Agostina y una herida que continúa abierta - Sophia Online

Sociedad

Agostina y una herida que continúa abierta 

La muerte de Agostina Vega conmueve al país y exige una reflexión profunda sobre la violencia que se ejerce contra las mujeres.

POR María Eugenia Sidoti

¿Por qué un hombre es capaz de abusar y quitarle la vida a una adolescente? ¿Qué sucede en una sociedad para que haya varones que llegan a ejercer una violencia tan extrema sobre el cuerpo de una mujer? ¿Y cuál es la razón de que sigamos esquivando una conversación honesta y profunda sobre la masculinidad, el rechazo, la frustración, las emociones y la forma en que se construyen actualmente los vínculos afectivos? 

Estas preguntas pueden resultar incómodas, pero son necesarias. Porque cada vez que ocurre un femicidio solemos hablar de la víctima, de las actividades que realizaba, de sus gustos, de la gente que veía y de la vida que le fue arrebatada. Sin embargo, con menor frecuencia nos detenemos a reflexionar sobre los responsables de estos crímenes para preguntarnos qué los lleva a matar y, menos aún, sobre las condiciones culturales, sociales y vinculares que permiten que la violencia escale hasta convertirse en una tragedia que nos involucra a todos.

La muerte de Agostina Vega, la adolescente de 14 años asesinada en Córdoba, vuelve a enfrentarnos con esa realidad. No se trata de un hecho aislado ni de una noticia policial más. Es una herida abierta que interpela a la sociedad entera y que nos obliga a preguntarnos qué estamos enseñando acerca del manejo del poder, del rol fundamental que tienen el cuidado y los vínculos y, sobre todo, del inmenso valor que tiene una vida humana. 

Pero la historia de Agostina no es la primera. Llega después de muchas otras que todavía duelen.

La de Ángeles Rawson, la adolescente de 16 años asesinada en 2013 por el encargado de su edificio. La de María Soledad Morales, cuyo femicidio en Catamarca expuso redes de poder, silencios y encubrimientos que conmocionaron al país durante los años 90. La de Micaela García, asesinada en 2017 después de que el hombre que la atacó hubiera sido beneficiado con una libertad condicional. La de Chiara Páez, de apenas 14 años, cuyo asesinato en 2015 fue el detonante de la primera movilización de Ni Una Menos. La de Lucía Pérez, que abrió un debate nacional sobre la violencia contra las mujeres y el modo en que la justicia aborda estos casos. La de Cecilia Strzyzowski, que reveló el daño que pueden provocar los privilegios y el encubrimiento político. 

No son las únicas, aunque muchas no hayan llegado a ocupar los titulares de los medios. Una mujer es asesinada cada 30 horas en Argentina, y en general el responsable se encuentra en el entorno cercano de la víctima. Más allá de las circunstancias de cada caso, estos hechos nos enfrentan a una misma realidad: vivimos en una sociedad machista que naturaliza distintas formas de violencia contra las mujeres, con un sistema judicial que muchas veces minimiza las señales de alerta y reduce las condenas, y con aparato policial que suele llegar cuando ya es demasiado tarde.

Recordarlas a todas es honrar el papel que podemos ejercer como ciudadanos, al negarnos a aceptar que se conviertan en un caso olvidado o una estadística más. Es sostener la memoria para que el reclamo no se apague con el paso del tiempo y, de ese modo, que no tengamos que lamentar una nueva víctima. 

A pocos días del aniversario número 11 del movimiento Ni Una Menos, miles de personas volverán a marchar para reclamar justicia por Agostina y por tantas otras mujeres y niñas víctimas de la violencia de género. Porque detrás de cada número hay una historia única, una familia atravesada por el dolor y una ausencia imposible de reparar.

