Sophia - Despliega el Alma

Educación

26 junio, 2010

“El agua es un milagro que nos une”


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Alexandra Cousteau

De su abuelo Jacques, Alexandra Cousteau heredó el amor por el agua y hace dos años creó la organización Blue Legacy para que la gente tome conciencia de la importancia de cuidarla. Por Carolina Cattaneo. Fotos: Blue Legacy International

Alexandra todavía iba a la escuela cuando su abuelo Jacques Cousteau la invitó a descubrir un espacio desconocido para ella hasta ese momento. Iban en barco por el mar y le propuso tirarse al agua. Le calzó la mochila con los tubos de oxígeno, le enseñó a ponerse la máscara y las patas de rana, y le reveló la técnica para respirar una vez que se sumergiera. Ella tuvo miedo, no sabía cómo sería todo allá abajo y pensaba que le iba a entrar agua por la boca. Pero su abuelo la tranquilizó. “No tengas miedo, no va a pasar nada”, le dijo, y ella le creyó. Uno, dos, tres y al agua: la pequeña Alexandra saltó, todavía un poco asustada, respiró muy despacio y enseguida empezó a sentir en la cara las cosquillas de las burbujas mientras cientos de peces plateados le daban una bienvenida imborrable en medio de la oscuridad y la inmensidad del océano.

Tenía 7 años; acababa de sumergirse en las profundidades del océano y emprender un viaje sin límites que le marcaría el rumbo por el resto de su vida. “Esa primera vez que buceé fue la experiencia que me reveló que hay otros universos, que en el mundo hay mucho por descubrir que es bello, fascinante e importante. En ese momento nació mi deseo de ser una exploradora”, cuenta.

Ese día, Alexandra Cousteau recibió uno de los mejores regalos que alguien puede recibir: la posibilidad de creer que un mundo mejor y más justo es posible, y las ganas de trabajar para lograrlo.

Su padre, Philippe, fue oceanógrafo y documentalista. Su abuelo, el famoso Jacques Cousteau, fue el francés canoso y delgado que, a bordo de su barco Calypso, capturó imágenes del espacio submarino y las reveló al mundo en sus documentales.

Con orgullo, Alexandra abrió su corazón a ese legado de amor por la exploración y a la vocación por crear conciencia sobre lo importante que es cuidar y respetar a la naturaleza.

Philippe, el padre de Alexandra, murió cuando ella tenía 3 años y, entonces, su abuelo Jacques se convirtió en la figura que la inspiró para trabajar por el medio ambiente. Con ese impulso, Alexandra –que tiene 34 años, es soltera y no tiene hijos– creó Blue Legacy (Legado Azul), una organización no gubernamental con la que recorre el mundo para hablar sobre lo importante que es cuidar este recurso natural, que no es renovable.

Desde su casa en Washington, Estados Unidos, donde vive en medio de un bosque, ella conversó con Sophia sobre su vida inquieta y su labor incansable.

–¿Cómo surge la idea de fundar Blue Legacy?

–Estuve viviendo dos años en Costa Rica, trabajando en proyectos que tenían que ver con la participación de la comunidad para proteger reservas marinas. Pero en un momento me di cuenta de que no sólo tenemos que proteger los mares, sino todas las aguas, porque vivimos en un mundo donde este recurso hace posible la vida y, a veces, nos olvidamos de esto. Tratamos al océano como si fuera algo completamente separado del agua dulce, como si lo que depositamos en los ríos no terminara en el mar.

Creemos que el cambio climático no va a tener impacto en el agua, y ahora sabemos que el vehículo principal por donde vamos a sentir este cambio es, precisamente, el agua. Entonces, pensé que teníamos que cambiar de conversación, empezar a discutir de estos asuntos en forma diferente, basándonos en dos aspectos importantes: el primero, que el agua nos conecta a todos, y el segundo, que todos formamos parte de la solución. Tenemos que ser conscientes de las decisiones que vamos a tomar como sociedad y decidir cómo vamos a solucionar asuntos que nos van a afectar a todos. Me preocupa mucho que la gente no lo entienda así; por eso, cuando volví de Costa Rica en 2008, fundé Blue Legacy.

–¿Cómo trabaja tu organización?

–Nosotros somos una organización que cuenta historias. No hay científicos que hagan investigaciones, porque hay muchas organizaciones que se dedican a esto y lo hacen muy bien. No me necesitan para eso. Mi equipo y yo tratamos de contar historias y de que esas historias se difundan a través de Internet. Nuestras historias surgen de expediciones que hacemos cada año. La primera fue de 100 días por los cinco continentes y la próxima será de 120 días por América del Norte. Con lo que registramos hacemos videos de dos a seis minutos… Son películas cortitas, porque lo que queremos es que puedan difundirse no sólo a través de nuestro sitio web, sino también que puedan verse en You Tube o en los sitios de la CNN o National Geographic. Queremos que la gente vea el material y hable de él con su familia y con sus amigos, que a través de esos medios podamos inspirar conversaciones, y que esas conversaciones impulsen a la gente a tomar conciencia de lo que sucede y a actuar para cambiar lo que pasa en su comunidad.

