Sophia - Despliega el Alma

Emprendedoras

9 septiembre, 2019

De trabajar en Sophia a crear un negocio propio

Josefina Romero trabajó durante años en nuestra redacción, pero cuando tuvo a su primer hijo sintió que necesitaba un cambio y se animó a emprender. Hoy dirige una empresa de productos confeccionados con técnicas ancestrales que exporta al mercado internacional.


Jose en plena tarea, creando nuevos objetos en su taller.

Mi idea es ofrecer pocos productos, pero de buena calidad. Rescatar lo propio y ponerlo en valor en el mundo”. La que habla es Josefina Romero, nuestra querida excompañera de redacción. La que andaba siempre de acá para allá, nómada de escritorio, con su notebook en una mano y un café o una lata de gaseosa light en la otra.

La que nos hacía reír con sus anécdotas. 

Ahora que lleva cuatro años lejos de Sophia, igual siempre hay algo que nos la devuelve por un rato: una visita, el recuerdo de aquellos cierres eternos de cuando Sophia era una revista de papel, las reuniones de sumario y esos interminables debates sobre cuál debía ser (o no) el título de tapa… 

Jose, como la conocemos por acá, creció en esta redacción. Un poco como un juego, porque estudió Ciencias Políticas y el periodismo no estaba en sus planes. Pero, intrépida, se animó y con el tiempo llegó a ser nuestra jefa de redacción, sin saber aún que el destino tenía otros planes para ella: la llegada de su hijo Lucio cambió todo y sintió que era el gran momento para emprender. Dejar la oficina, los horarios; convertirse en su propia jefa.

Así nació Romero Lagache, la marca que lanzó con una socia luego de cambiar el trabajo editorial por el del taller

Canasta tejida en hoja de palma por artesanos de la comunidad qom.

“Todos nuestros productos están diseñados y hechos artesanalmente en Argentina. Por eso nuestras producciones son pequeñas y atemporales. Trabajamos con materiales nobles, presentes en nuestra tradición: cuero de vaca, asta, metales forjados. En la búsqueda del rescate de técnicas ancestrales de la región allá vamos, sin prisa pero sin pausa”, reza el manifiesto de Romero.

No fue fácil dejar Sophia, dice; tampoco lo fue lanzarse a producir. Pero si algo la diferenció en su paso por este espacio que compartimos fueron sus ganas de aprender, de descubrir y de volar. Y, un día, eso fue lo que hizo: voló hacia su propio emprendimiento. Una línea cuidada y artesanal de carteras, camisas, gemelos, piezas de joyería, calzado y ahora también de lámparas. 

Hace dos años decidió seguir sola: hoy su marca se llama simplemente Romero y todo lo que hace forma parte de una búsqueda muy personal. A prueba y error, surfeando los vaivenes de una economía compleja, decidida a hacer de cada sueño una oportunidad para soñar otros nuevos. 

Como el de exportar: ahora sus productos viajan a Estados Unidos y también a México y el mercado internacional es el amplio horizonte donde busca hacer valer su creatividad y talento. “El contexto no puede ser mejor,  el mundo está mirando lo artesanal”, reconoce. Pero su marca no es lo único que crece, su panza también: ¡es una nena! 

Volver a tomar contacto con ella siempre es una alegría. ¿Pero cómo no ponernos un poco melancólicas también?

—Siempre te extrañamos por acá, Jose…

—¡Y yo también! Pero bueno, la maternidad hizo que quisiera tener algo propio, manejar mis tiempos. También quería cambiar, buscar nuevos desafíos. Igual cada tanto tengo una crisis y tiene que ver con trabajar sola, extraño el equipo.

—¿Qué sentís que te dio Sophia?

—Fue fundamental. Me sirvió para conceptualizar mi marca a partir de lo hecho acá. De no haber pasado por Sophia, esa coherencia no hubiera existido en mí. La sabiduría ancestral de la que tanto hablábamos en nuestras reuniones de sumario, con Cristina Miguens a la cabeza. Todas esas mujeres tejedoras que entrevistábamos y que hoy producen mis canastos. Y la maravillosa mirada estética de María Teresa Solá (N. de la R.: Nuestra Directora de Arte, que falleció en 2016). Muchas veces miro algo de lo que hice y me gustaría mostrárselo a ella. 

Clásicos Romero: tote de cuero negro y pulsera de asta y bronce bañado.

—¿Dónde encontraste la inspiración para ponerte a crear?

