Depresión posparto: señales de un trastorno que causa dolor, culpa y estigmatización - Sophia Online

Maternidad

Depresión posparto: señales de un trastorno que causa dolor, culpa y estigmatización

El subibaja emocional tras el parto es común en casi todas las mujeres, pero puede volverse peligroso cuando la tristeza, la ansiedad y la desesperanza se prolongan en el tiempo. Pedir ayuda y formar redes, algunas de las claves.

POR Nina Rusconi

Cada año, muchísimas mujeres de todo el mundo experimentan síntomas de depresión después del nacimiento de su bebé, un momento que, en teoría, supone alegría y celebración. Sin embargo, en muchos casos, esta etapa se ve empañada por sentimientos de tristeza, ansiedad y desesperanza. Este tipo de depresión afecta entre el 10 y el 20% de las madres, y puede aparecer hasta un año después del parto. ¿Qué implica este trastorno? ¿De qué manera acompañar y ofrecer apoyo a quienes lo padecen?

Según La Organización Mundial de la Salud (OMS), algunos de los síntomas que pueden indicar que una mujer está sufriendo depresión posparto y que sirven de alarma son la tristeza persistente, cambios en el apetito, ansiedad, agobio, necesidad de dormir más o menos de lo habitual, llanto constante, no sentirse conectada con el bebé ni con su entorno, falta de interés en actividades que antes disfrutaba, no poder hacerse cargo del recién nacido y, en casos extremos, llegar a tener pensamientos sobre la muerte y el suicidio.

Algunos de los primeros síntomas son bastante frecuentes o comunes en mamás recientes. Lo importante es distinguir entre la depresión posparto de los llamados maternity blues o baby blues, que son cuadros depresivos que aparecen los primeros días tras el nacimiento del bebé y que se dan aproximadamente en un 70% de las madres. Ese estado se ve intervenido en gran parte por alteraciones hormonales que ocurren durante el parto y los días posteriores a él, las pacientes experimentan cambios drásticos de humor, ansiedad, irritabilidad, tristeza, preocupación o dificultad para dormir. Sin embargo, estos síntomas son intermitentes y, aunque son molestos, permiten a la madre continuar con sus actividades cotidianas y establecer una conexión emocional con su hijo o hija. Estos signos suelen desaparecer después de una o dos semanas. Si se mantienen o agudizan, se empieza a hablar de depresión posparto.

El rol de las hormonas en un momento crucial

Yuliet Ariza, tiene 33 años y dio a luz a su beba en julio del 2022. Ella habla sin tapujos sobre su experiencia en sus primeras semanas como mamá: “El embarazo y el parto fueron muy lindos, el calvario comenzó después del nacimiento. Fueron días de mucha angustia que arrancaron con la lactancia. Nadie te cuenta lo mucho que puede doler dar de mamar”, relata. Su hija no se prendía bien a la teta y, con cada succión, sus pechos quedaban muy lastimados.

“Las enfermeras en el sanatorio me habían dicho que la lactancia los primeros meses debía ser exclusiva sí o sí, y yo obediente como soy, no quería pasar a la mamadera. El dolor era inaguantable y eso hacía que yo estuviera fuera de mí. Gritaba, me enojaba y me peleaba con mi marido. Me desconocía a mí misma. La tristeza me invadió esos días y comencé a sentir muchísima furia. El dolor me llevó a revolear cosas por el aire, a golpear sillas, mesas, el piso”, cuenta Yuliet sobre esos días, y aclara que con la bebé jamás tuvo conductas violentas.

¿Por qué se da este desequilibrio? Francisco Appiani, médico psiquiatra, explica: “Sabemos que existe una vulnerabilidad biológica que podría estar vinculada con la disminución abrupta de las hormonas tras el parto. Para mantener el embarazo y para que éste llegue a buen puerto, los niveles hormonales se incrementan mucho, tanto de estrógeno como de progesterona. En algunas mujeres que tienen una vulnerabilidad biológica todavía no determinada, esa caída abrupta puede generar la depresión”.

