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Psicología

20 abril, 2020

El aburrimiento, una invitación a mirar hacia adentro

Avivado por la cuarentena, el aburrimiento se presenta como un estado negativo que queremos evitar. Pero si lo alojamos amigablemente un rato y logramos escucharlo, veremos que tiene para nosotros una propuesta interesante.


Foto: Pexels.

Por Santiago Buompadre*

La cuarentena obligatoria nos confronta con distintas situaciones y acontecimientos subjetivos que no son fáciles de sobrellevar. Uno de ellos es el aburrimiento, que, si bien es un mal de la época, se amplifica con el aislamiento social y con el hecho de ver reducidas nuestras posibilidades de movimiento.

Todos experimentamos alguna vez aburrimiento, algunos más que otros. Sin embargo, ¿conocemos realmente la naturaleza de este estado que, en principio, no tendría nada bueno para aportarnos salvo tedio y rechazo?

El aburrimiento es una experiencia transitoria y aversiva que nos habla de un fracaso para interactuar con el entorno de una manera deseada, a pesar del deseo de hacerlo. Suele estar presente y afectar a personas de todos los géneros y culturas. Pero no deberíamos inquietarnos si nos aburrimos, ya que ese mismo aburrimiento puede convertirse en un motor de cambio.

Un llamado de atención

Actualmente, algunas tendencias teóricas sobre el tema, entre las que destaca el filósofo Andreas Elpidorou de la Universidad de Louisville, plantean que el aburrimiento podría cumplir una función importante, colaborando con el cerebro en la regulación de los proyectos, como un agente motivador de nuevas metas y objetivos, cuando las actuales dejan de ser satisfactorias o significativas.

Estar aburrido es un llamado de atención, una invitación al cambio, a la búsqueda de algún tipo de movimiento que nos devuelva a una situación motivadora. El movimiento, por su parte, es esencial para el bienestar: funciona como un agente protector que nos informa que estamos ante circunstancias que no se adecúan a nuestros intereses y deseos, motivándonos a hacer algo al respecto.

Si no nos aburriéramos, sería muy difícil darnos cuenta cuándo nos encontramos en situaciones insatisfactorias, poco estimulantes o monótonas, y difícilmente haríamos algo por salir de eso. En términos fisiológicos, el aburrimiento puede ser un estado de excitación baja o alta. Para algunas personas se trata de un estado de energía disminuída o apatía, mientras que otras otras lo viven con sensaciones de inquietud, ansiedad e irritabilidad.

“Estar aburrido es un llamado de atención, una invitación al cambio, a la búsqueda de algún tipo de movimiento que nos devuelva a una situación motivadora”.

Lo fundamental es que es un estado marcado por un fuerte deseo de participar en una tarea diferente de aquella en la que estamos en un determinado momento, es un estado negativo y de descontento en el que podemos experimentar cansancio y frustración, o encontrarnos desconectados e insatisfechos con una situación que no capta la atención ni interesa: es una oportunidad, entonces, para considerar metas y acciones diferentes.

El aburrimiento nos dice que necesitamos cambiar algo sobre nosotros mismos o sobre nuestro entorno y nos motiva a hacerlo promoviendo la búsqueda de situaciones alternativas. Por esa razón, puede considerarse como un estado regulatorio que nos permite distinguir y dirigirnos hacia aquello que nos resulta interesante y significativo. La función del aburrimiento es el movimiento, dice Andreas Elpidorou, y a través del movimiento, promueve la autorregulación.

La autorregulación se refiere a los esfuerzos de monitoreo, fuerza de voluntad y motivación para manejar o alterar las respuestas e impulsos incipientes para perseguir o mantener metas o estándares explícitos; es el conjunto de procesos que tienen como objetivo minimizar la discrepancia entre nuestro estado actual y el estado deseado. Contribuye al logro de los objetivos y nos permite actuar, pensar e incluso sentirnos de manera coherente con nuestros estándares y deseos.

El movimiento que el aburrimiento promueve puede ser físico o mental: podemos movernos de un contexto a otro, o involucrarnos en diferentes actividades mentales dirigidas a un objetivo que nos lleve de una situación sin interés a otra relevante. Pero el aburrimiento puede fallar y no ser lo suficientemente efectivo para movilizarnos, o movilizarnos a situaciones que continúan siendo aburridas: es común entre las personas aburridas tener un fuerte deseo de hacer algo diferente a lo que están haciendo sin saber exactamente cuál es esa alternativa y que, en el intento por escapar, se encuentren en otra situación insignificante o trivial.

