque no es utilizado de manera consciente. “Es tan poderoso que sentir un aroma particular puede transportar nuestra mente a momentos del pasado como a un bosque visitado alguna vez, a la conversación con un amigo o la casa lejana en el tiempo y en la distancia de nuestra infancia”, escribe el  reconocido neurólogo. Allí mismo retoma al homónimo personaje de la novela El Perfume, de Patrick Süskind quien, a diferencia de los anósmicos, tiene el sentido del olfato desarrollado en su máximo nivel (y más). “Grenouille, además de contar con el don de un olfato prodigioso, poseía desde niño otra cualidad quizá más misteriosa, más impertinente, tanto que los otros niños del internado desde el primer día intuyeron que era distinto: no olía a nada. ‘No lo odiaban, ni tampoco estaban celosos de él o ávidos de su comida“, dice el narrador. “Les molestaba su presencia, simplemente. No percibían su olor. Le tenían miedo’”.

Pero, ¿qué pasa, entonces, cuando dejamos de conocer al mundo a través de uno de los sentidos más instintivos de la naturaleza? ¿De qué nos perdemos? ¿Cómo se vive sin la posibilidad de evocar al mundo través de la nariz?

De eso no se habla

Desde hace más de un año, con la llegada de la pandemia por Covid 19, la anosmia pasó a ser un tema corriente de conversación entre las personas. “Lo que me interesa es que se hable de esto, porque se hace poco. Con todo lo del coronavirus esto se empieza a hablar más y está bueno”, destacó la periodista argentina María O’ Donnell cuando, durante su participación en Masterchef, contó que jamás había olido en su vida. Según la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello, este trastorno olfativo puede venir acompañado de otros síntomas, como depresión o falta de apetito. “No es algo que me traume en el día a día. De hecho, tardé un tiempo en darme cuenta de que no lo tenía. Las cosas a las que más trato de estar atenta es al pañal de mi hija más chiquita y la gente que me conoce sabe que no tengo el olfato, y siempre me avisa cuando hay olor. Con lo único que me alertaron mucho al principio fue el tema de una pérdida de gas, del olor a quemado o la comida en mal estado. Por las dudas, cuando estoy sola, desecho todo”, cuenta Sol Álvarez.

Apenas se enteró de que había perdido el olfato comenzó a investigar sobre el tema y se enteró de que muchos anósmicos podían llegar a deprimirse porque “sienten que se pierden de una manera de entrar en contacto con el mundo”, aunque ella asegura que no es su caso. “Hay gente que me pide perdón cuando comenta sobre algunos olores ricos, como el de las flores, en esta época, pero ya me acostumbré y muchas veces trato de imaginarlo para completar la imagen”, explica. Un factor común entre algunas personas sin olfato es la tendencia —a veces excesiva—de limpiar los lugares o asearse más frecuentemente que los que sí lo tienen. “Trato de tener rutinas de limpieza para no caer en la exageración, y de chequear con la gente que tengo al lado si hay algún olor que no siento”, dice Sol y se ríe cuando cuenta que su hija de tres años se la pasa oliendo “el mundo” y compartiéndoselo, y que todavía no le contó que no tenía olfato.

Otra de las afecciones comunes a este 5% de la población es que pueden registrar cambios en los hábitos alimenticios porque en algunos casos, también pierden el gusto (eugesia), y porque muchos de los estímulos en las comidas nacen a partir del olfato. Sobre si existen tratamientos para recuperar o mejorar la anosmia, los especialistas dicen que sí, aunque ninguno asegura la recuperación total del sentido. “En algún momento me ofrecieron hacer un tratamiento a base de corticoides, pero era muy invasivo y no me aseguraban grandes resultados. Hay quienes también intentan recuperarlo mediante la acupuntura”, concluye Sol Álvarez.

Pasar por el alma

Fabiana Fondevila asegura que nuestras predilecciones olfativas son sumamente personales. “Nos gusta el aroma de las personas que amamos y a veces hasta somos capaces de reconocerlas a ciegas. Los bebés huelen a sus mamás cuando entran al cuarto, mucho antes de poder verlas. En muchos idiomas ‘besar’ significa ‘oler’, y se especula con que así nació el beso, como una extensión del acto de olernos las caras, que son una de las zonas de mayor concentración de receptores olfativos. El frote de narices de los inuit (mal conocidos como esquimales) da cuenta cabal de ese nexo”, escribe en Donde vive el asombro.