Lamentablemente, muchas madres no buscan ayuda profesional y ni siquiera lo comentan con familiares o amigos. Los motivos que se esconden detrás del poco reconocimiento de este cuadro son varios, pero los más frecuentes tienen que ver con la culpa y la vergüenza. “¿Cómo voy a sentirme tan mal en los días que deberían ser los más felices de mi vida?”, se cuestionan.

Maia Dosoretz, magíster en Psicología y Psicopatología perinatal y de primera infancia, precisa: “El proceso de maternidad, en su dimensión más profunda, puede no ser tan idealizado como se presenta en los relatos culturales, como las películas. Es frecuente que muchas madres no experimenten una conexión inmediata o un enamoramiento instantáneo hacia su hijo o hija, lo que puede dar lugar a sentimientos ambivalentes, culpa, confusión y, en ocasiones, frustración. Es importante reconocer que las fluctuaciones hormonales juegan un papel crucial en la aparición de sentimientos de tristeza y angustia posparto, lo que puede intensificar la vivencia emocional en este período tan vulnerable”.

Las mujeres que experimentan este tipo de cuadros, suelen sentir que no están siendo lo suficientemente buenas en su rol de madre al no experimentar la supuesta alegría de la que todo el mundo habla. Creen que únicamente les ocurre a ellas y no acuden a una consulta, y eso deriva en procesos de recuperación más prolongados que en el caso que recibieran un tratamiento adecuado.

Los caminos hacia la recuperación

La presión social tampoco colabora. Aparece el miedo a la estigmatización, algo muy característico cuando se trata de salud mental. Y el problema es que sin tratamiento, la depresión posparto puede durar meses o hasta años. En ocasiones, además de la asistencia psicoterapéutica, se indica tratamiento psicofarmacológico.

«Para llegar a una recuperación, la paciente debe ser medicada, y no hay por qué suspender la lactancia. Se acude a los mismos antidepresivos que se utilizan en otro tipo de depresión no puerperal”, sostiene Appiani.

El apoyo familiar y del entorno cercano es fundamental. También son recomendables la terapia de grupo y la conversación entre iguales para mejorar el estado de ánimo. Una vez que se medica a la persona, la recuperación suele ser rápida.

“Lo mismo que en otros tipos de depresión, lo fundamental es no pedirle al paciente que ponga fuerza de voluntad”, agrega Appiani. “No hay que decirle nunca: ‘¿Cómo vas a estar mal o caída teniendo una criatura?’. Eso es atarle una piedra a la persona deprimida. Es importante saber que la depresión, entre los múltiples síntomas que tiene, uno es la falla en la voluntad, comúnmente llamado hipobulia o abulia. Nadie le pediría a un paralítico que con fuerza de voluntad camine; en los casos de los que hablamos, es casi tan absurdo como eso”.

“La tristeza y angustia fuertes duraron un mes”, continúa Yuliet. “Me encontraba obsesionada con el bienestar de mi hija. Mi objetivo era mantenerla viva, con signos vitales. Y estaba tan nerviosa que me transpiraban las manos, así que usaba guantes de látex para poder sostenerla y que no se me resbalara y se me cayera. Mi obsesión era con ella y con la lactancia. Solo estaba centrada en eso, no pensaba en otra cosa y no salía a ningún lado”, relata.

Yuliet tampoco podía conectarse con su bebé y empezó a tomar algunas malas decisiones. “Una noche mientras mi hija dormía, me asusté por ruidos que hacía y pensé que se estaba ahogando. Automáticamente la di vuelta y arranqué a hacerle la maniobra de Heimlich, golpeándola. Hasta que finalmente me di cuenta de que simplemente estaba durmiendo y que eran sonidos normales de un bebé descansando, pero mi cabeza y mis miedos me llevaron a pensar lo peor”.

La recuperación le llevó cinco meses de terapia intensa, con mucha ayuda de su psicóloga y la participación en un círculo de mujeres al que se unió y en el que pudo compartir las cuestiones de su maternidad. “Con ellas me sentí comprendida, estaban en la misma situación que yo. Nos seguimos juntando hasta el día de hoy. Las puericultoras también me ayudaron bastante. Yo no estaba pudiendo hablar con mi gente cercana, sentía que no me entendían”.