Mejor con autoconocimiento

El aburrimiento funciona de manera óptima cuando nos informa que estamos transitando una situación aburrida y nos motiva con éxito a buscar una otra más interesante, satisfactoria o significativa, propone la doctora Erin C. Westgate, de la Universidad de Florida. Y esta motivación exitosa depende de la posibilidad de dirigir la fuerza del aburrimiento, poniendo en evidencia la necesidad del autoconocimiento y de la consciencia de nuestras posibilidades.

Para alcanzar su potencial, entonces, el aburrimiento necesita nuestra guía: no resolverá por sí solo los problemas, necesita de la dirección que proviene del autoconocimiento. Por lo tanto, escuchar lo que el aburrimiento nos dice y poder usar su poder de motivación para promover el movimiento, puede ayudar a reducir la duración de nuestra aburrida experiencia actual y a aumentar las posibilidades de encontrar más tarde situaciones congruentes con nuestros deseos e intereses.

“Escuchar lo que el aburrimiento nos dice y usar su poder de motivación para promover el movimiento, puede ayudar a reducir la duración de nuestra aburrida experiencia actual”

Es claro que el aburrimiento, en sí mismo, no es una experiencia beneficiosa. Pero las posibilidades de autoconocimiento a las que nos abre y los usos que podemos hacer de su existencia sí lo son. El aburrimiento puede ser valioso incluso si es desagradable porque puede promover el crecimiento personal. Como tal, puede ayudarnos a realizar y practicar nuestros talentos, puede contribuir al desarrollo de proyectos y al logro de objetivos, conduciendo a la apertura a nuevas situaciones y actividades. Por su naturaleza aversiva, el aburrimiento puede ayudarnos a retomar el camino al revitalizar el interés en los proyectos.

Los estados negativos nos pueden ayudar

Tal vez podamos apreciar el valor de la negatividad, en momentos donde parece que “el mal” nos captura por completo, y que queda poco lugar para extraer consecuencias positivas de lo que sucede: los estados negativos tienen la capacidad de mejorar nuestras vidas y ayudarnos a mejorar, pueden ser desagradables, pero son poderosos, conmovedores e instructivos.

Es claro que el bienestar no es promovido por la experiencia crónica o frecuente de las emociones negativas. Pero la capacidad de tener esas emociones y el hecho de que podemos reaccionar a ellas de la manera correcta, constituye una de las más poderosas armas con las que contamos las personas.

Las experiencias y emociones negativas son inevitables, pero la reacción a ellas depende, en buena medida, de cada quien. El aburrimiento hoy, en las condiciones de aislamiento forzado en la que nos encontramos, puede permitirnos descubrir opciones sobre nosotros mismos que tal vez desconocemos. Y así aprovechar esa experiencia como un camino de apertura hacia posibles acciones que sean más acordes con nuestros objetivos y deseos.

“El bienestar no es promovido por la experiencia crónica o frecuente de las emociones negativas, pero reaccionar a ellas de la manera correcta es una de las más poderosas armas con las que contamos las personas”.

Cuando no existen muchas opciones de cambio de las condiciones externas, o exceden nuestra capacidad de acción, nos queda siempre la posibilidad de intentar cambiar la forma en que experimentamos esos sucesos externos. Y esto puede ser un llamado a la paciencia y a la tolerancia, pero también una invitación a la meditación, a la contemplación de uno mismo, a ejercitarse en estrategias de manejo de la ansiedad y el estrés. Es posible aprender a regular las urgencias del momento.

No existen indicaciones ni fórmulas mágicas al respecto: pero existe, siempre, la posibilidad de optimizar la voluntad con ejercicio, con práctica. Entonces, sabiendo que el aburrimiento es un disparador del cambio, podemos proponernos, la próxima vez que suceda, escucharlo y activar el movimiento al que nos invita, indagar en nuestro interior, darnos ese tiempo de introspección, para poder elegir qué hacer, para no quedar prisioneros en la inmovilidad ansiosa. La aceptación es un paso necesario en todo proceso de cura.

Hoy nos toca hacer frente a una enfermedad que afecta al colectivo humano como un todo, y nos convoca desde el aislamiento. Aceptarlo es adaptarse a la nueva condición, y si en esa novedad tenemos que estar en casa y aburrirnos, pues bienvenida sea la oportunidad para mirar hacia adentro y descubrir que hay mucho por hacer, aunque el espacio se haya reducido. En nuestro interior el espacio es infinito.

Santiago Buompadre es licenciado en psicología y director de Åntropotecnica, instituto de medicina mente-cuerpo.

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