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Vivir bien

27 septiembre, 2022

Deporte y salud mental: un nuevo paradigma para la competencia

Ganar a toda costa, dejar de lado la salud mental por una medalla y competir con el único fin de alcanzar el primer lugar, son premisas que están perdiendo valor dentro de una nueva cultura del deporte.


La nadadora argentina Delfina Pignatiello. Su retiro y el de tantos otros deportistas instaló el debate sobre la salud mental en el deporte Foto: @delfipignatiello

Por Clementina Escalona Ronderos

Ocurrió durante los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Bajo la mirada de millones de personas de todo el mundo, Simone Biles, la gimnasta estadounidense considerada la mejor de su tiempo, toma carrera, corre, salta en el aire, hace la prueba, y cae. Se nota el tambaleo, la pérdida de balance, el rostro perplejo. Simone, de quien se esperaba que concretara la mayor cantidad de medallas de oro para su país, había perdido el sentido de la orientación en pleno aire. Consciente del peligro que corría, se acercó a su entrenador y tomó la decisión más valiente de todas: darse de baja de las finales. Más tarde expresó: «Hay que priorizar la salud mental. En caso contrario, no vas a disfrutar el deporte y no vas a tener éxito. No pasa nada por dejar pasar una competición para cuidarte, eso demuestra lo fuerte y competitiva que eres».

El hecho volvió a abrir un debate que viene tomando impulso hace años. Los casos de deportistas que han puesto a la luz las afectaciones sufridas por la presión, son cada vez más: Michael Phelps, Naomi Osaka, Álex Abrines… la lista se amplía.

¿Hasta qué punto es saludable y beneficioso “darlo todo”? Son muchos los factores que generan niveles altos de presión entre los deportistas. El rol de los padres, la mirada social, las necesidades económicas, la presión por obtener y mantener un sponsor y la exigencia propia, son el combo que termina por erosionar a muchos atletas, conduciendo a su deterioro psíquico y físico.

Recién a partir del mediático caso de Biles, se estableció la normativa de incluir una línea directa de atención telefónica de salud mental en los futuros Juegos Olímpicos para uso de los competidores. Otra determinación reciente fue modificar la edad de ingreso olímpico en gimnasia a 16 años, en lugar de la ausencia de un límite de edad mínima. Muchos deportes aún no tienen reglamentaciones en este aspecto, lo cual conduce a entrenamientos de altísima exigencia en niños desde edades muy sensibles, incluso antes de los siete. ¿Cuál es el sentido de tanta sobrecarga?

Salud mental y alto rendimiento

Facundo Zárate comenzó a jugar al básquet a los cuatro años. Jugó profesionalmente hasta que, a raíz de la pandemia, puso una pausa en su vida y se tomó el tiempo de preguntarse qué quería. Le comparto la frase de Simone Biles, salud física es salud mental, y está de acuerdo: “Si uno está bien mentalmente, físicamente también está bien —dice convencido—. El cuerpo sigue a la mente: si uno sólo se enfoca en lo físico y deja de lado lo mental, cosa que a mí me pasaba, ahí se produce el choque y hay sufrimiento”. Hoy Facundo reconoce que haberse desempeñado bajo el paradigma de la alta competencia, donde lo primordial al salir a la cancha era el resultado, influyó en su desgaste emocional y eso terminó alejándolo del básquet.

A los 24 años, Simone Biles decidió decirle adiós al deporte de alto rendimiento para concentrarse en su bienestar mental.

“La presión pasa por muchos lados. Lo primero externo que yo veo, son los padres. Como se trata de gente talentosa, los padres quieren que lleguen a ser número uno”, comparte Alejandro Greco, preparador físico y kinesiólogo que acompañó al equipo argentino de la Copa Davis durante doce años. Se trata de niños estrella, jóvenes promesas, rótulos exitistas que llevan a empujarlos al límite. Alejandro cuenta sobre casos de padres que le traen a sus hijos para medirlos, hacerles plantillas, “ponerlos a punto” para ser los mejores. Hay familias que emplean casi todos sus recursos con este fin. El deportista, dice, es una inversión, y aunque son cientos los que dedican su vida a llegar al alto rendimiento, son pocos los que logran vivir del deporte. “En todo el camino que transitan, muchos se queman”, sostiene.

