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Artes

22 enero, 2021

El día que la poesía desafió al poder

Durante la ceremonia de asunción del presidente estadounidense Joe Biden, una joven poeta leyó un texto de su autoría que emocionó al mundo entero. Te compartimos el poema completo en español para que te dejes conmover por su mensaje amoroso y esperanzado.


La artista visual Kimothy Joy retrató a Amanda Gorman rodeada de palabras para reflejar a través de su cuenta de Instagram un cambio que ya empezó.

Joven, delicada. Con su largo tapado amarillo y muchas trenzas en el cabello. Los ojos encendidos, los brazos abiertos; pura esperanza y actitud. Amanda Gorman elevó la mirada y, sonriente, recibió un cálido aplauso de bienvenida. Entonces, dispuesta a dejar su huella, leyó con tono dulce, aunque firme y a viva voz:

“…Si vamos a estar a la altura de nuestro tiempo,
entonces la victoria no estará en la espada,
sino en todos los puentes que hemos construido.
Esa es la promesa de lo mejor.
La colina que subimos
…”.

Un fragmento, apenas, de todo el caudal poético que nos tenía reservado el día que Joe Biden asumió la presidencia de los Estados Unidos. No habían sido semanas amables: luego del violento escenario que dejó la salida del expresidente Donald Trump, la sociedad estadounidense se encontraba sensible, fracturada. Pero lejos de reavivar el dolor de esa herida, ella eligió la mirada sensible y el mensaje trascendente. Y a través de sus palabras supo envolver, con mucho cuidado, ese obsequio que su país y el mundo recibieron anhelantes.

“…Bajamos las armas
para extender nuestros brazos al otro…”.

Solo 22 años le bastaron a Amanda para comprender la esencia de lo importante. Unión. Paz. Respeto por la naturaleza y por todos los seres que la habitan, sin importar su especie, credo, raza o pensamiento político. Dice que saltó de alegría cuando le avisaron que había sido seleccionada para leer un poema en la ceremonia de asunción de Biden. Quedará en la historia por ser la poeta más joven de ese país en brindar su discurso durante una toma de mando presidencial.

Sus palabras recorrieron el planeta y calaron hondo en quienes escucharon atentamente el emotivo discurso (Foto: Facebook).

“Poeta. Escritora. Soñadora”. Así se define en los perfiles de sus redes sociales. Afroamericana, nacida en Los Ángeles, hija de una madre soltera, descendiente de esclavos (como dejó entrever en su poema), Amanda supo desde pequeña lo que podía ser un mundo hostil. Pero no por eso dejó de creer que ella podía ser parte de un cambio gestado a partir de la fe, el amor y las ideas.

En 2017 fue elegida primera Poeta Juvenil Laureada Nacional de Estados Unidos y el año pasado se graduó con honores en la carrera de Sociología de la Universidad de Harvard. En su libro infantil titulado Change Sings, les regala a los niños “un himno para recordar que tienen el poder de moldear el mundo”, según ella misma explica en un posteo de promoción.

Como su poema inaugural, titulado The hill we climb, Amanda supo subir su propia colina y detenerse luego para contemplar la belleza desde allí. Su incansable búsqueda fue la que la llevó hasta ese escenario desde donde miró a la multitud y con un ligero, casi imperceptible, temblor en el cuerpo, nos abrazó a todos con su texto conmovedor. Te compartimos la traducción completa del poema:

