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Sociedad

3 septiembre, 2021

De piedras y lágrimas, entre el dolor y la justicia

Mañana tendrá lugar una nueva Marcha de las Piedras en la Plaza de Mayo para recordar a los miles de muertos por covid en la Argentina. Una mirada acerca de ese dolor que quedará marcado a fuego y la necesidad de sanarlo colectivamente.


La primera Marcha de las Piedras tuvo lugar el pasado 16 de agosto. Mañana a las 16 habrá una nueva convocatoria.

Por María Eugenia Sidoti. Fotos: Twitter

Contener el aliento para decidir qué hacer con sus cosas. Conservar algunas, donar otras. Mirar las fotos, los videos, y repasar, uno a uno, los encuentros, los recuerdos y cada palabra dicha. Volver a construir una vida posible con los escombros que quedaron de la demolición que provocó la partida. Sentir la ausencia, el dolor, la impotencia y el latido, implacable, de esa pregunta que no cesa: ¿podrían haberse evitado tantas muertes?

Ninguno de nosotros hubiera querido tener que hacer esto que estamos por hacer. Ir a una marcha para gritar el nombre de una abuela, una madre, un padre, un hijo, un hermano, una tía o un amigo que ya no está. Colocar una piedra escrita con su nombre, sentir la ausencia en todo el cuerpo. Como tantos otros familiares y amigos de víctimas, esta vez nos tocó a nosotros, los que perdimos a alguien por covid, encontrarnos en la histórica Plaza de Mayo para hacer de ese gesto un símbolo y dejar testimonio de cada vida que se apagó durante la pandemia.      

Mi piedra, por caso, tiene el nombre de mi mamá. Dice: Elsa y tiene como fecha 27 de junio de 2021, día en que falleció por las secuelas que le dejó el virus. Ella es una de las más de 112.000 personas que hasta el momento murieron por esta enfermedad en la Argentina y, probablemente, una vacuna aplicada a tiempo le habría dado (como a tantos otros) la posibilidad de vivir. Pero es que, cuando por fin le llegó el turno a mediados de abril, resulta que fue demasiado tarde.

Un despertar colectivo

Así, mientras nuestros miles morían, en el país se rechazaban millones de dosis de vacunas de un laboratorio para privilegiar a otro y nos enterábamos –con una mezcla de bronca, vergüenza ajena y amargura– acerca de la existencia de un “vacunatorio vip”. Y mientras nos quedábamos en casa (muchos, incluso, sin poder abrazar a quienes partían) tenía lugar “la foto” de ese cumpleaños que nos espabiló acerca de una realidad tan dura como nuestra: las normas solo parecen regir para quienes elegimos andar por el mundo sin saltarnos ninguna fila.

Pero hay otras fotos que también duelen. Como las de Solange y Abigail mostrándonos la peor cara del confinamiento. Imágenes que todavía nos conmueven hasta las lágrimas porque, mientras Solange se iba del mundo sin poder ver por última vez a su papá, al que le impidieron viajar para despedirla, Abigail de apenas 12 años tuvo que ser cruzada en brazos por el suyo para lograr ingresar a su provincia, Santiago del Estero, luego de realizar un tratamiento por una enfermedad terminal.

Por cierto, ¿qué puede ser más triste que comprobar que quienes deberían habernos cuidado privilegiaron sus propios intereses? Esbozo a tientas una respuesta: lo más triste sería hacer como si nada hubiera pasado.

Las piedras, símbolo de las más de 112.000 vidas que se perdieron por covid en la Argentina durante la pandemia.

Nunca estamos solos

Frente al dolor, muchos decidieron sufrir en silencio o llorar sus pérdidas en las redes sociales. Otros, ponerse de acuerdo para juntar firmas contra la gestión pandémica o denunciarla públicamente, como el periodista Jonatan Viale, hijo de Mauro, que murió de covid en el mes de abril. Pero también hubo quienes decidieron ir más allá: Mercedes, una ciudadana común, se presentó por las suyas ante los tribunales de Comodoro Py para reclamar una investigación penal contra los responsables. Sorprendentemente, su causa (a la que se van sumando nuevos querellantes) no fue desestimada y se encuentra en el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal N° 7.

¿Tendrá esta vez la Justicia una respuesta para aliviar a quienes nos sentimos indefensos ante los abusos del poder?

Muchos voluntarios se ofrecieron en las redes sociales a pintarlas para quienes no pudieran asistir a la marcha.

Por su parte, el grupo autoconvocado que se animó a gestar una marcha a la Plaza de Mayo y dio así a luz a la llamada “Marcha de las Piedras”, invita a otra convocatoria este sábado 4 de septiembre a las 16 para hacer de ese espacio un ícono de una lucha que es de todos, hayamos perdido a alguien cercano por covid o no. Y como siempre ocurre en los peores momentos, la belleza también florece: por Twitter, muchos voluntarios se ofrecen a llevar, además de sus propias piedras, las de aquellos que no puedan estar. “Perdón, mamá, no te abandoné”, “Papá, estábamos afuera del hospital”, “No nos dejaron despedirte, pero te amamos”, son algunos de los mensajes de las cartas que acompañan esas rocas que, aunque tienen distintos colores y formas, representan un mismo sentir. Ese que me llevó tantas veces a la puerta de una clínica ubicada a 60 kilómetros de mi casa donde mi mamá estaba internada en coma, para gritar desde la calle, con todas mis fuerzas: “¡¡¡Mamáaaa!!!”. Para que ella sintiera que, aunque no pudiéramos entrar a visitarla, no la habíamos dejado sola.

La decisión de guardarlas dentro de la Casa Rosada generó malestar y muchas dudas: ¿se buscó invisibilizarlas?

La herida que no cierra

En la marcha anterior, las piedras fueron recogidas con la promesa de ser puestas a resguardo dentro de la Casa Rosada y encarar la construcción de un espacio destinado al homenaje y la memoria de los fallecidos. Mientras tanto, dijeron, permanecerían en un lugar accesible a toda la gente que quisiera visitarlas. Sin embargo, quienes intentaron hacerlo aseguran que no resultó tarea sencilla acceder a ellas: tuvieron que ir varios días, con insistencia, hasta que por fin lo lograron. Por eso, en esta nueva convocatoria la consigna es que sean devueltas al espacio público, allí donde todos podamos leer los nombres de los que perdimos. Donde quede en evidencia eso que se busca invisibilizar: los errores cometidos, que fueron muchos, y por los que nadie pidió perdón.

En el camino hacia la construcción de una sociedad madura y respetuosa, la Justicia deberá desentrañar qué fue exactamente lo que pasó, quiénes lo hicieron y por qué. Nadie desconoce el difícil escenario que significó la llegada de una pandemia. Sin embargo, queda claro que las mala decisiones, como los virus, también matan. Por eso, esas piedras y esas lágrimas que acompañaron (y volverán a acompañar este sábado) el ritual de honrar la vida de nuestros seres amados, por fin podrán tener un destino luminoso: marcar un antes y un después en la búsqueda del país que queremos ser.

La piedra de Elsa, la mamá de la autora de esta nota, junto a una de sus últimas fotos con sus hijas.

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