¿Cuánto sabés de tu microbiota? - Sophia Online

Membresía digital

Círculo Sophia

Sophia Online

Salud

¿Cuánto sabés de tu microbiota?

De un tiempo a esta parte, la vida microscópica que habita en nuestro cuerpo, especialmente en el intestino, cobró una relevancia que antes no tenía. Qué tenemos que tener en cuenta sobre nuestro ecosistema interior.

Por Carolina Cattaneo

No fue hace mucho que entró en mi radar la palabra microbiota por primera vez. Poco más de un año y medio atrás, acostada en la camilla de la obstetra y promediando mi primer embarazo, le pregunté a la médica si yo podría tener a mi bebé por parto natural. “Si todo está bien, ¿por qué no?”, me dijo. Por delante, «si todo iba bien», tenía una elección que hacer: elegir el parto vaginal o el parto por cesárea. Lo primero que hice fue ir a Google: en una lectura superficial aprendí que el bebé por nacer, al pasar por el canal de parto, se coloniza de microorganismos presentes en el cuerpo de la madre, proceso que ocurre de forma muy diferente en la cesárea. Todo un universo minúsculo y enormemente benéfico —la microbiota— prepara al pequeño ser en su salida al mundo, reforzando su sistema inmune y digestivo y blindándolo contra las enfermedades y las amenazas del ambiente extrauterino. El curso de preparto y otras lecturas reforzaron la presencia de la palabra en mi registro mental y hoy, más de diez meses después, la veo reaparecer en el contenido de redes, en charlas informales, en consultas médicas, en notas periodísticas y en documentales de estreno reciente, como Descifra tu salud, los secretos del intestino, que acaba de subir Netflix a su plataforma.

“La microbiota es un mundo alucinante que recién comenzamos a descubrir y comprender”, dice el libro Los primeros 1000 días de tu hijo, de Luisina Troncoso. “Hemos estado explorando el espacio exterior y las profundidades del océano para descubrir los misterios de la vida sin considerar que dentro de cada individuo, hay un mundo inexplorado”, agrega.

En Hoy no es siempre, la pediatra argentina Sabrina Critzman apunta que no fue hace mucho que nos enteramos que la microbiota tiene una función mucho más vital de lo que se creía, relacionada al neurodesarrollo, el comportamiento, el sueño o el aprendizaje. Y que ya hay detectadas más de cien enfermedades asociadas a su desbalance. “La microbiota es tan, pero tan importante que hoy sabemos que sin ella no sobreviviríamos”, resume. La fertilidad, los estados emocionales y la calidad de vida en general están también asociadas a ella.

El científico argentino Gabriel Vinderola comenzó su carrera profesional en el universo de los alimentos lácteos, pero en 2010, un curso de un amigo español cambió el rumbo de su historia con una charla sobre microbiota y así, de a poco, comenzó a investigar más y hoy es un referente a nivel nacional e internacional sobre el tema. Licenciado y Doctor en Química, investigador del CONICET, autor de más de un centenar de artículos científicos, Vinderola reúne a ciento treinta y tres mil seguidores en Instagram y hasta fue invitado por Mirtha Legrand para hablar de este y otros temas de salud. En diálogo con él por videollamada desde una oficina de la Universidad Nacional del Litoral, casa de estudios donde se formó y da clases, respondió preguntas y desandó el camino a la fama que recorrió la microbiota en los últimos años.

Si bien los estudios científicos que fueron develando su importancia al gran público aparecieron recién entre 2000 y 2010, cuando fue posible secuenciar el ADN de microorganismos, para Vinderola la masificación de la microbiota fue una consecuencia de la pandemia, cuando todos entendimos que estábamos en contacto con microorganismos y que, según la fortaleza o la debilidad de nuestro sistema inmune, esos microorganismos nos podían hacer bien, podían hacernos nada o nos podían enfermar.

Gabriel, para empezar, una pregunta fundamental. ¿Qué entendemos por microbiota?
—Con el término microbiota humana hacemos referencia a todos los microorganismos que habitan en nuestro cuerpo, por fuera y por dentro. Por fuera, en la superficie de la piel, y por dentro, en el árbol respiratorio, en el tracto reproductor femenino, en el tracto gastrointestinal. Yo siempre digo que estamos revestidos por fuera y tapizados por dentro. Esto incluye bacterias, levaduras, hongos, arqueas y virus; también incluye protozoarios o parásitos. Tenemos más cantidad de células microbianas que de células humanas.

