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Por qué la ética del cuidado es una respuesta posible a los desafíos del presente

Te contamos de qué se trata esta propuesta que invita a poner en el centro de cada decisión a las relaciones humanas, los afectos y el cuidado. La importancia de buscar soluciones integrales en un mundo complejo.

POR Noel Álvarez

En 1982, Carol Gilligan propuso nuevas respuestas a una pregunta sobre la que la psicología venía trabajando desde hacía mucho tiempo: ¿en qué se diferencian las formas en que mujeres y hombres resuelven conflictos o toman decisiones difíciles? Con su libro, In a Different Voice (Una voz diferente), Gilligan sostuvo que, a la hora de afrontar una decisión moral, las mujeres se basaban más en los vínculos, los afectos, las emociones y el cuidado; mientras que los hombres privilegiaban una ética de justicia basada en principios abstractos universales.

Esta simple idea causó un gran impacto: su libro fue traducido a más de 16 idiomas y dio lugar a nuevas investigaciones en sociología, psicología y ética. Aunque con controversias, nacía de esta manera la llamada “ética del cuidado”, una teoría moral que enfatiza las relaciones, la empatía y la responsabilidad hacia los demás para construir comunidades más equitativas.

En tiempos de grandes desafíos sociales y ambientales, en los que la humanidad se debate en torno a cómo solucionar conflictos armados, crisis climática y pobreza, la ética del cuidado ofrece un camino sobre el que vale la pena conocer y reflexionar.

Escuchar a la otra mitad


Carol Gilligan nació en 1936 en Nueva York, Estados Unidos, hija de un abogado y una maestra. Hoy, se sigue desempeñando como profesora en la New York University (NYU) y dicta conferencias en todo el mundo. Estudió literatura y se doctoró como psicóloga social en Harvard en 1964. En los convulsionados años sesenta, Gilligan se dedicó un tiempo a la danza moderna, conoció a su marido, James Gilligan (con quien tuvo tres hijos) y se involucró en el activismo por los derechos civiles y en contra de la guerra de Vietnam. En 1967, comenzó a dar clases en Harvard y se integró a los equipos de investigación de Lawrence Kohlberg, psicólogo conocido por sus trabajos sobre las etapas del desarrollo moral.

En sus investigaciones, Gilligan observó que las teorías de identidad y desarrollo moral vigentes hasta ese momento estaban atrapadas en un sesgo metodológico: basadas mayoritariamente en el estudio de varones, interpretaban lo masculino como la norma. Estos enfoques partían de presuponer que la obtención de autonomía, la separación y la independencia eran lo más importante en el desarrollo de una persona. Estos atributos tendían a coincidir más con la identidad de los hombres y por lo tanto, se establecía que la tendencia femenina a valorar las relaciones y su capacidad de empatía, representaban una falla en su desarrollo.

Gilligan dejó de lado estos preconceptos y se dedicó a estudiar en profundidad a las mujeres, a escuchar sus voces y descifrar qué tenían para decir sobre sus experiencias. De esta manera, encontró que las mujeres basaban sus juicios morales en principios concretos y relacionados con el contexto, y que en el momento de tomar decisiones, priorizaban los vínculos y el cuidado.

Según el jurado que le otorgó el Premio Heinz en 1998, sus hallazgos demostraron que todas las personas, incluidos los hombres, son fundamentalmente relacionales. De esta manera, Gilligan aportó a una comprensión más profunda de la condición humana. “Cuidar requiere de prestar atención, ver, escuchar, responder con respeto. Su lógica es contextual. El cuidado es una ética relacional, basada en la premisa de la interdependencia”, escribió Gilligan.


La teoría de Carol Gilligan tuvo influencias en el feminismo y en los movimientos ambientalistas (Foto: Sabine Mirlesse).

Una ética universal para la vida

La investigación de Gilligan causó gran revuelo a comienzos de los ochenta, y dio inicio a una “ética del cuidado” (“care”, en inglés), que tuvo gran influencia en los ámbitos del ambientalismo y el feminismo. La ecologista australiana, Val Plumwood, retomó la idea del cuidado para desarrollar un pensamiento que propone superar el dualismo humano-naturaleza y acentuar la responsabilidad humana sobre el entorno natural.

Estas ideas también fueron retomadas por la filósofa política norteamericana Joan Tronto, quien postuló: “En el sentido más general, el care se refiere a un tipo de actividad que incluye todo lo que hacemos para mantener, preservar y reparar nuestro ‘mundo’, de modo que podamos vivir en él lo mejor posible. Este mundo incluye nuestros cuerpos, lo que cada uno somos como individuos, nuestro entorno, todo lo que tratamos de entretejer en una tupida y compleja red cuya finalidad es sostener la vida”.