—En todas las notas que hicimos. De verdad, tomar contacto con las comunidades originarias y ver cómo trabajan me ayudó un montón. A partir de ese conocimiento fue más sencillo relacionarme con los qom, llegar a ellos. 

—¿Cuál fue tu interés inicial?

—Quería utilizar cosas que se hicieran acá. Técnicas como la orfebrería o la artesanía en asta. Sabía que ese era el ethos: fabricar objetos que solo se pudieran encontrar en Argentina, no intentar copiar una cartera hecha Estados Unidos, ¿para qué? 

—¿Y cómo nació el estilo de la marca?

—A partir de la idea de hacer algo nuestro, pero contemporáneo, que no se viera ni muy autóctono ni muy hippie. Fue una búsqueda difícil, aunque hoy creo que encontré un equilibrio entre usar cuernos y lograr un diseño moderno. La clave para mí fue poner el acento en detalles que tienen una técnica originaria de nuestra región.

—¿Influyó el hecho de haber sido criada en una familia correntina?

—Mucho. Mi infancia transcurrió en el campo y de chica estaba familiarizada con lo gauchesco, las rastras, el cuero crudo, los tientos. Mis padres nacieron en Corrientes y allá pasábamos nuestros veranos. Durante la adolescencia, si bien seguía yendo de visita, ese espíritu no estuvo tan presente en mí. Pero de grande volvió a ser mi mundo, lo familiar, lo que conocía. Solo busqué darle un enfoque más actual. 

Una búsqueda permanente

La mayor parte de su productores forman parte de la comunidad qom de Miraflores, un pueblo que queda a 400 kilómetros de Resistencia, Chaco. Difícil de llegar hasta ahí físicamente y también a nivel humano: cuando Jose les decía que era de Buenos Aires y quería encargarles productos, no le daban ni la hora.

Insistí una y otra vez, hasta que me enviaron la primera muestra, seis meses después. Un canasto increíble; encargué diez. Me dijeron: ‘No, imposible’. Así que fui a Chaco, conocí la comunidad, compartí tiempo con ellos y a partir de ahí todo cambió. Hoy el señor que me envía los trabajos es monotributista, le pago por transferencia bancaria y él envía la encomienda. Todo funciona y están contentos. Entendí que si yo les cumplía, ellos cumplían. Es otra cultura, no tienen los mismos códigos y muchos viven en la pobreza”.

Otras cosas que tuvo que aprender fue a prever y a esperar, porque los artesanos no trabajan desde diciembre hasta marzo. Y también a recalcular la idea del trabajo en serie: ellos no hacían dos canastos iguales pero no por imposibilidad, sino por convicción. “Está en su cultura no repetir las creaciones y siempre cambiar algo, algún detalle, por mínimo que sea. ¡Y acá uno siempre tratando de uniformar todo!“. 

Tejedoras de comunidades originarias trabajan para su emprendimiento. 

—Trabajás según las reglas del comercio justo. ¿Cómo es la experiencia?

—Es una filosofía, no podría hacerlo de otra manera. Los pueblos originarios han sido muy maltratados en ese sentido. Muchos les pagan con trueques y hasta vendiéndoles en ese intercambio donaciones destinadas a ayudarlos. Fueron muchos abusos y a veces ellos, con tal de vender, cambian un bolso tejido por un paquete de yerba. Eso no tiene que pasar. Pagar bien no es solo lo que corresponde, sino además la forma de conseguir continuidad y tener un vínculo con los productores. 

—Desde hace tres años estudiás joyería, ¡vos que decías que eras malísima con las manos!

—¡Sí y me encanta! Me enganché desde lo empresarial para poder diseñar mis propios herrajes, aunque siempre fui pésima para la manualidad. ¿Y sabés algo? Aprendí que tenemos una enorme capacidad para hacer cosas que ni siquiera imaginamos. Fue la terapia perfecta para mi ansiedad: tardo horas para hacer una cosita mínima y convivo con la idea de que el trabajo de meses se puede arruinar… ¡en solo dos segundos! 

—¿Te sorprende estar donde estás hoy?

—No, porque creo que todo lo que uno hace en la vida sirve para algo y se va sumando. Y que cuantas más cosas hagas, más rico será lo que encares próximamente. Mi empresa tiene mucho de eso; fui tomando un poco de cada lado y hoy siento que mi mirada es más amplia que años atrás. Creo que esa es mi coherencia: hacer algo de moda que es también antropológico. Igual me llama la atención: tengo una empresa, dos locales y exporto. Es todo muuuuy raro. 

Podés descubrir las creaciones de Jose en  romerohechoamano.com

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