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28 abril, 2022

El cuento infantil: un universo de magia y crecimiento

¿Por qué es tan importante leerles cuentos a los niños? ¿Cómo elegir las mejores lecturas según cada edad? Una guía para que puedas aprovechar al máximo tu próxima visita a la Feria del Libro junto a los chicos.


Además de entretenerlos, los cuentos ayudan a los chicos a desarrollar su imaginación y a resolver los conflictos por los que atraviesan. (Fotos: Pexels-Unsplash).

Por Luz Martí

Jacinta y Miguelito están en sus camas. Los envuelve el aroma suave y cálido a niño recién bañado. Esperan el ritual que retomé en sus visitas a casa de los abuelos: contarles un cuento antes de dormir, como en las viejas épocas.

La luz es baja pero no importa. Casi no me hace falta leer, porque conozco las palabras de memoria. Sé que no debo reemplazar una por otra. Nada debe cambiar. En la penumbra y en el silencio brillan sus ojos atentos, dispuestos a entrar a un mundo lleno de magia.

No elegí volver a esta costumbre porque sí, ni porque yo sea una gran narradora, sino porque, leyendo artículos y algunos libros, descubrí el inmenso poder sanador y educativo de los cuentos para niños. Cómo los ayudan a desarrollar su imaginación y a superar conflictos y lo increíblemente enriquecedor de ese momento entre chicos y adultos, lejos de cualquier interferencia.

Entonces, cómo no hacerlo. Y cómo no seguir sumergiéndome apasionadamente en ese proceso y compartiéndolo con padres y abuelos.

Por lo general, son los cuentos clásicos los que siguen atrapando a los chicos con mayor interés. Provienen muchas veces de mitos antiguos a los que fueron incorporándose elementos mágicos y de hadas. Tanto los mitos como los cuentos de hadas representan la experiencia acumulada por una sociedad para recordar su sabiduría y transmitirla a futuras generaciones y sus relatos reflejan las angustias más comunes que enfrenta el ser humano a lo largo de su vida.

Todos los problemas y aflicciones que preocupan a los chicos han sido plasmados en estos cuentos. En ellos pueden reconocer sus miedos y tranquilizarse sabiendo que existen soluciones a su alcance. El encuentro del niño con su conflicto no es consciente, simplemente, al oír el relato, escucha algo que resuena en su interior y que, siente, tiene cosas importantes para decirle.

Para creerse la historia, hacerla propia y sacar sus conclusiones, el niño necesita escucharla muchas veces. Sólo después de haberla oído repetidamente y con tiempo adecuado podrá darle al cuento su significado personal y sacar provecho de él a través de sus asociaciones libres para enfrentarse con los problemas que lo inquietan.

Distintas propuesta –a cual más interesante y lúdica– pueden encontrarse en esta edición de la Feria del Libro.

El niño intuye cuál, entre muchos cuentos, es el apropiado para el conflicto interno que se encuentre atravesando y reconoce también cuándo la historia le proporciona claves valiosas para abordar un problema complejo. Este reconocimiento casi nunca es inmediato, ya que algunos de los elementos del relato, al dirigirse a las emociones más íntimas, le resultan demasiado extraños (no puede, por ejemplo, reconocerse de entrada, el papel de una figura el sexo opuesto; para eso necesita tiempo de elaboración).

Entre los tres y los seis años los chicos viven el momento de mayor intensidad de fantasía e imaginación, donde magia y realidad se entremezclan y les hacen vivir grandes emociones. El chico que está familiarizado con los cuentos de hadas aprende que estos hablan en el lenguaje de los símbolos y no de la realidad cotidiana, y se encuentra cómodo con lo que allí suceda.

Por más crueles que algunos cuentos clásicos parezcan, para el psicoanalista infantil Bruno Bettleheim, referente del psicoanálisis infantil y estudioso del tema de los cuentos para niños, “Las historias seguras no mencionan ni la muerte, ni el envejecimiento ni los límites a nuestra existencia, mientras que los cuentos de hadas enfrentan debidamente al niño con los conflictos humanos básicos».

Para entender la importancia de los elementos de un cuento de hadas, separarlos en tres categorías me ayudó a tener un panorama más claro:

1) Elementos constitutivos:

# Para que una historia mantenga la atención del niño debe entretenerlo y poner en marcha su curiosidad. Pero para enriquecer su vida necesita estimular su imaginación, ayudarlo a reconocer sus emociones y a ver sus dificultades sugiriendo, al mismo tiempo, soluciones a los problemas que lo aquejan, sin desvalorizar la importancia que para él tengan.

