Sophia - Despliega el Alma

Salud

3 diciembre, 2015 | Por

La discapacidad como oportunidad

Te proponemos ampliar la mirada y ver más allá de la dificultad, para encontrar historias de vida inspiradoras. Desde Gabriela Michetti, la vicepresidenta electa, hasta Juan, un chico de 18 años con parálisis cerebral, testimonios llenos de amor y de superación que te van a llegar al alma.


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Se calcula que mil millones de personas en el mundo viven con discapacidad y enfrentan muchas barreras para que se las incluya en aspectos sociales clave. A consecuencia de ello, no disfrutan del acceso a la sociedad de igual forma que otros, incluido en áreas como el transporte, el empleo, la educación y la vida política y social. El derecho a participar en la actividad pública es esencial para crear democracias estables, para una ciudadanía activa y para reducir las desigualdades sociales. Promoviendo el fortalecimiento se crean oportunidades reales para la gente, se potencian sus habilidades y se les ayuda a establecer sus prioridades. El empoderamiento implica invertir en las personas: en empleos, salud, nutrición, educación y protección social. Cuando ocurre eso, están mejor preparadas para aprovechar oportunidades, se convierten en agentes de cambio y pueden asumir con más preparación sus responsabilidades cívicas. Fuente: ONU.

¿Qué es ser discapacitado? Dice el diccionario de la Real Academia: “Persona que padece una disminución física, sensorial o psíquica que la incapacita total o parcialmente para el trabajo o para otras tareas ordinarias de la vida“. Dice Águeda Ruiz, una discapacitada motriz de 35 años: “Soy una ser humano que sabe del valor que tienen la vida y el esfuerzo. Alguien que sufrió un accidente en un momento puntual de su camino y aprendió a potenciar sus capacidades para realizar las mismas tareas que solía realizar, e incluso aprender otras nuevas. Con algunos impedimentos, sí, pero con la convicción de que se puede ir hacia adelante sobre dos pies o sobre las ruedas de una silla. Por eso quiero tener oportunidades, como todos“.

“El trabajo con personas con discapacidades o capacidades diferentes demuestra cómo el valor de una persona no se encuentra en sus posibilidades de moverse o de expresarse, sino en algo más profundo y no visible. Cuando los pacientes atraviesan el doloroso proceso de perder alguna función física, secuela de una lesión traumática o enfermedad, las reacciones pueden ser similares, pero lo que cambia en cada uno –y depende de su riqueza espiritual y de su proyecto de vida– es la posibilidad de recuperarse y transformarse. Quienes encuentran un motivo para vivir que los excede y buscan trascender su realidad física tienen más posibilidades de sanar, si no el cuerpo, el alma -expresa la doctora Mercedes Molinuevo, jefa de Rehabilitación de ALPIen diálogo con Sophia, al momento de explicar cuánto aprendió, una vez terminada la carrera de Medicina en La Plata-.  De quienes más he aprendido es de mis pacientes y de sus familias, porque muchos lograron superar la adversidad, transformando ese dolor en algo positivo, superador. Ser partícipe de ese milagro no me permite confundirme, perderme entre lo importante y lo secundario, entre lo superficial y lo profundo”.

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Hay equipo para hacer muchas cosas en la ONG En Buenos Manos.

Y claro que, en todo proceso de aprendizaje y superación, la inclusión importa: el acceso y empoderamiento para personas con todo tipo de capacidad es un pilar fundamental para construir una sociedad igualitaria y feliz. Por esa razón, son muchas las personas, ONGs y entidades públicas que se ocupan de velar por sus derechos y bienestar. Como En Buenas Manos, una organización cuya misión es generar un cambio de mirada respecto del empleo de personas con discapacidad.  Hernán Español, su director, explica:  “En Buenas Manos es una organización social cuya misión es generar un cambio de mirada respecto del empleo de personas con discapacidad, mediante el desarrollo de emprendimientos autosustentables, de valor agregado que inspiran a la sociedad en general a ser más inclusiva. Nuestra visión es un mundo en que las personas sean valoradas por sus capacidades y no por sus dificultades“.

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Gaby, ejemplo de lucha, optimismo y compromiso.

