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Sociedad

29 abril, 2021

El hermoso legado de “la mujer árbol”

Wangari Maathai fue la primera africana en recibir el Premio Nobel de la Paz, la primera mujer de África Central en obtener un doctorado, y la primera decana de la Universidad de Nairobi, Kenia. Una pionera que, de la mano de su lucha ambiental, supo plantar la semilla del cambio.  


Mujer valiente, Wangari supo hacer frente a las dificultades para dejar su huella indeleble en la lucha ambiental.

Cuando en 1977 Wangari Maathai empezó a exhortar a los aldeanos de su Kenia natal a plantar árboles, algunos la miraron como a una ingenua. ¿Qué podían hacer los árboles por un país devastado por la pobreza y otros males? Pero Wangari no se detuvo a dudar, y con los años, el movimiento que creó, Green Belt Movement, había logrado reforestar el mundo con 11 billones de árboles. No sólo eso: en 2004 esta mujer de firmes principios fue distinguida con un Premio Nobel de la Paz.

Nació en 1940 y se crio en la ciudad de Nyeri, cerca de Nairobi. Tuvo suerte: pudo terminar la escuela secundaria, algo bastante raro para una mujer africana. Tras terminar el colegio obtuvo una licenciatura en Biología en una universidad de Kansas, Estados Unidos y luego continuó sus estudios de doctorado en Alemania y en la Universidad de Nairobi. Fue al volver a su país que tomó conciencia de la lucha que libraban sus coterráneas a raíz del rápido deterioro del medio ambiente. 

Las mujeres rurales que conocí por medio del Consejo Nacional de las Mujeres de Kenia, del cual yo era miembro, me decían que no tenían suficiente madera para quemar ni buenas fuentes de agua potable, ni tampoco alimentos nutritivos”, expresó por entonces.

La joven todavía recordaba el riacho cristalino al que su madre y ella acudían a buscar agua cuando era niña, y también el bosque vibrante y la vida salvaje que rodeaba su hogar. “Hoy el arroyo está seco y las mujeres caminan grandes distancias para obtener agua, que no siempre está limpia. Los niños nunca sabrán lo que han perdido”, pensó Wangari con tristeza al enfrentarse con esta realidad.

Pero no se limitó a lamentarse: puso manos a la obra y fundó el Movimiento de Zonas Verdes (Greenbelt Movement), una organización no gubernamental que en pocos años plantó más de 20 millones de árboles en un intento por evitar la deforestación y la consiguiente desertificación de la región. Este es un paso fundamental porque en África, de los árboles que se talan muy pocos se reponen, causando graves daños al medio ambiente y en la calidad de vida de los habitantes. El programa es llevado a cabo mayormente por mujeres, quienes reciben un sueldo por el trabajo y por lo tanto tienen mejores posibilidades de atender a sus familias. En 1986, el Movimiento estableció una red panafricana, con 40 individuos que replicaron el programa en sus respectivos países.

Pero además, el Movimiento promueve la educación ciudadana y milita por los derechos humanos, principalmente de las mujeres. Entre otros logros, la militancia de Maathai consiguió igualar los beneficios de las profesoras universitarias con las de sus pares hombres.

En el 2002 Wangari fue elegida al parlamento keniano en el 2002 por una abrumadora mayoría (el 98 por ciento), y se desempeñó como Directora de la Cruz Roja de Kenia.

A lo largo de su vida recibióo cerca de veinte premios por su trabajo, pero el camino no estuvo libre de obstáculos. Sus ideas despertaron una gran oposición de políticos y legisladores (en 1988, por ejemplo, lideró una campaña en contra de un proyecto de viviendas de lujo respaldadas por el presidente de Kenya, que destruyó cientos de hectáreas de bosque). En 1991 fue arrestada, encarcelada, y liberada gracias a una campaña de Amnesty International. Años más tarde fue atacada cuando plantaba árboles en el bosque público Karura, de Nairobi, en protesta por la deforestación.

La gente me pregunta a menudo por qué no tengo miedo. La mejor manera que tengo para explicarlo es decir que yo no proyecto el miedo. Si te mantienes concentrada en lo que quieres obtener, entonces, en efecto, irás exactamente al lugar donde mucha gente no se atrevería a ir. No es que sea valiente o que no vea las consecuencias, sino que, al no proyectarlo, yo no adopto el miedo que con tanta frecuencia nos frena al perseguir nuestras metas”.

