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21 octubre, 2022

Ecosistemas de turberas: la esperanza en el Fin del Mundo

En Península Mitre, Tierra del Fuego, se encuentra uno de los ecosistemas de turberas más importantes del planeta. En esta nota te contamos por qué es una gran esperanza para la humanidad.


Un paisaje de turberas muy cerca de Ushuaia, en donde también se concentran turberas de gran importancia ambiental. Foto: Joel Reyero.

Por Jimena Martignoni

La tierra del Fin del Mundo es un lugar lejano y casi inaccesible, con condiciones climáticas extremas y costas bañadas por las aguas marítimas más tempestuosas del planeta. Parte de un paisaje de ensueño salpicado de bosques nativos, surcado por ríos y arroyos y enmarcado por la presencia constante de las ilusorias aguas del Canal de Beagle, este lugar nos recuerda cuan pequeños somos como seres humanos y cuanto dependemos de la naturaleza. El fin del mundo es un lugar extremadamente precioso y, por todo esto, único. 

Tierra del Fuego, la tierra más meridional del planeta, es un archipiélago que pertenece a Chile y Argentina. Aproximadamente un tercio de su superficie total conforma la provincia del mismo nombre en Argentina. Aquí, a unos 60 kilómetros hacia el sudeste de Ushuaia, se encuentra Moat, la entrada a Península Mitre. Aun más lejana y entonces en condiciones casi prístinas, esta tierra que se introduce en las aguas heladas del Océano Atlántico Sur, cuando fluye para encontrarse con el Océano Antártico, alberga la mayor concentración de turberas de Argentina.

Este ecosistema de turberas en Península Mitre ha sido elegido por el Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas como uno de los once más importantes de nuestro planeta. Su importancia vital a escala global ha puesto el foco de científicos y organizaciones internacionales en esta tierra distante y sin presencia humana. Desde el viaje expedicionario del naturalista británico Charles Darwin, en 1832, pocos han llegado a las costas de Península Mitre.

Los paisajes de turberas en Península Mitre han permanecido casi intactos por siglos; su belleza visual y su importancia ambiental los hace únicos en el planeta. Foto: Joel Reyero

Aun hoy, este último tramo de Tierra del Fuego solo puede ser explorado a pie o a caballo, y se necesitan días y noches de acampe con guías especiales o en grupos científicos expedicionarios. En Península Mitre abundan los vientos y el frío constante, las vistas de horizontes inalcanzables, los pájaros y la fauna silvestre y, desde el océano helado e infinito, los grupos danzantes de delfines y lobos marinos que demuestran cuan fantástica es la vida allí donde el continente desaparece. 

¿Qué es un ecosistema de turberas?

La turba es el material orgánico que suele agregarse para mejorar la tierra preparada para plantar. Sin embargo, este y otros usos históricos de extracción, degradan la estructura y las capacidades naturales de las turberas, cuyas funciones ambientales son altamente significativas.

Las turberas son humedales y, como tales, su función es esencial para la regulación de los ciclos hidrológicos: almacenan agua, regulan inundaciones y mitigan eventos extremos de lluvias y sequías. También juegan un rol clave en la conservación de la biodiversidad y actúan como bancos de datos para estudios científicos sobre el clima y la vida en el pasado. Pero la capacidad fundamental de las turberas es que almacenan carbono y lo vienen almacenando desde hace más de 10.000 años. El mismo carbono (CO2) que nosotros como sociedad urbana venimos emitiendo a la atmósfera y cuya consecuencia más conocida en el presente es el “cambio climático”. Cuando emitimos carbono a la atmosfera —con la generación de energía, el transporte, la industria e incluso la ganadería y agricultura— originamos lo que conocemos como “calentamiento global”. Las turberas, al contrario, almacenan carbono naturalmente. 

Izquierda: Astelia pumila y Donatia fasciculares, dos variedades con enorme capacidad de absorción del carbono. Derecha: Sphagnum magellanicum, el musgo típico de los suelos de turberas en Península Mitre. Fotos: Jimena Martignoni.