Gabriela Michetti, la vicepresidenta electa

La vicepresidenta electa tuvo un accidente automovilístico hace 12 años que le provocó una lesión medular irreversible. Desde entonces, se moviliza en silla de ruedas y lleva años impulsando planes para que las personas con discapacidad tengan una mejor accesibilidad.
“Vos no te preocupes, que yo voy a ser feliz igual en una silla de ruedas”, fue la frase que Gabriela Michetti le dijo a su padre médico, cuando él la recibió en el hospital de Laprida, provincia de Buenos Aires, después de un accidente automovilístico.
Fue en noviembre de 1994, y tiempo después, en una entrevista con Para Ti, lo recordaba como si fuera hoy. “Yo estaba dura, en una camilla de madera, y sabía que tenía una lesión grave, porque no sentía nada de la mitad del cuerpo para abajo. Los estudios confirmaron que había quedado parapléjica debido a una lesión medular en la cintura. Pero desde el primer minuto enfrenté la situación con ese ánimo, porque tengo una filosofía de vida que consiste en no quedarme en lo doloroso, en lo conflictivo. Pienso: esto es lo que hay, tengo muchas cosas buenas y aunque algo esté mal, hay que ir para adelante”, le dijo a la revista.
Michetti también contó que “lo que más me costó fue lo estético. Porque yo sentía que podía ser mamá de Lautaro, que en ese momento tenía dos años, y podía trabajar (porque mi trabajo depende más de mi cabeza). Pero al principio pensaba que al entrar a un lugar todo el mundo iba a mirar la silla de ruedas. Así que tuve que ir a una psicóloga, y esa fue la única vez en mi vida que hice terapia. Todo depende de cómo te posiciones frente a la silla”.
Su discapacidad no sólo no impidió que siguiera siendo madre y una trabajadora incansable, sino que construyó una carrera política en el PRO junto a Mauricio Macri, convirtiéndose en Legisladora porteña en 2003 y en Vicejefa de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires entre 2007 y 2009. Ahora, en pocos días, asumirá como vicepresidenta de todos los argentinos.
En diferentes cargos y a lo largo de los años, se ocupó de la problemática de mejorar el acceso y la calidad de vida de las personas discapacitadas y con movilidad reducida, junto a otras personalidades del ámbito político como la ex legisladora María José Lubertino – titular del Observatorio de Derechos de las personas con discapacidad– y reconocidas organizaciones de la sociedad civil como Acceso Ya.
¿Su lema? “Sé parte del cambio ayudando a transformar realidades”.

-¿Cómo es el trabajo diario para lograr una mayor inclusión de la gente con discapacidad?

-Nuestra estrategia es desarrollar una marca social global de empresas sociales operadas por personas que, producto de su discapacidad, han desarrollado habilidades especiales que se convierten en una ventaja competitiva en el ámbito laboral y colaboran con la ruptura de prejuicios que llevan a la discriminación en el empleo. Para eso desarrollamos diariamente los siguientes servicios: masajes relajantes brindados realizados por personas no videntes capacitadas en la técnica japonesa shiatzu, fruta fresca y ensaladas seleccionadas, preparadas y distribuidas por el equipo de personas sordas y digitalización de documentos brindado por personas sordas.

-¿Cuál es la situación real de nuestro país en ese sentido y qué debemos hacer para mejorar?

-Las personas con discapacidad tienen que enfrentarse a numerosas barreras para poder insertarse de manera competitiva en el mercado: prejuicio social, problemas de accesibilidad, un sistema educativo que no las contempla y empresas que no están preparadas para recibirlas. Según datos de la Encuesta Nacional de Personas con Discapacidad (ENDI) de 2005, cerca del 80% de esta población está desempleada; esto quiere decir sin oportunidades genuinas de integración laboral. En los hechos son muy pocas las personas con discapacidad que logran insertarse laboralmente. En Estados Unidos, Inglaterra y Australia el desempleo de las PD promedia el 55%, por lo que nuestro desempleo es 30 puntos % superior al de los países desarrollados.

-¿Cuáles son los desafíos, las cosas buenas y los obstáculos que se van encontrando en el camino?

-Existe un gran prejuicio en la sociedad con respecto a la discapacidad que está basado en el desconocimiento. Y el desconocimiento te lleva al miedo, a tomar distancia. Es importante entender que antes de la discapacidad hay una persona. Cuando encontrás a esa persona delante, el prejuicio se desarma.
Nuestra misión es generar un cambio de mirada y el empleo es un medio para lograrlo.