Jorge González Guedes, ex preparador físico de la selección de natación argentina, enfatiza en la importancia de ubicar, tanto a los padres como al deportista, en el nivel real de rendimiento en que se encuentra. “Hay mucho desconocimiento», señala sobre la necesidad de bajar a tierra esas exigencias. Y cuenta sobre un caso en particular, en el que tuvo que ser claro con el padre de un deportista de mucho talento: «Se lo dije directo: ‘Tu hijo no es de alta competencia. Es muy bueno, es lo mejor que hay en el país hoy en figuras, pero no es de alta competencia’”.

Omar Di Lisio, entrenador de atletas olímpicos, también resalta la importancia de diferenciar entre el deporte de desarrollo y el deporte de adultos. “Muchas veces tenemos deportistas que todavía están terminando de desarrollar su estructura psíquica y ya están sometidos a la presión del alto rendimiento”. Según explica, aunque haya talento (y claro que vale), es primordial acompañar el crecimiento del deportista con el entrenamiento adecuado a su nivel de rendimiento y posibilidades, respetando su desarrollo sin sobrecargas.

Cada vez más deportistas de alta competencia sucumben a las presiones familiares, sociales y deportivas. Foto: Pexels.

Jugar más allá de los resultados

La estrecha relación entre la salud mental y la salud física, es innegable: el estrés no sólo impacta de manera negativa en el bienestar psicológico y emocional del deportista, sino que conduce a la aparición de afecciones, enfermedades y dolencias físicas de todo tipo. “Muchas veces se ven lesiones que son de una clínica ‘rara’, y no les encontrás una causa —cuenta Alejandro—. Entonces hay dos opciones: o le estás pifiando vos o hay una causa psicológica”.

En un mundo donde se trabaja para el logro, donde el deportista dedica su vida a largas horas de entrenamiento, se priva de salidas sociales, realiza esfuerzos y sacrificios diarios para destacarse, ¿podemos pensar en abordar la competencia desde una lógica que no sea enteramente resultadista?

Claudio Sosa, coach psicológico orientado al deporte y uno de los autores del libro La Presión, habla de los grandes jugadores de tenis. “No ponen el foco en el resultado sino en el rendimiento. Claro que quieren ganar, salen a ganar, pero el foco está puesto en cada día ser mejores jugadores, en ser mejores personas, en superarse a sí mismos”.

Claudio entiende que tanto el estrés como la presión, son inevitables. Lo importante es saber cómo manejarlos para poder competir sin llegar a padecimientos como la ansiedad crónica o la depresión. “Disfrutar está mal entendido, se ve como el hecho de no tener ningún problema. Pero toda persona va a tener estrés. Cualquier trabajo te puede provocar ese tipo de situaciones, y el deporte también. El tema es aprender a gestionarlo a través de diversas técnicas, incorporando nuevas maneras de pensar y modificando creencias”.

La wakeboarder Sofía Grimau reconoce que, a veces, el amor por el deporte no puede con tantas presiones. Foto: Instagram @sofygrimauu

¿Cómo cambiar el paradigma?

Se trata de priorizar la salud mental: conocerse a uno mismo, saber con qué va a lidiar, y adquirir las herramientas necesarias para transitar el camino. “He visto muchas veces situaciones en las que un técnico sacado, a los gritos desde el costado del área de competencia, le pide a su deportista que se mantenga tranquilo, lo cual es paradójico y ridículo”, describe Omar, haciendo referencia a un paradigma de acompañamiento que hoy en día resulta obsoleto y perjudicial. Para Jorge, por su parte, lo ideal es un abordaje más integral, con un coach psicológico que acompañe al deportista, así como un entrenador que sepa explicarle cuándo tomarse un descanso, recuperarse, despejar la cabeza.