# Los comienzos “Había una vez”, “En un lejano país”, “Hace muchos años”, etc., sugieren que la historia no pertenece al aquí y ahora que conocemos. Estas frases iniciales marcan el abandono del mundo concreto y cotidiano para acceder a un universo de magia y de posibilidades increíbles regidos por leyes distintas de las «normales».

# Según Tolkien, escritor inglés autor de la saga de El Señor de los Anillos, “Los libros con ilustraciones que tanto gustan a los adultos no sirven para satisfacer las necesidades del niño. Aunque sean buenas por sí mismas, las ilustraciones no favorecen a los cuentos. Si un cuento dice ‘subió a la colina y vio el valle’, cada uno que lo escuche tendrá su propia imagen formada por las colinas y valles que haya visto. El cuento pierde gran parte de su significado cuando la imagen es vista a través de los ojos del ilustrador, porque eso limita la imaginación del niño”. Algo similar a lo que nos sucede a los adultos cuando vemos una película después de haber leído el libro.

# Tolkien también afirma que los aspectos imprescindibles de un cuento de hadas son: fantasía, superación de un profundo desespero, huida de un enorme peligro y, sobre todo, alivio. A estos ingredientes, Bettelheim agrega la amenaza a la existencia física o moral del héroe.

# El cuento embarca al pequeño en un viaje hacia un mundo maravilloso para después, mediante un final feliz, devolverlo a la realidad de la manera más reconfortante. Sin finales felices, terminada la lectura, el chico sentirá que no hay esperanza para la solución de su conflicto.

Según Tolkien, creador de la saga El señor de los Anillos, las ilustraciones no favorecen la misión de los libros.

2) Relevancia de los personajes:

# Mediante el cuento de hadas el niño descubre formas de tolerancia y respeto hacia sus semejantes al reconocer, por ejemplo, que algo o alguien que al principio podía resultar repugnante o sentía como una amenaza (El príncipe sapo, La bella y la bestia) puede convertirse en un buen amigo.

# Otra constante en los cuentos de hadas es que los personajes no son ambivalentes: una persona o animal es bueno o malo, holgazán o trabajador, pero nunca es ambas cosas a la vez.

#  Los conflictos que los personajes atraviesan son muy parecidos a los que el niño padece (celos de un hermanito nuevo, miedo de ir al médico, miedo a la soledad, etc.). Escuchar que a los personajes les pasa lo mismo que a él hace que se sienta comprendido, acompañado y perteneciente al mismo mundo que los demás.

#  En los cuentos de hadas los personajes no son sólo humanos, sino también criaturas fantásticas e incluso animales que hablan y razonan. Como sucede en el mundo de los sueños, las aventuras narradas en los cuentos infantiles trascienden el tiempo y el espacio y el niño sabe perfectamente que se trata de una historia de ficción.

3)    Efectos logrados:

# Cuando el niño lee o escucha un cuento de hadas, pone en juego el poder de su fantasía y hasta logra una identificación al reconocerse a sí mismo en el personaje central, en sus peripecias y en la solución de las dificultades que debe sortear.

#  Uno de los mensajes más claros de los cuentos de hadas es que la lucha contra los contratiempos y problemas de la vida es inevitable, que forma parte de la experiencia humana y que, si uno decide enfrentar esos obstáculos, llegará a dominarlos y podrá salir victorioso.

# Las fantasías que ofrece el cuento de hadas de forma simbólica le indican al niño cuál es la batalla que deberá librar para alcanzar la autorrealización y alcanzar un final feliz.

A través de las aventuras del héroe y de las soluciones que éste encuentra, el niño aprende cómo la superación de esos problemas es lograda con esfuerzo y empeño, aquí, en la tierra, y no mediante una recompensa mágica o celestial.

Leticia Kurchan, profesora de enseñanza primaria y preescolar. Licenciada en Ciencias de la Educación.

«No soy partidaria de ‘destripar’ el cuento»

–¿Cómo se usa el cuento en la enseñanza?

–En mi caso, siempre elijo un cuento por su valor literario. No me gusta interrumpir para explicar palabras que no conozcan, salvo aquellas que, a través del contexto, no puedan descifrarse y sean fundamentales para seguir la historia. Tampoco soy partidaria de “destripar” el cuento con preguntas poco interesantes como “¿Cuál es el nombre de los personajes”, ni que inducen respuestas pensadas de antemano por el docente, porque esas preguntas tienden a anular las interpretaciones de los chicos, que pueden ser riquísimas.