Entonces, podríamos decir dos cosas muy esenciales para la vida entera en el planeta, en el presente y el futuro: una, que de algún modo gracias a que existen turberas podemos darnos el lujo de grandes emisiones de carbono, ya que ellas se ocupan de retenerlo; dos, que las turberas son una garantía de la vida en el futuro y son entonces lo que se llama “Soluciones Basadas en la Naturaleza”. La naturaleza siempre está del lado de la vida y en el proceso negativo para el planeta que venimos generando como raza humana, ella es siempre un posible modo de resolución. Si sabemos preservarla.

Turberas en el Fin del Mundo

En 2019, estudios científicos internacionales realizados en Tierra del Fuego, revelaron que Península Mitre es el mayor punto de almacenamiento de carbono en Argentina. En este sentido, el dato más importante y más simple es que las grandes extensiones de turberas en Península Mitre almacenan tanto carbono como lo que el país entero emite a lo largo de tres años. Al estar en un lugar tan poco accesible estas turberas se han conservado mayormente intactas, sin la degradación que los efectos de la vida humana podrían ocasionarles, y por eso son tan especiales; pero sobre todo, las especies de plantas que las conforman tienen una capacidad muy alta de absorción del carbono y están consideradas entre las más importantes del planeta.

En Península Mitre las grandes extensiones de tierra están surcadas por arroyos, ríos y tramos de bosque nativo. En este marco de naturaleza diversa, se desarrollan los suelos de turba. Fotos: Joel Reyero

Lo paradójico es que estas plantas “super-poderosas” son diminutas en tamaño. Hay muchas variedades de plantas de turberas en esta región y en el mundo pero en Península Mitre las especies dominantes son tres y todas tienen unas hojitas que no pasan los dos centímetros de largo y el medio centímetro de ancho, al igual que las que florecen, con pequeñísimas flores. Tan poderosas internamente como vulnerables en la superficie, estas plantas crecen en mantos ondulados que se extienden por kilómetros en el suelo y conforman carpetas de colores verdosos, marrones y rojizos. Al pisar su superficie, uno siente los pies hundirse por su textura blanda, llena de agua y material orgánico. 

Las tres plantas dominantes son Astelia pumila, Donatia fasciculares y Sphagnum magellanicum. Las dos primeras crecen en general juntas y el último es un musgo de color rojo muy fácil de identificar desde lejos o en fotografías aéreas. Donatia florece en el verano con diminutas flores blancas y Astelia, con sus pequeñas y rígidas hojas verdes, ha sido reconocida como la “campeona de absorción” entre las plantas de turberas a escala global. En el tramo final del mundo, estos mantos de plantas absorbentes de carbono representan no solo un paisaje bello y bucólico sino una esperanza enorme para la vida en el planeta. Es por eso que se viene trabajando en la declaración de Península Mitre como Área Provincial Protegida e incluso se ha sugerido su protección como Sitio de Patrimonio Mundial.

Estas tierras frías, ventosas, lejanas e inhóspitas son valientemente exploradas por quienes estudian la vida en la tierra y los océanos. Equipos de biólogos y científicos de Tierra del Fuego y activistas que bogan por la preservación de ecosistemas significativos para todos, trabajando cotidianamente con objetivos de mayor conocimiento y difusión. Ellos nos enseñan el valor de las turberas y cómo solo pueden almacenar carbono en su estado natural, ya que al ser drenadas para su extracción o modificadas para algún mal uso, pierden su capacidad natural y pueden convertirse en emisoras. 

Estas pequeñas plantas superheroínas y estos equipos científicos con calidad de superhéroes, aportan hoy grandes esperanzas para todas las formas de vida en nuestro planeta.

Biólogas locales, investigadoras de CADIC (Centro Austral de Investigaciones Científicas, perteneciente a CONICET), realizan estudios sobre calidad y cambios en las turberas. Los resultados ayudan a conocer realmente cuanto significan estas comunidades de plantas y suelos para la vida en el planeta. Foto: Jimena Martignoni.

Leé también Reforestar la Patagonia: un llamado de la naturaleza y del ser humano.

ETIQUETAS ambiental Argentina ecología medioambiente sociedad sustentabilidad

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