Sophia - Despliega el Alma

Sociedad

6 abril, 2021

El duelo invisible

Perder un bebé en gestación puede ser uno de los duelos más solitarios y silenciosos que vive una mujer en esta sociedad donde, lo que no se ve, no es. ¿Se puede abrazar la muerte cuando se espera la vida? De eso se trata esta historia...


Por Victoria Llorente

Nadie te cuenta que perder un bebé, de 2, de 3, 4 u 8 semanas, es tan triste. Nadie lo habla hasta que te pasa una vez. Y te vuelve a pasar otra vez más y no es que por ya saber lo que se viene estás más tranquila. La segunda vez es mucho peor. Lo único bueno es que ya conocés el dolor. El físico, ese del que tampoco te hablan y te hace conocer lo que es un trabajo de parto cuando solo tuviste cesáreas. Y el emocional, ese que no tiene nombre ni palabras. Que te arranca algo tan deseado y amado como un hijo. Alivia el cuerpo cuando se va, pero el Alma queda desolada. Como esos planes truncos. Quedaste con la ilusión en el tintero, con los nombres archivados y tu mano sigue tocando esa panza que ahora está vacía. “Pero si ya tenés dos hijas”, te dicen. Como si los hijos fueran piezas acumulables de un juego de mesa. “Pero él me había elegido”, pensás. Querés dar marcha atrás y pensar qué hiciste mal en estos meses o semanas que pasaron. Si fue tu culpa. Y te decís a vos misma que hay que soltar, que hay que dejarlo ir, que ya va a llegar, que hay tanto que sí hay. Agradecés la bendición de tener dos hijas sanas, que llegaron y se quedaron.  Pero nadie te cuenta la tristeza de esta pérdida. Los de afuera piensan que no es nada. Que lo que no se ve, no es. Solo vos sabés que ahí latió alguien. Que anidó en tu cuerpo y que te eligió como mamá. Y que el desgarro de esa pérdida, como toda partida, es grande y duele. Está bien que así sea. Y está bien sanarla antes de emprender el llamado de una nueva Vida que quiera elegirte, esta vez, para andar acá, de este lado de la piel”.

Horas después de haber tenido un segundo aborto espontáneo, me senté a escribir y salió ese texto. Siempre escribo. Es mi manera de gritar lo que muchas veces no sé decir. Apagué la computadora y me fui a dormir. Quería hacerlo para siempre. En el cuarto de al lado jugaban mis dos hijas, pero mi cuerpo no se quería levantar. Estaba demasiado triste como para hacerlo. Me llené de bronca y de signos de pregunta que se transformaron en palabras en mis cuadernos; y en gritos sin sentido a mi familia, que solo quería verme bien. Y en el medio de esto, viajes a Capital –vivíamos a 400 kilómetros de la ciudad, en el campo– para hacerme análisis de análisis, resultados que pedían más resultados. Esperar, mientras adentro estaba partida al medio.

¿Esperar, qué? “Pero si era tan reciente, ¿por qué te ponés tan mal?”, me decían muchos. Y dolía más porque mi cuerpo estaba aplastado y mi cabeza se empeñaba en decirme que era una exagerada, que un embarazo detenido no era un hijo de carne y hueso. Mi cabeza y los de afuera, que no podían entender todo lo que me estaba pasando por adentro. Era imposible dejar de pensar en la cantidad de mujeres que habían pasado por esto y nunca me había enterado que estaban en duelo. Que habían despedido una vida en silencio.

La OMS dice que…
(…) el duelo gestacional es aquel que acontece tras la pérdida de un embarazo (cualquiera sea el tiempo duración) o en el momento del alumbramiento. (…) un aborto espontáneo es un suceso que ocurre naturalmente, a diferencia de los abortos médicos o quirúrgicos“. Solo eso dice al respecto de este duelo silencioso que atraviesan tantas mujeres en el mundo la Organización Mundial de la Salud.

Entonces me animé a hablar. Empecé a compartirles a ellas lo que me estaba pasando y se emocionaron conmigo. Muchas me contaron que nunca lo habían hablado con nadie. Que las tildaron de exageradas, que tomaron ansiolíticos, que siguieron con sus vidas como si nada. Que sintieron culpa, frustración, enojo, y mucha, mucha tristeza.

Es importante aclarar que, como parte del funcionamiento normal del cuerpo humano, 3/4 de los embarazos quedan detenidos o ‘se pierden’ tempranamente y que 2/3 de los abortos espontáneos están determinados por causas estrictamente biológicas, y el resto generalmente por causas ambientales. Para muchas mujeres, al dolor de la pérdida se le suma la incansable revisión de lo que hicieron o no hicieron, sintieron o no sintieron, pensaron o no pensaron, acicateadas por la irresponsable divulgación de informaciones falsamente científicas”, destaca Denise Defey, Psicóloga Perinatal, entre otras especializaciones, referente en el tema en Uruguay y en la región.

