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Género

14 octubre, 2014

El efecto hijas


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Hay algo que puede cambiar la vida de los varones para siempre: ser padres de mujeres. Investigadores norteamericanos ahondaron en el tema y encontraron cuánto repercute en ellos acompañar el crecimiento de sus hijas. POR MARÍA EUGENIA SIDOTI.

De pronto, un padre siente que el misterio de la vida ha sido develado al presenciar el milagro de ver nacer a una hija. Todos los seres humanos –varones, mujeres– albergamos una enorme complejidad y traer un hijo al mundo, sea del sexo que fuere, siempre será una instancia feliz, llena de amor y de preguntas. Pero algo se aparta para siempre del rumbo conocido cuando es la hija mujer quien le muestra a su padre que hay caminos más allá. ¿Cómo volver intacto de un viaje así?

“No te preocupes hija. El futuro será brillante”, escribió el gran Martin Scorsese en una carta dirigida a su Francesca, publicada meses atrás en el diario italiano La Reppublica. Para decirle, para que nunca pierda de vista, que ella lo ha cambiado para siempre. “No siempre podrás tomar atajos. Pero no digo que todo tenga que ser difícil. Solo digo que la voz que te da la chispa es tu propia voz. Esa eres tú. Esa es la verdad. Con todo mi amor. Papá”.

¿Por qué nos emociona tanto ese encuentro? ¿Tal vez sea porque muchas hijas no tuvieron la suerte de recibir palabras como esas? ¿O será porque en esas palabras hay un significado que trasciende la intención misma de escribirlas? Será que el efecto hijas ha hecho, valga la redundancia, por fin efecto.

“En mi experiencia con mis hijas mujeres, uno de los cambios más profundos que observé en su padre fue una firme decisión de apoyar sus necesidades educativas y formativas para desarrollarse como mujeres en un mundo altamente competitivo, a la vez que fomentar en ellas una actitud cariñosa y sensible”, comparte Mabel Burin, doctora en Psicología, especializada en Género y Subjetividad. Hay un impulso profesional en sus palabras, pero también la certeza de vivir en casa propia cuánto significa para un padre acompañar el crecimiento y la salida al mundo de sus hijas mujeres.

¿Puede pesar ese vínculo a la hora de cambiar para siempre la manera de pensar y de actuar de un varón? Puede. “Los hombres con hijas podrían ser la clave para cerrar la brecha de género”, destaca un informe llevado adelante por estudiosos de las universidades de Harvard y Rochester, en el que se indaga el papel que juega el embate de la sociedad patriarcal sobre esas hijas y el despertar de sus padres a esa realidad. “Nos enfocamos en un tipo de relación personal que los historiadores y periodistas han marcado como especialmente transformadora: tener hijas”, describen los investigadores norteamericanos Adam N. Glynn y Maya Sen. A la hora de fundamentar su trabajo, ellos partieron de un fallo del exjuez y presidente del Tribunal Supremo de Estados Unidos William H. Rehnquist contra “los estereotipos sobre el papel doméstico de la mujer”, alegando que ser el padre de una hija divorciada a cargo de dos niñas había cambiado su manera de ver las cosas. A partir de allí, la hipótesis se volvió fuerte: “Al tener al menos una hija, los jueces aprenden sobre lo que es ser una mujer, quizás una mujer joven que podría tener que hacer frente a cuestiones como la equidad en términos de pago, ingresos a las universidades o el cuidado de los hijos”, describe Sen.   

“Uno de los factores que más ha impactado en el vínculo entre padres e hijas para lograr una mayor conciencia de género ha sido el ingreso de las jóvenes al mercado laboral, y las dificultades que las chicas encuentran en conciliar su vida familiar y su vida laboral. Muchos padres perciben las inequidades de género cuando se producen estas situaciones en la vida de sus hijas, y tratan de ayudarlas y de denunciar esta injusticia procurando mejores condiciones de vida para ellas”, confirma la doctora Burin. El juez Rehnquist, que murió en 2005, reconoció que a veces se las ingeniaba para salir más temprano del tribunal para poder ir a buscar a sus nietas a la escuela.

Padres contra el machismo

El Centro de Investigaciones de Opinión de la Universidad de Chicago determinó, a través de una encuesta, que el efecto hijas también se traducía en actitudes ciudadanas y políticas: la mayoría de los hombres consultados admitió que haber criado mujeres los había acercado a resistir e intentar contrarrestar conductas machistas a su alrededor.   

