Sophia - Despliega el Alma

Sociedad

14 julio, 2020

De amor, arquitectura y la vida compartida post pandemia

Delfina Bocca, de 33 años, argentina, arquitecta y docente, vive en Inglaterra hace ocho años. Después de trabajar cinco en el estudio de Zaha Hadid, se abocó a su propio emprendimiento y al mundo académico y de investigación. En sus clases, busca que sus alumnos cuestionen la idea de romanticismo. En esta nota reflexiona sobre cómo serán los espacios después del COVID-19.


Después de terminar su carrera de arquitectura en la UBA, Delfina decidió seguir estudiando en Londres.

Ella habla y de fondo se oyen las voces de niños que juegan y gritan. En un día atípicamente soleado, esta arquitecta argentina de 33 años conversa con Sophia por teléfono desde un parque londinense, así lo decidió para disfrutar el verano que se acaba de inaugurar en el Hemisferio Norte y luego de pasar mucho tiempo puertas adentro por la pandemia de coronavirus en su departamento del barrio Angel. Desde esa ciudad, en la que eligió vivir y trabajar hace ocho años, Delfina Bocca repasa el camino que siguió en su carrera y comparte, dejando filtrar con naturalidad palabras y expresiones en inglés, su pasión por la arquitectura, una carrera que inició en la Universidad de Buenos Aires y desarrolló en firmas como Ferrari, en Italia, Sticotti, en Argentina, o el estudio de la prestigiosa Zaha Hadid, en Inglaterra. También comparte, desde allí, una pregunta que habita sus pensamientos por estos días: ¿cómo será la vida y cómo cambiarán los espacios que compartimos los humanos cuando la pandemia sea un recuerdo y quede en nuestra memoria como un mal sueño?

Delfina creció en un hogar de Palermo en el que vio a su madre, antropóloga, dedicar horas y horas de lectura en la biblioteca. Esa escena tan cotidiana, tan natural, despertó en ella su interés por la investigación académica. Y mientras su madre leía y estudiaba sin parar, su padre, de origen italiano y enamorado del campo y la naturaleza, coleccionista de arte, le transmitía su gusto por el refinamiento estético. De esa casa salió Delfina, que fue al colegio San Andrés y después de recibirse de arquitecta en la UBA emprendió su aventura en Londres, motivada en principio por seguir estudiando y cursar un máster en la Architectural Asocciation, donde se especializó en el uso de herramientas digitales para diseño y arquitectura.

Delfina Bocca (a la izquierda), en su rol de profesora, como jurado de los trabajos de sus alumnos.

Así, después de trabajar cinco años en el estudio de Zaha Hadid desarrollando conceptos y proyectos en Asia, Europa, Medio Oriente y Latinoamérica, decidió renunciar, crear su propio emprendimiento, Mother Studio, y abocarse a ese mundo académico que tanto la atrae.

Hoy, a cargo de una cátedra de investigación que desarrolló con una socia, Delfina invita a sus alumnos de la Oxford Brookes University, que llegan de todo el mundo, a hacerse preguntas acerca de las ideas del amor romántico y la domesticidad. “En nuestra cátedra -explica- investigamos narrativas digitales como herramientas para diseño y arquitectura. Hemos creado un laboratorio de desobediencia doméstica para generar versiones especulativas de estilos de vida de acuerdo a políticas del amor”.

Uno de sus diseños para el estudio de Zaha Hadid, donde trabajó durante cinco años.

Torre Libertador, en Buenos Aires, un proyecto arquitectónico del que participó mientras trabajó para Zaha Hadid.

Desde sus clases, Delfina desafía a los jóvenes a diseñar con herramientas digitales un resort de luna de miel, imaginando que ese lugar está ubicado en la Isla de Wight, en el campo inglés. Para eso parten de analizar los resorts de luna de miel de Poconos, en Pensylvania, Estados Unidos, de mediados del siglo XX. “Bajo el mito del amor romántico -explica Delfina- los resorts de luna de miel fueron una matriz para reconstruir la sociedad de posguerra en los Estados Unidos. El énfasis no estaba en crear ambientes sensuales, sino en un espacio donde la domesticidad pudiera ensayarse y negociarse. Al mismo tiempo, el lenguaje de arquitectura expresó la intención de controlar y domesticar el paisaje”. La propuesta es que sus 22 estudiantes analicen las postales que quedaron de esos años, que ella misma describe como imágenes en la que las mujeres siempre eran mostradas dentro del hogar y los hombres fuera. Con esas fotos, pretende interpelarlos y que ellos imaginen los clientes y usuarios de su propio hotel de noche de bodas.

El hotel de luna de miel que imaginó uno de sus alumnos y plasmó en una imagen digital.

