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El arte de dormir sola

Cuando tenía 27 años, Sophie Fontanel, editora de la versión francesa de la revista Elle y bloguera de moda, decidió tomarse un recreo de la vida sexual. Esta decisión la llevó a preguntarse sobre las expectativas y las presiones de la sociedad: la sexualidad, el matrimonio y la maternidad. Un relato ideal para aquellos que eligen vivir diferente.

Tomar la decisión de no hacer el amor por varios años es un acto de valentía en esta sociedad donde pareciera ser obligación tener sexo veinte veces por semana, conocer todas las posiciones del Kama Sutra y estar disponibles en todo momento para gozar. Sophie Fontanel tenía todo lo que una chica de su edad quisiera tener: un trabajo glamoroso, una vida sexual activa y la entrada triunfal a las mejores fiestas de París. Sin embargo, no se sentía completa. Entonces, resolvió decirle no a esa catarata de exigencias y cometer lo que ella misma llama “la peor insubordinación en esta sociedad hipersexual”. “Por mucho tiempo, elegí vivir quizá de la forma más insubordinada de nuestros tiempos: no tuve vida sexual”, dice.

A sus 50 años, la periodista contó a quien quiera oírlo, en su libro llamado L’envie –que ahora salió a la venta en su versión sajona con el título The Art of Sleeping Alone (El arte de dormir sola)–, los motivos que la llevaron a decidir adoptar el celibato como estilo de vida por doce años.

Desde que tenía 13, esta editora, oriunda del elegante distrito XVI de París, llevó una vida que combinaba lo burgués y lo bohemio, donde Chanel y las lecturas de Albert Camus se entrelazaban con sutil naturalidad. Asistió a las discotecas de moda de la época y con gracia y belleza sedujo sin parar, viviendo el sexo con absoluta naturalidad y desenfreno. Para ella, la vida había que vivirla y el sexo, disfrutarlo.

Según la periodista, este estilo de vida la desconectó de sus sentidos, además de que la llevó a darse cuenta de la falta de profundidad de este tipo de encuentros. A veces, tener un vínculo sexual es muy lindo pero, según declaró Sophie a la revista Semana de Colombia: “Lo que no está bien es cuando ocurre por inercia, cuando todo el erotismo se reduce a una forma mecánica de hacer el amor”.

A partir de este reconocimiento, Sophie decidió dejar de tener relaciones sexuales a una edad muy temprana. “Durante un período de mi vida, entre mis 27 y mis 39 años, dormí sola. No tuve sexo. Y no era infeliz ni estaba frustrada. De hecho, me parecía que no hacer el amor era preferible a tener relaciones sexuales decepcionantes. Mi objetivo con esta decisión fue reconectarme con mis sentidos y vivir una vida más tranquila.

Hoy, en sus declaraciones, la editora de Elle sigue desafiando los mandamientos sexuales de nuestro siglo y asegura que tener una vida sexual muy activa no es sinónimo de buena perfomance: “No creo que cuanto más hagas el amor, más tengas ganas de hacerlo, o que cuánto más lo hagas, mejor amante seas. Creo que cuantas más ganas tenés, mejor lo hacés”.

Sus opiniones y su libro –del que hoy hablan Europa y Estados Unidos, y que ya lleva miles de ejemplares vendidos– despiertan polémicas de todo tipo, desde quienes la critican hasta las mujeres que se adhieren y por fin se animan a decir: “A mí tampoco me gusta tener sexo porque sí”. Gracias a la publicación del libro, son muchas las que se atreven a contar que para ellas el sexo no es lo más importante de su vida, que prefieren tenerlo por puro amor, sin tanta exigencia y obligación. Por otro lado, surgen personas que acusan a la editora de frígida o fría.

“Mucha gente, muchas mujeres –pero también hombres– se acercaron a mí para decirme que habían vivido experiencias semejantes a la mía, pero que no habían sido capaces de decírselo a nadie”, comenta.

En ese marco, la periodista sostiene: “Para vivir fuera de la norma sexual hay que ser fuerte. Ser verdaderamente libre es tener la posibilidad de seguir la música interior”. En una palabra, escuchar lo que uno siente, sin dejarse llevar por lo que “hay” que hacer, sino por lo que uno considera que es la verdad propia. “Créanme, cuando el cuerpo realmente quiere sentir la piel de otra persona, sabe perfectamente cómo comportarse. Vas a mirar a alguien a los ojos, y la naturaleza se hará cargo. No importa cuán viejo seas. No importan las arrugas ni las normas”. El verdadero encuentro sexual pasa por una conexión espiritual, más allá de la edad y el aspecto físico. “Existe una gran exigencia por parte de la sociedad respecto de que mantengamos una vida sexual activa y, en muchos casos, promiscua. Esta es una visión muy conservadora de la sexualidad, que no admite que una linda voz o mirar a Robert Redford lavarle el pelo a Meryl Streep en África mía puedan ser fuentes de placer más poderosas que una relación sexual apresurada”.

Según la autora, no hacer el amor le permitió recuperar la poesía de una caricia, de un abrazo, de un mirar a los ojos. Recobrar estos pequeños detalles de amor y sensualidad fueron su objetivo.

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José Saramago