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Deco

6 febrero, 2017 | Por

El alma de los objetos

Con una cuidadosa selección de piezas que evocan otras épocas, Mara Pomar creó el local de venta al público Tienda Bristol. Así le dio una veta solidaria a su hobby por las antigüedades y lo vintage: lo que gana lo destina a escuelas rurales de Misiones.


Por Carolina Cattaneo. Fotos: Gustavo Sancricca.

Llegar a la casa de Mara Pomar, en el corazón del Bajo Belgrano, es sumergirse en un camino angosto cubierto de enredaderas y abrirse paso hacia un parque con perfume a jazmines; es ser recibido por sus perros, Mirta y Oto, y, sobre todo, es entrar a un universo ecléctico de libros, tacitas de café, bandejas y obras de arte de otro tiempo, que guardan historia e historias, hablan de viejas épocas o revelan el carácter de un artista. A pocas cuadras de ese hogar con aires de loft diseñado por Mara y su esposo (ambos arquitectos), está Tienda Bristol, su local de venta de objetos viejos y nuevos, donde se mezclan el espíritu de las brocantes y los anticuarios, de las ferias americanas y de las ventas de garaje. Allí, Mara exhibe y vende al público una cuidadosa selección de vajilla, jarras, cuadros o muebles que rescató (y aún rescata) de mercados de pulgas o de remates. En su pequeño local del 2209 de la calle Miñones, Mara conjuga su gusto por recuperar las cosas y devolverles vitalidad con su perfil solidario: las ganancias que ingresan por las ventas de su negocio las destina a siete escuelas rurales de la provincia de Misiones.

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“Siempre me encantó el tipo de cosas que tengo en el local. Compraba, traía a mi casa… Tenía montones. Cuando ya no entraba nada más, empecé a llevarlas a remates para venderlas. Hasta que un día dije: ‘¿Qué estoy haciendo? Tengo que darle una vuelta a esto’. Así me decidí a crear Tienda Bristol”, recuerda. Hacía más de diez años que Mara venía ayudando a las escuelas de Misiones con donaciones puntuales de útiles o medicamentos, y al crear su tienda, todo se conjugó: “Desde el principio supe que no quería que fuera solo una cuestión para ganar plata, sino que esa plata tuviera otro sentido, y así surgió donarla a las escuelas”.

No importa la mezcla ni la combinación arbitraria, ni en su casa ni en su local. Mientras las cosas le gusten y transmitan un estilo y el alma de una época (sus favoritas son las de fines del siglo XIX y principios del XX), ella las elige, las compra, las atesora, si es necesario las restaura y, finalmente, las vende.

“Desde el principio supe que no quería que fuera solo una cuestión para ganar plata, sino que esa plata tuviera otro sentido, y así surgió donarla a las escuelas”.

El trabajo de curaduría que hacía para ella al elegir cuidadosamente un perfumero antiguo o un juego de jarra y aguamanil de porcelana cobró nuevos sentidos desde que inauguró Tienda Bristol. Para acompañar el espíritu solidario de su negocio, hoy Mara busca que los objetos que pone a la venta tengan precios accesibles. Por eso, allí hace convivir en armonía juegos de vajilla alemana, valijas para cubiertos, cristalería y lámparas de principios del siglo XX con imitaciones actuales de Perros de Fo de cerámica, de globos terráqueos de aspecto vintage o alhajeros de acrílico. Así, detrás de la vidriera, en medio de un barrio que nada tiene de comercial, lo antiguo pierde el manto sacramental que le da el paso de los años, recupera la vitalidad del presente y se resignifica con nuevos e insospechados destinos.

Su dedicación al local se combina, también, con un fuerte compromiso con los chicos, docentes y familias misioneras. Mara visita siete escuelas de monte al menos dos veces al año, para lo cual recorre 700 kilómetros en poco menos de cuatro días. En cada visita, detecta necesidades y piensa soluciones o maneras de conectar a las escuelas con las personas que pueden darles una mano, como cuando, por ejemplo, logró contactar a una de las instituciones con un arquitecto que activó la instalación de un sistema de extracción de agua potable, o como cuando ideó, con profesores especializados, un programa de enseñanza de oficios adaptado a la secundaria para que los alumnos egresen con un saber práctico. “Ver los cambios me llena el alma –dice–. Es toda una movida, pero es conmovedor ser testigo de la repercusión de lo que uno hace; es como un árbol que se abre”.

En Tienda Bristol conviven objetos antiguos con cosas nuevas, pero que evocan estéticas o estilos de épocas pasadas.

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