Una despedida silenciosa

No se habla. No se cuenta. No se comparte. Como si decir “perdí un bebé” incomodara a todos. Nadie se acerca. Y en esa distancia el duelo se hace inmenso porque sentís que tenés que seguir como si nada hubiera pasado. Aparecen los consejos poco atinados, los que te quieren dar remedios y respuestas inmediatas para algo que no lo es. Hablar de la muerte incomoda. Eso aprendí también en esos duelos silenciosos.

Cintia Roberts (40) perdió tres bebés y dice que le pasó algo similar. “Los dos primeros embarazos sentí algo muy diferente del tercero. Sucede algo muy extraño frente a las pérdidas: las personas, para no dañarte, para no exponerte, no preguntan, como si temieran quebrarte más. Y a veces esa pregunta es tan necesaria, tan habilitadora del llanto o de la palabra. Puede tender un puente hacia aquello que sí necesitamos. En los primeros dos asumí ese silencio y también soporté más los lugares comunes (“por algo habrá sido”, “si vos tenés dos hijos hermosos”, “la naturaleza es sabia”, “la vida no te da más de lo que puedas soportar”, “ya va pasar, ya va a llegar”, etc)”, comparte.

Carmen Mezzadri, Magister en Terapia Ocupacional especializada en Salud Mental Perinatal es argentina, vive en Australia desde hace 11 años, y es mamá de Clementine (6), Marigold (3) y Olive, que falleció en la semana 30 de gestación, en 2016.  “Creo que vivimos en una sociedad que le tiene mucho miedo a la muerte, y al dolor en general. Tratamos de evitar el tema a toda costa o en cuanto aparece, buscamos resolverlo o controlarlo. Solemos crecer sin familiarizarnos con lo que implica un proceso de duelo hasta que nos toca atravesarlo. A la vez, un bebé representa la vida, los sueños y la esperanza, y hablar sobre su muerte cuesta aún más”, reflexiona.

Abril tiene 28 años y se acuerda de la sensación que tuvo cuando le dijeron que su bebé de 11 semanas de gestación había dejado de latir.Fue como si hubiera estado viviendo la escena desde afuera de mi cuerpo. Y la gente, por mejor intención que tuviera, me decía que éramos muy jóvenes, que era muy normal. Pero no me servía. Lloraba abrazada a mi marido y le decía que yo no quería un bebé. Yo quería a ese bebé”. Unos meses más tarde volvió a quedar embarazada y, a las 8 semanas, también perdió a su segundo bebé. Hace 6 días nació Zoilo, su “bebé arcoiris” (N. de la R.: Los niños arcoiris son los bebés que nacen tras la pérdida de un hijo anterior, es decir, después de una muerte gestacional o perinatal), quien le devolvió la confianza en su cuerpo y en la maternidad.

Abril por fin pudo abrazar a Zoilo, su “bebé arcoiris”, luego de atravesar la tristeza de perder dos hijos.

Sofía Benegas Cox, Psicóloga con formación en Perinatalidad, asegura que muchas veces lo que acentúa el dolor en la mujer es que la pérdida de un bebé en gestación no está legitimada social ni culturalmente.Le llegan comentarios como ‘ya vas a ser mamá’, cuando en realidad ella ya es mamá. En muchos casos, hasta a las propias parejas les cuesta acompañar lo que sucede y viven esta tristeza de la madre como algo preocupante, como si algo estuviera mal. En una sociedad tan orientada a ‘ver para creer’, un bebé que no se ha visto no pareciera tener entidad suficiente como para merecer un duelo”, explica Benegas Cox.

Habilitar la tristeza

Cuando perdí mi primer bebé, que se detuvo en la semana 7 de gestación, no me hice mucho problema. Estuve muy triste, pero también lo asumí como algo “normal”. O como algo que pasaba mucho. El aluvión de tristeza llegó la tarde que estaba en casa y me di cuenta que la pesadilla estaba empezando otra vez. Había vuelto a quedar embarazada y empecé a tener pérdidas. Me puse a gritar y a tirar remedios contra el espejo. Mi marido me trataba de calmar, me abrazaba y me decía que esta vez iba a ser distinto, pero todo mi cuerpo sabía que no. Me mandaron a hacer reposo mientras yo le decía a mi médica que no tenía sentido, que había muerto, que me dejara soltarlo rápido.