En el siglo XXI, ante la creciente emergencia ambiental y las problemáticas sociales, la ética del cuidado influyó en las ideas del desarrollo sustentable, de la regeneración y de los negocios inclusivos. A comienzos de los años 2000, el teólogo brasileño Leonardo Boff y el pensador colombiano Bernardo Toro plantearon que, en aquel momento crucial para la humanidad, era imperativo constituir un nuevo orden ético que pusiera en el centro el cuidado.

Para estos pensadores, el paradigma del cuidado debía convocar a las personas a desarrollar la capacidad de cuidar de sí mismas, cuidar el espíritu, cuidar a los cercanos, en el sentido de cultivar vínculos afectivos; y cuidar también a los lejanos, en el sentido de cuidar las organizaciones, las instituciones, los bienes públicos y la naturaleza.

Estas ideas fueron resumidas en 2012 por Bernardo Toro, quien brindó una conferencia TED en Costa Rica y tuvo una gran influencia en el ámbito del emprendedurismo. En su charla “El cuidado no es una opción”, Toro postuló la importancia de propiciar un cambio hacia un “paradigma del cuidado”: “Care es reconocernos vulnerables, dependientes, y por ende, capaces de ser cuidados. Care es el cuidado de los niños, de los enfermos, de todos aquellos que requieren una atención especial. También es cuidado de los objetos y del entorno”.

En este paradigma, Toro convocó a reparar los daños realizados, prevenir los daños futuros y aprovechar esta oportunidad de reconocernos todos los seres humanos como de la misma especie. “Aprender a hacer transacciones ganar-ganar conmigo mismo, con los cercanos, con los lejanos, con los extraños y con el planeta”, explicó en esta y otras conferencias, donde buscó especialmente tener como interlocutores a las personas en roles de decisión de las empresas. El impacto de estas ideas se tradujo, por ejemplo, en iniciativas como la certificación de Empresas B, que nació en 2012 con la misión de contribuir a impulsar un ecosistema de compañías que aportaran a la solución de problemas sociales y ambientales, mientras generaban ganancias económicas.

El impacto de la ética del cuidado es enorme y en la actualidad, organizaciones civiles, estatales y empresas privadas incluyen el cuidado en sus líneas de acción. Muchas empresas, por ejemplo, diseñan programas de beneficios para sus empleados para que puedan conciliar mejor su desempeño laboral con las tareas de cuidados de niños y adultos mayores.

Para promover prácticas innovadoras en ese sentido, en 2021 UNICEF presentó la plataforma digital Empresas que cuidan (ECU), que orienta a las organizaciones en políticas y beneficios. Entre las recomendaciones, se subraya la importancia de involucrar a los varones en el aprovechamiento de estos beneficios, para que de esa manera, el cuidado no quede asociado a las mujeres, sino a una responsabilidad y necesidad humana.


El cuidado: una cuestión humana

El libro In a different voice de Carol Gilligan recibió muchas críticas. Desde el campo de los estudios de género, en plena ebullición en los años ochenta, se dijo que su trabajo reforzaba estereotipos al describir a las mujeres como más orientadas al cuidado que los hombres. Pragya Agarwal, experta británica en ciencias del comportamiento, dijo: “Sentí que su trabajo ignoraba la importancia de la forma en que la socialización de los hombres y mujeres creaba esas diferencias, especialmente la forma en que las niñas son socializadas desde pequeñas para tomar las tareas de cuidado, ser empáticas y sacrificar su propio interés”.

Con los años, Gilligan explicó que esa nunca fue su intención. En cambio, buscó demostrar la relevancia de estudiar las voces de las mujeres, que según ella, hasta ese momento habían quedado soslayadas para los grandes nombres de la psicología, desde Freud hasta Piaget. En 2023, Gilligan publicó el libro In a human voice, donde propone que aquella “voz diferente” de la que habló a comienzos de los años ochenta, no era necesariamente femenina: era una voz humana.

¿Por qué subrayar la importancia de una ética del cuidado en este momento de la historia? Reconocer la importancia de cuidar y regenerar nuestros entornos sociales y ambientales es sin dudas, crucial para atender a los desafíos de un presente tan complejo. Sin perder de vista la dimensión racional y las normas jurídicas que organizan nuestras comunidades, la ética del cuidado nos invita a tomar decisiones que tengan en cuenta múltiples factores del contexto y a dar lugar también a los sentimientos, de forma integrada.

Como paradigma que orienta a las personas en cada pequeña decisión cotidiana, el cuidado nos convoca a pensar en soluciones que incluyan a los más vulnerables de la sociedad, a regenerar los entornos naturales y a diseñar soluciones innovadoras.

Los libros de Carol Gilligan son referencia en un mundo que busca soluciones integrales a desafíos complejos.

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