¿Puedo ser yo?

No se puede determinar antes de que ocurra quién va a tener depresión posparto y quién no, ni cuánto tiempo va a durar en caso de que aparezca. Sin embargo, hay factores preexistentes que es importante tener en cuenta.

“Esta depresión tiene múltiples causas y factores de riesgo que, en conjunto, pueden predisponer a una madre a desarrollarla. Estos factores incluyen aspectos genéticos, hormonales, psicológicos y socioambientales. Es decir, que si hay antecedentes familiares de depresión, ansiedad o bipolaridad, aquí aumenta la susceptibilidad. A su vez, podemos decir que hay mujeres más sensibles a los cambios hormonales que otras. Mujeres con un estilo de personalidad perfeccionista y autoexigente, con alta autocrítica o baja autoestima también pueden ser más vulnerables. Y por último, la falta de una red de apoyo -ya sea de la pareja, familia o amigos-, problemas económicos, dificultades en el hogar o estar en un entorno poco seguro también aumentan el estrés y el riesgo de padecer depresión posparto.

Estos factores no actúan de forma aislada, sino que suelen combinarse, y su efecto puede variar de una mujer a otra. Por ello, es importante realizar un seguimiento de los casos con estos indicios y proporcionar apoyo psicológico y social desde el embarazo para reducir la probabilidad de atravesar por esto. “En situaciones con un alto riesgo de depresión puerperal, existe un tratamiento y medicación específica para disminuir la aparición del cuadro o directamente evitarla”, aclara Daniel Cesaris, médico obstetra.

“Algo que nunca le conté a nadie es que llegué a tener imaginaciones donde de repente aparecía una araña caminando por las sábanas llegando hacia mí mientras amamantaba, cuando en verdad no había nada. Era mi cabeza inventando cosas, es decir, que tenía pensamientos locos. Estaba frita, quemada del cansancio, del dolor, totalmente agotada”, complementa Yuliet.

“Yo soy muy estructurada y había leído mucho. Creo que esa sobreinformación me hizo seguir todo tan a rajatabla que me jugó en contra. Por ejemplo, había leído que no hay que envolver a los bebés mucho, entonces como mi mamá es de la vieja escuela, cuando agarraba a mi hija y la envolvía en una manta, yo me volvía loca porque sentía que se iba a morir. La sobreinformación y la necesidad de tener todo controlado me hizo muy mal”, recuerda Yuliet.

Algunos se preguntarán si esta depresión se ve reflejada en estudios médicos. Pero no, los resultados de los estudios en un 98% de los casos, ofrecen valores normales. En psiquiatría no se cuenta al día de hoy con ningún estudio complementario que permita identificar la evolución de un cuadro, la depresión, o cualquier patología psiquiátrica. El diagnóstico es clínico, es decir, que el médico hace un diagnóstico a partir de lo que el paciente le dice, lo que él ve y la información que los familiares le aportan.

Ante la posibilidad de un segundo bebé y de intentar prevenir una situación dolorosa como vivió con su primera hija, Yuliet reflexiona: “Una vez una amiga me dijo: ‘Menos libros y más instinto’. Me pareció un consejo tan sensato, acertado y a la vez, tan simple, que es lo que tendría en cuenta para tener un posparto diferente. A mí no llegaron a medicarme porque lo agarré a tiempo. Sin toda la ayuda que tuve, de las puericultoras, la psicóloga y la tribu de mujeres como sostén, no hubiera sido lo mismo”.

La depresión posparto no es una señal de debilidad ni una falla como madre, sino una condición que puede afectar a cualquier mujer tras un momento tan fuerte como es el de convertirse en mamá.

Hablar, aceptar, y buscar apoyo resultan fundamentales para transitar este camino. La maternidad no se tiene que vivir en soledad, como dice el proverbio africano: “Se necesita un pueblo para criar a un niño”. Acudir a ayuda profesional, rodearse de una red de apoyo y darse tiempo para sanar, son fundamentales para recuperar el bienestar emocional. Cuidar a la madre también es cuidar al bebé. Y reconocer la importancia de su salud mental resulta primordial para una maternidad más plena y consciente.

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