Antes de leer un cuento (si lo escucharán por primera vez prefiero que sea el docente quien lo haga; los desniveles en la lectura aburren al auditorio y sacan de clima), es muy importante tener en cuenta a qué grupo de chicos se le va a leer: estar al tanto de los saberes previos que tenga el grupo que llega a esa instancia de lectura o escucha, qué manejo de la abstracción o de la fantasía domina cada uno. Distintas divisiones del mismo grado pueden responder de formas muy diferentes. Puede que algunos no entiendan chistes, grados de sutileza o juegos de palabras. El problema de la lectura hoy es que la escucha es cada vez más limitada porque la atención es más lábil y cuesta mantener la concentración en algo. Los chicos son reflejo de estos tiempos de inmediatez.

–¿Se convoca a los chicos a escribir sus propios cuentos?

–Siempre, pero la producción de cuentos y la escritura demandan un altísimo y complejo compromiso del docente, sobre todo a la hora de corregir, porque el maestro debe elegir qué va a corregir. Por lo general, lo más indicado es tomar un texto de un alumno de otro grado y corregirlo en el pizarrón entre todos.

–Imaginar y redactar sus propios cuentos ¿qué aporta desde lo educativo?

–Escribir una historia demanda cumplir ciertos parámetros para lograr un producto comprensible. En ese ejercicio se aprende a dar un orden a la secuencia del relato, a elegir un género apropiado, se favorece la expresión escrita, la creatividad, la libertad, el manejo del lenguaje, la reflexión; en definitiva, a ordenar, a organizar, a expresarse para entenderse uno mismo y ser entendido por el otro.

–¿Qué títulos propondrías para primaria o secundaria?

–Leer es importantísimo a cualquier edad, los ayudará a pensar y a expresarse a lo largo de toda la vida y será fundamental para poder abordar una carrera terciaria. Es bueno que los chicos se vinculen con literatura de calidad, que les plantee cierta dificultad y desafío. Necesitan conocer todos los géneros: novela, cuento, cuento policial, poesía, teatro leído. Los más chicos se enganchan mucho con la poesía y la rima. En mi época de docente y directora, un libro indispensable era La Odisea, porque es muy ágil y atrapante en sus adaptaciones para distintas edades.

Bárbara Schimtz, psicóloga y psicoanalista infantil.

«El espacio de lectura debería considerarse algo sagrado»

–¿Qué aporta el adulto al momento de la lectura compartida?

–El espacio de la lectura del cuento debería considerarse casi algo “sagrado” o, al menos, un ritual previo al descanso, algo que reafirme el contacto y el vínculo entre el chico y esa persona que le cuenta.

–¿Por qué generalmente los detalles no son tan importantes en los cuentos infantiles?

–El cuento plantea de modo conciso un problema existencial donde el detalle pasa a segundo plano, porque distrae del tema nodal que son los sentimientos. El niño necesita extraer un sentido coherente del tumulto de sentimientos que lo habita.

–Como psicoanalista infantil ¿qué panorama ves respecto del cuento para niños hoy?

–Hoy el cuento tradicional ha sido suplantado en gran medida por los juegos de pantalla, donde el conflicto es concreto y la resolución llega digerida, sin dejar suficiente espacio para que el niño elabore la suya personal, lo que le quita libertad psíquica.

–¿Qué trajo la pandemia?

–La sociabilidad de la infancia en la pandemia fue a través de las pantallas y redes. Para los juegos de computadora se imponen leyes muy estrictas donde no hay lugar para la desobediencia. El chico no puede aplicar su creatividad y queda atrapado por un “maestro Alfa” que no le permite agregar su impronta: si quiere jugar, debe acatar ciegamente. En ese espacio es imposible tramitar ningún sentimiento y los niños quedan llenos de emociones que no saben cómo elaborar. Lo virtual le ofrece al niño el juego dado, mientras que los cuentos ofrecen una variedad de conflictos y de resoluciones para elaborar cada uno a su manera.

–¿El cuento y el juego de alguna manera se complementan para lograr esa resolución de conflictos?

–Son casi dos partes de lo mismo. En el juego con juguetes u objetos el niño plantea el conflicto, lo juega, lo recrea y lo tramita, aunque no siempre lo elabora. De ahí que repita el juego varias veces, al igual que insiste en escuchar el cuento, hasta que finalmente logra elaborarlo. Lamentablemente, hoy ese juego se ve desfavorecido a causa de la propuesta de las pantallas, que deja poco espacio a la creatividad y al uso de sus recursos. Los enajena privándolos de la libertad enorme de ejercer su fantasía. Zoom escolar, más pantalla para jugar, más pantalla que los padres les facilitan para poder, ellos mismos, trabajar desde la casa, alejaron a los chicos del juego simbólico. El juego con muñecos, al permitir lo simbólico, los ayuda a enfrentar sus conflictos tranquilamente, porque sienten que no son ellos mismos los involucrados, y esa es la mejor manera de tramitarlos.

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