¿Qué relación tiene la microbiota con nuestro sistema inmune?
—El 70% de nuestro sistema inmunológico está en el intestino. Y allí tenemos la mayor concentración de bacterias y la mayor concentración de células inmunológicas. ¿Qué hacen las bacterias? Entrenan a estas células para, entre otras cosas, no desarrollar inflamación o para que reconozcan los antígenos y no se produzcan alergias. Es decir, las bacterias entrenan a nuestro sistema inmunológico.

¿Qué pasaba con la popularidad de la microbiota en el pasado?
—Se hablaba de flora intestinal, pero tampoco de forma tan masiva. Cuando empecé a trabajar en estos temas en el año 95, me invitaban a congresos de alimentos y de tecnología. Hoy me invitan a congresos de gastroenterología, de pediatría, de dermatología, áreas en las que hace 20 años, no se nos hubiera ocurrido que invitaran a un microbiólogo. Hace diez años te aseguro que ninguno de esos congresos hablaba de microbiota.

¿Qué ocurrió para que el interés se extendiera del mundo de los alimentos y la tecnología a otros ámbitos de la salud?
—Creo que hubo dos cuestiones. Primero, no hay dudas de que la microbiota es una mediadora entre la salud y la enfermedad, entre sentirse bien y entre sentirse mal. El 50% de las personas tiene algo en el intestino y hoy sabemos que todas estas cuestiones están relacionadas con una microbiota que funciona mal. Pero no solamente en el intestino, también en el humor, en las cuestiones neurológicas, psicológicas, en el sentirse descansado, focalizado. La microbiota atravesó todas las cuestiones de la salud. Antes no nos explicábamos por qué una persona comía y se hinchaba, o por qué tenía diarrea constantemente, y hoy la microbiota lo explica.

¿Y la segunda cosa?
—Y la otra cuestión es que manejar a la microbiota está en manos de las personas. Por supuesto que necesitás una orientación, pero cuando aprendiste el abecé, vos mismo podés ponerte a cargo de tu salud intestinal. Es algo tangible. Las personas ven que implementando acciones sobre la microbiota, mejoran la calidad de vida. Estar todo el día con dolor de cabeza, con dolor de panza, con necesidad de ir al baño, es una vida lastimosa. La microbiota cruza la enfermedad y la salud y con cinco hábitos que las personas pueden implementar en su casa, vamos a tener una buena microbiota.

¿En qué medida nos puede cambiar la vida a quienes no nos dedicamos a la ciencia, saber que la microbiota humana tiene una alta influencia en nuestra salud y calidad de vida?
—Con la información uno toma mejores decisiones. Si una mamá sabe que teniendo un parto vaginal y dando la teta hasta los seis meses, con todo el esfuerzo que eso requiere, su hijo va a tener muchas más probabilidades de ser sano, probablemente diga «Voy a tratar de llegar hasta un parto vaginal y tratar de sostener la lactancia». La combinación parto vaginal con lactancia realmente es lo mejor que una mamá le podría dar a su hijo. Y esto no quiere decir que si la mamá tuvo que tener una cesárea o no pudo dar la teta va a ser menos madre. Pero lo que hay que saber es que, si puedo apuntar a eso, mejor, porque muchas veces es por una cuestión de no saber. La otra cuestión es que, sabiendo todo lo que se relaciona con la microbiota, puedo elegir comer mejor, más verduras, más frutas, entrenar, no automedicarme, no polimedicarme.

Y respecto de la salud mental, ¿qué tiene que ver una bacteria del intestino con mis estados emocionales?
—Tiene muchísimo que ver. El intestino y el cerebro están conectados. Uno cree que las neuronas están en el cerebro solamente, pero existen lo que se llaman enteroneuronas, que son neuronas ancladas en el intestino. A través de una especie de cablecitos que viajan por el nervio vago, el intestino se une con el cerebro y con otros órganos. Entonces, todas las reacciones químicas que haya en el intestino, todo lo que estas bacterias produzcan, va a llegar al cerebro como señal eléctrica. Y así, pueden dictar cómo me siento, si tengo ansiedad, cómo está mi capacidad de focalizarme, cómo es la calidad del sueño, el descanso. Por eso, lo que como, los medicamentos que tomo, pueden repercutir en el cerebro, en las emociones, en el estado mental e incluso también en las enfermedades neurodegenerativas. Y al revés, las emociones, el estrés, la preocupación, repercuten en la salud del intestino, ocasionándome una puntada en el estómago, una diarrea, una contracción o ganas de ir al baño. La microbiota también está conectada con la piel: personas que tienen dermatitis atópica o acné, mejorando su microbiota, mejoran la piel. La microbiota está conectada con todos los otros sistemas.