Otro de los factores que suman a la presión reside en la necesidad de sostén económico. Alejandro considera que este es el gran problema del deportista argentino: si tiene la suerte de conseguir un sponsor, a lo sumo recibe el apoyo durante uno o dos años y, en ese tiempo, tiene que ganar o ganar. Sofía Grimau, wakeboarder profesional y campeona argentina, coincide: “No creo que [la presión] pase por la cantidad de horas de entrenamiento, sino por conseguir resultados y el hecho de tener un sustento económico que haga que el deportista se pueda dedicar a ser deportista. Vos vas a sumar puntos para el país y a traer medallas para el país. Y eso es lo que se paga. Si vos no cumplís con ciertos resultados, es muy probable que te saquen la beca”, relata y cuenta sobre una compañera velocista que entrena a nivel de alto rendimiento, cuatro horas por la mañana y cuatro por la tarde, y entre medio de los dos turnos trabaja en una universidad para ganar unos pesos y poder vivir.

En agosto de este año Serena Williams anunció su retiro del tenis y habló sobre la necesidad de «evolucionar».

Hacia una nueva cultura deportiva

Hoy en día, las redes sociales también juegan su papel: si bien ayudan a muchos deportistas a sustentarse gracias a los canjes y a obtener mayor visibilización (y, por ende, mayores posibilidades de conseguir un sponsor) la sobreexposición puede afectarlos de forma negativa en términos de salud mental. La nadadora argentina Delfina Pignatiello, por ejemplo, anunció que se alejaba del mundo del deporte tras las críticas que recibió por su desempeño en los Juegos Olímpicos de Tokio. «En mi corazón quedará para siempre el orgullo, la alegría y el honor de haber representado nuestra celeste y blanca estos años con tanta pasión. Ahora quisiera contarles que hace unos meses tomé la decisión de hacer un paso al costado del alto rendimiento y la competencia. El deporte forma parte de mi vida desde otro lado, sigo nadando y estar en el agua seguirá siendo siempre mi lugar en el mundo», posteó en su cuenta de Instagram a modo de despedida.

“Hay que tener mucho cuidado con ese tipo de exposición constante. Porque hay gente que te va a querer y gente que no, y eso va a generar ansiedad, va a generar depresión”, dice Claudio Sosa. Facundo Zárate coincide y observa que existe una fuerte relación entre las redes sociales y un menor nivel de tolerancia a la frustración. En la misma línea, Omar Di Lisio señala: “Los medios de comunicación y las redes venden promesas y éxitos”, y pone énfasis en la necesidad de promover una cultura y educación deportiva para evitar el exitismo exacerbado y las sobreexigencias que recaen sobre los deportistas que son elegidos para representar al país. Educar a los deportistas en el uso adecuado de estas herramientas, le parece esencial.

La importancia de un acompañamiento psicológico, el apoyo y la contención familiar y alentar al deportista a celebrar los avances más allá de los resultados finales, son los pilares fundamentales para hacer que eso que tanto aman quienes practican deportes, no se convierta en un agente de autodestrucción.

¿Qué podemos hacer desde nuestro lugar como integrantes de la sociedad para acompañar a los deportistas?

“Que no te suelten la mano, porque sos un ser humano y un día podés salir primero y otro podés salir último, y sin embargo tenés el talento, el sacrificio, la perseverancia, la disciplina y la motivación. Si te sacan del equipo, si recibís un millón y medio de críticas, entonces no tenés posibilidad de permitirte fallar. Ahí es cuando el deportista llega a su locura mental y dice ‘no, basta, yo no puedo con este nivel de exigencia’”, asegura la deportista Sofía Grimau.