Para 2016 y 2017, En Buenas Manos se prepara para incorporar un nuevo espacio de trabajo e integración a través de la creación de un lavadero de autos atendido por personas autistas, monitoreo de cámaras por personas sordas, venta de ensaladas en subte brindado por personas con síndrome de down, restaurante atendido por personas sordas. “Hay un equipo de 12 personas sordas brindando actualmente el servicio de digitalización en una gran empresa. Hace un mes recibieron la visita de uno de los líderes del sindicato de la institución y solicitaron ‘que tomasen el trabajo más tranqui, que no hacía falta romperse las manos laburando’. Nuestro equipo se preocupó inicialmente, hasta algunos comentaban que nos iban a sacar de la institución producto de este comentario. Pero todo lo contrario: una muestra más de cómo debemos ayudar a romper los prejuicios sobre la empleabilidad de las personas con discapacidad. Y el hecho que se rumorease que ‘los sordos no dejan de laburar’ es el objetivo en sí mismo de la existencia de En Buenas Manos”.

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Cuando su hijo Juan nació, la vida de Elizabeth Aimar cambió para siempre. Entonces comenzó a escribir esta historia de amor, entrega y superación…

“Soy abogada, master en organizaciones sin fines de lucro de la Universidad de San Andrés, docente regular de Derechos Humanos y conferencista nacional e internacional en la temática.

Me recibí muy joven, estudié en Europa y a mi regreso a la Argentina trabajé en un estudio de primera línea, Brons & Salas. Luego me casé con Jorge y tuvimos a nuestro primer hijo, Juan. Él nació prematuro, con 500 gramos, estuvo internado 4 meses y una hemorragia hizo que quedara con un cuadro de parálisis cerebral muy severo, pero sin afección cognitiva. Juan entiende y actualmente va a la escuela secundaria.

Fue un impacto increíble, no teníamos idea acerca de discapacidad.
En ese momento, hace 18 años, nuestro país no contaba con la legislación actual vigente y al cabo de un tiempo, ante la negativa para la cobertura de los tratamientos que solicitaba para mi hijo, dejé el estudio jurídico comercial para dedicarme a la atención de personas con discapacidad y el reclamo de sus derechos.

Así nació RALS, que lleva casi 15 años de trabajo como ONG destinada a la orientación y difusión de derechos de personas con discapacidad y sus familias. Me contacté con trabajadores sociales y psicólogos, porque entendía que el impacto que producía no era solo social, sino familiar y requería de una atención individual.

Decidimos dar contención a personas sin recursos y comenzamos a trabajar fuertemente con organizaciones barriales dando cursos y capacitaciones por todo el país. Cuando nuestro hijo tuvo 6 años, le impidieron ingresar a la escuela común estatal, lo cual dio origen a un amparo judicial cuyo precedente sirvió para otros niños hoy no deban realizar este recurso. Y ya en el año 2008 decidimos hacer calendarios anuales con diferentes temáticas cuya misión era repartirlos gratuitamente, no solo en instituciones de discapacidad, sino en aquellas que no conocían la temática. Actualmente se continua haciendo con una tirada de 1000 ejemplares gratuitos.
RALS ha capacitado a más de 60 instituciones y tiene actualmente 2700 casos en seguimiento.

Mientras esta tarea diaria continúa y me llena de alegría y orgullo, yo he continuado con la tarea de ser madre de ahora un adulto con discapacidad severa, atravesando y venciendo todos los escollos que la vida nos ha puesto delante. Aun así, en el año 2006 nació Pilar, nuestra segunda hija, quien nos ha permitido vivir una maternidad y paternidad diferentes. En la actualidad tengo 45 años y Juan celebró sus 18 el pasado 23 de septiembre, con una hermosa fiesta. No habla, no camina ni puede moverse, pero sí que se hace entender…

Claro que hubo momentos dolorosos, sobre todo durante esos cambios que suponen todas las etapas vitales: el paso del colegio común al especial; el ver crecer a tu hijo de manera distinta a lo de sus compañeros…
Pero creo que el ser humano tiene una fuerza de voluntad increíble y, personalmente, para mí viene de Dios, que no me ha abandonado nunca. Y también del ayudar a otros y compartir la experiencia, que siempre fortalece.
Alguien nos ha puesto en este camino y siempre se puede ser feliz, aún con hijos con discapacidad. Ellos son felices, entonces ¿por qué no mirarlos y aprender? No es lo ideal lo que importa, sino lo real. Nadie sabe hasta dónde puede llegar, hasta que no se topa con una limitación. Mi esposo y yo hemos podido atravesar todas estas dificultades en el amor y en la entrega y ese será el legado que tendrán por siempre nuestros hijos”.

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