Sophia - Despliega el Alma

Sophia 20 años

27 noviembre, 2019

Daphne Rose Kingma: “Amar no es una opción, es una necesidad”

La escritora y terapeuta estadounidense, especialista en relaciones personales, reveló en esta charla cuáles son las necesidades del corazón y cuáles las del ama y por qué, en esencia, los seres humanos necesitamos estar juntos... aunque demostremos lo contrario.


La terapeuta Daphne Rose Kingma asegura que no podemos vivir sin amor.

Creo que vivimos en un tiempo en el que no tenemos otra elección que la de crecer conscientemente en el amor. En esta maduración, el amor no es una opción sino una necesidad; el romance no es un pasatiempo apasionado sino el portal que nos da acceso a la profunda alegría y a la compasión, que son el verdadero destino del alma. Amar es una tarea que requiere tanto de los deseos del corazón como de los anhelos trascendentes del alma“, asegura la escritora y terapeuta estadounidense Daphne Rose Kingma, quien lleva más de 30 años ayudando a las personas a verse ellas mismas y a expresarse para que vuelvan a vivir en armonía, y ha sido entrevistada en varias oportunidades sobre este tema por Oprah Winfrey.

A diferencia de las rocas, los árboles y los robots, los seres humanos somos seres emocionales, y si no resolvemos nuestros problemas emocionales, hay un infierno que pagar en forma de depresión, disfunción, relaciones decepcionantes y malestar general de por vida“, expresa esta mujer convencida de que el amor es la necesidad más grande que tenemos en esta vida.

Compartimos a continuación la charla que mantuvimos con ella para nuestra edición impresa número 35, que se mantiene tan vigente hoy como entonces:

–¿Qué diferencia hay entre los deseos del corazón y los del alma?

–El deseo del corazón es un deseo emocional que tiene que ver con vivir una experiencia de romance, de compañerismo, de conexión. Pero no nacemos sabiendo cómo amar a la otra persona. Tenemos que aprenderlo. Para ello, debemos primero comprender quiénes somos, qué nos pasó cuando éramos chicos y por qué. Al conocernos más, sabremos qué necesitamos en una relación. Aprender a amar implica hacer un esfuerzo, no hay recetas. No alcanza con leer libros que a uno le digan qué hacer y qué no hacer, o mirar el ejemplo de los otros. Hay que vivirlo.

“Todo el tiempo tenemos la opción de actuar en el amor, incluyendo a los demás, o de actuar en el miedo, construyendo una barrera entre nosotros y la gente”.

¿Cómo elige amar el alma?

El alma es nuestra parte espiritual que sabe cómo amar, que nos recuerda que somos todos seres humanos que queremos estar juntos. El alma está siempre lista para conectarse y reconectarse con esta experiencia. En espíritu todos somos parte de la creación, e internamente nos recordamos todos juntos, no separados. El amor del corazón es una plataforma exquisita, el punto de partida, eternamente cambiante, el flujo y reflujo de las emociones entre dos seres humanos. Pero el amor del alma es el amor supremo. Es el amor de nuestra esencia espiritual y nos pertenece eternamente. En este amor profundo ascendemos por encima de nuestras emociones –cómo nos sentimos, lo que nos preocupa– hasta el reino de la esencia mística inmaterial. El corazón necesita pasión, romance, compañía y simple diversión. Y el alma necesita reunirse con todo lo que es y ha sido en un estado de unión exquisita y uniforme. Nuestra verdadera condición no es el aislamiento sino la unión“, destaca la autora.

¿Por qué entonces hay tanto desentendimiento, tantas peleas, separaciones, guerras…?

–Porque los humanos no somos solo nuestra parte espiritual. Nuestro viaje aquí en la tierra es para aprender las leyes del amor (si las conociéramos estaríamos en el cielo). En esta experiencia, pasamos por distintos procesos, como por ejemplo los daños psicológicos de la infancia, el miedo a que nos lastimen y el hecho de que lastimemos a otros.

–¿Cuáles son las claves para saber amar?

–Es muy importante aprender dos cosas y tenerlas presentes. Una: que la otra persona es muy diferente a uno, que no ve al mundo de la misma manera, que vivió experiencias distintas, que proviene de otra familia. Y la otra: que cada ser humano es muy parecido a uno, que todos pasamos por algún dolor, todos somos espíritus atravesando por una situación humana, todos estamos en el mismo viaje de desarrollo y crecimiento. Es muy paradójico: por un lado debemos darnos cuenta de que la persona que amamos es completamente única, y por el otro, necesitamos recordar que en lo más profundo somos seres similares.