La colina que subimos

Cuando llegue el día
y nos preguntemos,
¿dónde encontrar la luz
en esta sombra que nunca termina?
La pérdida que sobrellevamos.
Un mar que debemos vadear.
Tuvimos que hacer frente
al vientre de la bestia.
Hemos aprendido que la tranquilidad
no es siempre sinónimo de paz.
Y que las normas y las nociones de lo que es justo
no siempre son tan justas.
A pesar de esto, el amanecer nos adelanta sin saberlo.
De alguna manera lo hacemos.
De alguna manera hemos aguantado
para ver una nación que no está quebrantada,
sino simplemente incompleta.
Nosotros, los sucesores de un país.
En un momento en el que una chica negra y flaca,
descendiente de esclavos,
y criada por una madre soltera,
puede soñar con convertirse en presidente
solo para encontrarse a sí misma declamando por una.
Y sí, estamos lejos de ser refinados,
lejos de ser prístinos.
Pero eso no quiere decir
que nos esforzamos por formar una unión que sea perfecta.
Nos esforzamos por forjar nuestra unión con un propósito.
Para componer un país comprometido con toda cultura,
color, carácter y condición del ser humano.
Y así levantamos nuestras miradas,
no a lo que se interpone entre nosotros,
sino a lo que está delante de nosotros.
Eliminamos la brecha
porque sabemos que, para priorizar nuestro futuro,
primero tenemos que poner nuestras diferencias a un lado.
Bajamos las armas
para extender nuestros brazos al otro.
No pretendemos dañar a nadie,
sino lograr armonía para todos.
Dejemos que el mundo,
si no hay más que decir,
al menos diga que esto es cierto.
Que aun cuando nos afligimos, crecimos.
Que aun cuando nos dolía, teníamos esperanza.
Que aun cuando nos cansábamos, lo intentábamos.
Que siempre estaremos unidos y victoriosos.
No porque nunca más conoceremos la derrota,
sino porque nunca volveremos a sembrar división.
Las Escrituras nos piden tener esta visión:
cada uno se sentará
bajo su propia vid e higuera,
y nadie les hará temer.
Si vamos a estar a la altura de nuestro tiempo,
entonces la victoria no estará en la espada,
sino en todos los puentes que hemos construido.
Esa es la promesa de lo mejor.
La colina que subimos.
Si tan solo nos atrevemos.
Porque ser estadounidense
es más que un orgullo que heredamos.
Es el pasado en el que nos adentramos
y cómo lo reparamos.
Hemos visto una fuerza
que destrozaría nuestra nación
en lugar de unirla,
destruiría nuestro país
si con eso consiguiera retrasar la democracia.
Y este esfuerzo estuvo a punto de triunfar.
Pero aunque la democracia puede ser retrasada periódicamente,
nunca puede ser derrotada permanentemente.
En esta verdad,
en esta fe,
confiamos.
Porque mientras tengamos los ojos puestos en el futuro,
la historia tiene los ojos puestos en nosotros.
Esta es la era de la redención justa.
La temimos desde su su comienzo.
No nos sentíamos preparados
para ser los herederos
de una hora tan aterradora,
pero dentro de ella
encontramos el poder
de escribir un nuevo capítulo,
de ofrecer esperanza y risas,
ofreciéndonos a nosotros mismos.
Así que, si una vez nos preguntamos
¿cómo podríamos prevalecer sobre la catástrofe?
Ahora afirmamos:
¿cómo podría la catástrofe prevalecer sobre nosotros?
No regresaremos a lo que fue,
nos trasladaremos a lo que será.
Un país que está herido pero íntegro,
benévolo pero audaz,
feroz y libre.
La intimidación no nos mareará
ni nos interrumpirá,
porque sabemos que nuestra inacción e inercia
serán la herencia de la próxima generación.
Nuestros grandes errores se convertirán en sus cargas.
Pero una cosa es segura.
Si unimos la misericordia con el poder
y el poder con el derecho,
entonces el amor se convierte en nuestro legado,
en el derecho de nacimiento de nuestros hijos.
Así que dejemos atrás a un país
por uno mejor del que nos dejaron.
Con cada respiración
de mi pecho forjado de bronce,
levantaremos este mundo herido para hacer uno extraordinario.
Nos levantaremos de las colinas doradas del oeste.
Nos levantaremos del viento barrido del noreste
donde nuestros antepasados idearon por primera vez la revolución.
Nos levantaremos de las ciudades rodeadas de lagos.
de los estados del medio oeste.
Nos levantaremos desde el sur que arde por el sol.
Reconstruiremos, reconciliaremos y nos recuperaremos.
Y cada espacio de nuestra nación
y cada rincón de nuestro país,
nuestra gente diversa y hermosa
saldrá maltrecha pero hermosa.
Cuando llegue el día,
saldremos de la sombra
en llamas ardiendo y sin miedo .
El nuevo amanecer florece mientras lo liberamos.
Porque siempre hay luz,
si tan solo somos lo suficientemente valientes para verlo.
Si tan solo somos lo suficientemente valientes para serlo.

Por Amanda Gorman

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