Agostina era apenas una adolescente. Su historia duele porque nos recuerda que estos hechos siguen ocurriendo y todavía queda mucho por hacer. Porque la solución nunca puede ser que criemos a las jóvenes con desconfianza y con miedo. Que les pidamos que no salgan hasta tan tarde, que no se vistan de determinada manera, que tengan cuidado al volver a casa y que nos avisen que llegaron bien. ¿Cuándo fue que la violencia y el desamparo se convirtieron en la única condición posible para nosotras? 

La indignación es necesaria. También lo son el análisis profundo y la acción colectiva. Porque si queremos una sociedad más segura para todos —en especial para las mujeres, las niñas, los niños y los adolescentes— no alcanza con lamentar cada nueva tragedia y seguir adelante. Necesitamos comprender (y desactivar) los mecanismos que permiten que la violencia se reproduzca, para trabajar con determinación a la hora de prevenirla y poner a disposición todos los recursos disponibles para actuar a tiempo. 

Por último, un llamado ineludible: eduquemos en la construcción de vínculos más sanos, respetuosos y humanos. Todos, mujeres y varones. Juntos, porque nadie se salva solo. De lo contrario, volveremos a encontrarnos con otra foto, otro nombre y otra marcha para reclamar lo que nunca deberíamos estar reclamando: el derecho a vivir de una chica de tan solo 14 años.

3 COMENTARIOS

  1. Excelente artículo, Agrego lo siguiente:

    Excelente articulo
    Excelente articulo.
    El caso de Johana Chacón marcó un antes y un después en Mendoza al visibilizar de forma masiva las consecuencias más extremas de la violencia de género. La adolescente de 13 años desapareció el 4 de septiembre de 2012 en el departamento de Lavalle tras bajarse del transporte escolar

  2. La actual sociedad, sobre todo en la divulgación de músicas y letras a nivel de adolescentes y menos adolescentes, está provocando durante estos últimos años una distorsión de los límites en las actuaciones de los jóvenes. Se está enseñando (a las chicas) a provocar y NO a los chicos a respetar. Su sistema límbico no está educado para ello, es un tema ancestral.
    Es muy triste que, como mujer que soy, tenga que exponer esto (soy feminista y femenina desde hace unas cuantas décadas) y sé de lo que hablo. Nosotras vivimos la transición de los años 60 y 70. Sin embargo, la exposicion física y sexual que ahora se promueve resulta difícil de controlar a determinadas mentes primarias masculinas. Siempre hubo, por supuesto, pero habría que ver y mirar con los ojos de hombre QUÉ se pone delante de sus ojos y sus deseos.
    Unos cuantos años para llegar a donde estamos ahora y unos cuantos más se necesitaran para normalizar la situación.
    Una pena.

  3. Hola. es terrible esto. Todas estas muertes. Y muchas de ellas, como las tres chicas de Cipolletti, el triple crimen, sin resolverse nunca porque hay gente de poder y gente de la política metida en todo esto. No hay justicia. No hay valores en la justicia. Mucha corrupción, mucha impunidad, mucho machismo. Incluso hay muchas contradicciones en la misma justicia…un ejemplo concreto es la ley del aborto….qué valor puede tener la vida si ya existe una ley que ampara matar a tu hijo/a? Ya desde la justicia se permiten los femicidios matando a bebes en el vientre materno. No atacamos los problemas, En lugar de solucionar problemas y humanizar la vida, cada vez se normaliza situaciones que no están dentro de un marco humano, respetando toda la dignidad de la vida humana. Una sociedad individualista y muy egocéntrica, una sociedad del descarte, una sociedad donde la droga circula y hace tanto daño, donde la pornografíja, el maltrato infantil, la sexualización precoz…etc, Criemos hijos e hijas responsables de sus actos, con amor y con límites. Sanos, sin tantas pantallas, más humanos, con más vínculos, no tan solos o delegando en instituciones con tantas actividades extras que no tienen tiempo de jugar ni de estar con sus padres, madres, hermanos, hermanas abuelas y abuelos. Mucho para desglozar de todo esto. Mucho para aprender, corregir y hacer un meaculpa y avanzar.

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