–¿Qué cuentan las historias de Blue Legacy?

–Son historias de cosas que están pasando en los lugares que visitamos. Por ejemplo, en la India, contamos la importancia que tiene el río Ganges para los hindúes y qué pasaría si no tuvieran ese río, que es tan necesario para practicar su religión. Buscamos que las historias sirvan para que la gente pueda pensar y entender mejor el papel que desempeña el agua en nuestra vida individual, que entiendan que nuestra relación con el agua es mucho más importante que abrir una canilla. En Israel, Palestina y Jordania vimos, por ejemplo, la función que cumple el agua en el conflicto entre esos países y que existe la posibilidad de que el agua les permita juntarse para construir la paz. Hay estudiantes que están trabajando en eso ¡y es increíble! Esa gente vive en condiciones muy difíciles, entre guerras y odio. Pero hay una escuela donde los estudiantes de distintas partes de la región aprenden a conocerse y a derribar las barreras en pos de intereses comunes: el cuidado del agua y la paz.

–Hablaste del papel que desempeña el agua en nuestra vida. ¿Qué significa para vos el agua?

–Cuando bajo al agua me siento súper bien, me encanta la sensación de no pesar; me siento calma, relajada, como en mi casa. Al mismo tiempo, pude viajar y bucear por muchos lugares y ver los ambientes que hoy están desapareciendo, lo que estamos destruyendo: eso me impulsa a seguir trabajando.

–¿Cuál es el legado al que hace referencia el nombre de la organización?

–Hay un legado azul personal, que es el del amor por el agua y que viene de mi familia. Pero todos compartimos un legado común también, porque el agua es universal. Lo que comemos, lo que tomamos, el traslado de las cosas… En todo interviene el agua. Y es algo que compartimos, que nos une. El legado del agua que dejaremos en el futuro es un legado común, en todo sentido.

–¿Por qué es tan importante este recurso?

–El agua es un milagro de la naturaleza. Y es algo que nos tiene que unir seamos hindúes, católicos o agnósticos. No importa tanto de dónde viene el agua, sino el hecho de que está y tenemos que cuidarla, porque es un recurso irreemplazable.

–Tu abuelo hizo mucho hincapié en la participación de la mujer en el cuidado del ambiente. ¿Vos seguís esa idea?

–Yo me acuerdo de las conversaciones que tenía con él, en las que me decía que para salvar al medio ambiente había que incluir a las mujeres. Muchas mujeres en muchas culturas no tienen las mismas posibilidades que nosotros tenemos: no tienen educación, no tienen derecho a trabajar ni a decidir cuántos hijos quieren tener. Y mi abuelo siempre decía que las mujeres tenían que ser educadas, liberadas y ganar poder para participar de la protección del medio ambiente, ya fuera para cuidar los recursos o para mejorar la calidad de vida de los países en vías de desarrollo. Para mi abuelo las mujeres tenían un papel muy importante en todo esto.

–¿Qué significó él en tu vida?

–Yo perdí a mi papá a los 3 años, así que era la persona más cercana a mi papá, además de mi mamá. ¡Era mi abuelo! Yo no lo veía como un hombre conocido, aunque sabía que lo era; hablábamos de un montón de cosas, de cómo ver la vida, el mundo, cómo pensar los problemas… Cuando le hacía demasiadas preguntas, mi abuelo me decía: “Yo no puedo responderte más, tendrás que ir a verlo por ti misma”. Y eso es lo que estoy haciendo (se ríe). No sigo sus pasos, tengo los propios, pero sigo su espíritu de exploración con mucho honor y mucho respeto por lo que este legado representa para todos.

–¿Sentís que hay cosas que te costaron más por ser mujer?

–(Se ríe). Sí, soy tercera generación… ¡y mujer! Me causa mucha gracia cuando a veces voy con mi hermano a un evento y por tener el mismo apellido que él ¡piensan que soy su mujer! Hablando en serio, el hecho de ser mujer puede ser más difícil porque en ciertos lugares del mundo todavía hay mucho machismo. También encuentro beneficios y no cambiaría nada, porque las dificultades me han enseñado mucho y me han dado la posibilidad de definir quién soy, qué hago y por qué lo hago.

–¿Cómo es el trabajo que hacés con los habitantes de las comunidades que visitás?

–Intento darles una voz a través de los videos que hacemos, que puedan compartir lo que saben o lo que están viviendo. Quiero aprender de lo que ellos han vivido, porque me ayudan a entender el mundo de forma más integral. Me interesa mucho lo que me van a contar, siempre tienen una perspectiva, una idea, una historia que es increíblemente interesante y que enseña mucho. Amo ir a un lugar desconocido y volver enriquecida de lo que vi, de lo que conocí, de lo que entendí de ese lugar y de esa gente que antes no conocía.

*Alexandra Cousteau tiene 34 años. Aprendió a bucear a los 7 y hoy trabaja para que la gente tome conciencia sobre el cuidado del agua.

ETIQUETAS agua ecología preservación

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