¿Cómo se hace para estabilizar la microbiota?
—La puedo regular principalmente con la alimentación. La microbiota se alimenta de la fibra de los alimentos y la fibra está esencialmente en las verduras, en las frutas, en los cereales integrales. El 90% de los argentinos no llega a la ingesta mínima de fibras. Es decir, estamos hambreando a la microbiota. Eso es una deuda con la microbiota y esa deuda se salda consumiendo más frutas, más verduras de estación. Una vez que uno cumplió con la dosis de fibra, vamos por la actividad física: ¿hacemos actividad física? ¿Nos movemos con la frecuencia y la intensidad necesarias o vamos en el auto y en el colectivo a todos lados? La actividad física libera sustancias que también regulan nuestra microbiota. Al hacer ejercicio, en el músculo se producen los compuestos llamados mioquinas, que afectan a los microorganismos. Todo siempre es de ida y vuelta. En 100 años hemos hecho todo al revés, hemos cambiado radicalmente nuestra alimentación, nos llenamos de químicos, de estrés, de sedentarismo, algo que la microbiota nunca vio en 300.000 años, lo vio en los últimos 100. Entonces le hemos ocasionado una disbiosis.

¿Disbiosis?
—Disbiosis se traduce como un desequilibrio. La microbiota va cambiando en todo momento. Perdemos microorganismos en el intestino, perdemos diversidad y la microbiota es como un ejército o una orquesta donde, si yo pierdo integrantes, pierdo capacidades. Como en todos los aspectos de la vida, a la microbiota también le sirve la diversidad.

Es un poco lo que está pasando en los ecosistemas y la pérdida de biodiversidad.
—Exactamente. La microbiota es un ecosistema. Y cuando pierdo integrantes, puede proliferar uno que es un patógeno. La microbiota es el ecosistema intestinal.

¿Hay algún otro aspecto en el que, con nuestros hábitos, podamos favorecer este ecosistema?
—Muchas veces tomamos el antiácido por las dudas, el ibuprofeno por las dudas, nos automedicamos y nos polimedicamos y eso está visto que no le viene bien a la microbiota.

Algunos pediatras están bajando la indicación del antibiótico para ciertos casos.
—Está muy bien, porque el uso temprano de antibióticos y el uso sostenido puede dar diabetes, autismo, obesidad infantil. Sobre todo en los dos primeros años de vida. Entonces, en vez de que demos un antibiótico apenas aparece un síntoma, mejor esperar 48, 72 horas. Nuestro sistema inmune está preparado para defenderse contra las infecciones, le tenemos que dar tiempo. Los antibióticos salvan vidas pero también tienen daños colaterales y crean resistencia antibiótica. Hay que racionalizar su uso, porque para el año 2050 nos estamos creando un problema. Las bacterias se van a volver súper resistentes. Se ha visto que podemos bajar significativamente el umbral de antibióticos dando un tiempito al sistema inmune para que reaccione. Si no, entramos en un círculo vicioso: más antibióticos doy, más mato a mi microbiota. Es importante hacer un cultivo, no dar cualquier antibiótico o uno de amplio espectro, sino dar algo que asegure que mate ese patógeno y que tenga el menor daño colateral.

¿Cómo se relaciona nuestro contacto con el ambiente y la microbiota?
—Adquirimos microorganismos del ambiente que pasan a nuestras manos, de ahí a nuestro tracto digestivo. O los respiramos y pasan al árbol respiratorio. Los chicos, ¿cuánto juegan afuera y cuánto están con las pantallas? Se ha reducido el tiempo al aire libre, estamos cada vez menos tiempo en contacto con la naturaleza.

Hoy mi bebé tiene once meses. Las dudas de madre primeriza son distintas a las preguntas que me hacía antes de su nacimiento, en el consultorio de la obstetra. Hoy me pregunto, entre otras cosas, cuánto dejo que mi bebé y mi perra interactúen, se den besos y hasta se compartan la comida. Vinderola sugiere que dejemos a los chicos interactuar con las mascotas y asegura que está demostrado que convivir con ellas, mejora la microbiota. Qué buena noticia. Tanto como saber que en nuestros cuerpos hay más bacterias que estrellas en la Vía Láctea.

COMENTARIOS

FRASE DEL DÍA

"Dentro de nosotros hay algo que no tiene nombre, ese algo es lo que nosotros somos".

José Saramago