PARA VER:
El perfume, historia de un asesino. Basada en el libro de Patrick Süskind, narra la inquietante historia de Grenouille, un hombre que nació con olfato absoluto y con la extraña característica de no oler a nada. Un thriller psicológico que pone la mirada sobre este sentido desde un lugar de mucha intriga.
La razón de estar contigo. Narra la historia emotiva de las múltiples vidas de un perro, entremezclando en la narración su mirada sobre las relaciones humanas. El olfato es un gran protagonista en esta historia.
Ratatouille. Remy es una rata que se atreve a soñar con el sueño imposible de convertirse en un chef de primera fila en un restaurante francés de cinco estrellas. Con la ayuda del joven Linguini, esta singular pareja rompe todos los esquemas y acaba convirtiéndose en el chef más importante de París.
PARA LEER:
Donde vive el asombro, de Fabiana Fondevila. En uno de los apartados propone ejercicios para activar el sentido del olfato.
Nunca sabrás a qué huele Bagdad. Aborda el tema de la anosmia congénita. La novela intenta mostrar cómo perciben el mundo las personas que han nacido sin sentido del olfato. Aunque los personajes y la historia narrada son ficticios, la novela se inspira en las experiencias reales de la autora, que sufre anosmia congénita.
Ser humanos. El reconocido neurólogo y neurocientífico Facundo Manes invita a reconocer cuál es nuestra esencia humana y cómo vincularnos mejor con los otros.

Quien también coincide con esta mirada es Inés Berton, la creadora de Tealosophy quien, como pocas personas en el mundo, posee olfato absoluto. Algo así como el protagonista de la novela de Süskind, pero con la amplia diferencia de haber logrado usar esta condición a su favor para crear los blends de tés más reconocidos de la Argentina y el mundo. Ella dice que el olfato no solo logra llevarnos de viaje a lugares y recrear vivencias, sino que también nos recuerda cómo nos hizo sentir un determinado momento. “Hace muchos años tuve el privilegio de poder aportar un granito de arena trabajando con la memoria olfativa de enfermos paliativos. Debido a los tratamientos, mucha gente va perdiendo el olfato y mediante recuerdos, uno puede traer aromas que nos permiten recordar para sanar ciertos vínculos. Siempre recuerdo a un señor emocionarse cuando me contaba que, durante la primaria, su madre le ponía un sándwich en un maletín de cuero. Me contaba que cuando iba a buscar un libro, se reclinaba sobre el maletín, y ese perfume a cuero, pan y queso era su máxima felicidad”, cuenta Inés.

Lo que también está demostrado es que hay enfermedades que pueden diagnosticarse por el olor: la esquizofrenia produce transpiración con olor a vinagre; la insuficiencia hepática genera aliento con olor a pescado crudo; la diabetes huele a quitaesmaltes; la fiebre tifoidea a pan horneado. Según un artículo de 2018 del diario español La Vanguardia, uno de los casos más llamativos fue el de una mujer escocesa capaz de identificar el olor del Parkinson, el cual, según decía, era parecido al de la madera. Sus sospechas llevaron a una química analítica, Perdita Barran, a realizar un estudio, ‘El olor de la enfermedad’, tras el que se insistió en la posibilidad de que los humanos seamos capaces de percibir el olor de las enfermedades, incluso de forma inconsciente.

Dicen que en latín, recordar es “volver a pasar por el alma“. El olfato, el sentido oculto más salvaje e instintivo en el hombre, también es uno de los aliados más exactos para regresar a lugares que nos hicieron felices (o infelices, también). Recordar con el olfato el volver al sitio donde tomamos la mejor taza de chocolate caliente o al momento exacto en que la lluvia empieza a caer sobre el asfalto. Es abrir el horno y trasladarse a la cocina de una abuela mientras saca su pan recién horneado. ¿Y si te faltara? ¿Y si se fuera para no volver? ¿Lo pensaste alguna vez?

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