Cuando en agosto de este año la tenista estadounidense Serena Williams anunció que dejaba el tenis, dijo en una entrevista a la revista Vogue: “Nunca me ha gustado la palabra jubilación. No me parece una palabra moderna. He estado pensando en esto como una transición, pero quiero ser sensible sobre cómo uso esa palabra, que significa algo muy específico e importante para una comunidad de personas. Quizás la mejor palabra para describir lo que estoy haciendo sea ‘evolución’. Estoy aquí para decirles que me estoy alejando del tenis hacia otras cosas que son importantes para mí». Tiempo después, consultada sobre cómo había decidido alejarse del court, expresó: Antes de que la salud mental fuera un tema del que todos hablamos, la aptitud mental para mí era y es aprender a cerrar”.

Para Simone Biles y Delfina Pignatiello decidir el retiro no fue tarea sencilla. Apenas habían pasado los veinte años y todavía tenían mucho para dar. Pero ya no lo estaban pasando bien en sus respectivas disciplinas. Sin embargo, al soltar eso que dolía, lograron algo muy importante: instalar el tema de la salud mental en el mundo deportivo. Su mensaje resuena en todos nosotros y nos invita a pensar en una nueva cultura del deporte, donde ganar en salud también puede ser la meta. A continuación, otro mensaje valioso, esta vez en la amorosa carta que le escribió entrenador de golf Hernán Rey, luego de su retiro, a Delfina.

“LA PERSONA PRIMERO, EL DEPORTISTA DESPUÉS”
Por Hernán Rey @hernanreygolf
Se retiró Delfina. Una de las grandes promesas de nuestro deporte. 22 años. Dónde quedaron sus sueños y qué tan mal la estaba pasando, solo ella lo sabe.
Lo que sí sé, es que ese día en Tokio algo anticipé. Por regulaciones estrictas de Covid y mi trabajo con el equipo Paraguay, no pude ver a ningún atleta argentino competir. Pero ella fue la excepción. Me escapé. Logré entrar, y jamás olvidaré lo que viví. La parte del alto rendimiento que no se ve. Las fotos que no aparecen. Quedó última por mucho. Se sentó sola al costado de la piscina durante un largo rato. Recuerdo la charla de su entrenador tratando de levantarla. Decía todo lo correcto. Pero ya era tarde. Pensé en ella, no en la nadadora ni la atleta olímpica. Pensé en Delfina.
Que este retiro no se lea como alguien que no tiene lo que hace falta. No es alguien que sale del barro por falta de corazón. Le sobra. Delfina no es feliz en este proceso. Y así es imposible. Tengo casos como este cada año. ¿Motivos? Las presiones que sienten de la prensa, los críticos o los padres que obsesionan con tener un campeón. Cuando lo mencionado es desmedido, el proceso agobia. Al punto del retiro. Lo viví como coach, nada da más bronca. ¿Hasta cuándo? ¿De qué sirve el éxito deportivo si se termina pagando con la felicidad personal?
¿Es eso realmente ser exitoso? En mi libro no lo es. Lo escribió André Agassi. Lo explicó Simone Biles al retirarse durante los Juegos. Sucede más de lo que creen: grandes talentos arruinados por exigencias, objetivos desmedidos, perspectivas desbalanceadas. No vale la pena.
Perseguir sueños deportivos lleva mucho trabajo, una obsesión con los procesos eficientes. Pero el camino se debe disfrutar. No dejar nunca de ser niño. Debe haber una perspectiva optimista y sentido de gratitud durante. Más importante, entender que el deporte es lo que hago y no quien soy. Saber que soy más que mi resultado.
La persona primero, el deportista después. Cuando este orden se invierte, la felicidad desaparece. Primero ser feliz, después ganar copas. Uno ayuda a lo otro. Ojalá lo aprendamos pronto.
Gracias @delfipignatiello por dejar todo. Ojalá nades y vivas tu futuro en felicidad infinita.

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