Los desafíos no se limitaron al ámbito profesional. Wangari se había casado en 1970 con Mwangi Mathai, un miembro de la legislatura local. Su matrimonio duró diez años y tuvieron tres hijos. A comienzos de los 80 su marido le entabló una demanda de divorcio por ser “demasiado educada, tener demasiado carácter, ser demasiado exitosa y demasiado obstinada para ser controlada”. Luego del divorcio, su exesposo le envió una carta a través de su abogado reclamando que dejara de usar su apellido de casada. En un gesto de desafío, ella le agregó una “a” más y lo siguió usando.

El premio y después

Me sorprendió ganarme este premio porque no tenía idea de que alguien estaba escuchando. Me di cuenta rápidamente de que, a pesar de que se me ha otorgado este gran honor, el honor no fue sólo para mí sino para las miles de mujeres que plantaron 30 millones de árboles en toda Kenia como parte del Movimiento de Zonas Verdes”. Wangari aprovechó el discurso de aceptación para hablarle a los jóvenes: “Quiero que sepan que a pesar de los retos y represiones que enfrentan, existe esperanza. Tengo mucha esperanza en la juventud. (…) Me gustaría que se comprometan con actividades orientadas a cumplir sueños a largo plazo. Son eres un regalo para tu comunidad y para el mundo. Son la esperanza y nuestro futuro”.

Wangari fue una gran convencida de que los valores y no los objetivos son los que motivan a las personas.Comprobé que si los valores son buenos, las personas son capaces de sostener sus buenas acciones. En cambio, sin buenos valores las personas se entregan al vicio, destruyéndose a sí mismas y al medio ambiente. Por eso es importante que las personas se conecten con sus tradiciones espirituales para buscar guía”, dijo en una entrevista. Este es el mensaje que desarrolla en su libro Restaurando la tierra. Valores espirituales para sanar al mundo y a nosotros mismos.

Lo que empezó como un simple deseo de mejorar su aldea, creció hasta convertirse en un movimiento internacional que ha mejorado las condiciones de vida de mucha gente. La visión de esta mujer noble ha inspirado a personas de todo el planeta, y el Movimiento de Zonas Verdes ha generado otros proyectos dedicados a la misma causa: proteger el medio ambiente y a apoyar la educación de las mujeres y los niños.

Recientemente Google la homenajeó como una de las personalidades destacadas del mundo. 

Años atrás, Earth Time la distinguió como una de las 100 personas en todo el mundo cuyo trabajo fue capaz de producir una diferencia en lo que concierne al medio ambiente. Se ha dicho de ella que, más que proteger el medio ambiente, su estrategia se basó en asegurar y fortalecer las bases para el desarrollo ecológico sustentable a través de la educación, la planificación familiar, la nutrición y la lucha contra la corrupción.

Wangari murió en 2011 víctima de un cáncer de ovarios. Pero, antes de su partida, se permitió entregarnos una reflexión profunda, para que no perdamos de vista la necesidad de impulsar el cambio: La generación que destruye el medio ambiente no es la que paga el precio. Ese es el problema“, expresó. Diez años más tarde, su legado está más vigente que nunca. 

5 frases de Wangari Maathai

• “Las mujeres somos responsables por nuestros niños, no podemos quedarnos sentadas, perder el tiempo y verlos morirse de hambre”.

• “El privilegio de tener una educación superior, especialmente fuera de África, expandió mi horizonte original y me dio coraje para enfocarme en el ambiente, las mujeres y el desarrollo para mejorar la calidad de vida de las personas, en particular en mi país y en general en África”.

• “Todos tenemos un Dios dentro y ese Dios es el espíritu que une toda la vida, todo lo que está sobre el planeta. Debe ser esta voz la que dice que haga algo y estoy segura que es la misma voz que le habla a todos los que están en este planeta, al menos a todos los que parecen estar preocupados sobre el destino del mundo, el destino de su planeta”.

• “Podemos trabajar juntos con los hombres y mujeres de buena voluntad, esos que irradian la bondad intrínseca de la humanidad. Para hacerlo efectivamente, el mundo necesita una ética global con valores que den sentido a la experiencia de vivir -más que instituciones religiosas y dogmas-, sostengan la dimensión no material de la humanidad”.

• “Los valores universales de amor, compasión, solidaridad, cuidado y tolerancia, deberían formar los basamentos de esta ética global que debiera permear la cultura, política, comercio, religión y filosofía. Debería también permear la familia extendida de las Naciones Unidas”.

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