Ahí sí empezó un camino de sanación que, sabía, me iba a llevar a lugares oscuros, a pérdidas viejas, pero que la única manera de curar mi Alma iba a ser atravesándolo. Y dejándome ayudar. Mi hija mayor, que en ese momento tenía 4 años y medio, me hizo prometerle que nunca más me iba a ver tan triste. Le respondí que iba a intentarlo, pero le aclaré que estar triste no estaba mal. Que valía estar triste. Siempre.

La compañía de mi marido fue la que hizo la diferencia. Solo nosotros conocíamos la ilusión que nos daba la llegada de esos bebés. Y de todo lo que vivimos, una de las cosas más positivas que destaco fue haber visto cómo nos fortaleció el vínculo. También me ayudó mucho hablar con mujeres – unas más cercanas; otras, desconocidas- que habían atravesado algo similar. Me ayudó a encontrarle sentido a tanto dolor”, cuenta Abril.

El duelo, en imágenes
-El Tesoro de Sammy, de Laura y Teresa Menéndez. @elterosodesammy
Narra de una manera muy dulce el duelo de Sammy, que perdió a su mamá, desde la mirada sus tías. Fue declarado de interés para la comunicación social y la cultura en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Un libro muy útil para atravesar y explicar los duelos de manera sencilla.
-Universos Fugaces, de Ana Sagripanti, Cintia Roberts, Sofía Chas.
Ilustraciones de Pilar Centeno. @cmiguensasitas_de_papel. Un haiku bellísimo sobre lo efímero de la vida.
-Fragmentos de una mujer (Netflix)
El dolor de una mujer partida al medio por la pérdida de su bebé, magistralmente retratado en una película durísima que vale la pena ver.
-El baile de las luciérnagas (Netflix)
Uno de los capítulos de la serie logra visibilizar de una manera muy bien lograda, la tristeza y el dolor de haber sufrido un aborto espontáneo.

María Elina (39) tiene 5 hijos: Santiago, Juan, Inés y Clarita, que murió en la semana 30 de gestación. Hoy está transitando la semana 27 de embarazo de José.Mi familia y mis amigos fueron la piedra angular en el duelo de Clarita. Sin todo ese círculo de cariño todo hubiera sido más difícil. Toqué fondo, estuve muy deprimida y angustiada. Pero en todo momento traté de respetar mis tiempos, de mirar qué cosas me hacían bien y qué iba necesitando. Decidí llorarla hasta sanar, y hablarlo sin parar hasta que el relato iba siendo menos triste. Todo el tiempo la nombramos y habilitamos ese lugar de dolor en nuestros hijos también, que lloraban la pérdida de su hermana”. Cintia Roberts coincide: “Encontré mucho cobijo en mi nido, en mi compañero. Mis niños me vieron llorar, me abracé a ellos, duelamos todos la ilusión y construimos un fuerte en el que estaba permitido ser vulnerable, enojarse, estar triste, reírnos y salir a cortar flores para que nuestro hogar siguiera siendo nuestro espacio de contención”. Carmen Mezzadri dice que un miedo muy común después de una pérdida es el de que todos olviden a tu bebé o que la vida siga como si él nunca hubiese existido. Asegura que hablar sobre él, nombrarlo, compartir su historia y establecer algún ritual o práctica que lo incluya en el día a día puede ayudar mucho en la integración del duelo. “Sería ideal que, como sociedad, empecemos a entender esto y simplemente escuchar, tolerando el dolor del otro sin querer arreglarlo o juzgarlo. El dolor del duelo es amor. Amor sanador que tiene que fluir, expresarse, y generalmente nos cambia para siempre”, reflexiona.

Verónica (31) perdió dos embarazos, el primero anembrionario.El segundo fue un golpe más fuerte. Gracias a Dios estuve muy acompañada por mi familia y amigos, y escuchando a mujeres que habían pasado por casos parecidos y que de alguna forma me hacían sentir más tranquila. Hicimos una actividad muy linda en la que agradecimos al bebé el tiempo que estuvo con nosotros, que nos hubiera dado tanta felicidad mientras duró mi embarazo, y de cierta manera, lo dejamos ir. Cuando perdés un bebé de un día para el otro es difícil seguir como si nada, teniendo tantas ilusiones y proyectos por delante. Con mi marido pudimos acompañarnos y sostenernos el uno al otro, y nos hizo más fuertes”, relata.

Carmen es argentina, vive en Australia desde hace 11 años y es mamá de Clementine, Marigold y Olive, que falleció en la semana 30 de gestación.