“Cuando renuncié al estudio de Zaha Hadid una colega con la que estaba dando clases, me propuso que nos presentáramos a la Universidad para dar una cátedra juntas. Entre las dos armamos una propuesta que llamamos Digital Romanticisim, Romanticismo digital, en español. Enseñamos herramientas digitales para diseño y arquitectura y con esa excusa, empezamos con una investigación. El punto de partida es el estereotipo de vida de posguerra. En esa época había que reestructurar la sociedad americana, incluso políticamente, y circulaban como propaganda estas imágenes típicas del hombre en el auto Cadillac y la mujer, siempre perfecta, en la casa. El hombre afuera en el jardín y la mujer en la cocina. Nos interesa indagar en el rol de género en la domesticidad y tratamos de que nuestros alumnos tengan posturas sobre eso”, cuenta.

Las propuestas que surgen de ese laboratorio son diversas, tan diversas como las nacionalidades y orígenes de sus estudiantes veinteañeros. “Nos interesa ver cómo esa generación se imagina armando la propia vida y en base a eso, la estética. En el hotel que tienen que diseñar deben plasmar el escenario perfecto de romanticismo de acuerdo al usuario que ellos plantean: si el usuario es una pareja de hombre mujer y hombre, cómo se visten y qué cosas les gustan, cuáles son los roles de cada uno, etcétera. Lo dejamos abierto para que ellos lo definan. Un alumno presentó un concepto sobre el amor a las estrellas, y su resort terminó siendo un observatorio astronómico. Otro planteó un lugar al que vas con tu pareja cuando tenés problemas con ella, con el objetivo de hacer un detox y ponerse a resguardo de la tecnología que distancia e impacta en la comunicación. No necesariamente lo ven como un lugar para ir de luna de miel: hay mucho también de self-love o amor por uno mismo”, dice Delfina, entusiasmada por la creatividad y la diversidad que surge entre sus estudiantes.

Otra de las propuestas de sus estudiantes, que deben diseñar un hotel para la noche de bodas.

Esa fue la consigna hasta que el COVID-19 desafió a Delfina a repensar el desarrollo de la cátedra, pero no su esencia: para el ciclo que comienza en septiembre, pretende sacudir a sus alumnos con otro desafío, que será diseñar un hotel de luna de miel pospandemia. “Con el tema del COVID nos parece que va a cambiar mucho la manera de relacionarse. El romanticismo va a cambiar con el distanciamiento social, y nos interesa también traer esto e investigar cómo se va a reestructurar la sociedad post pandemia, en vez de posguerra. Le llamamos Digital Romanticism 2.0. Después compararemos las dos cosas y veremos si cambió algo o no cambió nada”, dice.

¿Qué sospecha de los nuevos modos de habitar a partir de lo ocurrido en todo el mundo por el virus? Para Delfina habrá cambios en más de un aspecto y la vida personal y laboral de las personas se verá modificada en lo que a los espacios cotidianos se refiere. El mundo del trabajo, dice, no será el mismo. “El modelo de oficina tipo call center, uno al lado del otro, creo que no va a existir más. Todos vamos a estar un poco esclavos de la tecnología e Internet va a dictaminar cómo se van a armar los espacios. Creo que se va a instalar el concepto de smart working, el de la casa- estudio. Ya vimos que se puede trabajar desde Bali o desde tu departamento en Angel, Londres: no importa desde dónde lo hagas, quedó demostrado que lo que importa es tener una buena conexión y una buena comunicación con tus jefes, tu equipo o tus compañeros”.

La vida en los hogares se verá transformada también, según Delfina. “Las casas van a cambiar un montón, hoy el hombre y la mujer se encuentran que los dos están ahí, compartiendo el mismo espacio: eso necesariamente hace que nos preguntemos cómo se van a reordenar las tareas domésticas”, reflexiona Delfina, y se presta al juego de imaginar cómo sería una casa ideal, en cualquier lugar del mundo, en el futuro. “Me la imagino fuera de la ciudad, en un lugar remoto, en contacto con la naturaleza, con una vuelta lo básico, más sustentable. Después de este año que le demostraste a tu jefa que podés trabajar fuera de la oficina, vas a ir a buscar un terrenito en algún lado del mundo y vas a armar tu vida donde quieras, sin tener que estar físicamente cerca de un trabajo. El que no quiera vivir en la ciudad, va a poder vivir donde quiera”, dice.

El paso del virus, con todo lo malo, también dejará, para Delfina, algo bueno: ella ve con esperanza la posibilidad futura de calibrar con más precisión el diálogo cotidiano entre el trabajo y el placer, y que la pandemia, después de todo, habrá esparcido entre personas de todo el mundo, también, una búsqueda: la de una mejor calidad de vida.

Por: Carolina Cattaneo.

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

Whoops, you're not connected to Mailchimp. You need to enter a valid Mailchimp API key.

Comentarios ()