¿De qué manera se construye esa relación que en la reciprocidad nutre tanto a padres como a hijas (y, por qué no, a las nietas)? “Hay muchos modos de construir el vínculo para que este muestre una mayor sensibilidad a las condiciones de género opresivas que pueden padecer las mujeres. Uno de ellos es el logro de un vínculo afectivo cercano, muy presente y disponible desde la temprana infancia, para estar atentos a las necesidades de las hijas en tanto mujeres, procurando a la vez no invadir sus espacios vitales y sus desarrollos subjetivos con criterios patriarcales clásicos, sino con una aguda intuición para captar las nuevas necesidades de las jóvenes generaciones”, explica Burin. También señala que sus investigaciones para la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales mostraron la misma tendencia, especialmente entre hombres jóvenes y de mediana edad, pero no así entre hombres mayores. “Esto se debe, en parte, a los cambios sociales y subjetivos producidos en las últimas décadas respecto de la posición de las mujeres, tanto en el ámbito privado como en el público. Sin embargo, persisten aún actitudes patriarcales que hacen que muchos hombres conserven modos de pensamiento y de conducta más tradicionales. Los padres que logran mayor sensibilidad y conciencia de género en el vínculo con sus hijas suelen ser más proclives a tratar de extender estas condiciones al resto de la sociedad”, destaca la especialista.

Una investigación realizada en Dinamarca, en 2012, concluyó que los varones tendían a ser más generosos cuando tenía hijas mujeres, y el profesor Adam Grant, de la Universidad de Pensilvania, usó como ejemplo a Bill Gates para realizar un estudio en el mismo sentido: “No habría sido un gran filántropo de no ser por la gran influencia que tuvieron en él las mujeres de su familia”, concluía en uno de los capítulos.

“El efecto hijas no es siempre tan claro. Pero en el caso de los jueces, una explicación posible sería que están tratando de proteger a sus propias hijas”, sostiene el trabajo de Harvard-Rochester. En el fondo, porque muchos varones tienen delante de sí la misma ilusión que Scorsese: alumbrar a sus chicas con la promesa de un futuro brillante y cada día más cercano.

Un legado de verdad y justicia para cuatro hijas mujeres

Por José Luis Campagnoli, fiscal y padre de Dolores, María, Teresita y Luisa.

Creo que no necesité tener hijas mujeres para defender los derechos de las mujeres. En mi caso fue al revés: la forma de verlas a ellas y su lugar en la sociedad fue lo que terminó influenciando la crianza de mis hijas. Me crié con dos hermanos y dos hermanas (yo era el más chico), de manera que mi primera imagen de la mujer fue de igualdad con el hombre. Los años en Tribunales me mostraron que en la sociedad eso no era así; que la igualdad que en mi casa se daba naturalmente requería actos positivos para superar esa impronta machista. Frente a eso, a la hora de criar a mis hijas, intenté darles todas las herramientas para que fueran realmente independientes, pelearan por sus intereses y pudieran elegir libremente su camino.

Pero a poco de empezar a trabajar en Tribunales, me impactó que si la víctima del delito era mujer, la acusación tenía menos chances de éxito que si se trataba de un hombre. Por ese motivo, como fiscal, siempre me esforcé para que los casos con víctimas mujeres recibieran especial atención, como un modo de contrarrestar esa tendencia. La carrera judicial me mostró el lado más oscuro de la cuestión de género: la violencia contra la mujer era un drama cotidiano al que no le daban mayor importancia. Las peores manifestaciones de machismo que yo he visto han sido dentro de los tribunales. Si bien, felizmente, eso ha empezado a cambiar, todavía se ven casos en los que el sistema trata la violencia contra la mujer como si fuera cualquier otro conflicto entre particulares.

Otro triste ejemplo es la poca seriedad con la que se abordan los casos de redes de prostitución. Siempre vi eso como la forma moderna de la esclavitud. Hoy se ha tomado más conciencia de que detrás de la prostitución organizada está la trata de personas, pero si bien hay mayor compromiso en su erradicación, es un tema en el que todavía se requiere un esfuerzo para vencer la inercia (a veces, cómplice) de autoridades políticas, policiales y judiciales.

De mis hijas –Dolores, María, Teresita y Luisa– aprendí grandes cosas, fundamentalmente a sobrellevar la pérdida de mi esposa. Dolores (la mamá de las chicas) era una persona con un gran sentido del humor, que no pasaba inadvertida. Ellas me mostraron que podíamos recordarla justamente desde ese lugar, con esa misma alegría, repasando entre nosotros las anécdotas que todavía hoy nos hacen reír, y a la vez sentir que ella nos acompaña.

En lo que respecta a mí, espero que mi legado para ellas sea el testimonio de que hay cosas, como la verdad y la justicia, por las que vale la pena luchar toda la vida. Que esa lucha hay que darla sin especulaciones ni miedo a las consecuencias. Y que en esa batalla, la única derrota es bajar los brazos.

ETIQUETAS hijas padres

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