Dar (a) luz en la oscuridad

Pasaron los meses, pasaron los estudios. Y una mañana, haciendo tiempo para recibir nuevos resultados me escribieron de un espacio de mujeres y me propusieron dar talleres de escritura. Me animé y dije que sí y, entre estudio y estudio, viajaba a Buenos Aires para dictarlos. Siempre pienso que ellas fueron uno de los apoyos más fuertes para salir de tanta tristeza. Tener un proyecto propio y creativo donde ayudaba a otras personas en algo que yo disfrutaba tanto como escribir, me impulsó a estar mejor. Diez meses más tarde, el test de embarazo volvió a dar positivo y Alina llegó en septiembre de 2018 para terminar de darle sentido a tanta tristeza.

Un amigo una vez me dijo que el que no llora se inunda por dentro… Así que después de inundarme, lloré también hacia afuera, lloré a solas, al descubierto, lloré al menos una vez con cada amigo que me preguntó cómo estaba, lloré todo lo que no había llorado antes y le di la bienvenida a una mujer más oidora de sus vulnerabilidades”, reflexiona Cintia Roberts, coautora del libro Universos Fugaces (Casitas de Papel), que sale en pocas semanas a la venta. “En el libro que escribimos hablamos justamente de eso: de las bienvenidas y de las despedidas cotidianas, incluso de las inevitables; de que somos instantes en nuestro paso fugaz por este mundo. ‘Con el tiempo esa ausencia se va convirtiendo en una presencia que nos hace compañía’, dice una de las páginas del libro. Ser parte de la escritura de Universos fue uno de los sostenes más lindos que tuve en estos años de pérdidas”, confiesa Roberts.

A través de bellas imágenes y textos llenos de poesía, Universos fugaces invita a aceptar y abrazar los cambios permanentes de los ciclos de vida.

La fe nos ayuda mucho y nos da la fuerza para levantarnos y seguir”, dice Verónica, que se está preparando para buscar un nuevo embarazo en pocas semanas y cumplir así su anhelo de formar una familia. “Estamos muy agradecidos de saber que podemos quedarnos embarazados, de haber sentido esa gratitud y felicidad en la ecografía, donde pudimos ver latir a nuestro bebé. Después de haber vivido estas dos experiencias creo que junto con mi marido logramos ser positivos y mirar el lado bueno de este dolor. Fue algo muy fuerte, lindo y triste a la vez, que nos unió muchísimo como pareja. Agradecer cada instante y, por sobre todo, saber que nos tenemos el uno al otro, es una de las cosas que nos ayuda para seguir confiando en que cuando uno sueña tanto, las cosas tarde o temprano llegan”, reflexiona Verónica.

María Elina también coincide en que haber tenido un proyecto laboral y personal durante el duelo de su hija le dio fuerza para seguir en medio de tanta tristeza: El faro de Ichi” se llama la tienda de libros infantiles que abrió sus puertas el año pasado en plena pandemia. “Me animé a reinventarme para volver poco a poco a la vida. El faro me dio ese empuje que me faltaba para hacerlo”, cuenta su dueña y agrega: “Creo que la esencia de todo este proceso fue haberme aferrado a la fe, a la oración y haber sentido mucho la presencia de Dios”.

Holistic Baby Loss Support (Sostén Holístico en la pérdida de bebés) es el emprendimiento que creó Carmen Mezzadri en 2020. Siempre me habían interesado las terapias holísticas y, como terapista ocupacional, mi abordaje siempre había sido integral. Pero desde que murió Olive me introduje en el mundo de las terapias alternativas y así, durante la pandemia, nació Holistic Baby Loss Support, donde integro lo mejor de la Terapia Ocupacional con diferentes modalidades para acompañar a madres y familias después de la muerte de sus bebés. Es el tipo de apoyo que me hubiese gustado encontrar después de cada una de mis pérdidas. Es muy gratificante poder involucrarme en una relación terapéutica con mujeres y familias con historias que, de alguna manera, están conectadas a la mía”, comparte Carmen Mezzadri y concluye: “No sé si elegiría pasar por todo lo vivido, pero no puedo negar la sensación de expansión y paz que siento hoy. Soy mamá en el Cielo y en la Tierra, y la ausencia que llevo siempre conmigo le da más sentido a mi presencia. Hay días que todavía duelen, y días que sanan más que otros. Pero siempre hay amor. Y esa capacidad de amar sin miedo, esa expansión, es lo que me permite ayudar a otros en su dolor”.

Victoria Llorente, autora de esta nota donde comparte el duelo por sus dos hijos mientras sigue apostando a la vida.

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