Autora de varios libros, el amor es el motor de la mayoría de las publicaciones de Daphne.

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–¿Se puede alcanzar ese mundo espiritual si uno no es religioso?

–Para mí, la religión es una forma muy específica de tratar de conocer nuestra alma. Pero lo cierto es que creas o no es una religión, siempre eres un ser espiritual. Los que no son religiosos pueden vivir experiencias muy profundas en las que sus almas se conectan con otros y esa es la naturaleza de la espiritualidad.

–¿Cómo se desarrolla la capacidad de amar?

–A través de experimentar los beneficios del amor, que nos enseña a ser más generosos, y a través del dolor: cuando algo nos lastima podemos recordar ese sentimiento de dolor y adquirimos compasión que se proyecta hacia los demás.

–Sin llegar al extremo del odio, ¿en qué casos cotidianos no aprovechamos la oportunidad de expandir nuestro amor?

–En pequeñas actitudes: cuando somos egoístas, cuando juzgamos, cuando criticamos. Todo el tiempo tenemos la opción de actuar en el amor, incluyendo a los demás, o de actuar en el miedo, construyendo una barrera entre nosotros y la gente.

–¿Qué le diría a alguien que no es consciente de que está aquí para crecer?

–Yo creo que cuando una persona no sabe que está aquí para crecer es porque de alguna manera fue enormemente dañada. Me gustaría hablarle desde la compasión y decirle “tu amor fue tan lastimado que apenas está tratando de cuidarte a vos mismo, deseo que sigas haciéndolo pero además, creeme que veo tu pena y deseo que puedas aprender a amarte a ti mismo y a los demás”.

–En su libro El amor como camino escribió que lo que nos conecta con otras personas es compartir los sentimientos: delicia y dolor, miedo e ira, angustia y alegría…

–Sí, porque cuando compartimos los sentimientos nos conectamos con esa parte en común que tenemos todos los seres humanos que es el alma. Y es ahí donde nos sentimos conectados. Cuando entendemos que tenemos miedo, que pasamos por un momento de gran infelicidad, que estamos furiosos porque fuimos engañados… Esas emociones nos unen en la experiencia universal.

“Yo creo que cuando una persona no sabe que está aquí para crecer es porque de alguna manera fue enormemente dañada. Me gustaría hablarle desde la compasión y decirle “tu amor fue tan lastimado que apenas está tratando de cuidarte a vos mismo, deseo que sigas haciéndolo pero además, creeme que veo tu pena y deseo que puedas aprender a amarte a ti mismo y a los demás”.

–¿Por qué la gente necesita estar junta?

–Porque la experiencia del amor se vive en conexión con otros y si no tenemos ese contacto no tenemos la oportunidad de desarrollar nuestra capacidad de amar.

–¿Qué papel juega el poder dar y recibir?

–Al amar y ser amados aprendemos a dar y a recibir. La gente siempre dice “quiero que me amen, cuándo me amarán…”, pero me parece más importante saber que somos seres amorosos, capaces de dar amor.

–¿Cómo nos ve hoy?

–Vivimos cada vez más tiempo, amamos a más gente, podemos vivir varias relaciones significativas y distintas configuraciones familiares: nuestros hijos, los de la persona que amamos, la comunidad en la que vivimos, los vecinos… Cada vez tenemos más oportunidades de incluir mayor cantidad de gente en nuestro amor. Si las aprovechamos, en el futuro el amor puede ser más abarcativo y menos excluyente.

–¿Cómo se aprende a perdonar?

–Podemos perdonar a los demás cuando entendemos que somos capaces de hacer aquello terrible que el otro hace. Viendo que nosotros tampoco somos perfectos. Y tratando de ver a esa persona en su contexto: qué lo hace ser un asesino, qué lo hace decir una cosa cruel. Eso agranda nuestro corazón y nos impulsa al perdón.

–Usted escribió “ríndete a la verdad porque la verdad es la última luz”. ¿Qué quiso decir?

–Cuando alcanzamos ese lugar alto de nuestra alma entendemos cómo son las cosas verdaderamente, y eso es lo que llamamos intuición, sabiduría. Y en tanto sepamos cómo transmitirlo, las otras personas reconocerán en nosotros la verdad. Eso trae mucha paz y mucha luz.

Esta nota fue publicada en nuestra edición número 35.

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