Sophia - Despliega el Alma

Inspiración

1 mayo, 2021

El costado simbólico de nuestra existencia

Luego de participar de uno de los talleres de Sophia junto a la antropóloga Ana María Llamazares, un lector decidió narrar su aventura de nacer a una nueva dimensión simbólica. En este texto nos comparte la hoja de ruta de ese viaje único y fascinante.


Por Agustín Maizon

La invitación que nos hace Sophia a compartir nuestra experiencia es doble en su formulación. Por un lado, la propuesta hace referencia a nacer a una nueva vida. Este tópico central se ve acompañado por la proposición de compartir las prácticas y emociones que permiten desarrollar la dimensión simbólica que todas las personas poseemos.

A primera vista, parece que nos encontramos frente a dos fuerzas opuestas. Nacer a una nueva vida sugiere el encuentro con una fuerza creadora, con un impulso que es pura energía, entusiasmo y desarrollo vital. Son momentos gratuitos, encuentros que en su gran mayoría nos sorprenden y nos dejan la sensación de habernos encontrado con algo fascinante que nos supera, y al mismo tiempo nos otorgan la certeza que allí se encuentra lo que hace tanto tiempo hemos buscado.

Las posibilidades de esos encuentros son múltiples y variadas, ya que poseen diferentes matices de acuerdo a cada uno de nosotros y a una multiplicidad de factores. Un encuentro en la oración, la meditación, celebraciones comunitarias que tocan nuestra alma especialmente, o inclusive la visita a un museo antropológico, como nos comparte Ana María Llamazares (se puede ver en https://www.youtube.com/watch?v=5njCdA2pyYA o en su texto Del reloj a la flor de loto), la lectura de un libro que sorprende a nuestros paradigmas… Estos y muchísimos más pueden ser ejemplos de esos encuentros vitales.

Por otro lado, la sugerencia de Sophia es a compartir las prácticas y emociones que nos permiten nutrir el costado simbólico de nuestras existencias. La referencia a la práctica puede remitirnos el aspecto de la materialidad, la constancia, la disciplina, el hábito. Estas palabras nos pueden sonar extrañas o no caernos bien a primera vista. Para aquellos y aquellas que han transcurrido parte de su vida y educación en procesos no democráticos, la palabra “disciplina” hace ruido por lo general. Pero, más allá de los ribetes personales e históricos, parece que las ideas de fuerza creadora y práctica no son amigables y que no pueden estar juntas. Usando la lógica clásica, podemos pensar que son términos contradictorios.

Es en nuestra existencia, en la experiencia vivida que asume múltiples dimensiones, donde las realidades de la Nueva Vida y la práctica se encuentran, danzan, se nutren, se desencuentran y se reconcilian.

En mi caso particular, he recibido una formación ligada a tiempos y espacios reservados para la oración y el estudio. Mi alma se encontraba a gusto allí. Posteriormente, mi vida cambió y el matrimonio con hijos fue un cambio de ritmo y de estilo de vida que elegí. Pero en esos instantes tuve una actitud defensiva e inconsciente que no permitía a la Fuerza Vital expresarse: me aferraba a los viejos tiempos y prácticas. Raramente, los momentos de oración y encuentro profundo me generaban más ansiedad, un deseo de cumplir ligado a la asociación de los tiempos familiares a la quita de tiempo para la interioridad.

El Alma no estaba a gusto: la forzaba a transitar un camino que no era el que ella deseaba transitar.

Hace un tiempo empecé a percibir, con la ayuda de una verdadera maestra espiritual, que el Espíritu Vital no podía ser ahogado en prácticas que en el pasado fueron su expresión. Necesitaba nuevas prácticas y ejercicios, nuevas manifestaciones y desarrollos; o una mayor apertura para que la seguridad ya no provenga de la práctica misma, sino de la adherencia al Espíritu Vital. Esto hizo que se enriqueciera la vida interior con una mayor libertad, aceptando los momentos tal como se presentan diariamente, con una sana apertura a lo imprevisto.

A la mañana, suelo tener un momento de oración/meditación rezando los Salmos o algún texto de Brother David Stendl Rust. Al mediodía solemos hacer en casa la práctica de ”los 30 segundos por la paz”: se para la pelota, pedimos la paz, hacemos silencio. Son solamente treinta segundos hermosos, que recuerdan la palabra meditada al inicio del día, cómo estamos… Y, finalmente, al atardecer, suelo tener otro momento de meditación. A Patricia, mi compañera y esposa, le encanta pintar, es artista. Suelo acompañarla mientras ella pinta, ya sea leyendo algún texto mientras tomamos un té… En ocasiones, tomar tereré a la tarde y hablar o hacer alguna tarea juntos con plantas son verdaderos momentos de expresión del Espíritu Vital. Otras veces estamos muy cansados, entonces es el momento de sentarnos juntos, estrechar nuestras manos y contemplar y maravillarnos de nuestros hijos jugando, hablando o riendo; verdaderas manifestaciones del Espíritu Vital.

Comparto en estas líneas que tengo una lucha interior, como me imagino todos y todas tenemos… En mi caso, es no ahogar al Espíritu Vital en prácticas, sino dejar que Él tenga el timón de mi existencia y no ser yo el que necesita tener el control… He compartido un par de talleres y cursos en Sophia: fueron momentos de crecimiento, de construcción, de encuentros y manifestaciones de la Energía Creadora y la puerta a un nueva vida. Percibo que, de una u otra manera, todos y todas aquí en Sophia compartimos la búsqueda de la Energía Vital Creadora y la voluntad de dejarla actuar en nuestra vida diaria, entre las idas y vueltas cotidianas, con nuestros enojos y pasividades, con aquellos aspectos de la personalidad que no nos gustan, se repiten y luchamos por cambiar. Pero, ahora, con el Alma de nuevo a gusto, en casa.

En definitiva, la canción La equilibrista, de Hilda Lizarazu, retrata bastante bien esa sensación. Es como si el Espíritu le dijera a nuestra Alma:

“Yo soy lo que hago

y estoy de tu lado

haciendo equilibrio

igual a vos.

Todos queremos lo mismo

salir del abismo

haciendo equilibrio igual a vos”.

Gracias por la posibilidad de compartir.

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